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Orange is the new black.
PsicĂłpata (AU).
CapĂtulos anteriores.
Narra Samuel.
No me lo puedo creer.
Frank lleva más de treinta minutos tratando de revelar cualquier informaciĂłn esencial que pueda servir para continuar la investigaciĂłn, pero es completamente inĂştil. Siento su mirada enfocada en aquella pared falsa, que  es en realidad un espejo, que me permite vigilar cada una de sus acciones. Es como sĂ tratara de enfocar la mĂa y me retara con diversiĂłn, creyendo que yo jamás serĂa capaz de adivinar la reacciĂłn que iba a tener durante el interrogatorio.
Joder Willy, no podrĂas estar más lejos de la realidad.
Los seres humanos son demasiado predecibles. Son capaces de sacrificarse, con tal de jamás alejarse de aquella persona que aman y pueden llegar a ser masoquistas, sĂ eso garantiza que una persona no será capaz de abandonarlos. Todo lo anterior se relaciona con el temor absurdo a estar solos y ser olvidados. Necesitan asegurar que en la Ăşltima etapa de la vida van a estar con otra compañĂa más allá de su estĂşpida mascota.
-Es inĂştil, tĂo, no suelta ni media palabra- expresĂł Frank con un gesto lleno de frustraciĂłn llegando al otro lado de la sala de interrogatorios. -Tal vez no recuerda nada- aclarĂ© aburrido fijando la mirada en un papel en blanco y jugando con la pluma entre mis dedos. -ÂżBromeas?- preguntĂł molesto- Es claro que está ocultando algo...la pregunta aquĂ es: ÂżPor quĂ©? -Amenazas, miedo, se me ocurren varias razones. -Ve e intĂ©ntalo tĂş, yo ya estoy agotado- finalizĂł tomando su abrigo del perchero y dejando la grabadora encima de la mesa. -ÂżA dĂłnde vas macho?- cuestiono sorprendido al verlo con deseos de abandonar la sala. -A tomar el aire, estoy harto e estas cuatro paredes, ojalá tengas más suerte que yo. -Estoy seguro de ello. *********************************************************
En aquel cuarto oscuro se podĂan visualizar una gran cantidad de fotografĂas y pruebas, que le asegurarĂan cadena perpetua o pena de muerte. Aunque siendo sincera, preferirĂa darle de su propia medicina. SegĂşn su criterio se merecĂa la tortura. Que alguien más tomara sus propios cuchillos, mientras los arrastraba con delicadeza sobre su blanca piel y tocaba aquellos puntos necesarios para generar el mayor dolor posible a nivel central.
Vaya ironĂa.
Cualquier religioso reclamarĂa que no tiene derecho a juzgar a nadie y que al querer castigarlo con el mismo modus operandi, se convertĂa en el mismo tipo de persona. Menos mal que hace tiempo dejĂł de creer en esa basura del juicio final y el karma. No habrĂa un Dios en el cielo, ni una lista, que te asegurara el ingreso al paraĂso; segĂşn su filosofĂa, la Ăşnica forma de conseguir justicia, era en la tierra.
SaliĂł del cuarto luego de revelar las Ăşltimas fotografĂas, en las que se podĂa ver al oficial, salir de su casa en compañĂa de un joven de apariencia oriental. DebĂa aprovechar estos momentos, para lograr colarse a ese lugar y conseguir evidencia que le permitiera probar que habĂa estado viviendo secuestrado por Ă©l, durante las Ăşltimas semanas.
-ÂżA dĂłnde vas?- preguntĂł aquella voz que ingresĂł al apartamento con un tono de cansancio que aseguraba que no habĂa tenido un gran dĂa. -Por evidencia- respondiĂł con rapidez besando su mejilla y saliendo por la puerta, antes de que la cerrara desde adentro- ÂżQuĂ© tal tĂş dĂa? -PĂ©simo. -Eso imaginĂ©, nos vemos luego-finalizĂł desapareciendo de su vista y corriendo para recolectar lo necesario, antes de ser atrapada.
No tenĂa mucho tiempo para eso. ********************************************** Lo besaba con urgencia, deseando transmitir todo el deseo y pasiĂłn que le generaba tener aquel pequeño cuerpo bajo el suyo. Sus manos lo recorrĂan con necesidad acariciando su pecho, muslos y pelvis con el mismo sentimiento. PodĂa notar cĂłmo el menor se balanceaba sin el menor temor por romper la silla que los sostenĂa y gemidos salĂan de su boca, siendo contenidos por los labios del contrario. Ambos se necesitaban; querĂan eliminar el espacio que existĂa entre sus cuerpos y no les importaba en lo más mĂnimo, el lugar en el que se encontraban, Ăł que un oficial entrara en cualquier momento, hallando a su superior, con las manos en la maza.
Con las manos sobre la entrepierna del testigo especĂficamente.
-Vegetta- llamĂł Willy intentando llamar la atenciĂłn del hombre que aparentemente amaba. -ÂżMmm?- cuestionĂł realmente sin interĂ©s al estar más preocupado por recorrer su miembro con sus grandes manos. -ÂżPodemos ir a casa? -No irás a mi casa Guillermo- responde sin expresiĂłn a punto de posar sus labios sobre su hombrĂa pero siendo detenido por el fuerte empujĂłn del chico, que lo lanzĂł directamente al suelo. -ÂżCĂłmo que no irĂ© a tu casa? -Vas a volver a tu vida normal. -¡NO QUIERO!- gritĂł con desesperaciĂłn- SĂ no vas a estar conmigo, voy a confesar todo. -ÂżQuĂ©?- preguntĂł molesto e incrĂ©dulo, levantando una ceja ante su actitud.
Él era el Ăşnico que tenĂa el derecho de amenazar y sorprender a su contraparte. Era Ă©l quien siempre tenĂa el control sobre las acciones de los demás y que podĂa manipular a su antojo.
Tal vez era hora de recordarle quién mandaba.
WHY GOBLIN WHY
I'm just so sad right now

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CASI PERFECTO CapĂtulo 13 – Como el beso de Judas –
Hoy es el dĂa.... Gracias por leer :)
Se dice que las personas guardan dentro de ellas una fuerza que en momentos de crisis se hace presente e incluso, es vital para sobrevivir. Esta oculta en lo más profundo de nosotros, se convierte en amor u odio  y no todos han podido experimentar. Si se encuentra algo de igual o más valor  se  es capaz de obtenerlo a toda costa y defenderlo sin importar quien se interponga en el camino.
ÂżCuánto puede amar una persona para olvidar y perdonar a otra? Cuando encuentras el objetivo y te conviertes en el de alguien más, no hay escapatoria. Hay que decidir por el mejor camino aĂşn si no es el correcto.Â
*** 72 horas después del secuestro***
ÂżQuĂ© es eso que se siente? Jurina se habĂa aislado de todos. En la incomprensiĂłn de sus emociones y sentimientos estaba en algĂşn lugar de su departamento en penumbras, sentada en el piso con su espalda recargada en la pared, sostenĂa su cabeza en una de sus manos que apoyaba en su rodilla. Nunca se habĂa sentido de tal manera y por supuesto no iba a dejar que la vieran de esa forma y mucho menos Miku.
Con algunos golpes en el rostro, su alma estaba fraccionada y en este punto no sabĂa si el amor que siente a hacia Rena le hace bien o le hace mal. Las dos veces que discutiĂł con su nombre en medio, las consecuencias fueron grandes. En esta ocasiĂłn  le duele más haber golpeado a su amiga. Aunque Yamamoto no se encontraba en plenas facultades de igual  forma no pudo contenerse al escuchar que insultaba a Rena. Â
Levanta su otra mano teniéndola en un ángulo donde solo agacho un poco su cabeza, tirando y haciendo eco con el ruido de una botellas de algún licor, dentro de su puño tiene la placa de Sayaka, la cual empuña con mucha mayor fuerza solo con recordar los hechos. No sabe dónde está, no tiene idea de adonde fue y sabe perfectamente que está herida por culpa suya, sabe también que jamás va a perdonarla y no volverá.
–Si tan solo,…– DecĂa mirando su mano empuñada con una ira bien guardada que incluso le impedĂa derramar lagrima alguna. Ni siquiera el alcohol ha hecho el efecto deseado. –Si tan solo pudiera hacer algo...–
De ante mano, sabĂa que era inĂştil y el no saber quĂ© hacer en esta situaciĂłn le frustraba más y se odiaba cada vez más. Se pone de pie y decide salir de ahĂ cuanto antes. En un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba en su automĂłvil lujoso camino a Nagoya.
 ***72 horas después del secuestro***
El sonido de alguna tuberĂa de agua dañada hacia que sus gotas hicieran eco en un espacio de grandes dimensiones o al menos eso era lo que se podĂa percibir. Unos paso lentos pero presuntuosos se aproximan a una puerta y unas llaves abren la cerradura. En medio de una sala en la cual solo un rayo de luz brillante se colaba por una pequeña ventana, hacia visible a una figura descuidada y completamente cubierta y atada a una silla.
–¡HEY!, Despierta. – con una bofetada que ya ni duele hace que la figura cautiva mueva un poco su cabeza dĂ©bil. –Me extrañaste. – La voz manipulada se seguĂa mofando de ella. No podĂa ver nada, algo cubrĂa sus ojos. –Me dijeron que no has querido probar alimento, asĂ que decidĂ venir a verte personal mente,… otra vez. –
–¿Quién, …e,..re…s? –
Muy débil y con mucha dificultad trata de hablar, de alguna forma comprende lo que ha sucedido solo que no se explica por que no la han encontrado, porque sigue atada a una silla y recibiendo cuanto golpe se les place.
–JA,JA, creo que despuĂ©s de todo mereces saberlo. – Quitándose el aparato que le hacĂa distorsionar su voz le hace saber quiĂ©n ha planeado todo esto. –Cuanto tiempo, doctora–
–¡Tu!,  – Expresa Miyuki levantando su cabeza en sorpresa al reconocer esa voz pero no le sirve de nada solo seguĂa el sonido de los pasos que le daban vuelta. –¿Por quĂ©? –
–¿Y por qué no? – Dice en burla sintiéndola muy cerca de ella. –Debà dejarte ver como destruà a tu amigas, creen que estas muerta JAJAJAJAJA. Pero descuida no tardaran mucho en encontrar las pistas para saber que no es asà y esto se pondrá más divertido–
–Sayaka tenĂa razĂłn, no eres de fiar–
–Lo sĂ©, – Dice acariciando un poco su cabeza y quita lo que la cubrĂa. Le es difĂcil ver asĂ que arruga sus ojos sensibles a la luz que aun que poca, le lastima. De pronto la toma del cabello y lo jala hacia atrás manipulado su cabeza de manera agresiva. –Sayaka es muy astuta y te voy a mostrar un lado de ella que no conocĂas. Ahora come que no me sirves muerta, aĂşn, ¿entiendes? –
Soltando su cabeza tambiĂ©n agresivamente, Miyuki la mira agotada y con enojo mientras ella sonreĂa. Alguien se entromete de igual forma con su voz distorsionada.
–La habitaciĂłn esta lista. –Â
–Bien preciosa, sĂ© que tu prĂncipe no tarda en venir asĂ que debes de estar presentable llevas tres dĂas sin asearte, ¡LlĂ©vatela! –
    ***Departamento de Momoka***
DespuĂ©s de haber escuchado el relato de su amiga incluso siente que tambiĂ©n odia a la tal “Jurina”. Pero se sentĂa un poco molesta y defraudada por la actitud derrotada de Sayaka.
–¿Por eso te embriagaste todo este tiempo y casi dejas que te mataran esos dos tipos? – Al no obtener respuesta y solo verla en el otro lado del comedor chistea haciendo una mueca de disgusto. –No conocĂa esa parte tan dĂ©bil Âży que sigue ahora?–
Momoka interrogaba a Yamamoto despuĂ©s de verla un poco más tranquila sin embargo, ella no se caracteriza por compadecerse de las emociones de las personas. Es algo cruda con las verdades, aunque con Sayaka se contiene un poco más.Â
–No lo sé. – Responde meneando la mezcla de un fino y caro café importado con su cuchara.
–¿Piensas sentarte a esperar tu muerte? –
–No suena mal–
–Que patética ¿Te propongo algo?–
–¿Qué cosa? –
–¿Quieres hacer una canción para m� –
–¿Qué?, no–
–Piénsalo, te ofrezco cambiar tu mundo y sé que puedes hacerlo, además quiero que la cantes con migo. – Dijo con honestidad en su rostro. – Además me debes un favor–
–Tan ruin como siempre, ¡Auuch!–
Sayaka moviĂł un poco su cuerpo para recargar sus codos sobre la mesa, acciĂłn que hacĂa notar que está bastante dañada fĂsicamente.
–No puedes culparme, de alguna forma he llegado adonde estoy ahora.– Cruzando una pierna daba un sorbo arrogante a su taza de café.
–Hace muchos años que no escribo y no he vuelto a tocar un instrumento–
–Vamos por  favor. Tu talento es natural y siempre admire eso. Fuiste una gran inspiración en mi vida–
–¿Fui? –
–Bueno, no esperes que te diga “eres” cuando tienes pensamientos suicidas–
–Ya ya, está bien–
–¿Qué está bien?¿Lo pensaras?–
–Lo haré–
–Excelente, a decir verdad me gusta más producir, estar detrás de, hacer nacer algo nuevo. – Dice como toda una empresaria. –Querida, es hora de que el mundo te conozca–
–Exagerada–
–Ahhh~ Yamamoto ¿qué voy a hacer contigo? para empezar debemos trabajar en ese autoestima–
–Para empezar debo recuperar mi motocicleta–
–La mande traer, estate tranquila, debes descansar y reponerte para que comiences a derrochar tu talento. –
–Gracias–
Responde Sayaka riendo con desgano conforme ve que la chica exĂłtica elegantemente vestida se levanta de su silla.
–Voy a Salir, siéntete como en casa y descansa–
Sayaka dibuja una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios, no sabĂa cĂłmo se sentĂa pero lo que si sabĂa era que ver a su vieja amiga era reconfortante.
***Nagoya***
Conduciendo por las calles de esa ciudad tan peculiar, Jurina buscaba la casa de Rena en la direcciĂłn que antes le habĂa proporcionado. De pronto, en una propiedad bastante descuidada pero de fina estructura ve a su maestra con vestimenta harapienta arreglando su jardĂn pero de igual forma hermosa. Estaciona su coche el cual le avisa con el sonido de las llantas sobre la tierra a Rena que alguien llega. Pronto reconoce el auto y su corazĂłn siente una emociĂłn inigualable.
–Hey–
–Jurina–
–Hola–
–¿Qué haces aqu� –
–QuerĂa verte–
Jurina vestĂa un poco descuidada, no lo normal para como estaba acostumbrada verla durante su estancia en la universidad. Al acercarse a ella nota un ligero aroma a alcohol y de inmediato cae en cuenta que las cosas no andan bien.
–¿Te sientes bien? –
Pregunta ella con serenidad para no tratar de verse tan exigente al ver el estado en el que Jurina la visitaba.
–Rena…–
Rena ve en ella una gran preocupación asà que solo estira sus brazos para abrazarla, sintiendo su barbilla en su hombro y un abrazo correspondido un poco más fuerte de lo habitual Rena solo se deja vencer por tal fuerza.
Al cabo de unos minutos, Rena llevo de la mano a Jurina la cual estaba muy seria y con un rostro muy triste. Le pide que espere un poco en la sala bastante desordenada. Jurina se quita su chaqueta y la deja sobre el respaldo del sillón. Rena vuelve algunos minutos después y le ofrece una taza de té helado sentándose a un lado de ella. Jurina lo toma y da algunos sorbos sin quitarle la vista a la taza. Rena era bastante paciente ante ella pero ciertamente la curiosidad sobre algunas actitudes le hace sentirse ansiosa.
–Rena…–
 De pronto Jurina deja la taza en la mesita de centro y tal cual bajo la mirada de una niña en un apuro gesticula muecas en sus labios al atreverse a mĂrala.Â
–¿Si? – Rena la mira atenta y con una calma apacible.
–He hecho algo muy malo–
Amplia un poco sus ojos y de igual forma deja su taza sobre la mesita, pero inmediatamente vuelve a su rostro sereno.
–¿Quieres contarme? –
Jurina la miraba frustrada, impotente, Â en verdad querĂa hacerlo pero sabĂa que no podĂa y no sabĂa por dĂłnde empezar.
–yo….yo…–
Ante su indecisiĂłn y la dificultad para hablar, Rena vuelve ser comprensiva y trata de que su curiosidad no traicione su estabilidad.
–Está bien –
–¿Eh? –
–Ya me lo dirás después–
Jurina suspira y juega un poco con su mirada, siente un alivio pero aun asà se siente mal. Se está cansando de su doble vida y más de su doble moral no es justo para nadie ni mucho menos para Rena.
–¿Puedo quedarme contigo un par de dĂas? –
–Por supuesto, aunque tendrás que ayudarme a poner este lugar en orden–
–Lo haré–
Entre poner y quitar una cosa, la carga emocional de Jurina disminuĂa conforme se dejaba llevar por tan imponente presencia de su maestra. Siempre era placentero poder deleitar sus ojos con la figura resplandeciente de ella. Al caer la noche a un carecĂa de focos en algunas áreas de la casa, cosa que perturbaba a Jurina que pese de sus mĂşltiples habilidades la oscuridad no era uno de sus puntos a presumir.
–Solo tengo disponible una habitación por ahora, ¿te importa si duermes conmigo? –
–No, al contrario. Yo puedo dormir en el sofá por eso no hay problema–
–Claro que no, una visita mĂa jamás dormirá en un sofá–
–Gracias–
–¿Traes ropa? –
–SĂ, bueno algo–
Rena proporciono una pijama fresca, acomodo la cama e invito a Jurina a escabullirse dentro.  Solo duermen una muy cerca del a otra, Rena abraza a Jurina y Jurina se recarga en su regazo. Mientras dormĂa, Rena contemplo como una lágrima escapaba de sus ojos. Se preguntaba con preocupaciĂłn ÂżQuĂ© era lo que está afligiendo a alguien tan joven de tal manera para llorar en sus sueños?  Â
Mientras contempla ese rostro que aun dormido se ve afligido, innumerables pensamientos se forman en su mente. Era curioso como disfrutaba de la compañĂa de este extraño ser. A pesar de ser siempre reservada y solitaria, Jurina tenĂa algo que la hacĂa salirse de sus estrictas reglas. Quizá su inocencia, su convicciĂłn o la chispa de inmadurez le parece para su sorpresa atractiva. A veces es bastante formal y no parece tenerla edad que dice y en un par de ocasiones llevo sus sentidos a conocer un Ă©xtasis que jamás habĂa experimentado como todo un adulto ÂżCĂłmo puede caber todo eso en alguien? Y, ÂżCĂłmo es que ella se dejĂł vencer por Jurina? Quizá es tiempo de dejarlo todo atrás y comenzar a disfrutar la vida, quizá por eso Jurina ha llegado a su oscura vida. Que rara es la vida que todo te lo da y todo se lo lleva.
 ***Comandancia***
Sae caminaba hacia los laboratorios del área forense desde la planta más alta del edificio. Las cosas aun eran tensas pero cada quien seguĂa con su trabajo, todos excepto dos agentes. Sus escritorios han estado intactos desde hace ya un par de dĂas, pero nadie se atrevĂa a cuestionar nada.
A decir verdad, es mejor que ninguna de las dos este por aquĂ, al parecer Jurina decidiĂł tomarse los dĂas que más que voluntarios fueron una orden directa, y de Yamamoto ni hablar, renunciĂł. Sin embargo sabe de la indispensabilidad de ambas y por ahora no quiere presionar a Jurina. La comándate sigue su camino hacia la planta baja, alguien tiene que darle el informe de los recientes hechos.
*Planta baja*
Las puertas automáticas del área forense se abrĂan al paso de la tarjeta de seguridad de la comandante. Saludando a todo el que se encontraba en su paso llega a la morgue. De pronto un sentimiento la estremece al ver trabajar de espaldas a la actual forense  le recuerda un poco a su especial doctora Miyuki piensa que si ella se siente asĂ, ÂżCĂłmo se han de sentir sus otros dos elemento?
–Doctora–
–Comándate, pase usted–
–Con permiso–
–DĂgame, Âżque la trae a las entrañas de este departamento? –
–Necesito los informes del incidente con la anterior forense–
–El sargento Matsui…–
–No, ella no está aquà por ahora y nadie se ha tomadora molestia de darme algo–
–Supongo que en verdad es grave lo ocurrido…–
–Supones bien, ¿Qué es eso?– Sae, pregunta curiosa al ver una bolsa trasparente en la que se suelen guardar evidencias.
–¿Eh? ¡Oh! Eso…–
–Si–
–Son las pertenencias que no se alcanzaron a deshacer en el incendio–
–¿Pertenencias de la doctora… Watanabe? –
–Asà es–
Sae tomaba entre sus manos aquella bolsa de plástico con un par de objetos quemados, entre ellos una pulsera corroĂda por el fuego y unos aretes.
–¿Por qué no está esto en el archivo muerto? –
–El director me los ha pedido–
–Oh, comprendo ¿Puedo hacérselos llegar yo?–
–Claro, aquĂ tiene. – le entrega un folder con barias hojas, –Esta es la fĂsica para el archivo muerto y la digital la acabo de enviar por correo, le advierto que hay fotos muy perturbadoras–
–Descuide, con permiso–
Sae se dispone a regresar a su oficina dispuesta a cerrar este caso de una vez por todas y comienza a revisar el reporte de la forense en turno con la pequeña bolsa en su mano.
–¡Comandante Sae! –
–Oh, agente Fukushi ¿Qué ocurre? –
–Le entrego mi reporte del incidente en el callejón del hospital, bueno lo que va hasta hora–
–¿Alguna novedad? –
–Pues sà y no–
–¿Cómo es eso? –
Sae se para en seco al escuchar tan burda respuesta de una oficial.
–Llevamos un par de horas tratando de hacer que una de nuestras sospechosas diga algo pero ni su nombre hemos podido obtener–
–¿CĂłmo? ÂżTienen a alguien en interrogatorio y no lo sabĂa? –
Sae se sorprende de cĂłmo su autoridad de pronto es pisoteada, nadie le informa nada Ăşltimamente.
–Bueno, nos hemos tomado la libertad de hacer algunas cosas, hemos tomado algunas muestras de una herida que tiene en la cabeza y algunas manchas en su ropa, es como una vagabunda pero no parece que lo sea–
–No puedo creerlo, ¿nadie respeta mi autoridad aqu� –
Sae seguĂa sin creĂ©rselo, pero a la falta de sus investigadoras alguien tenĂa que tomarla iniciativa.
–Ahh pues, este…–
–Una me renuncia, otra se toma descanso y me asesinan a otra, y ustedes…–
–Sentimos mucho no ser tan eficientes–
–OlvĂdalo, irĂ© a la sala de interrogatorios, manda llamara la psicĂłloga–
Sae llega a la sala de interrogatorios directo a cabina de observaciĂłn donde se encuentra con el agente Ryouha.
–Comandante–
–¿Qué ocurre? –
–Nada, no podemos hacer que hable–
Sae no dice nada al respecto, mira a la chica sentada en la silla con sus manos esposadas y un evidente desinterés. Contempla por un momento la situación y sale de ahà para ir dentro de la otra habitación. Entra y se para frente a ella, quien la ignora rotundamente.
–Soy la Comandante Sae, ¿Cuál es tu nombre? –  Sae llevaba consigo una botella de agua, la chica tenĂa los labios secos y parecĂa no haber ingerido alimento.  Pone la botella en la mesa frente a ella pero ella solo la mira con un desgano impresionante no emite ningĂşn sonido pero se saborea el agua. –¿Has comido algo? – Era evidente que no, Sae sabe que es el tipo de personas que no dirá nada asĂ le quemen los pies asĂ que cambia la jugada.
La chica solo mira pero su vista caes aparte del agua a la pequeña bolsa que un tenĂa la comandante en su mano, parecĂan metales quemados, corroĂdos.
Deja la botella ahĂ y sale de la sala, la chica se inquieta por lo que vio y por el tipo de preguntas y el trato que le han dado, y hace decidĂa entre beber un poco de agua o seguir con un extraño orgullo.
–Comandante ¿me mandó llamar?–
–Doctora, sĂ. Quiero que observe a esta persona, la llevaremos aun celda preventiva, ahĂ podrá verla por las ventanas–
–¿Hace cuánto está aqu� –
–La vi entrar–
–¿Que opina? –
–Pues, tiene un poco de ansiedad además ella miro con atención esa bolsa que trae en sus manos–
–¿Esta? –
–SĂ, creo que deberĂa comer–
–SĂ, lo mismo creĂ, Fukushi–
–Si–
–Vaya por algo de comida, que se alimente y manténganla en resguardo en una celda preventiva. Debo arreglar otros asuntos pero las veré más tarde de nuevo en interrogatorio–
–Si comandante–
 ****Casa de Rena****
Cerca del mediodĂa, despuĂ©s de haber dormido tan plácidamente Jurina se sumerge en una tranquilidad que tanto anhelaba despuĂ©s del suceso que le habĂa arrebatado el sueño. Dormir junto a Rena más allá del contacto sexual fue como recordar su infancia cuando se escabullĂa a la cama de su madre. Pero de ninguna forma podĂa verla como tal. Justo ahora, contempla la espalda de la maestra que acomoda los cuadros en la pared de la sala mientras ella cargaba con una caja de tamaño considerable repleta de acumuladores de polvo.
Deja la caja en el piso y se acerca sigilosamente a ella, no hace nada, solo permanece a ahĂ esperando que Rena note su presencia, pero precisamente no es la personas más vivas que conoce. Es bastante distraĂa asĂ que demora algunos segundos sentir que Jurina ha vuelto y que está detrás de ella.
Se gira al sentir su presencia encontrándose unos ojos brillantes clavados sobre ella, lasciva sin emitir sonido alguno pero no le incomodaba. La inquieto por un instante, pero sonrĂe siendo ella ahora quien hace dudar a Jurina de su convicciĂłn provocando en ella retroceder un poco cuando Rena avanzo hacia ella.  Rena acaricia sus brazos conforme subĂa sus manos hacia sus hombros, sabĂa perfectamente a donde irĂa este momento.
Bajo sonrisas cĂłmplices y Ăşnicamente su mĂmica seductora, se provocaban una a la otra con caricias prudentes. Haciendo nula la distancia se intercambiaban muestras de afecto que poco a poco encendĂa el deseo y la necesidad de complacer sus más bajos instintos. Jugando con la distancia de sus labios apenas si rosándolos ligeramente Rena hacia que Jurina retrocediera y en medio de su juego la condujo hasta donde tenĂa planeado, el sofá.
Jurina siente ese borde en sus bien formadas pantorrillas, y de pronto siente un ligero empujĂłn que la hace sentarse quedando las manos de Rena en sus hombros y las de ella en el sofá, viendo hacia arriba sus miradas chocan. Rena,  dibujando un camino perfecto con sus yemas de los dedos Ăndice y anular por encima de la blusa de Jurina sube tomando el control de la barbilla. Muestra un lado enteramente seductor que le hace tragar saliva cuando lentamente acercaba su rostro al suyo y de reojo ve como una rodilla de Rena se hunde a un costado de su pierna en el sofá.
La vestimenta de su conjunto colgado le permitĂa adaptarse bien a  esa posiciĂłn tan atrevida. Una Mujer completamente desarrollada yace en sus piernas y se ha apoderado de sus labios robándose el oxĂgeno y mezclando sus fluidos en una lucha incesante de placer. Era suya, gobernada por el arrebato de Rena podĂa permitirse acariciar más de su espalda, un toque preciso que acaricia sus glĂşteos y se deslizan delineándola por completo.
Las palmas de sus manos se extendĂan ampliamente para no perder detalle de aquella figura que estaba encima. OprimĂa su cuerpo contra el de ella, sintiendo excitante la posiciĂłn que a pesar de ser libre en su tacto era controlada por Rena. El pulso de su deseo palpitaba en los dedos que exploraban su curiosidad y que solo terminaban en su mutuo placer. Las suaves caricias de Rena sobre el rosto alternadas con su nuca que de pronto jalaba un poco su cabellera, y el cĂłmo se aferraba a su espalda hacĂan batalla contra las fuertes manos de Jurina. Tomando su cintura no le permitĂa alejarse de su cuerpo sintiendo como todo eso las conducĂa hacĂa un deleite extasiado. Es increĂble como el tiempo no existe, como solo existen ellas en este instante. No hay nada en sus mentes Ăşnicamente son conscientes de lo que hacen y con quien lo hacen. El misterio de sus enigmáticas personalidades se hace presente, el secreto de lo tocado y lo que se puede tocar cada vez es más inherente y descarado. Todo lo de aquel sillĂłn estorbaba y su necesidad les hizo deshacerse de ello en medio de la inconciencia.
Para su mala suerte, el sonido de su celular que de igual forma vibra en su pantalĂłn interrumpe aquel momento, sabe que no puede ignorarlo y detienen su acto para atender a quien estuviera del otro lado de la lĂnea. HaciĂ©ndose para atrás y sentándose a un lado de ella Rena la deja hablar, se levanta y se aleja un poco para darle privacidad.
[–¿Si, hola? – Aun exaltada responde tratando de que no se escuchara asĂ.
–Agente, ¿La interrumpà haciendo algo? –
 –No, no dĂgame–
–Te necesito Jurina–
–¿Ahora? –
–Aun eres oficial activo y tu descanso término–
–Y, que hay de… –
–¿Yamamoto? No la encuentro por ningún lado. Necesito que vengas–
–No estoy en Tokio–
–¿En dónde estás? –
–En Nagoya–
–¿Y qué espera agente?, ¿que vaya por usted? –
–Eh…no no, salgo para allá–]
La llamada se corta abruptamente, es obvio que la comandante no está de buen humor ella solo guarda de nuevo su celular y mira a Rena con su rostro afligido con el que habĂa  llegado antes.
–¿Qué ocurre Jurina? – Rena vuelve y se sienta aun lado de ella.
–Debo irme, pero volveré, solo espera un poco más, por favor–
No le gustaba esa cara de aflicción, pero entiende y asienta con su cabeza dándole espacio y viendo en ella ese toque de madurez que le encanta. Jurina sale rápidamente pero Rena se queda preocupada por tanto misterio que comenzaba a ser un poco molesto. Mira el reloj de su pared y genera una mueca de insatisfacción. Quedarse con la duda no es de sus sentimientos favoritos, rápidamente se pone de pie y trata de despejar su mente intentando continuar con el acondicionamiento de su sala pisando sin querer una prenda en el suelo.
Jurina saliĂł tan de prisa que olvido su chaqueta, Rena sonrĂe al verla y la toma entre sus manos detectando el particular aroma de ella. Limpiando el caos reciĂ©n hecho por la fiebre de ambas, la coloca en el perchero pero no la sostiene bien y cae al piso. Rápidamente la levanta pero en el acto, de una de las bolsas una pequeña cartera peculiar sale de ella. Cuelga la prenda asegurándose de que esta vez no caiga y pone su rodillas en el piso tomado con una de sus manos ese objeto cuadrado de piel. Con su otra mano levanta uno de lados. En menos de un segundo tira el objeto al piso y se lleva sus manos cubriendo su boca junto a sus ojos amplios llenos de impresiĂłn.
Dentro de la pequeña cartera, estaba a la vista una placa, forjada en acero con los bordes bien hechos del escudo del departamento de policĂas de Tokio y en la parte de abajo el titulo rotulado de Sargento. Lo que más le ha impactado es la foto del lado contrario de la placa, es Sayaka además de ser una placa muy bien conocida para ella.
Se siente mal, muy mal. Su cuerpo comenzó a sudar y a temblar, no se atreve mirar de nuevo ese objeto. Inevitablemente hace conjeturas en su cabeza, toma de nuevo la placa y se levanta del piso colocándolo en una de las bolsas de la chaqueta rápidamente.
 ***Comandancia***
HabĂa trascurro varias horas de que Jurina atendiĂł al llamado, y llego directamente a la oficina de su comandante Sae. Toca inmediatamente en cuanto se encuentra frente a la puerta y escucha su voz dándole el paso.
–Adelante–
–Comandante–
–Matsui, pasa–
–¿Qué ocurre? –
–Tenemos un sospechoso participe de los hechos en el callejón del hospital, el agente Kitagawa la relaciona por algunas pruebas tomadas que corresponden a las la sangre del tablón de madera. No quiere proporcionar información–
La comandante Sae deja de hacer lo que hacĂa poniĂ©ndose de pie y caminado hacia Jurina entregándole las hojas de lo poco que pudieron investigar sobre la chica.
–¿Y cuál es su delito? –
–Los agentes Fukushi y Kitagawa la atraparon la mañana de ayer mientras pretendĂa robar algunos medicamentos. Necesito que me ayudes en este caso–
– Esta bien, pero debo decirle que he considerado dejar la corporación–
–No puedo intervenir en tus decisiones, y puedes hacer lo que te venga en gana pero, ayúdame con este último caso–
–¿Por qué tiene interés en este caso como para hacerme venir? –
–Aparte de que es tu trabajo y tu caso, aun eres miembro activo... –
–Con permiso, iré a la sala de interrogatorios–
La actitud de Jurina era muy extraña, ya no estaba ese agente optimista y lleno de determinaciĂłn, sus palabras sonaban vacĂas y se veĂa obligada a hacer lo que alguna vez lleno su vida.
 ***Sala Interrogatorio***
 Jurina entra a la sala de interrogatorio con unas hojas en la mano, no hay mucha información asà que hay mucho por hacer.
La interrogada gira su cabeza al escuchar la puerta del cuarto abrirse, siguiendo con la vista y al mismo tiempo los movimientos de Jurina, se encuentra por segunda vez ahĂ y no parece haber cambiado en lo absoluto.
–Sargento Jurina, – Se presenta.  –Sin antecedentes ni registros de altercados, veo que usted no tiene nombre en este expediente en blanco–
–Tengo–
–¿Entonces? –
–No meda la gana decirlo–
–Vaya, actitud Yankie, de todas formas lo sabrĂ©. – La chica cruza sus brazos y más que sentirse acorralada hacĂa gestos de desinterĂ©s. –¿DĂgame, en donde se encontraba usted entre las 6:30 y 8:00 de la noche?– Sin embargo el silencio le hacĂa saber a el agente que esto demorarĂa algĂşn tiempo.  –Bien, le dirĂ© conde estuvo. Usted se encontraba en el callejĂłn del ala norte del hospital central no precisamente hablando con otra mujer, muy atractiva por cierto, o eso me dijeron,  la cual la golpeo despuĂ©s de discutir…–
–Esa,…maldita. – Interrumpe con un chisteo.
–…Con, un objeto de madera y posteriormente usted le disparo. – Continua Jurina el relato del último informe realizado por Watanabe Miyuki mirando mientras miraba hacia la ventana como si tratara de comunicar algo sospechoso.
–Yo no dispare nada–
–Las vieron, hay testigos. –La sospechosa voltea su cara en signo de importarle poco pero Jurina nota en ella un resentimiento. –¿Eran cercanas cierto? –
–¿También le importa mi vida privada?–
–No, pero si lo que ocurriĂł ahĂ, Âżporque finge ser una Yankie?, Âżes intimidada?–
–Yo no dispare esa arma.– Se reserva a decir.
–¿Entonces quien lo hizo? –
–No lo sé–
–¿La están persiguiendo, a quien protege?, ¿por eso sobrevive de comida y objetos robados? –
***Cabina***
La negatividad la hacĂa impacientarse inusualmente y dentro de la cabina de grabaciĂłn podĂan notarlo, Sae se encontraba ahĂ junto el agente Fukushi y la doctora Akane.
–Comandante, permita entrar. – Pide la Psicóloga.
Sae viéndose escasa de personal preparado y la ineficiencia de Jurina, suspira y da pie a que entre la Psicóloga
–Está bien, entra, – Sae le autoriza inmiscuirse ya que sabe de su profesionalismo y algo debió de ver que los agentes y ella no. –Jurina, – le habla por el auricular, –la psicóloga Akane va entrar–
Pronto, Akane ya estaba dentro y comenzĂł a hacer algunas observaciones como si de terapia se tratara, pero Jurina escuchaba con mucha atenciĂłn recargada en el cristal con sus brazos cruzados.
–Takayanagui Akane–
–Ay no… otro policĂa. – Murmura con fastidio.
–No soy policĂa, soy PsicĂłloga–
–¡Ha! Un loquero, lo que me faltaba–
–SĂ, uno. –  Pronto Takayanagui le sigue el Juego, algo vio en ella que le pareciĂł curioso. –Se necesita estar loco para entrometerse en la vida de los demás–
–Usted lo ha dicho–
–SĂ, uno se entera de tantas cosas…–
Conforme Takayanagui se sienta, cae en cuenta de lo que hace, al principio frunció el ceño por lo que hacia la psicóloga, pero ahora sabe que es uno de sus trucos. Fraternizar de forma que no sepa que lo está haciendo, una jugada muy sucia de ellos.
–La gente suele sufrir por cosas innecesarias.– Dijo de pronto la acusada.
–Vaya que sĂ, lo bueno que existe gente como tĂş que parece no importarle lo que le suceda a los demás–
–A veces las cosas están  fuera de nuestras manos manos.– De pronto la chica empuña sus manos como si recordara algo frustrada.
–Eso tiene un nombre–
–¿A s� –
–SĂ bueno, en definiciĂłn pero a mĂ me gusta llamarlo cobardĂa–
–¡Por supuesto que no! ¡yo no soy ninguna cobarde!–
–Tranquila, no estoy diciendo que lo seas. Una conducta muy común en los humanos sensibles es la evasión. Cuando saben que saldrán lastimados actúan con desinterés–
–¿Eso lo aprendió en los libros de su escuela? –
–¿Cómo sabe que está en los libros? –
–Lleve algunas materias sobre eso además creo que no me recuerda–
Akane la mira fijamente, desde que la vio en la mañana sabĂa que le era un poco conocida
–¡Oh! Tú eres la chica de la universidad en la que impartà una conferencia–
–La misma, quien dirĂa que ahora sea parte de su material de conferencia–
–Mmmm, asà que sabes de cómo va esto–
–SĂ, y se lo que intenta–
–Y según tú, ¿Qué es lo que intento? –
–Quiere aparentar que es amable conmigo para no verse mandona como ella–
Jurina hacia muecas desde su lugar, a veces divertidas otras irónicamente  pero trataba de no verse afectada por esta chica.
–Mmmm, vaya creo que eres muy inteligente pero no lo suficiente para lidiar con todo esto, estas aterrada, te consume el miedo y te sientes herida –
–Son solo suposiciones–
 –No, lo he visto antes y lo estoy viendo ahora. Ella era muy importante para ti y ¿Se la llevaron? Puedo ayudarte–
–Usted no puede–
–¿Por qué no? –
–Esta,… muerta…– Era evidente su desánimo y frustraciĂłn y tambiĂ©n lo era como le dolĂa aquella circunstancia.
–¿Cómo lo sabes? –
El tono de Akane era muy pasivo y suave, tanto que ha logrado meterse en la cabeza de esta chica y hacer que por fin avanzara la investigaciĂłn.
–Solo lo sé–
–¿Estas en peligro, cierto?, confĂa en nosotros. SĂ© que no podemos devolverte eso tan valiosos que te fue robado pero podemos honrar su memoria, o podemos encontrarla. –
–No la encontraran–
–¿Por qué? –
La chica agacho su cabeza, por alguna extraña razón las palabras de Takayanagui hicieron eco en su conciencia, quizá lo que necesitaba no eran preguntas si no alguien que comprendiera o la hiciera comprender. Incluso la misma Jurina es cambia su expresión al escuchar sus palabras.
–SĂ–
–¿Pudiste ver quién se la llevo? –
–Dos personas vestidas completamente de negro–
Jurina se entereza por el tema, quizá Sae tiene razón, pero no solo eso. Comienza a sospechar de algo más.
–SĂ la querĂas, ÂżPor quĂ© huiste?–
Intervino Jurina sentándose y relajándose un poco para no parecer mandona. DespuĂ©s de esa respuesta vieron como las facciones de la chica se descomponĂan.Â
–Ella me lo pidiĂł, cuando forcejeábamos y me golpeo para que supiera que no estaba mintiendo en su decisiĂłn de hacer ese trabajo alguien disparo por detrás de mĂ, y, y yo solo salĂ corriendo mareada de ahĂ–
–Hace un momento la has maldecido–
–AbecĂ©s tambiĂ©n el amor maldice ser amor, no podĂa hacer nada, debĂa favores y le iba a pagar bien por ese trabajo–
–¿Qué tipo de trabajo? –
–De la vida fácil,...o eso me dijo…–
Por sus auriculares escuchan la orden de Sae para que salieran de ahà y lo hacen. Takayanagui y Jurina regresan a la cabina donde estaban los demás agentes y la comandante Sae.
–¿y bien? –
–La chica está asustada y acaba de pasar por un trauma–
–¿Está mintiendo? – Pregunta Jurina
–No, esta simplemente en un etapa de duelo y como bien sabe todo reaccionamos diferente. –
–¿Entonces? –
–Es obvio que está huyendo, lo mejor será mantenerla con nosotros bajo libertad condicionada pero parece que no tiene a donde ir. –
–Entiendo, Jurina–
–Si–
–Voy a pedirte que cuides de ella por hoy mientras consigo un lugar para resguardarla–
–¿Usted cree que sea necesario todo eso? –
–Lo creo–
–Está bien, por hoy está bien aunque creo que no soy de su agrado–
–No le queda de otra, y sabe que es lo que le conviene–
Sae las deja a ellas para ir con la interrogada para hablarle del trato. La chica parece haber tocado fondo por fin y acepta la ayuda.
 ***Departamento de Jurina****
Jurina la llevo con bastante desconfianza a su casa, la alimenta y le ofrece ropa limpia. Todo es manejado con confidencialidad y normalidad. A las afueras habĂa un par de vehĂculos vigilando el departamento. La chica despuĂ©s de terminar de asearse entra a la sala observando el lugar, Jurina sabe que está ahĂ cuando se percatĂł de ella con su mirada perifĂ©rica mientras escribĂa algunas cosas en su portátil en la sala.
–¿Qué que te ofrece? –
–¿Vives sola? –
–Si…–
Jurina responde con desconfianza, antes no querĂa hablar y ahora es ella quien inicia la conversaciĂłn.
–¿Quieres que te ayude en algo? –
–¿Cómo dices? –
–Que si puedo ayudarte en algo, no sé qué más hacer. De alguna forma debo agradecer–
–Está bien, no voy a cobrarte el favor–
La chica nota en su respuesta, un tono de voz muy distinto con el que la interrogĂł. Y se siente ahora apenada.
–SĂ© que esto es parte de tu trabajo, eres buena persona. EncontrĂ© esto en el piso, salĂa un poco de bajo de una puerta–
–Oh…–
Jurina de pronto no sabe quĂ© decir, no es muy comĂşn escuchar halagos de delincuentes y menos de uno que lo veĂa como enemiga.
–Usted es alguien muy importante, Âżverdad? Ese es un tĂtulo valiosos para que este en el suelo–
–No soy importante, los tĂtulos no determinan si eres buena o mala persona.– La chica levanto del piso uno de los tĂtulos que no tenĂan marco y que Sayaka guardo con todas sus demás pertenencias. –¿Sabes una cosa? –
–¿Qué? –
–Creo que si hay algo que si puedes hacer–
–¿Y qué es? –
–Ven acompáñame–
Jurina la lleva al armario que estaba en el pasillo donde guardaba todo tipo de objetos, justo de donde saliĂł ese papel. AbriĂł la puerta y prendiĂł la luz habĂa muchas cosas el piso y los cuadros y fotos estaban apiladas arriba de un mueble.
–¿Todo esto es tuyo? – La chica miraba a todas partes, era una habitaciĂłn pequeña, pero en ella estaban los trofeos y medallas con la leyenda “sargento”, cuadros y muchas fotografĂas.
–SĂ, olvide que debĂa ordenarlo y agradecerĂa si me ayudaras al menos aponerlo todo en una caja–
–Claro– Ella comienza a levantar varias cosas y al llegar a un porta retrato se sorprende por lo que ve. –Yamamoto–
–¿Eh? – Jurina voltea en cuanto escucha el nombre de su compañera.
–Es Yamamoto Sayaka–
–SĂ, asĂ es Âżla conoces? – Jurina se acerca a ella extrañada e interesada por lo que pudiera obtener.
–Hum, la odiaba–
–¿Cómo es eso?–
–Ella era de la preparatoria de elite vecina de la mĂa–
–Si pertenecĂas a una escuela de elite ÂżQuĂ© haces desperdiciando tu vida? –
–¿usted no lo harĂa? –
–¿Qué cosa?
–Lo que sea por amor–
–Como se llamaba tu pareja–
–Aka...ri, Yoshida Akari–
–Ya veo, y tu–
–¿Yo que? –
–¿Cuáles tu nombre? –
–Mayu–
–¿Solo Mayu? –
–Ogasawara Mayu–
–¿Tienes familia? –
–¿Usted la tiene? –
–Si–
–Yo no–
–¿Qué es lo que tienen las escuelas de elite que las personas que conozco no tienen familia?–
–¿También conoce a la hija de la directora? –
–¿Watanabe Miyuki? –
–Si–
–¿Pero porque pone esa cara? –
–Ella está, muerta–
–¿Qué? –
El timbre interrumpe y Jurina se sobre salta un poco tomando inmediatamente su arma, sus padres saben que no está en casa y no les ha dicho que volvió por su inquilina que ahora protege. Mayu también se asusta pues su vida obviamente corre peligro.
–Tranquila, irĂ© a ver, mantente cerca de mĂ–
–Está bien–
Jurina sale apresurada empuñando su arma a un costado de ella, se acerca a la puerta sin hacer ruido y se asoma por el mirador. Suspira por ver de quien se trata, todo está en orden pero no del todo, devuelve su mirada asustada a la puerta y oculta su arma en lo primero que encuentra mientras el timbre se escuchaba de nuevo. Torpemente abre la puerta y da la bienvenida.
–¡Rena! ¿Qué,… qué haces aqu� –
–Hola Jurina, me quede preocupada por ti y decidà venir a verte–
–¿Por qué no me avisaste? – Jurina en verdad estaba sorprendida.
–¿Está todo bien Jurina? –
–SĂ, ¡SĂ!–
–¿Te molesta que haya venido? –
–¡No! No, para nada–
–¿Quién es ella? –
–¿Ella? – Jurina voltea y ve a Mayu parada en el pasillo, por un momento dada la impresión se le olvido su protegida.
–Ogasawara Mayu, – ella misma se presenta y también intuye lo que está sucediendo. –Por qué no pasa, les preparare un poco de té–
–Gracias–
Rena entra conociendo ya el camino, y Jurina se queda petrificada en la entrada ¿Ahora que va a hacer? Se asegura de que su arma quede oculta y va con Rena a la sala. También la noto extraña asà que no solo porque si ha viajado de Nagoya hasta su casa. Cuando se asoma un poco Rena está mirando por la ventana observando cómo se despide la tarde en aquel gran ventanal.
Regresa sus pasos recargándose en la pared y toma aire mientras piensa en lo que dirá, no puede verse dudosa. Pero tampoco puede revelar aun su verdadero oficio. Jurina toma valor y entra a la sala. Esta ves Rena si se percata que está ahà y sin voltear a verla le habla.
–¿ConfĂas en mĂ, Jurina? –
–Claro,… por supuesto que lo hago–
RespondiĂł caminando hasta ella y quedando a la par, hombro con hombro mostrando una inseguridad inusual.
–Olvidaste tu chaqueta–
–¿Y solo viniste a devolverla? –
–No, hay algo más–
–¿Qué cosa? –
–He venido atraer algo que quizá ocupas. –  Sintiéndola a un lado de ella gira su cuerpo y Jurina hace lo mismo.
–¿Qué cosa? –
Rena la mira seriamente y de su vestimenta holgada, de la bolsa de su falda larga saca la pequeña cartera cuadrada. Extiendo un poco su mano hacia ella Jurina amplĂa sus ojos observando el objeto, levanta su vista hacia Rena que la mira de una forma que no sabe si es por el momento o lo que siente pero se siente muy diferente.  Helada levanta una de sus manos y toma la cartera entre sus dedos un poco temblorosa. Sabe perfectamente que hay dentro y lo peor es que no es la suya, es la de Yamamoto.
–¿Qué ocurre Jurina? – Pregunta Rena viendo evidentemente descubierta una mentira. –¿No eres estudiante cierto? –
–N, no…–,
–¿No? –
 –Rena, yo…–
–El tĂ© está listo,– Ambas chicas voltean. Ella se da cuenta de que algo extraño está sucediendo, –Yo, lo dejare aquĂ. EstarĂ© en la habitaciĂłn de huĂ©spedes. –
Mayu aparenta retirarse  pero solo camina algunos pasos y se queda de espaldas escuchando nada realmente, la habitaciĂłn se queda en silencio. Rena voltea de nuevo hacia Jurina quien está mirando ahora hacia la salida de la sala pero no se percata que la chica no se fue, esta tan sumergida en su preocupaciĂłn que ha comenzado a sudar frio. Â
–¿Qué está ocurriendo Jurina? –
–Esa placa no es mĂa... – Rena ladea un poco su cabeza cayendo ya en la impaciencia. –Es de… es,… le pertenece a Sayaka–
–Lo sĂ©, es bastante obvio. Dijiste que confiabas en mĂ,… –
–Yo, yo, soy oficial de investigaciĂłn. – Confiesa sin mirarla y camina hasta rodear el sillĂłn sentándose en Ă©l. –Sargento para ser exacta…–Â
Bajo la mirada de escrutinio de Rena, muy seria y un tanto frĂa, sede un poco a la duda de nuevo y hace lo mismo que Jurina, pero se queda parada frente a ella. Ahora entiende muchas cosas en la actitud de ella y de sus compañeras.
–¿Por qué no me lo dijiste antes? –
–Eran Ăłrdenes superiores, no podĂa hacer mucho en realidad–
Responde sin mirarla, para ella todo se ha venĂa abajo. Cambiaba completamente su situaciĂłn con Rena, solo que no sabĂa si era para bien o para mal.
–¿Hasta cuándo planeabas decirme la verdad? –
–No podĂa ponerte en riesgo, estamos en medio de un caso muy delicado–
–Entonces es por eso salieron tan repentinamente de España–
–SĂ, asĂ es ÂżEstas enojada, por esto? –
Por fin Jurina la mira, sus ojos guardaban culpa pero una pena aún más grande detrás de ella o cual llama mucho la atención de Rena.
–Un poco. Jurina, ¿Qué es eso tan malo que hiciste, la razón por la que llegaste a mi casa y por lo cual te vez angustiada? – Jurina no responde, esquiva la mirada de Rena, bajando la vista moviéndose inquieta en su mismo lugar y su semblante empalidece. –Jurina, puedes contarme te aseguro que intentare entenderlo –
–Nuestra forense,… la forense, murió por mi culpa–
Rena amplĂa sus ojos ante aquella declaraciĂłn, pero no le sorprende, sabe muy bien del trabajo de los oficiales y los traumas por los que pasan sin embargo debiĂł ser duro para Jurina dado a la forma en que se ha estado comportando. Ogasawara se recarga de la pared de la impresiĂłn, estaba a cargo de una asesina. Pero debĂa permanecer en esa casa por su seguridad además que le ha llamado mucho la atenciĂłn las fotos de Sayaka en el cuarto de tiliches de Jurina.
–¿Quién era ella? –
–Miyu,..ki.–
Responde ausente Jurina, y ahora Rena si se sorprende en verdad, eso solo puede apuntar hacia una sola cosa pero espera escuchar antes de especular.
–¿Qué fue lo que hiciste? –
–La entregue como una vil carnada. – Tanto Mayu quien seguĂa escuchando como Rena se estremecen de tal barbaridad, por parte de Rena se preguntaba ÂżcĂłmo es posible eso si se veĂan tan unidas en Barcelona? Con su rostro cayendo en amargura y sus ojos llenándose de pequeñas gotas cristalinas, Jurina habla por sĂ sola. –HabĂa una alerta de atentado en contra de ella por ser la hija del director del departamento y el me lo hizo saber a mĂ pero no podĂa decĂrselo a nadie más querĂa que su plan fuera nuestro plan y que sucediera como ellos querĂan y asĂ fue. Al final fallamos, el director me sacarĂa del caso y seguramente bajarĂa mi rango si desobedecĂa sus Ăłrdenes, tampoco podĂa decĂrselo a la comandante y  mucho menos a…–
–Sayaka,… – Complementa Rena. –Te peleaste con ella, ¿o me equivoco? –
–SĂ, no quiere verme y renuncio despuĂ©s de todo esto. No pude salvarla Rena. – Dice frustrada apretando sus puños, en los cuales, Rena se arrodilla frente a ella y los toma entre sus manos. –No pude devolvĂ©rsela con vida, ella, ellas– Mirándola con lágrimas gruesas en sus ojos y su voz ya cortada por la impotencia y el coraje más la amargura le revelaba la cruda verdad.
–Lo sé, de alguna forma me di cuenta cuando estuvieron en Barcelona–
–¿Comprendes lo que he hecho? –
–Sà Jurina, pero a veces no tenemos opción. – Rena responde pero clava sus ojos en ella un tanto perdidos como si se sumergiera en algún recuerdo, esos ojos que Jurina no ha podido descifrar y que la miraron alguna vez en España. –A veces por defender algo, a alguien somos capaces de todo, todo–
Su mirada vuelve en sĂ y la forma en la que dice esas palabras le da escalofrĂos a Jurina, Rena de pronto es muy seria y parece entender a la perfecciĂłn el sentimiento.
–¿Qué sabes tú de eso? –
–Yo sĂ© lo que es robarle la vida alguien,…– Confiesa vacĂa y escalofriante, hace que Jurina se queda sin palabras, solo se miran una a la otra, poco apoco se revela su verdadero ser ante ambas; orgulloso, enigmático, golpeado por las circunstancias, frĂvolo y malĂ©volo, tan celosas de su pasado que lo descubren a cuenta gotas. Son tan similares y diferentes que ahora saben, son tal para cual. –Yo tambiĂ©n confiĂł en ti por eso te confiĂł esto, ahora sabes que puedes contármelo todo–
Rena se pone de pie, hace que Jurina tambiĂ©n lo haga, solo la incita a un abrazo cálido y lleno de compresiĂłn y amor. Afuera Mayu hacia muecas y sus ojos no permanecĂan quietos, pensaba en ciertas cosas que ahora puede entender tambiĂ©n. Y para su mala suerte esta indirectamente involucrada.
En la sala Rena reconfortaba a Jurina entendiĂ©ndolo todo al fin, sosteniĂ©ndola en sus brazos de una forma protectora mira hacia las brillantes luces que sobresalen en la oscuridad de la noche. Mientras daba leves golpecitos a la espalda de Jurina, ella refleja una mirada vacĂa y frĂa. Su rostro serio dibujaba un semblante que mezclado en la penumbra daba miedo. Era un rostro que Jurina no podĂa ver, la Rena que la sostenĂa en sus brazos no era precisamente la que conoce solo que, no se habĂa dado cuenta de ello.
 ***OSAKA***
Sayaka habĂa salido a tomar un poco de aire fresco a las afueras del edificio lujoso de su amiga la estrella, aĂşn quedaba un poco de luz antes de que se despidiera el dĂa. No sabe si fue suerte o una maldiciĂłn que la haya rescatado. Sus heridas aun duelen mucho, pero asĂ intenta sentarse en el cĂ©sped y recargarse en un árbol que se veĂa muy cĂłmodo. Con dificultad lo hace y se dele mucho, más cuando lo hace. Quizá sus heridas del cuerpo son bastante dolorosas pero le es más insoportable la pena que lleva dentro de ella.
–¡Hey! Corazón ¿Qué haces en el piso? –Sayaka ve a su amiga que se acerca y cuando esta frente a ella se agacha.
–Momoka–
–No te levantes, solo te traje un obsequio. Lo dejare aquĂ, –Ella deja una libreta forrada de cuero muy bonita y elegante, de esas que usan los compositores. –Te dejare sola –
–¿Qué es? –
–Abre lo si te sientes lista–
Momoka se levanta y le giña un ojo  despuĂ©s mira a su amiga por unos segundos, sacude su cabeza y la deja sentada sobre el pasto recargada en ese árbol frondoso. Ella suspira y toma la libreta, muy profesional por cierto. En ella hay una pluma muy peculiar, le recuerda a una que perdiĂł en su sala de ensayos en la preparatoria, sonrĂe y no puede evitar hacer un puchero irĂłnico acompañado de tristeza y aunque se resiste, una lágrima solitaria se le escapa ÂżQuĂ© pretende Momoka al llevar eso? ÂżTorturarla con su pasado? O, Âżhacerle ver que por nada del mundo el pasado desaparece y hay que seguir adelante?
Ella se pone de pie con dificultad y va al interior del edificio, solo sigue su camino hasta llegar a lo que ahora era su habitaciĂłn, en un pequeño escritorio deja la libreta pero al darle la espalda detiene sus pasos y gira su cabeza hacia ella, algo dentro de ella le hace sentir cosquillas en sus dedos y sin dudarlo más, termina por girar completamente, se sienta para retarse a sĂ misma y a su creatividad. Poniendo su voluntad en ello con su ceño fruncido y una mueca de sufrimiento comienza a escribir, relataba versos y secuencias de palabras que solo ella comprendĂa, pero poco a poco iba dándole forma a lo que se convertirĂa en un futuro prometedor.
***Casa de Jurina***
Después de ese cálido y extraño abrazo, Rena libera a Jurina y camina por la habitación para encender la luz, cuando lo hace mira Jurina aun parada y ausente, a lo cual regresa con ella y la hace sentarse.
–¿Cómo te sientes ahora? –
–Mejor, avergonzada pero mucho mejor–
–No deberĂas, comprendo lo difĂcil que debiĂł haber sido ocultar todo esto–
–¿Lo dices en serio? –
–SĂ, ya decĂa yo que sus notas y su agudeza deductiva en los análisis no eran normales para alguien de universidad–
–Tú también eres muy perspicaz–
–Lo sé, – Responde con arrogancia ante el alago. –Cuéntame desde cuando eres agente–
–Bueno, llevo alrededor de 6 años y 4 que me gane el tĂtulo de agente, antes era solo oficial, admiraba a mi hermano y querĂa ser como Ă©l–
–¿Tienes una hermano? –
–SĂ, he hice varias pruebas gane muchos mĂ©ritos y despuĂ©s conocĂ a Sayaka y junto a ella…–
–En verdad ella importante en tu vida– Â
Llamándole la atenciĂłn como en cada oportunidad que tenĂa, en cada oraciĂłn que decĂa, salĂa a relucir el nombre de la chica
–¿Acaso son celos? –
–Para nada, aunque debo aceptar que es muy agradable y bonita, ¿Por qué no tratas de hablar con ella?–
Rena deja a un lado el tema del hermano interesada más por su pelea con Sayaka y el estado de ánimo de Jurina.
–No sé dónde está–
–Si en verdad eres su amiga…–
–Ya sĂ© ya sĂ©, deberĂa saber dĂłnde está–
–No–
–¿No? –
–No, deberĂas saber “Como” encontrarla.–  Jurina se queda callada por un momento Rena por enĂ©sima vez tenia rezĂłn. –Evidentemente está herida y eso no puedes cambiarlo pero no pueden quedarse estancadas en el pasado ni perder una amistad tan valiosa–
–Mmmm, puede ser…–
–Lo es, los seres humanos somos maquinas maravillosas movidas por sentimientos y ustedes dos comparten uno de los más hermosos–
–¿Cuál? –
–La amistad Jurina, y eso no se gana fácil. Por cierto ¿Quién es ella? –
–¿Quién? –
–La chica que trajo el té que ya está frio–
–Oh, ella. Pues es una testigo y delincuente–
–¿Qué? –
–Bueno, la atraparon por delinquir pero en realidad solo está huyendo y me han pedido que cuide de ella mientras le encuentran un lugar más seguro. –
–Mmm, comprendo. No cabe duda que en verdad tu vida es muy peculiar–
Ambas sonrĂen un poco, Rena es lo bastante educada y comprensiva con Jurina al grado de hacerla respirar tranquila.Â
La chica de afuera, habĂa permanecido escuchando la conversaciĂłn todo este tiempo, decide ir a su habitaciĂłn y dejarlas solas, ya es tarde ha comenzado a sentir mucho sueño. Justo cuando cierra la puerta cuidadosamente de su habitaciĂłn las otras dos chicas salen de la sala y ahora, dadas las circunstancias la habitaciĂłn para invitados estaba ocupada asĂ que ocuparĂan la misma.
 ***Mañana Siguiente***
 Alguien habĂa madrugado y se encontraba tocando fuertemente el timbre del hogar de Jurina. Ella se encontraba en un plácido sueño profundo y comenzĂł a despertar cuando escuchaba la insistencia de quien se en entraba afuera.
–Buen, dĂa…–
Era la comandante Sae quien estaba fuera, de pronto no sabe qué hacer y cree haberse equivocado de departamento sin embargo, se le hace peculiarmente conocida quien le recibe en la puerta.
–Hola, buen dĂa– Responde Rena.
–Disculpe usted es…–
–Matsui Rena–
–Ahhh…–
–Pero pase, Jurina no debe de tardar en salir–
–Oh, gracias–
De un momento a otro ya estaba en la cocina robando una deliciosa taza de café en espera de Jurina.
–Buen dĂa, – Saluda encontrándose una inusual escena en su cocina, incluso la chica que tiene a su cargo está ayudando. Rena no estaba cuando despertĂł, pero una maravillosa mezcla de aromas llegaba hasta sus fosas nasales anunciándole el desayuno. –Comandante–
–Agente, buen dĂa, porque de acuerdo con esta bella señorita ya puedo llamarla agente–
–SĂ, puede–
–Asà que señorita Matsui, está usted de visita–
–SĂ, aunque… –
–¿Que la hace venir aquà tan temprano comandante?– Jurina interrumpió lo que Rena iba a decir. Quizá leyó su mente y no esta lista aún para decirle que es su pareja, con todo esto que tienen encima. –No se preocupe por Rena, ella está enterada de todo–
–Supongo, pues vine a llevarme a nuestra testigo–
–Mayu, Ogasawara Mayu–
–Vaya, te ha confiado su nombre–
–Bueno, yo estoy lista para cuando usted lo disponga–
–Mmm, buena chica pues nos vamos ya, – Dice la Comandante. –Además Jurina, te espero a las 12:00 en punto en la comandancia hay que ir reclusorio, Edgar ha pedido hablar contigo–
–¿Edgar? –
–SĂ–
Repentinamente, Rena hace un ruido estruendoso mientras lavaba los utensilios que ensucio mientras cocinaba, he hizo que las chicas voltearan a verla.
–¡Ah! Lo siento, tengo las manos resbalosas por el jabón.– Sonriente se disculpa por interrumpir.
–Entonces debo estar allá al medio dĂa–
–Asà es, ahora si no te importa me llevo a esta jovencita–
–Adelante–
Jurina, Sae y la chica testigo salen de la cocina dirigiĂ©ndose a la entrada, mientras se ponĂan cada uno sus zapatos seguĂan conversando hasta finalmente despedirse. Jurina vuelve a la cocina donde Rena preparaba un par de platos para que desayunara antes de irse.
–Siento mucho tener que estar fuera–
–Está bien, comprendo yo estaré esperándote siempre Jurina–
 –Gracias–
 ***Auto de la comandante***
Dentro del auto, Sae conducĂa tranquilamente, en silencio Mayu veĂa como pasaban los edificios y de pronto tuvo una duda.
–Adonde me van a llevar–
–¿Mmmh? Pues, a una casa de seguridad a las afueras despuĂ©s de que termine el interrogatorio, ÂżpodrĂas darme una libreta que está en la guantera? –
–Oh, si–
Accidentalmente, al sacar la pequeña libreta de recordatorios tira algo más que habĂa dentro.
–¿Qué es esto? –
Pregunta levantando una pequeña bolsa, recuerda haberla visto antes cuando la comandante entro a interrogarla.
–¿Qué cosa? –
–esto–
–Ah, es evidencia de otro caso–
–¡Oh! –
 Expresa y mira con atenciĂłn la bolsa no se atreve a ver más allá de lo que hay a la vista en la sucia bolsa de plástico asĂ que la devuelve, solo que se habĂa dado cuenta ya de algo.
 ***Casa de Jurina***
 Mientras degustaban sus alimentos, Rena no pierde la oportunidad de inmiscuirse un poco más en los asuntos de Jurina.
–¿Y quién es ese tal Edgar? –
–Es un extranjero que detuvimos hace ya varios meses–
–¿Y, de donde es? –
–Es de España, Barcelona para ser exactos–
–Oooh ya veo–
–Él es la razón por la que fuimos a España y gracias a él te he conocido–
–Vaya que es todo un caso–
–¿Qué sucede? – Rena de pronto pierde su vista y parece pensativa.
–Nada, solo creo que la vida nunca dejara de sorprenderme–
–Bueno, iré a ves,…tirme~…–
Un poco intrigada pero acostumbrada a esa actitud misteriosa, Jurina se levanta de la mesa para ir a su habitaciĂłn a vestirse como su profesiĂłn se lo manda.
–Adelante, ve–
Se sentĂa raro, Jurina sale de la cocina, cuando llega a su habitaciĂłn va directo a su closet y saca su uniforme, el oficial. Debido a la visita en el reclusorio debĂa vestir oficialmente, traje negro con su saco el cual tiene algunos galones y el escudo del departamento al que pertenece. Su Camisa blanca, su arma en la cintura y su placa del otro lado enganchada en su cinto y no podĂa faltar aun falda que ceñĂa su caderas a media pierna. TentaciĂłn pura en hora de servicio.  Se miraba a sĂ misma en el espejo viendo como ella misma no se percibe ya como un oficial. El suceso con Miyuki y con Sayaka se habĂa llevado su motivaciĂłn de servir a la justicia y ansia que todo esto termine pronto.
–¿Ese es tu uniforme? –
–¿Eh? – Jurina se sorprende un poco, no se dio cuenta en que momento Rena entro a la habitaciĂłn. Es la primera vez que Rena la veĂa de tal manera, pero hay algo muy extraño en la atmosfera, el brillo de Rena no está, y se acerca lentamente hacia ella. Siente como unos escalofrĂos le recorren todo el cuerpo bajo esa mirada frĂa de cierta forma. –¿Rena? –
Rena, al estar frente a ella acaricia ligeramente uno de sus hombros mirando todo el atuendo llegando sus dedos hasta el escudo del saco.
–Te queda, casi perfecto–
–¿Casi? –
Rena la mira saliendo de su trance, no debĂa haber dicho eso, se sacude un poco y sonrĂe ligeramente.
–OlvĂdalo, ve a trabajar que la justicia espera y yo estarĂ© esperando por ti–
–Mmm–
Jurina da algunos paso pero no dejaban de mirarse habĂa algo en ese momento que las conectaba pero al mismo tiempo las distanciaba, era una sensaciĂłn bastante extraña.
–¡Jurina! –
–¿Si? –
–Espera, – Rena se acerca hasta ella, y después de mirarla fijamente a los ojos deja una marca invisible de sus labios en la mejilla derecha.  –Ahora si ya puedes marcharte–
–Ooh, gracias–
Jurina se vuelve muy dócil y sumisa ante la presencia de la maestra, incluso la ha animado a buscar de nuevo a Yamamoto. De ninguna manera posible lo que siente hacia ella puede ser malo. Sube a su auto y se pone en marcha para llegar a la comandancia e ir por un apoyo para visitar la prisión.
 ***Comandancia***
 Ella arriba a las instalaciones y va directo a la sala de interrogatorios donde ya está Mayu la delincuente que se volvió testigo con la Comandante Sayaka y el agente Ryouha hablando. Llega a la cabina que está detrás de la gran ventana donde solo se pueden ver reflejados los que están ahà dentro.
–¡Jurina San! –
Efusivamente, el agente Fukushi la recibe cosa que casi la hace saltar de un susto.
–Fukushi–
–Es un gusto tenerla de vuelta por aquà ¿le traigo algo? ¿café? ¿Agua? Se ve muy bien hoy–
–Ya, ya ya… estoy bien asà Gracias. – Casi apartándola un poco después de que con tanta pregunta viola sin darse cuenta su espacio personal, –Mejor dime cómo va el interrogatorio–
–Acaba de comenzar, de hecho está vez es raro como está dispuesta a cooperar–
–¿As� –
–Si, dijo que usted la animo a hacerlo–
–¿Yo? –
–Eso dijo–
Dentro de la cabina tambiĂ©n se estaba Takayanagui la psicĂłloga, la cual le da la bienvenida a Ă©l agente Jurina pero estaba más atenta en lo que sucedĂa dentro.
***Dentro de la Sala***
Hasta el momento, transcurridos 10 minutos, las preguntas eran las mismas pero ahora cooperaba en las respuestas.
–¿Y bien, ahora dinos tu versión? –
–La chica, se llamaba Yoshida Akari, asistĂamos juntas a la universidad hasta hace un año que descubrimos que podĂamos hacer dinero fácil sin depender de nuestros padres. Ellos no aprobaban nuestra relaciĂłn y huimos–
–¿De dónde? –
–De Osaka–
***Cabina***
Jurina asentaba para sà misma, por eso conoce a Miyuki y a Sayaka, los años de juventud no se olvidan.
***Sala de interrogaciĂłn***
–Nos mudamos a Tokio, alguien cuyo nombre desconozco nos prometió una gran vida y asà fue–
–¿A cambio de qué? –
–Ofrecer droga, nunca la vendimos solo pedĂamos bebidas preparadas para quienes pedĂan algo más, en realidad nunca las he visto yo solo les decĂa dĂłnde encontrar–
–Entonces solo eran una especia de damas de compañĂa–
–SĂ. Todo iba bien hasta que los clientes quisieron, pues, pedir más y Akari pues era de muy bue…–
–Entiendo, ¿Qué más? –
–Lógico yo me negué pero…–
–¿Tu pareja no? –
–Al parecer le gustaba más el dinero que yo, – Amargamente lo dice. –Gustos caros, coches joyas hasta que comenzĂł a beber y consumir, se endeudo.  Intente sacarla pero ella no querĂa y el dĂa que por fin la convencĂ sucediĂł el incidente–
–¿Qué incidente? –
–Entre sin que se dieran cuenta al establecimiento, en el área de camerinos unas  personas importantes estaban hablando de algo relacionado con sus negocios sucios. Una mujer, no conozco su rostro pero su acento es muy curiosos, habla japonĂ©s muy extraño, dijo que venĂa en nombre del jefe y habĂa un trabajo pendiente. Escuche que necesitaban una chica  y me invadiĂł el miedo cuando escuche el nombre de Akari, dijeron que era perfecta y de las complexiones exactas. TenĂan poco tiempo para actuar pero que la necesitaban muerta, total a una mujer barata como ella nadie la iba a extrañar. –Â
***Dentro de la cabina***
Jurina amplĂa sus ojos y descruza sus brazos,  sale de ahĂ directo a al cuarto contiguo apresuradamente y olvida solicitar permiso para entrar.
***Sala de interrogaciĂłn***
La puerta se abre de forma aparatosa y los que estaban adentro se sorprenden, como era de esperarse la comandante Sae se exalta.
–¡Agente!–
Sae exclama.
–¡Ogasawara! –
Jurina entra dirigiéndose directamente a la interrogada caminando hasta ella.
–¡Agente Jurina!–
Responde Mayu un poco asustada pues todo era muy tranquilo.
–¡Miyuki!–
Dice inclinándose cuando esta aun lado de ella.
–¿Miyuki? –
Sae se cuestiona, pues no entiende por qué Jurina entro con tal arrebato y nombrando a la exforense.
–Dime, ÂżLa querĂan para hacerla pasar por alguien? ÂżE iba a matarla? –
Exaltada y llena de una extraña y alterada  por aquella declaración trataba de encontrar un rayo de esperanza y la mejor razón para traer de vuelta a Sayaka y conseguir su perdón.
–En ese momento supe que iban a matarla.  CorrĂ y de los nervios me tropecĂ© con un montĂłn de cajas, ellos se dieron cuenta de mi presencia y como puede fui por Akari y la saque de ahĂ. Corrimos, mucho, nos escondimos en el callejĂłn y paso todo eso que vio su testigo, ellos dispararon el arma en nuestra contra–
–¿Y por qué no dijo eso desde antes? –
–¿Iban a creerme? ÂżA alguien con facha de vagabundo con los dĂas contados?–
–¡Debo buscar a Sayaka!–
Jurina exclama y se apresura a los hechos, su razón está concentrada en una sola cosa y es, el agente Yamamoto.
–No está segura de ello. – Replica Sae.
–Algo me dice que caĂmos en una trampa y seguimos en ella. No voy a quedarme con los brazos cruzados, esta vez no. –
–No le doy autorización, tiene un careo con Edgar en el reclusorio–
–Edgar no va a ir a ningún lado–
–No se atreva a sobre pasar mis órdenes o–
–¿Qué? –
–¿Va a destituirme?, después de todo este es mi último caso ¿No? –
La comandante Sae ya no le dijo más, estaba furiosa por tal atrevimiento, pero feliz de ver de nuevo las agallas de su agente.
Jurina estaba a punto de salir entendiendo el mensaje silencioso de su superior y poco a poco retrocede para dirigirse a la puerta.
–¡Agente Jurina!–
–Dime–
–No estoy segura, de si es o no el mismo caso, pero hay un anillo que se encuentra en una bolsa que vi esta mañana me pareció que es igual a este.–
Ogasawara saca un anillo de uno de sus bolsos del pantalĂłn, tan importante para ella que un lo llevaba consigo.
–¿Qué anillo? –
–¡Las evidencias! –
Recuerda Sae.
–¿De qué hablan? –
–Ayer le pedĂ a la forense Fujita que me permitiera entregarle personalmente las pertenecĂas de metal que no se calcinaron las cuales presuntamente eran de Miyuki. –
Explica Sae.
–Miyuki no usaba anillos.– Jurina desconcertada afirma.
–A vaya, y es una lástima que ninguna de mis agentes estuviera aquà para deducirlo a tiempo–
–La persona con el acento curioso dijo que era una venganza que tenĂa cuentas pendientes con un par de policĂas–
–¿Aun lo duda comandante?–
–Hay una gran posibilidad de que asà lo sea, adelante agente vaya a donde tenga que ir. Nosotros armaremos un operativo para desmantelar ese lugar y dar con los responsables a como dé lugar–
–¿Y yo? – Cuestionándose ahora por su bienestar, pregunta Ogasawara por lo que sigue.
–Tu nos vas a ayudar llegara ese lugar. Vendrás conmigo ahora–
Después de dar por finalizado el interrogatorio donde Ogasawara dio la ubicación para dar con uno de los peces godos, se forma un operativo encubierto para actuar cuanto antes.
 ***Buscando a Yamamoto***
Jurina sale en busca del agente Yamamoto sin perder más el tiempo, pero una llamada entrante la detiene antes de subirse a su veloz auto, es de Rena asà que no duda en responder.
–Hola–
–Hola Jurina–
–Dime ¿Ocurre algo? –
–No, es solo que Miku ha llegado a tu casa–
–¿Miku? QuĂ© raro no sabĂa que yo estaba de vuelta–
–Parece un poco triste y se encerró en su habitación, por eso te he llamado–
–Voy para allá.–
Jurina cambia drásticamente sus planes, no sabe que ha ocurrido y aparte es muy temprano para que Miku esté fuera de la escuela. En menos de diez minutos ya se encontraba buscando sus llaves para abrir la puerta de su departamento sin embargo, la puerta se abre sin previo aviso.
–¿Miku?–
–¡Jurina! –
Saltando sobre ella se tira en llanto, se veĂa realmente exaltada y sabĂa que Rena la habĂa llamado.
–¿Que te ocurre? –
Miku no contestaba nada solo sollozaba y mojaba el cuello de la camisa de Jurina, ella entra de lleno en la casa con Miku en sus brazos, Rena estaba en el pasillo mirando aquella escena. Jurina va hacia la sala con Miku aun sobre ella,  y se sienta en el sofá. – ¿Miku que ocurre? –
–Papá y Mamá van a enojarse conmigo–
–¿Y eso por qué? –
–Me expulsaron del colegio,… –
–¿¡QUE!? –
–Tú también me vas a regañar–
–Quisiera hacerlo en verdad pero ya me lo esperaba, además tengo un poco de prisa–
 –Me escape, Mamá y Papá ya deben de saber y seguro me están buscando–
–Pues seguro es asĂ, asĂ que voy a llamarlos–
–Pero me van a regañar y me van a enviar un internado–
–No te van a enviar a ningĂşn lado, jamás se los permitirĂa.–
Jurina llama a sus padres y explica lo sucedido, ella es quien más ha estado al cuidado de la pequeña, y de cierta forma se siente responsable de su conducta. Pide que por hoy lo dejen pasar y no le llamen muy fuerte la atenciĂłn. Por este dĂa se quedara en casa de Jurina pero ella debe salir en busca de Yamamoto cuanto antes, Vaya detalle.
Jurina la deja en manos de Rena, No era la mejor de las ocasiones pero al menos no estará sola, Rena cuidara de ella mientras cumple con su misiĂłn del dĂa. DespuĂ©s de despedirse de ellas sale del departamento y conduce directo adonde sabia, era el hogar de la agente.
Jurina, detenĂa su auto frente al departamento de Sayaka y sin dudarlo va directo a su piso. Toca la puerta pero nadie responde, asĂ dura un tiempo bastante prolongado. Recuerda que guarda una llave de repuesto debajo del extintor, asĂ que va a comprobar si aĂşn está ahĂ. Como puede, vence el candado para no romper el cristal que lo cubrĂa y efectivamente encuentra una llave ahĂ.
No duda en entrar, es bastante oscuro y desordenado. Hay botellas de alcohol de diferentes tamaños por todas partes vacĂas.
–Huh, estuvo buena la fiesta Yamamoto, – Dice para ella misma caminando con cuidado para no tropezar con alguna de ellas. –Donde estas Sayaka–
Camina hacia a la Sala, observa sus fotografĂas y trofeos quebrados en el piso, allĂ está tambiĂ©n la medalla que comparte con ella, ese galĂłn que se ganaron por salvar innumerables vidas. Va a su habitaciĂłn donde el panorama no es muy alentador, todo tirado, su espejo roto manchas de sangre y muchas fotografĂas que salĂan de una caja deshecha. Se acerca hasta ella y la levanta del piso, aĂşn hay cosas dentro. SonrĂe nostálgicamente, sin duda un recuerdo muy bonito pero doloroso.
Ella y Miyuki en la orilla del mar, no muy lejos se distingue un puerto de exportaciĂłn de autos, se perciben vagones de tren a lo lejos. ParecĂa un dĂa tranquilo para ambas, como un relámpago una idea viene a su mente. Al seguir viendo las fotografĂas, las estructuras, las calles le dan una idea de adonde ir.
Inmediatamente sale del departamento apresurada y sube a su automĂłvil de nuevo, con el rechinar de las llantas respondiendo a la prisa, Â se pone en marcha directo a Osaka.
***Casa de Jurina***
Miku estaba recargada en la cabecera de su cama, jugaba en su 3DS para dejar pasar el tiempo, por la tarde debĂa ir al centro de artes. Escucha que Rena toca la puerta seguido de llamarla por su nombre.
–Miku, ¿Puedo pasar? –
–SĂ, adelante. – Ella deja su video juego de lado para poner su atenciĂłn. –Rena-Sama– Un poco apenada por lo sucedido.
–Rena está bien solo Rena, ¿puedo? – Le pide permiso para sentarse.
–SĂ, Rena–
–¿Estas bien? –
–Si–
–La comida esta lista–
–Oh, es verdad debo comer–
–Eres un poco despreocupada igual que Jurina–
–Bueno, Jurina ha estado a mi lado toda mi vida. –
–Y su pongo que te ha criado a su manera–
–O malcriado decĂa su amiga Yamamoto–
–¿Yamamoto? –
–Ahhh si, una de varias,… ÂżRena te importarĂa llevarme al centro de artes?– Pregunta Miku para desviar la atenciĂłn de su anterior imprudencia, Jurina ha olvidado mencionar lo de los apellidos por todo lo que tiene encima, pero no va a ser ella quien se lo diga asĂ que astutamente piensa por ella.
–Claro, pero primero hay que comer–
Miku queda completamente satisfecha de su paladar al probar la comida de Rena, pese a la falta de carne son platillos que le han gustado bastante es la primera vez que come verduras por su propia voluntad. Cuando terminan, se disponen a salir rumbo al centro de artes.
En una tarde maravillosa conviviendo con esa excepcional niña que ahora lo sabe es un genio, despierta en ella el sentido maternal que ha estado durmiendo por años dentro de ella. Miku se ha ganado un lugar que celaba por completo y se reservaba Ăşnicamente para su hija desaparecida. Esta niña tiene algo que le llama mucho la atenciĂłn, para Miku estar en la compañĂa de alguien que deberĂa de ser una desconocida, resulta ser muy agradable y jurarĂa que la ha visto antes, dentro de su pecho hay un calor peculiar desde que hablo con ella sobre su dibujo. Al volver a casa  despuĂ©s de que el tiempo se ha ido rápido, a Rena le embarga una duda, no se explica como a pesar de la inteligencia de Miku la han expulsado del colegio.
–Sé que no me incumbe pero ¿Por qué te han expulsado? –
–Pues, porque he golpeado a un par de compañeros–
–¿Qué? –
–Ellos siempre me han dicho que soy un fenómeno y siempre hablan mal de Jurina–
–¿Qué es lo que dice? –
–Pues que…–
–Comprendo–
–¿En verdad?, ¿puedes leer mentes? –
–No, pero entiendo cuál es la raĂz del problema–
–Los adultos dicen que es tal mal, y los niños dicen lo que escuchan de ellos–
–Vaya, sà que eres muy lista, ¿Y tú qué opinas? –
–Me gusta ver a Jurina feliz, a decir verdad no puedo opinar ya que desconozco muchas cosas pero sé que si una persona es feliz, está bien–
–Con que si un persona es feliz, ¿huh? ¿Miku, que te hace feliz? –
–Pues, estar con Jurina, ¡el helado! ¡Mis tĂos! –
–Es pera, ÂżTus tĂos? –
–Aah, si, Jurina no te ha dicho que no son mis padres, de hecho no tengo. – Rena se queda pensativa, pero lejos de pensar en algo que pudiera relacionarlas, piensa en lo difĂcil que ha sido la vida para esta pequeña. –Jurina se ha hecho cargo de mĂ desde que nacĂ y para mi ella es mi como mi mamá–
–Comprendo, y, ¿qué le parece señorita si vamos por un gigantesco helado? –
–¿Puedo comer helado? –
–¿Por quĂ© no podrĂas? –
–Pues, aunque no me castigaron por ser expulsada considero que no deberĂa–
–¿Y a quien le vamos a decir? –
–¿Será un secreto? –
–Entre las dos–
De manera cĂłmplice, Rena y Miku comparten un momento que de alguna forma las unirĂa sin saber que tato podrĂa significar.
 ***Torre de Tokio***
–¿Segura que es aqu� –
En una misiĂłn de vigilancia para tratar de dar con los culpables del incidente en el caso de Watanabe Miyuki. La comandante Sae se encontraba con Ogasawara Mayu dentro de un lujoso auto. Vestida para la ocasiĂłn, Miyasawa Sae llevaba un trae elegante, un sombrero y lentes oscuros. En encubierto, pretendĂa hacerse pasar por un magnate millonario importante en busca de convertirse en inversor, su objetivo, llamar la atenciĂłn de los que maneja el bar de donde supuestamente escapo Ogasawara.
–SĂ, aquĂ se reĂşnen todas las tardes antes de ir al bar–
–Hum, será pan comido. Bien, todo en posición–
Hablaba por el micrĂłfono oculto entre su ropa y salĂa del coche, Ogasawara permanece dentro del auto observando por medio de cámaras que llevaba cada acompañante de Sae para indicar quien era a quienes buscaban. Tres policĂas bien entrenados y corpulentos hacĂan guardia a la comandante.Â
Caminando presuntuosa y llamándola atenciĂłn por la ostentosidad de las joyas prestadas del departamento de utilerĂa. Se sienta en una de las mejores mesas, uno de sus acompañantes le acerca un puro. No tiene idea de cĂłmo se fuma esa cosa pero lo disimula muy bien cuando otro de sus guaruras le ofrece fuego.  La carta le es entregada por una elegante mesera que le sonrĂe coquetamente, a lo cual, en su papel galante no guarda las apariencias.
–Es él, el de la derecha es casi dueño, pero faltan. – Habla Ogasawara mientras Sae miraba discretamente.
–¿Nombre? –
–Akuma Harashi–
–Ha, opulento el nombresito–
Se frotaba la barbilla y hacĂa gestos deductivos planeando la situaciĂłn y buscando la manera de que aquel sujeto hablara con ella. La mesera que antes le habĂa atendido le toma la orden pero antes de que se retire la sujeta de la muñeca.
–Oye, preciosa. –
–¿Ssi, si? –
Educada pero alarmada, la empleada no podĂa faltarle al respeto a este cliente asĂ que se comporta paciente.
–¿Conoce usted al señor que esta allá? –
–mmm, sĂ–
–No te asustes, Sae le muestra el interior del saco en el cual, tenĂa la su placa, y le sonrĂe. –¿QuĂ© toma usualmente? –
–Coñac–
–Bien, tráigame una copa extra–
–S,si–
–Disculpa, ¿cuál es tu nombre? –
–Kashiwagi…Yuki–
–¿Kashiwagi? Lindo nombre–
–Gracias, con permiso, en seguida le traigo su orden–
Sae observa la forma de caminar de la elegante mesera, no se podrĂa esperar menos de ese lugar tan lujoso.Â
–Alguna novedad allá en auto Ogasawara–
–Sus guarda espaldas no se sientan con él, hay uno sentado en la orilla, dos más casi en la entrada y uno más su espalda, tenga cuidado–
Al obtener el trago extra del más fino coñac bajo miradas conquistadoras con la mesera. Sae se pone de pie y camina hasta la mesa de aquel señor. Sus guardaespaldas se ponen a alerta cuando ven a la comandante sentarse a un lado del señor. Pero al obtener el fino trago le hace una señal de que todo está bien.
–¿A que debo el honor? –
–Negocios, que más va a ser, Harashi-Sama–
–¿Negocios? –
–AsĂ, me han informado que usted es socio de un sitio muy popular, Akira Kayagami –Dice presentándose al final.
–¿As� –
–SĂ, Yabakura, Âżle es familiar el nombre? –
–¿Qué tiene para ofrecerme? –
–bellas chicas, las mejores y un producto nuevo–
–¿Nuevo? –
–SĂ, Âżle interesa? – Sae, saca de uno de sus bolsos una caja llamativa muy lujosa y de ella un par de pĂldoras, es una reproducciĂłn exacta por parte de su departamento de ciencia de unos estupefacientes que desconocĂan en una investigaciĂłn del año pasado confiscada. Bastante dañina pero muy adictiva y cara. –Es una muestra gratis, puede probarla y ver sus efectos–
–Yo no consumo–
–Claro, eso lo sé pero siempre hay alguien en quien pueda–
–Muy inteligente usted joven ¿Pero cómo puedo confiar en su juventud?–
–¿Ah oĂdo hablar del cartel Saboro? –
–SĂ, famoso de la penĂnsula y desaparecido–
–Yo lo erradique con esto–
–Vaya, eso no me lo esperaba–
–Esto es solo calidad y seriedad, pero usted decide, tengo ofertas con los Yakuza pero me gusta más ser independiente y tengo entendido que usted señor Harashi, no tiene buenos lazos con ellos–
– ¿Está muy bien informado, huh? –
–Pues uno hace su trabajo–
–Está bien, lo espero en el distrito rojo, uno de los mĂos lo estará esperando a usted y a sus chicas esta misma tarde a las 6:00 pm en punto. –
–Eso es excelente–
–¡Salud! –
–Salud–
Dando un trago a sus bebidas, acuerdan un posible negocio para esta tarde, ahora Sae está en problemas pues debe hacerse de una buena cantidad de estupefacientes y arreglara sus damas, tiene el tiempo contado y no puede haber errores.
 ***Osaka***
Jurina no tiene idea de adonde ir, recuerda que Sayaka alguna vez le conto de una casa grande de ciertas caracterĂsticas en cierto barrio. AsĂ que toma su telĂ©fono para hacer una llamada.
[–Si diga–
–Director, Soy el agente Jurina–
–Se quién eres, dime que quieres–
–Estoy en Osaka–
–También lo sé, me lo dijo Sae, dime, ¿qué quieres? –
–Necesito saber dónde está la casa de Yamamoto–
–No creo que la encuentre ahĂ, es el Ăşltimo lugar a donde irĂa–
–Eso lo sé, pero necesito buscar algo que me indique donde puedo encontrarla, conocidos que pueda buscar, lo que sea–
–Eres muy obstinada Matsui. –]
El Director le da la direcciĂłn y Jurina se pone en marcha, no tarda mucho en llegar y se le ha concedido el permiso de brincarse la barda y violarlas cerraduras. En verdad es una casa de estructura antigua muy conservadora como Yamamoto. Decide buscarla habitaciĂłn de la chica y la encuentra en el segundo piso de la casa. Todo perfectamente ordenado, mĂşltiples fotografĂas que como sospechaba deberĂa de tener con personas de la preparatoria y entre todas ellas, con un brazo rodeando su cuello una chica de aspecto masculino de cabello corto y negro la abrazaba en una foto con los miembros de su banda musical. Esa foto estaba enmarcada, ella la toma en sus manos y la saca del marco.
Una vez más su agudeza investigadora acierta, detrás dela foto hay varios nombres tĂpico de la escuela media con mensajitos positivos, ahora la cuestiĂłn es saber quiĂ©n es quiĂ©n. Realmente no ha encontrado mucho y no hay mucho por hacer en ese lugar.
Deja la casa y conduce sin rumbo, a lo lejos ve un establecimiento con cara de bar pero tambiĂ©n venden comida y el calor le invita tomar algo frio y refrescante. Su uniforme llamaba mucho la atenciĂłn, aparte de ser elegante era de mayor rango a lo que están acostumbrados a ver por estos rumbos asĂ que debĂa guardar la compostura.
***Distrito Rojo***
A regañadientas y refunfuñonas, cinco bellas chicas estaban a punto de entrar en misión de encubierto como hostness en ese barrio muy bien conocido por brindar entretenimiento.
–¿Por qué tengo que usar esto tan ajustado? – El agente Fukushi se quejaba mientras acomodaba su ropa interior en un elegante vestido blanco estallado.
–Cierre la boca agente, está en una misión–
–Claro como usted disfrutara de la fiesta mientras quien sabe que manos sucias toquen mi trasero–
–¡Agente! –
–Ya está bien–
Era la menos femenina pero de igual forma muy bella.
–Aquà es–
Desde el interior de una elegante y ostentosa Cadillac Escalade, observaban a las afueras los movimientos del lugar. Algunas de las chicas seguĂan perfeccionando su atuendo y maquillaje y otras como Fukushi solo refunfuñaba y esperaban que terminara esto pronto.
A lo lejos un sujeto bien vestido hace señas para que la camioneta llegue a un determinado estacionamiento.
–Bien, chicas. Ha llegado la hora–
Como si un resplandor las iluminara, el descenso de unas piernas bien contorneadas comenzaba el desfile de las bellas chicas del departamento, Kitagawa Ryouha, Furuhata Nao, Takayanagui Akane, Fujita Nana y Fukushi Nao.  Todas ellas en poses perfectas simulaban ser una profesionales del medio robando las miradas de cualquiera incluso del que las habĂa recibido dejándolo como tonto boquiabierto. Entre en medio de ellas, se para el agente en un atuendo nuevo digno de su supuesto puesto dentro del gremio. TacĂłn alto, vestidos bellos, elegantes y provocadores con joyas de acuerdo a la personalidad de cada una, comenzaban a caminar detrás de Miyasawa.
–Bienvenidas. – Una joven de igual muy buen ver pero vestida con un traje tradicional las recibe en la entrada. –Por aquĂ–
Llegan hasta una elegante sala de estar, en la cual ya se encontraba el señor Harashi e inmediatamente las chicas al verlo lo saludan presentándose lo más regaladas posible.
–No puedo creer que estĂ© haciendo esto– Entre dientes la Ăşnica en desacuerdo seguĂa siendo Fukushi.
–Cállate y disfrĂştalo. – Murmura la actual forense que no perdĂa el tiempo en coquetear mientras sonreĂa ampliamente.
–Vaya vaya, usted en verdad no mentĂa–
–Por supuesto que no, le he traĂdo a algunas de las mejores–
–¿Cómo? ¿Aún hay quien supere a estas bellezas?.
–Asà es, un par de elementos camaleónicos. – Miyasawa le cierra el ojo –Usted entiende, hay que abarcar de todo–
–Me encantarĂa conocerlos–
–Por ahora no están disponibles–
–Es una verdadera lástima. Bien, por hoy sus chicas estarán aprueba.–
Conforme jugueteaban con los clientes, observaban a detalle el lugar cuando alguna llamaba la atenciĂłn, otra inspeccionaba de más. Dirigidas por Ogasawara mientras Miyasawa distraĂa al enemigo conviviendo con los peces gordos. Las ventas en tan solo un par de horas se incrementaron considerablemente.
 Satisfecho por ello dejo de ponerles atenciĂłn a las chicas lo cual eso las hacĂa más libres. Fukushi y Kitagawa llegan a la habitaciĂłn donde administran todo el negocio. Lo primero que observan es un crucifijo de gran tamaño, con la leyenda “La casa del Señor”  ambas chicas se miran la una a la otra. De acuerdo con los reportes que han estado leyendo, este es nido de ratas que han estado buscando desde hace ya varios meses. Tomaron fotografĂas de todo lo que encontraron como videos cortos. De entre los archivos escanearon documentos que creyeron convenientes y salieron de ahĂ como si nada hubiese pasado.
 ***Osaka Saliendo del Bar***
–Oh, lo siento– Jurina se disculpa siendo ella quien no se fija.
–No disculpe, no me fije que habĂa alguien detrás de la puerta.–
Responde la otra persona viendo su rostro bello detrás de esas gafas oscuras que baja un poco con sus dedos para mirar mejor y sonrĂe seductoramente, sus ojos caen inevitablemente a una costado de su pecho donde encuentra la leyenda “Departamento de investigaciĂłn de Tokio” más el escudo bordado de la policĂa. SonrĂe aĂşn más pero lo ignora entrando de lleno en el local mientras se deshacĂa completamente de sus gafas.
Jurina se quedĂł observando sus movimientos pues cree haberla visto en algĂşn lugar antes y por un momento por la forma en que se le quedo viendo, experta en la materia la miro con coqueteo. Se gira para tomar de nuevo la puerta pero de nuevo se detiene de golpe al escuchar como la han llamado.
–Kinoshita-san– El dueño del Bar la recibe efusivamente, parece ser un cliente frecuente. –¿CĂłmo está su amiga? No la habĂamos vistos desde el dĂa del incĂdete – Jurina demora su salida como si se entretuviera con celular repitiendo en su mente dicho apellido.
–Mucho mejor, es muy fuerte–
–¡Es ella! – Grita en su mente Jurina volteando a verla. – Kinoshita Momoka
–Aun asà esos tipos no debieron hacer eso, aprovecharse de alguien alcalizado y más de una mujer es imperdonable–
–Descuide, sabe defenderse bien.–
Listo, por arte de magia deduce que es Sayaka de quien hablan, o quiere creerlo cualquier indicio es bueno si no se sabe dónde buscar. Ella sale del local y aguarda en su auto a que la otra chica salga también, El ruido de su celular interrumpe el sorbo de su agua de sabor.
[–Si diga–
–¿Cómo va agente? –
–No muy bien comandante–
–Nosotros hemos confirmado algunas cosas, Fujita y las demás analizan lo que pudieron extraer del lugar que visitamos–
–¿En verdad? –
–SĂ, suerte con su misiĂłn y la estaremos esperando para reventar ese lugar–
–De acuerdo–]
La llamada termina, ya era tarde y al menos debĂa buscar alguna habitaciĂłn disponible en algĂşn hotel el cual ya buscaba en su celular. Espero por poco más de dos horas, esta chica sĂ que es de carrera larga y ya pasaba más de media noche. A fuera lo espera un chofer muy elegante y una auto bastante ostentoso y lujoso. Lo sigue a la distancia, hasta salir un poco de la ciudad, llega a unos condominios cercados de difĂcil acceso, al parecer solo gente importante vive  ahĂ por el lujo que se puede ver.
En la entrada le piden identificarse, ella alega que necesita hablar con Kinoshita y al mostrar su placa le dan libre acceso y la información del número de departamento. Apresurándose sube por el ascensor pero ya no la ve por ninguna parte. Llega hasta el número proporcionado por el de la caseta de vigilancia y sin dudarlo toca el timbre.
Momoka apenas si habĂa dejado sus llaves cuando gira de nuevo para ver de quien se trata. Al abrir se sorprende, no la conoce pero es bástate hermosa, asĂ que su lado incontrolable de acoso se deja ver.
–¡Oh!, la chica bella del bar, grrr– Le dice sugestiva mirándola de arriba abajo contemplando el par de piernas debajo de esa falda apretada.
–La misma–
–Sé que soy irresistible, dime que te trae por aquà corazón–
–No soy su corazón…–
–¿A no? –
–No–
–Ooh, y dime, ¿te puedo ayudar en algo encanto?– Le pregunta conforme simulaba morderse la uña del dedo pulgar.
–¿Qué haces aqu� –
Detrás de ella, hacia acto de presencia Sayaka quien escucho que alguien hablaba en el recibidor. Momoka voltea y basto con verles la cara a ambas para deducir algo muy importante.Â
–¡Sayaka!– Exclama Feliz de verla pero con seriedad.
–Ahhhh, tú debes ser la otra–
–¿Otra? –
–La otra que le destruyo la vida a mi “amiga” entre comillas no me consta digo, los amigos no se apuñalan por la espalda o al menos yo no lo hago porque yo si soy su amiga–
–Cierra la boca…–
–¿O qué?  ¿Vas a amenazarme con el poder de plaquita belleza? Te informo que estas en mi casa–
–Lárgate de aquà Matsui–
–Como veras y es una lástima,  Mi amiga no quiere verte–
–Sayaka escúchame–
Jurina intenta dar un paso al frente para meterse al recibidor haciendo a Momoka aun lado.
–¡Que te vayas! –
Pero Sayaka se lo impide empujándola hacia afuera de nuevo y grita no pidiendo contenerse con el simple hecho de verla ahà parada con ese uniforme que le da nauseas.
–Por favor evĂtame la molestia de hacer que te saquen de edificio–
Sacudiéndose sin perder la elegancia ella también se para detrás de Sayaka cruzando sus brazos y cambiando su rostro a algo más molesto.
–¡Tu!, tú o cualquiera de tus guaruras me tocan un cabello y se arrepentirán toda su vida–
–Ya lo creo, solo basta mirar a Sayaka–
–Voy a pedirte, que no te metas en esto. – Le advierte Jurina conteniéndose.
–Pues…–
–¡Ya!, No quiero seguir viéndote y mucho menos hablar contigo Matsui asà que por favor ya vete–
–No puedo hacerlo, sé que lo arruine todo y no espero que me perdones en verdad solo escúchame. Te conozco y sé que no eres tan mala como quieres hacerme creer–
–¿Y qué te hace creer que me conoces Matsui? –
–Sayaka, vives de recuerdos y no necesito tener un tĂtulo de loquero para decĂrtelo, tu departamento, tĂş casa y hasta tu ropa significa algo para ti y está llena de ellos–
–Mira quien habla, la que no puede olvidar la venganza de su hermanito–
–¿Qué te sucede Sayaka? –
–¿Y me lo preguntas? –
–Eh estado buscándote todo este tiempo, ¡me importas en verdad! –
–No, eso que te lo crea tu madre, no te importan mis sentimientos solo importan los tuyos siempre has sido tu por delante–
–Por supuesto que si me importan tus sentimientos–
–Claro que no, no te importo ofrecer a Miyuki con tal de seguir en la búsqueda del asesino de tu hermano–
–Perdón, ya te he pedido perdón pero sé que no es suficiente y nunca va a ser suficiente–
–No me vengas con eso, tu arrepentimiento me es indiferente–
–Perdón, en verdad…–
–Vete al diablo–
–¿Puedo hacer algo para tener una mĂnima posibilidad de perdĂłn? –
–SĂ, –
–¿Qué cosa? –
–Desaparece de mi vida Matsui, asà de simple–
Sayaka intenta cerrar la puerta pero Jurina lo impide interponiendo su brazo y encarándola seriamente, Yamamoto exige seriedad y Jurina lo hace.
–No puedo hacer eso–
–¿Qué te lo impide? –
–Debes volver conmigo a Tokio–
–¿Por quĂ©  querrĂa  volver contigo? –
–Miyuki no está muerta–
El silencio y el asombro momentáneo en los rostros de Momoka y de Sayaka se hicieron presentes, se creó la duda y la incertidumbre en Yamamoto a la mención de la chica forense.
–¿Qué? –
–No está muerta–
–¿Acaso crees que soy estúpida? –
–No, pero impulsiva si y ahora ni si quiera tienes un empleo–
Momoka quien ahora veĂa la discusiĂłn como quien ve una pelea debajo de un ring se rascaba un poco u cabeza dándole la razĂłn silenciosa pero con muecas ahora a Jurina. DespuĂ©s de todo puede ver la honestidad en ella e igual de orgullosa que su amiga Yamamoto.
–Sabes tú que eso es lo que menos me importa–
–Ah, cierto, olvidaba que no necesitas dinero. –
–AsĂ son las cosas, creo que tienes que ser más convincente para hacerla volver– Momoka se inmiscuye en la conversaciĂłn, conociendo ahora el temperamento de ambas chicas tenĂa que haber un mediador. Jurina la mira con ojos serios, no hay una sola pizca de duda en ellos y regresa su mirada hacia Sayaka quien ahora es ella quien muestra inseguridad desde que escucho que Miyuki sigue con vida.
–Te juro con mi vida que te devolveré a Miyuki–
Sayaka se queda muda ante tan convincente enunciado, aprieta sus dientes y respira profundo. Sin duda alguna se juega algo más que la vida.
–FĂrmalo con tu sangre, tu honor ahora me pertenece–
–Que asà sea–
–Volveré contigo pero no quieras que te trate como antes, eso no va a cambiar nunca–
–Lo sé Yamamoto, que este, sea el último trabajo y después de esto no volveré a molestarte –
Jurina extiende su mano, y le entrega la foto de ella con Miyuki en el mar, junto a la medalla.
–¿Cómo obtuviste esto? –
–Estuve en tu departamento, tenĂa que encontrarte y supe que ella era tu amiga porque la reconocĂ en la foto de tu grupo musical de la escuela media–
–¿Entraste a mi departamento y a mi casa? –
–TenĂa que encontrarte–
–Bueno pues de acuerdo al artĂculo 202 del artĂculo penal acabas de violar mi privacidad habitacional–
–Es bueno saber que aun recuerdas las leyes. Sargento, estaré esperando por usted.–
Sin decir nada más, da una mirada fugas a su otra amiga  y se leja por el pasillo hasta desaparecer en el ascensor del piso. Momoka cierra la puerta y observa a su amiga que no se mueve ni un solo centĂmetro. Sigue viendo hacia la puerta y claramente está ausente. Su rostro ha cambiado y ahora es inseguro temeroso, todo el valor con el que enfrento a su igual ha desaparecido.
–Sera mejor que descanses Yamamoto, supongo que no quieres comprobar si es verdad y aun no estás bien de tus heridas–
–No sé si quiera ir–
–Pero se trata de Miyuki–
–¿Y cómo sé que es otra de sus trampas para usarme? La última vez manche mi historial por cubrirlas.–
–¿Lo Vez? No sé mucho de lo que ha sucedido, pero si ti hiciste eso en aquel entonces es porque en verdad las aprecias–
–Me ha dañado más que nadie, ¿y si solo está mintiendo?–
–No lo creo, me dio la impresión de que te hablo con la verdad.–
–¿Cómo lo sabes si apenas la conoces? –
–Bueno, estar en el medio del espectáculo te hace discernir entre quienes te parecĂan y quienes solo quieren usarte–
–No quiero que vuelva a lastimarme–
 –Te juro con su vida, eso es de valor. Vamos Sayaka, te haces la dura con ella pero en verdad tu corazón de pollo te traiciona dime, ¿compites contra ella cierto? –
–¿Por qué lo dices? Ahora mismo siento que la odio–
–Cuando estábamos en la preparatoria no tenĂas competencia alguna, eras el centro de atenciĂłn y tu Ăşnica frustraciĂłn era quien ya tĂş sabes–
–¿Y? –
–Encontraste al fin alguien de tu talla, que te hace esforzarte para ganarte un tĂtulo ÂżQuiĂ©n serias tu sin ella ahora? –
–¿Cómo una rival? –
–Exactamente, y yo la definirĂa más como “ una amada rival,” tu nemesis,  salvo por el incidente, eres invencible en muchos aspectos y ella tiene una personalidad que… caray –
–Porque parece que la defiendes, le dejaste muy claro que no te cae bien–
–No es que la defienda, le reconozco el valor de venir hasta aquà para darte una orden sabiendo muy bien lo que hizo–
–Puro trabajo, le importaron muy poco mis sentimientos en aquel entonces, no creo que le importen más ahora–
–¿Y a ti te importan los de ella? – Sayaka no responde nada. –No sé nada de ella, tampoco me importa es más, ¿quieres venganza? Solo debes tocar algo que no debas y listo–
–Quizá no venganza, pero si una de igual tamaño–
–¿Vas a matar a alguien? –
–Claro que no, pero se dé algo que no le gustara–
–Parece que en verdad eres capaz de sentir odio después de todo cordero–
–No me subestimes, por cierto tengo algo para ti–
–¿As� –
Ambas chicas van a la habitaciĂłn que ocupa Sayaka ahora, sorprendente pero como era de esperarse, Sayaka habĂa complementado varios párrafos resonantes en poemas que conformaban lĂneas perfectas para al menos un par de canciones.
–No me la creo. Y tienen acordes–
–Es como me gustarĂa que se escucharan–
–¿Quieres hacer una prueba?–
–Por supuesto, mi estudio de grabaciĂłn está muy cerca de aquĂ, vamos.–
–Claro, ¿Por qué no? –
–Excelente, juntare a mis músicos, ¿ocupas algo? –
–Una guitarra–
–¿Alguna en especial? –
–No, por ahora está bien lo que tengas a la mano–
Los ingenieros de sonido y el equipo de grabaciĂłn, mĂşsicos y Sayaka compartĂan opiniones acerca de una de las canciones, practicaban acordes y entonaciones. El tiempo en verdad era disfrutable para el corazĂłn herido de Sayaka y Momoka confirmaba lo que vio hace muchos años, Sayaka está hecha para los escenarios.
****Dos dĂas despuĂ©s 6:00 pm****
Como era de esperarse, Sayaka no volviĂł inmediatamente al departamento, se tomĂł su tiempo. Jurina confiaba ciegamente en Rena apoyando a Jurina y seguĂa viviendo en su departamento en Tokio. De lleno en la investigaciĂłn y tratando de descubrir el paradero de Miyuki, decide volverá casa temprano no sin antes dar algunas Ăłrdenes antes de marcharse.
***Casa de Jurina 6:30 pm***
Rena esperaba en el marco de la ventana a Jurina ya no tardaba en llegar habĂa estado trabajando en el turno de la mañana y volvĂa por la tarde,  ahora que lo habĂa descubierto  sus sentimientos se sentĂan confundidos. Miraba ausente la ciudad, como la tarde caĂa y se tornaba rojiza pensaba en las ironĂas de la vida y en cĂłmo el pasado vuelve por mas quiera se quiere olvidar. Una mirada frĂa y sin ninguna expresiĂłn en su rostro daba por entendido que la tierna maestra se perdĂa momentáneamente en algĂşn lugar.
El timbre interrumpe su trance y se exalta un poco, Miku ya no estaba en casa y no creĂa que volvieran a traerla. Ella va a la puerta y abre sin ver primero quien pudiera ser.
–¿Komatsu? –
–¿Eh? ––
–Es un gusto verte por aquĂ–
–¡Oh! Es verdad..., – Murmura entre dientes. – Maestra…–
–Llámame Rena, ¿buscas a Jurina? –
–SĂ–
–Ella no tarda en llegar, está trabajando en la comandancia en el turno de la mañana–
–Ooh, ya lo sabe–
–De que son policĂas, sĂ. – Sayaka sonrĂe maliciosamente, pues se ha dado cuenta que Jurina no le ha dicho la verdad completa. –¿Quieres esperarla? –
–Claro–
–Pasa–
Como si fuera un punto de reuniĂłn obligado ambas van a la sala, Sayaka se sienta y Rena va a la cocina para ofrecerle un poco de tĂ© mientras esperan la llagada de Jurina. Cuando Rena vuelve Sayaka inspeccionaba el lugar, aun Jurina no habĂa devuelto los reconocimientos ni trofeos, era lĂłgico. Pero si muchas fotos de ellas juntas, Ăşnicamente tenia dichas fotos, en realidad no conoce mucho del pasado de Jurina, pareciera que nunca fue a un instituto o escuela. ÂżNo tiene más amigos? En fin  no va a dejarse llevar por las desgracias ajenas.
–Jurina me comento que fue difĂcil encontrarte–
Rena comenzaba una plática para hacerla sentir cómoda mientras espera, pero también quiere saber que hay en la cabeza de Sayaka e intentar ayudar a su arrepentida Jurina.
– Si debiĂł serlo, en realidad no conoce mucho de mĂ–
–Pero pudo saberlo, de alguna forma se las arreglo–
Rena le entrega una pequeña taza con un té de agradable aroma, bastante bueno para la ocasión y se sienta a su lado.
–Si bueno, Jurina se destaca por su inteligencia es muy astuta y manipuladora–
Sayaka no quiere ser descortés asà que lo acepta y le da algunos sorbos.
–Puede ser, pero también tiene un gran corazón–
–Sé que no están bien entre ustedes–
Después de beber un poco, devuelve la taza a la charola recargándose en el asiento y cruzando sus pies y manos.
–¿También se lo dijo? ¿Le dijo que entrego a mi amiga de la infancia como comida para perros? –
–SĂ, pero esta arrepentida y el director la obligo a guardar silencio–
–No necesitas defenderla, no me conoces ni la conoces bien a ella–
–Conocer a una persona no se determina por la cantidad de tiempo–
–En eso coincido con usted–
–¿En verdad? –
–Asà es, yo sé quién eres tú, y se lo que has hecho–
Rena la mira frunciendo el ceño, ¿Qué está tratando de insinuarle? Sayaka permanece seria y la forma en que le habla no le gusta para nada.
–¿A qué te refieres?¿Qué es lo que sabes?–
–No mucho en realidad, tĂş y Miyawaki comparten el mismo padre,  padre que por cierto está recluido este paĂs dime, ÂżTe es familiar el nombre de “Edgar”? Pero mucho mejor, asesinaste a un hombre –
Rena se sorprende por lo que le ha dicho Sayaka, no sabe cĂłmo reaccionar, y su cuerpo comienza a temblar y sudar frio.
–No sé de qué hablas–
Rápidamente pone también su taza sobre la mesita de centro y se levanta dándole la espalda, está claro que esta conversación no iba por buen camino.
–No hace falta que lo niegues, tengo pruebas en contra tuya. – Sayaka, dueña de la situación se levanta tranquilamente y se pone a la par con ella, cerca del gran ventanal. –Pero podemos hacer que esto sea justo para ambas–
– ¿Qué quieres decir?–
–Pues en mi estancia en Barcelona, mientras Jurina tonteaba contigo yo si trabajaba. ¿No eres tan inocente como aparentas ¿cierto?, ayúdame y yo te ayudare,  ¿Cómo lo mataste?  –
Rena retrocede algunos pasos sintiéndose de pronto acorralada y asechada por Sayaka, es un poco más baja de estatura pero es realmente imponente.
–¿Por qué me pides esto? –
–Lo sĂ© todo y tu informaciĂłn me sirve, a cambio,…– Tomando un mechĂłn de cabello entre sus dedos, como si le hiciera una caricia, Rena sentĂa su mirada desquiciada. –te diere donde esta hija–
–Mi hija…–
Rena ensancha sus ojos, la razĂłn más importante por la que ha regresado a su paĂs natal dependĂa a hora de esto, Jurina no ha avanzado mucho, a decir verdad nada.
–Es un buen trato¿ no te parece?–
Los dedos de Sayaka pasan a tomar la barbilla partida de Rena quien acariciaba los bordes sutilmente pero con una malicia en su rostro.
–En verdad Jurina no te conoce como cree–
Como si Sayaka hubiese tocado la puerta correcta, Rena cae desarmada ante ella. Si alguien tiene prioridad por encima de Jurina esa es su hija.
–Te escucho–
Acorralada y sin poder ir a ninguna parte por ahora, Rena mira a Sayaka mezquina y vengativa, agacha su cabeza y comienza a revelar lo que ahora serĂa el arma más poderosa para Sayaka.
 ***Narración de Rena***
 Era un dĂa tranquilo, como cualquier otro pero tenĂa miedo de que llegara el final del dĂa. El odio se convierte en amor y el amor tambiĂ©n se revierte a odio, pasa y es posible. El amor que alguna vez sentĂ hacia Ă©l me llevo al borde de la locura, de la decepciĂłn, del mas enfermizo sentimiento y deseo incluso de dejar de existir. Era nada a su lado, era todo ante sus amistades era la envidia de muchos incluso de mi padrastro.
Perros infernales con sentimientos impropios querĂan apoderarse de mi persona y fui vendida como mercancĂa al por mayor al mejor postor. Solo una cosa me mantenĂa viva, una sola cosa podĂa hacerme soportar esa amarga vida, deplorable.
Un alma inocente nacida en medio de un caos que no busque pago las consecuencias. Adoraba sus ojos puros lejos de maldad alguna. Sus pequeñas manos aferrándose a mis dedos largos. Su pequeña ropita, el aroma de bebe, todo aquello me hacĂa ser  fuerte para soportar gritos, insultos de ese que por un poco de estupefacientes perdĂa la razĂłn y la cordura, se volvĂa una fiera y nada importaba. Odio las mentiras pero aprendĂ a mentir, Ă©l era un ejemplo a seguir pero era la peor persona que puede conocer, aprendĂ del mejor.
Lo matĂ©, clave en su pecho un bisturĂ y vi como mis manos se manchaban con su sangre. De nada sirve justificarme en decir que lo hice en defensa propia. Cuando su fuerte cuerpo se debilitaba progresivamente se retorcĂa en el piso de manera extraña, me asuste y corrĂ, corrĂ sin importarme mi apariencia. SalĂ con mi bata de paciente, descalza y los parches donde estuvieron las agujas. Con los golpes generados un par de noches atrás parecĂa una loca por la calle.
Cuando volvĂ a casa desesperada y atemorizada, con la prisa de ser capturada no por la justicia sino por algo más grande, ellos; Una mafia imparable que se lleva todo a su paso con tal de obtener el poder absoluto. Ya no estaba, ese pequeño ser que di a luz habĂa desaparecido. Me desquicie, grite y llore como nunca y destroce todo a mi paso. Ellos llegaron, hui por la puerta trasera y sola llevaba conmigo una sortija de matrimonio que aĂşn conservo.
***Fin NarraciĂłn de Rena***
–Es todo lo que recuerdo–
–SĂ© que hay más, era un policĂa Âżcierto?–
–Entonces no hace falta que lo diga ¿Qué vas a hacer con esto? –
–Nada que te perjudique–
–¿Puedo confiar en eso?–
–ConfĂrmame algo–
–¿Qué cosa? –
–¿Él era, Touru Matsui? El gran oficial de policĂas–
–Si–
–Como bien sabrás, Juria alguna vez te dijo ese nombre y él era nuestra principal razón de viajar España–
–SĂ, lo cual fue muy sospechoso–
–Esta misma tarde sabrás donde está tu hija–
–¿Por qué debo esperar? –
–Pronto lo sabrás–
–¡He vuelto!–
La puerta abriéndose y Jurina anunciándose conforme deja sus zapatos en la entrada, pero no es recibida por nadie. Nota de inmediato que hay otro par extra que no es de ella ni de Rena, es más, no puede creerlo. Sayaka está en casa.
Rápido va a la sala y encuentra a ambas chicas paradas cerca del ventanal, en cuanto Rena ve a Jurina llegar va hacia ella.
–Hola–
–Hola–
–Sayaka…–
–Te ha estado esperando–
De alguna forma no era la misma Sayaka, su aspecto era muy sombrĂo y sonreĂa de manera extraña.
–Iré por más té, compromiso–
En realidad Rena morĂa por salir de ahĂ, Sayaka ahora ejercĂa una presiĂłn que nunca antes sintiĂł.
–¿Dime que ocurre? –
–Vine por mi placa, no puedo ejercer sin ella y el director me dijo que tú la tienes–
–¿Por qué no fuiste directo a la comandancia? –
–No sabĂa que tenĂas el turno de la mañana, la Ăşltima vez estábamos en el de la noche–
–mmh, comprendo–
Jurina mete su mano al bolsillo de su pantalĂłn y saca de ella la placa de Yamamoto que ha estado guardando en su espera. Entregándosela en la mano, Sayaka ya tenĂa un plan reciĂ©n armado y como si hubiera medido el tiempo perfectamente actĂşa con la sangre frĂa sin dudar ni un poco y disfrutando del momento.
–¡Excelente Agente Matsui! –
Exclama Sayaka justo cuando Rena entraba. Jurina hace una expresión satisfactoria por el hecho de que aceptara de nuevo su placa, pero al ruido estruendoso detrás de ellas las hace voltear su atención a la puerta.
“Matsui”, “PolicĂa”,”Touru”, “comandancia”, “Hija”, “huĂ©rfana”, “Edgar”, “Miku”, “agente” esas palabras  como relámpagos con la velocidad de la luz Rena las recibe y tanta es su impresiĂłn que se le resbala la charola del tĂ©, cayendo todo al piso, rompiĂ©ndose y regándose el lĂquido de la tetera rota.  Rena se agacha de inmediato sin saber quĂ© hacer, Sayaka corre en su auxilio y Jurina va en busca de cosas para limpiar el lugar.
–SĂ Rena, Miku es tu hija. –  Le dijo Sayaka mientras ayudaba a Rena levantar los pedacitos de porcelana. –Te di mi palabra y no solo eso, te ayudare a salir del paĂs y desaparecer junto con Miku, ella jamás va a encontrarte–Â
–¿Tanto es el Odio que le tienes a Jurina? –
–¿No es obvio? –
–¿SerĂas capaz de infringir las leyes?, eres policĂa–
–Tranquila, tu secreto estará a salvo conmigo, y no, no  soy más un oficial, renuncie y a partir del dĂa que lo hice la justicia no existe para mĂ. Que caiga quien tenga que caer, me lo he jurado. Dime, ÂżAcaso no prefieres estar con tu hija?ÂżNo harĂas lo que fuera porque nadie nunca más la arrebate de tus brazos?–
–HarĂa lo que fuera…–
–¿Incluso Renunciar a Jurina o me equivoco? –
–¿En verdad la odias? –
–Solo responde. Ella no tendrá piedad de ti si se entera que tú eres la asesina de su hermano–
Rena ensancha sus ojos pero inmediatamente pierden el brillo que los caracteriza.
–SĂ, lo harĂa, – Responde frunciendo su ceño. –Pero Miku no sabe de mĂ–
–Me encargare de eso también,  harás lo que yo te diga, Miku es un poco rebelde pero muy inteligente no creo que te cueste trabajo convencerla cuando se entere que tú eres su madre–
–Destrozaras su corazón. Jurina te quiere en verdad–
–Y ella te ama, ¿No sé qué es peor? –
–Aquà está el limpiador–
Jurina aun encuentra de rodillas en el piso a ambas chicas levantando los trozos de porcelana y por ningĂşn motivo le pasa por su mente lo que Sayaka tenĂa entre manos.
–Gracias–
Dice Rena poniéndose de pie casi a la par de Sayaka, ellas ponen todo el contenedor que trajo Jurina y Sayaka sacude sus manos.
–Tu apellido es ¿Matsui,  Matsui Jurina?–
–Oh, sĂ–
–¿Por quĂ© no me lo habĂas dicho? –
–Oh, pues–
–Fue porque tenĂamos prohibido revelar nuestras identidades, – Le responde Sayaka inmiscuyĂ©ndose. –Por cierto, Yamamoto Sayaka es mi verdadero nombre. Anda, cuĂ©ntale–
–Al principio a sĂ era, y con todo esto omitĂ ese detalle, me preocupaba más decirte que era un policĂa y que estaba de en encubierto para buscar al asesino de mi hermano–
–¿Y tu hermano es? –
Sayaka sonrĂe pero evita que sea obvio su gozo, la venganza se disfruta en plato frio. Un tremendo genio el que lo ha definido asĂ. Mientras Rena ya sabĂa la respuesta y tiembla al saber que lo escuchara de la misma Jurina.
–Matsui, Touru–
–Rena ¿Qué te ocurre, te encuentras bien, te ves pálida? – Todo dentro de ella es inestable. Hay una mezcla entre dulce y amargo en sus emociones, no está segura de nada pero lo entiende todo, esta simplemente aterrada.
–¡Nada!, nada solo de pronto estoy mareada es todo…–
Ella es, es la asesina de su hermano. Voltea a mirar Sayaka quien a pesar de su cara seria sabe perfectamente que está disfrutando del momento. Miku es su hija, la niña con la que paso la tarde hace apenas unos dĂas es el ser que más ha buscado por varios años.
–Bueno yo me Retiro, nos vemos mañana agente Matsui–
–Ah, sĂ...–
Responde Jurina, algo extraño ha sucedido, en la actitud de Rena hay algo extraño. Cuando Sayaka abandona el departamento lo hace de manera extraña. Sacudiendo su cabeza, le pide a Rena que vaya a la habitación a recostarse un momento pese a que la ve un poco mal mientras ella termina de limpiar. Todo ha quedado reluciente de nuevo y orgullosa de ello va a su habitación donde encuentra a Rena sentada en la cama.
–¿Estas bien? –
–S Si…–
Se sobre salta un poco e inmediatamente se pone de pie, en automático adopta una personalidad camaleónica. Haciendo uso de su gran talento, fingir que no pasa nada es uno de sus mejores personajes.
–¿Segura? –
–SĂ–
Rena dio algunos pasos al frente con una expresiĂłn corporal y unos ojos penetrantes con las cuales solo dejaba ver lo perdida que estaba Jurina en ella. Todo vuelve a ella, desde el primer dĂa que la conociĂł hasta hoy. Definitivamente Jurina era alguien misteriosa, alguien a quien debiĂł evitar pero, el destino les tenĂa algo preparado.
–Matsui Jurina–
–¿Ss-si? –
Jurina se extraña un poco por la forma en Rena camina hacia ella, sus mirada es profunda y inevitablemente atractiva.
–¿Tú me quieres cierto? –
Tan seductora que hasta le hace tragar saliva la siente ya violando su espacio personal, Âżpero quĂ© más da? Ese se habĂa perdido hace mucho tiempo.
–Tu, t-tu lo sabes bien,…¿Rena que te sucede?–
Callando su boca con un par de dedos, manipulando su voluntad con la simple mirada, toma su barbilla y acaricia con sus labios como si dibujara sobre ellos.
–¿Me amas? –
El celular de Jurina timbra, pero Rena solo observa como tontamente lo busca entre sus bolsas, sin despegar sus ojos de los de ella. Como si le diera ordenes con la simple mirada Jurina lo apaga, importándole poco quien pudiera ser. Rena deja ver en la comisura de sus labios una sonrisa triunfadora y cerrando el paso a la luz que se colaba entre ellas la puerta abierta en esa habitaciĂłn falta de claridad, deposita un beso bien marcado en la mejilla derecha de Jurina. Â
SiguiĂ©ndola con sus ojos, un escalofriĂł repentino en Jurina por tal acciĂłn le sorprende y más se sorprende como segundos despuĂ©s unos labios atrevidos se aferran a los suyos haciĂ©ndola perder la voluntad inmediatamente. Rena estaba dispuesta a recuperar a Miku a como fuera lugar y eso implicaba cegar a Jurina completamente para ser de su entera confianza. No se equivocĂł desde el primer momento que la vio y le genero desconfianza en aquel museo, el hecho de que buscara Touru le hizo tenerla en la mira y pasar un buen rato con ella quizá sĂ era su primera intenciĂłn pero, enamorarla no era su plan, sin embargo es ventaja y lo tomara para recuperar al ser que tanto ama. Ahora lo tiene todo a su favor y la voluntad de Jurina, incluso su vida le pertenece.Â
Aquello se encendiĂł en un abrir y cerrar de ojos, de la nada le faltaba el oxĂgeno y le era insuficiente su experiencia para cubrir la demanda de su ahora excitante muestra ÂżEn quĂ© momento se la cambiaron?
No estaba preparada para un momento asĂ, sin embargo poco a poco su cuerpo respondĂa a las sensaciones que Rena le causaba con solo sentir un poco su lengua dentro de boca. De alguna forma sentĂa que las cosas habĂan vuelto la normalidad contando ya con la presencia de Yamamoto. AsĂ que sin poner resistencia se entrega una vez más a Rena.
   *** 72 horas después del secuestro***
ÂżQuĂ© es eso que se siente? Jurina se habĂa aislado de todos. En la incomprensiĂłn de sus emociones y sentimientos estaba en algĂşn lugar de su departamento en penumbras, sentada en el piso con su espalda recargada en la pared, sostenĂa su cabeza en una de sus manos que apoyaba en su rodilla. Nunca se habĂa sentido de tal manera y por supuesto no iba a dejar que la vieran de esa forma y mucho menos Miku.
Con algunos golpes en el rostro, su alma estaba fraccionada y en este punto no sabĂa si el amor que siente a hacia Rena le hace bien o le hace mal. Las dos veces que discutiĂł con su nombre en medio, las consecuencias fueron grandes. En esta ocasiĂłn  le duele más haber golpeado a su amiga. Aunque Yamamoto no se encontraba en plenas facultades de igual  forma no pudo contenerse al escuchar que insultaba a Rena. Â
Levanta su otra mano teniéndola en un ángulo donde solo agacho un poco su cabeza, tirando y haciendo eco con el ruido de una botellas de algún licor, dentro de su puño tiene la placa de Sayaka, la cual empuña con mucha mayor fuerza solo con recordar los hechos. No sabe dónde está, no tiene idea de adonde fue y sabe perfectamente que está herida por culpa suya, sabe también que jamás va a perdonarla y no volverá.
–Si tan solo,…– DecĂa mirando su mano empuñada con una ira bien guardada que incluso le impedĂa derramar lagrima alguna. Ni siquiera el alcohol ha hecho el efecto deseado. –Si tan solo pudiera hacer algo...–
De ante mano, sabĂa que era inĂştil y el no saber quĂ© hacer en esta situaciĂłn le frustraba más y se odiaba cada vez más. Se pone de pie y decide salir de ahĂ cuanto antes. En un abrir y cerrar de ojos ya se encontraba en su automĂłvil lujoso camino a Nagoya.
   ***72 horas después del secuestro***
El sonido de alguna tuberĂa de agua dañada hacia que sus gotas hicieran eco en un espacio de grandes dimensiones o al menos eso era lo que se podĂa percibir. Unos paso lentos pero presuntuosos se aproximan a una puerta y unas llaves abren la cerradura. En medio de una sala en la cual solo un rayo de luz brillante se colaba por una pequeña ventana, hacia visible a una figura descuidada y completamente cubierta y atada a una silla.
–¡HEY!, Despierta. – con una bofetada que ya ni duele hace que la figura cautiva mueva un poco su cabeza dĂ©bil. –Me extrañaste. – La voz manipulada se seguĂa mofando de ella. No podĂa ver nada, algo cubrĂa sus ojos. –Me dijeron que no has querido probar alimento, asĂ que decidĂ venir a verte personal mente,… otra vez. –
–¿Quién, …e,..re…s? –
Muy débil y con mucha dificultad trata de hablar, de alguna forma comprende lo que ha sucedido solo que no se explica por que no la han encontrado, porque sigue atada a una silla y recibiendo cuanto golpe se les place.
–JA,JA, creo que despuĂ©s de todo mereces saberlo. – Quitándose el aparato que le hacĂa distorsionar su voz le hace saber quiĂ©n ha planeado todo esto. –Cuanto tiempo, doctora–
–¡Tu!,  – Expresa Miyuki levantando su cabeza en sorpresa al reconocer esa voz pero no le sirve de nada solo seguĂa el sonido de los pasos que le daban vuelta. –¿Por quĂ©? –
–¿Y por qué no? – Dice en burla sintiéndola muy cerca de ella. –Debà dejarte ver como destruà a tu amigas, creen que estas muerta JAJAJAJAJA. Pero descuida no tardaran mucho en encontrar las pistas para saber que no es asà y esto se pondrá más divertido–
–Sayaka tenĂa razĂłn, no eres de fiar–
–Lo sĂ©, – Dice acariciando un poco su cabeza y quita lo que la cubrĂa. Le es difĂcil ver asĂ que arruga sus ojos sensibles a la luz que aun que poca, le lastima. De pronto la toma del cabello y lo jala hacia atrás manipulado su cabeza de manera agresiva. –Sayaka es muy astuta y te voy a mostrar un lado de ella que no conocĂas. Ahora come que no me sirves muerta, aĂşn, ¿entiendes? –
Soltando su cabeza tambiĂ©n agresivamente, Miyuki la mira agotada y con enojo mientras ella sonreĂa. Alguien se entromete de igual forma con su voz distorsionada.
–La habitaciĂłn esta lista. –Â
–Bien preciosa, sĂ© que tu prĂncipe no tarda en venir asĂ que debes de estar presentable llevas tres dĂas sin asearte, ¡LlĂ©vatela! –
    ***Departamento de Momoka***
DespuĂ©s de haber escuchado el relato de su amiga incluso siente que tambiĂ©n odia a la tal “Jurina”. Pero se sentĂa un poco molesta y defraudada por la actitud derrotada de Sayaka.
–¿Por eso te embriagaste todo este tiempo y casi dejas que te mataran esos dos tipos? – Al no obtener respuesta y solo verla en el otro lado del comedor chistea haciendo una mueca de disgusto. –No conocĂa esa parte tan dĂ©bil Âży que sigue ahora?–
Momoka interrogaba a Yamamoto despuĂ©s de verla un poco más tranquila sin embargo, ella no se caracteriza por compadecerse de las emociones de las personas. Es algo cruda con las verdades, aunque con Sayaka se contiene un poco más.Â
–No lo sé. – Responde meneando la mezcla de un fino y caro café importado con su cuchara.
–¿Piensas sentarte a esperar tu muerte? –
–No suena mal–
–Que patética ¿Te propongo algo?–
–¿Qué cosa? –
–¿Quieres hacer una canción para m� –
–¿Qué?, no–
–Piénsalo, te ofrezco cambiar tu mundo y sé que puedes hacerlo, además quiero que la cantes con migo. – Dijo con honestidad en su rostro. – Además me debes un favor–
–Tan ruin como siempre, ¡Auuch!–
Sayaka moviĂł un poco su cuerpo para recargar sus codos sobre la mesa, acciĂłn que hacĂa notar que está bastante dañada fĂsicamente.
–No puedes culparme, de alguna forma he llegado adonde estoy ahora.– Cruzando una pierna daba un sorbo arrogante a su taza de café.
–Hace muchos años que no escribo y no he vuelto a tocar un instrumento–
–Vamos por  favor. Tu talento es natural y siempre admire eso. Fuiste una gran inspiración en mi vida–
–¿Fui? –
–Bueno, no esperes que te diga “eres” cuando tienes pensamientos suicidas–
–Ya ya, está bien–
–¿Qué está bien?¿Lo pensaras?–
–Lo haré–
–Excelente, a decir verdad me gusta más producir, estar detrás de, hacer nacer algo nuevo. – Dice como toda una empresaria. –Querida, es hora de que el mundo te conozca–
–Exagerada–
–Ahhh~ Yamamoto ¿qué voy a hacer contigo? para empezar debemos trabajar en ese autoestima–
–Para empezar debo recuperar mi motocicleta–
–La mande traer, estate tranquila, debes descansar y reponerte para que comiences a derrochar tu talento. –
–Gracias–
Responde Sayaka riendo con desgano conforme ve que la chica exĂłtica elegantemente vestida se levanta de su silla.
–Voy a Salir, siéntete como en casa y descansa–
Sayaka dibuja una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios, no sabĂa cĂłmo se sentĂa pero lo que si sabĂa era que ver a su vieja amiga era reconfortante.
***Nagoya***
Conduciendo por las calles de esa ciudad tan peculiar, Jurina buscaba la casa de Rena en la direcciĂłn que antes le habĂa proporcionado. De pronto, en una propiedad bastante descuidada pero de fina estructura ve a su maestra con vestimenta harapienta arreglando su jardĂn pero de igual forma hermosa. Estaciona su coche el cual le avisa con el sonido de las llantas sobre la tierra a Rena que alguien llega. Pronto reconoce el auto y su corazĂłn siente una emociĂłn inigualable.
–Hey–
–Jurina–
–Hola–
–¿Qué haces aqu� –
–QuerĂa verte–
Jurina vestĂa un poco descuidada, no lo normal para como estaba acostumbrada verla durante su estancia en la universidad. Al acercarse a ella nota un ligero aroma a alcohol y de inmediato cae en cuenta que las cosas no andan bien.
–¿Te sientes bien? –
Pregunta ella con serenidad para no tratar de verse tan exigente al ver el estado en el que Jurina la visitaba.
–Rena…–
Rena ve en ella una gran preocupación asà que solo estira sus brazos para abrazarla, sintiendo su barbilla en su hombro y un abrazo correspondido un poco más fuerte de lo habitual Rena solo se deja vencer por tal fuerza.
Al cabo de unos minutos, Rena llevo de la mano a Jurina la cual estaba muy seria y con un rostro muy triste. Le pide que espere un poco en la sala bastante desordenada. Jurina se quita su chaqueta y la deja sobre el respaldo del sillón. Rena vuelve algunos minutos después y le ofrece una taza de té helado sentándose a un lado de ella. Jurina lo toma y da algunos sorbos sin quitarle la vista a la taza. Rena era bastante paciente ante ella pero ciertamente la curiosidad sobre algunas actitudes le hace sentirse ansiosa.
–Rena…–
 De pronto Jurina deja la taza en la mesita de centro y tal cual bajo la mirada de una niña en un apuro gesticula muecas en sus labios al atreverse a mĂrala.Â
–¿Si? – Rena la mira atenta y con una calma apacible.
–He hecho algo muy malo–
Amplia un poco sus ojos y de igual forma deja su taza sobre la mesita, pero inmediatamente vuelve a su rostro sereno.
–¿Quieres contarme? –
Jurina la miraba frustrada, impotente, Â en verdad querĂa hacerlo pero sabĂa que no podĂa y no sabĂa por dĂłnde empezar.
–yo….yo…–
Ante su indecisiĂłn y la dificultad para hablar, Rena vuelve ser comprensiva y trata de que su curiosidad no traicione su estabilidad.
–Está bien –
–¿Eh? –
–Ya me lo dirás después–
Jurina suspira y juega un poco con su mirada, siente un alivio pero aun asà se siente mal. Se está cansando de su doble vida y más de su doble moral no es justo para nadie ni mucho menos para Rena.
–¿Puedo quedarme contigo un par de dĂas? –
–Por supuesto, aunque tendrás que ayudarme a poner este lugar en orden–
–Lo haré–
Entre poner y quitar una cosa, la carga emocional de Jurina disminuĂa conforme se dejaba llevar por tan imponente presencia de su maestra. Siempre era placentero poder deleitar sus ojos con la figura resplandeciente de ella. Al caer la noche a un carecĂa de focos en algunas áreas de la casa, cosa que perturbaba a Jurina que pese de sus mĂşltiples habilidades la oscuridad no era uno de sus puntos a presumir.
–Solo tengo disponible una habitación por ahora, ¿te importa si duermes conmigo? –
–No, al contrario. Yo puedo dormir en el sofá por eso no hay problema–
–Claro que no, una visita mĂa jamás dormirá en un sofá–
–Gracias–
–¿Traes ropa? –
–SĂ, bueno algo–
Rena proporciono una pijama fresca, acomodo la cama e invito a Jurina a escabullirse dentro.  Solo duermen una muy cerca del a otra, Rena abraza a Jurina y Jurina se recarga en su regazo. Mientras dormĂa, Rena contemplo como una lágrima escapaba de sus ojos. Se preguntaba con preocupaciĂłn ÂżQuĂ© era lo que está afligiendo a alguien tan joven de tal manera para llorar en sus sueños?  Â
Mientras contempla ese rostro que aun dormido se ve afligido, innumerables pensamientos se forman en su mente. Era curioso como disfrutaba de la compañĂa de este extraño ser. A pesar de ser siempre reservada y solitaria, Jurina tenĂa algo que la hacĂa salirse de sus estrictas reglas. Quizá su inocencia, su convicciĂłn o la chispa de inmadurez le parece para su sorpresa atractiva. A veces es bastante formal y no parece tenerla edad que dice y en un par de ocasiones llevo sus sentidos a conocer un Ă©xtasis que jamás habĂa experimentado como todo un adulto ÂżCĂłmo puede caber todo eso en alguien? Y, ÂżCĂłmo es que ella se dejĂł vencer por Jurina? Quizá es tiempo de dejarlo todo atrás y comenzar a disfrutar la vida, quizá por eso Jurina ha llegado a su oscura vida. Que rara es la vida que todo te lo da y todo se lo lleva.
 ***Comandancia***
Sae caminaba hacia los laboratorios del área forense desde la planta más alta del edificio. Las cosas aun eran tensas pero cada quien seguĂa con su trabajo, todos excepto dos agentes. Sus escritorios han estado intactos desde hace ya un par de dĂas, pero nadie se atrevĂa a cuestionar nada.
A decir verdad, es mejor que ninguna de las dos este por aquĂ, al parecer Jurina decidiĂł tomarse los dĂas que más que voluntarios fueron una orden directa, y de Yamamoto ni hablar, renunciĂł. Sin embargo sabe de la indispensabilidad de ambas y por ahora no quiere presionar a Jurina. La comándate sigue su camino hacia la planta baja, alguien tiene que darle el informe de los recientes hechos.
*Planta baja*
Las puertas automáticas del área forense se abrĂan al paso de la tarjeta de seguridad de la comandante. Saludando a todo el que se encontraba en su paso llega a la morgue. De pronto un sentimiento la estremece al ver trabajar de espaldas a la actual forense  le recuerda un poco a su especial doctora Miyuki piensa que si ella se siente asĂ, ÂżCĂłmo se han de sentir sus otros dos elemento?
–Doctora–
–Comándate, pase usted–
–Con permiso–
–DĂgame, Âżque la trae a las entrañas de este departamento? –
–Necesito los informes del incidente con la anterior forense–
–El sargento Matsui…–
–No, ella no está aquà por ahora y nadie se ha tomadora molestia de darme algo–
–Supongo que en verdad es grave lo ocurrido…–
–Supones bien, ¿Qué es eso?– Sae, pregunta curiosa al ver una bolsa trasparente en la que se suelen guardar evidencias.
–¿Eh? ¡Oh! Eso…–
–Si–
–Son las pertenencias que no se alcanzaron a deshacer en el incendio–
–¿Pertenencias de la doctora… Watanabe? –
–Asà es–
Sae tomaba entre sus manos aquella bolsa de plástico con un par de objetos quemados, entre ellos una pulsera corroĂda por el fuego y unos aretes.
–¿Por qué no está esto en el archivo muerto? –
–El director me los ha pedido–
–Oh, comprendo ¿Puedo hacérselos llegar yo?–
–Claro, aquĂ tiene. – le entrega un folder con barias hojas, –Esta es la fĂsica para el archivo muerto y la digital la acabo de enviar por correo, le advierto que hay fotos muy perturbadoras–
–Descuide, con permiso–
Sae se dispone a regresar a su oficina dispuesta a cerrar este caso de una vez por todas y comienza a revisar el reporte de la forense en turno con la pequeña bolsa en su mano.
–¡Comandante Sae! –
–Oh, agente Fukushi ¿Qué ocurre? –
–Le entrego mi reporte del incidente en el callejón del hospital, bueno lo que va hasta hora–
–¿Alguna novedad? –
–Pues sà y no–
–¿Cómo es eso? –
Sae se para en seco al escuchar tan burda respuesta de una oficial.
–Llevamos un par de horas tratando de hacer que una de nuestras sospechosas diga algo pero ni su nombre hemos podido obtener–
–¿CĂłmo? ÂżTienen a alguien en interrogatorio y no lo sabĂa? –
Sae se sorprende de cĂłmo su autoridad de pronto es pisoteada, nadie le informa nada Ăşltimamente.
–Bueno, nos hemos tomado la libertad de hacer algunas cosas, hemos tomado algunas muestras de una herida que tiene en la cabeza y algunas manchas en su ropa, es como una vagabunda pero no parece que lo sea–
–No puedo creerlo, ¿nadie respeta mi autoridad aqu� –
Sae seguĂa sin creĂ©rselo, pero a la falta de sus investigadoras alguien tenĂa que tomarla iniciativa.
–Ahh pues, este…–
–Una me renuncia, otra se toma descanso y me asesinan a otra, y ustedes…–
–Sentimos mucho no ser tan eficientes–
–OlvĂdalo, irĂ© a la sala de interrogatorios, manda llamara la psicĂłloga–
Sae llega a la sala de interrogatorios directo a cabina de observaciĂłn donde se encuentra con el agente Ryouha.
–Comandante–
–¿Qué ocurre? –
–Nada, no podemos hacer que hable–
Sae no dice nada al respecto, mira a la chica sentada en la silla con sus manos esposadas y un evidente desinterés. Contempla por un momento la situación y sale de ahà para ir dentro de la otra habitación. Entra y se para frente a ella, quien la ignora rotundamente.
–Soy la Comandante Sae, ¿Cuál es tu nombre? –  Sae llevaba consigo una botella de agua, la chica tenĂa los labios secos y parecĂa no haber ingerido alimento.  Pone la botella en la mesa frente a ella pero ella solo la mira con un desgano impresionante no emite ningĂşn sonido pero se saborea el agua. –¿Has comido algo? – Era evidente que no, Sae sabe que es el tipo de personas que no dirá nada asĂ le quemen los pies asĂ que cambia la jugada.
La chica solo mira pero su vista caes aparte del agua a la pequeña bolsa que un tenĂa la comandante en su mano, parecĂan metales quemados, corroĂdos.
Deja la botella ahĂ y sale de la sala, la chica se inquieta por lo que vio y por el tipo de preguntas y el trato que le han dado, y hace decidĂa entre beber un poco de agua o seguir con un extraño orgullo.
–Comandante ¿me mandó llamar?–
–Doctora, sĂ. Quiero que observe a esta persona, la llevaremos aun celda preventiva, ahĂ podrá verla por las ventanas–
–¿Hace cuánto está aqu� –
–La vi entrar–
–¿Que opina? –
–Pues, tiene un poco de ansiedad además ella miro con atención esa bolsa que trae en sus manos–
–¿Esta? –
–SĂ, creo que deberĂa comer–
–SĂ, lo mismo creĂ, Fukushi–
–Si–
–Vaya por algo de comida, que se alimente y manténganla en resguardo en una celda preventiva. Debo arreglar otros asuntos pero las veré más tarde de nuevo en interrogatorio–
–Si comandante–
 ****Casa de Rena****
Cerca del mediodĂa, despuĂ©s de haber dormido tan plácidamente Jurina se sumerge en una tranquilidad que tanto anhelaba despuĂ©s del suceso que le habĂa arrebatado el sueño. Dormir junto a Rena más allá del contacto sexual fue como recordar su infancia cuando se escabullĂa a la cama de su madre. Pero de ninguna forma podĂa verla como tal. Justo ahora, contempla la espalda de la maestra que acomoda los cuadros en la pared de la sala mientras ella cargaba con una caja de tamaño considerable repleta de acumuladores de polvo.
Deja la caja en el piso y se acerca sigilosamente a ella, no hace nada, solo permanece a ahĂ esperando que Rena note su presencia, pero precisamente no es la personas más vivas que conoce. Es bastante distraĂa asĂ que demora algunos segundos sentir que Jurina ha vuelto y que está detrás de ella.
Se gira al sentir su presencia encontrándose unos ojos brillantes clavados sobre ella, lasciva sin emitir sonido alguno pero no le incomodaba. La inquieto por un instante, pero sonrĂe siendo ella ahora quien hace dudar a Jurina de su convicciĂłn provocando en ella retroceder un poco cuando Rena avanzo hacia ella.  Rena acaricia sus brazos conforme subĂa sus manos hacia sus hombros, sabĂa perfectamente a donde irĂa este momento.
Bajo sonrisas cĂłmplices y Ăşnicamente su mĂmica seductora, se provocaban una a la otra con caricias prudentes. Haciendo nula la distancia se intercambiaban muestras de afecto que poco a poco encendĂa el deseo y la necesidad de complacer sus más bajos instintos. Jugando con la distancia de sus labios apenas si rosándolos ligeramente Rena hacia que Jurina retrocediera y en medio de su juego la condujo hasta donde tenĂa planeado, el sofá.
Jurina siente ese borde en sus bien formadas pantorrillas, y de pronto siente un ligero empujĂłn que la hace sentarse quedando las manos de Rena en sus hombros y las de ella en el sofá, viendo hacia arriba sus miradas chocan. Rena,  dibujando un camino perfecto con sus yemas de los dedos Ăndice y anular por encima de la blusa de Jurina sube tomando el control de la barbilla. Muestra un lado enteramente seductor que le hace tragar saliva cuando lentamente acercaba su rostro al suyo y de reojo ve como una rodilla de Rena se hunde a un costado de su pierna en el sofá.
La vestimenta de su conjunto colgado le permitĂa adaptarse bien a  esa posiciĂłn tan atrevida. Una Mujer completamente desarrollada yace en sus piernas y se ha apoderado de sus labios robándose el oxĂgeno y mezclando sus fluidos en una lucha incesante de placer. Era suya, gobernada por el arrebato de Rena podĂa permitirse acariciar más de su espalda, un toque preciso que acaricia sus glĂşteos y se deslizan delineándola por completo.
Las palmas de sus manos se extendĂan ampliamente para no perder detalle de aquella figura que estaba encima. OprimĂa su cuerpo contra el de ella, sintiendo excitante la posiciĂłn que a pesar de ser libre en su tacto era controlada por Rena. El pulso de su deseo palpitaba en los dedos que exploraban su curiosidad y que solo terminaban en su mutuo placer. Las suaves caricias de Rena sobre el rosto alternadas con su nuca que de pronto jalaba un poco su cabellera, y el cĂłmo se aferraba a su espalda hacĂan batalla contra las fuertes manos de Jurina. Tomando su cintura no le permitĂa alejarse de su cuerpo sintiendo como todo eso las conducĂa hacĂa un deleite extasiado. Es increĂble como el tiempo no existe, como solo existen ellas en este instante. No hay nada en sus mentes Ăşnicamente son conscientes de lo que hacen y con quien lo hacen. El misterio de sus enigmáticas personalidades se hace presente, el secreto de lo tocado y lo que se puede tocar cada vez es más inherente y descarado. Todo lo de aquel sillĂłn estorbaba y su necesidad les hizo deshacerse de ello en medio de la inconciencia.
Para su mala suerte, el sonido de su celular que de igual forma vibra en su pantalĂłn interrumpe aquel momento, sabe que no puede ignorarlo y detienen su acto para atender a quien estuviera del otro lado de la lĂnea. HaciĂ©ndose para atrás y sentándose a un lado de ella Rena la deja hablar, se levanta y se aleja un poco para darle privacidad.
[–¿Si, hola? – Aun exaltada responde tratando de que no se escuchara asĂ.
–Agente, ¿La interrumpà haciendo algo? –
 –No, no dĂgame–
–Te necesito Jurina–
–¿Ahora? –
–Aun eres oficial activo y tu descanso término–
–Y, que hay de… –
–¿Yamamoto? No la encuentro por ningún lado. Necesito que vengas–
–No estoy en Tokio–
–¿En dónde estás? –
–En Nagoya–
–¿Y qué espera agente?, ¿que vaya por usted? –
–Eh…no no, salgo para allá–]
La llamada se corta abruptamente, es obvio que la comandante no está de buen humor ella solo guarda de nuevo su celular y mira a Rena con su rostro afligido con el que habĂa  llegado antes.
–¿Qué ocurre Jurina? – Rena vuelve y se sienta aun lado de ella.
–Debo irme, pero volveré, solo espera un poco más, por favor–
No le gustaba esa cara de aflicción, pero entiende y asienta con su cabeza dándole espacio y viendo en ella ese toque de madurez que le encanta. Jurina sale rápidamente pero Rena se queda preocupada por tanto misterio que comenzaba a ser un poco molesto. Mira el reloj de su pared y genera una mueca de insatisfacción. Quedarse con la duda no es de sus sentimientos favoritos, rápidamente se pone de pie y trata de despejar su mente intentando continuar con el acondicionamiento de su sala pisando sin querer una prenda en el suelo.
Jurina saliĂł tan de prisa que olvido su chaqueta, Rena sonrĂe al verla y la toma entre sus manos detectando el particular aroma de ella. Limpiando el caos reciĂ©n hecho por la fiebre de ambas, la coloca en el perchero pero no la sostiene bien y cae al piso. Rápidamente la levanta pero en el acto, de una de las bolsas una pequeña cartera peculiar sale de ella. Cuelga la prenda asegurándose de que esta vez no caiga y pone su rodillas en el piso tomado con una de sus manos ese objeto cuadrado de piel. Con su otra mano levanta uno de lados. En menos de un segundo tira el objeto al piso y se lleva sus manos cubriendo su boca junto a sus ojos amplios llenos de impresiĂłn.
Dentro de la pequeña cartera, estaba a la vista una placa, forjada en acero con los bordes bien hechos del escudo del departamento de policĂas de Tokio y en la parte de abajo el titulo rotulado de Sargento. Lo que más le ha impactado es la foto del lado contrario de la placa, es Sayaka además de ser una placa muy bien conocida para ella.
Se siente mal, muy mal. Su cuerpo comenzó a sudar y a temblar, no se atreve mirar de nuevo ese objeto. Inevitablemente hace conjeturas en su cabeza, toma de nuevo la placa y se levanta del piso colocándolo en una de las bolsas de la chaqueta rápidamente.
 ***Comandancia***
HabĂa trascurro varias horas de que Jurina atendiĂł al llamado, y llego directamente a la oficina de su comandante Sae. Toca inmediatamente en cuanto se encuentra frente a la puerta y escucha su voz dándole el paso.
–Adelante–
–Comandante–
–Matsui, pasa–
–¿Qué ocurre? –
–Tenemos un sospechoso participe de los hechos en el callejón del hospital, el agente Kitagawa la relaciona por algunas pruebas tomadas que corresponden a las la sangre del tablón de madera. No quiere proporcionar información–
La comandante Sae deja de hacer lo que hacĂa poniĂ©ndose de pie y caminado hacia Jurina entregándole las hojas de lo poco que pudieron investigar sobre la chica.
–¿Y cuál es su delito? –
–Los agentes Fukushi y Kitagawa la atraparon la mañana de ayer mientras pretendĂa robar algunos medicamentos. Necesito que me ayudes en este caso–
– Esta bien, pero debo decirle que he considerado dejar la corporación–
–No puedo intervenir en tus decisiones, y puedes hacer lo que te venga en gana pero, ayúdame con este último caso–
–¿Por qué tiene interés en este caso como para hacerme venir? –
–Aparte de que es tu trabajo y tu caso, aun eres miembro activo... –
–Con permiso, iré a la sala de interrogatorios–
La actitud de Jurina era muy extraña, ya no estaba ese agente optimista y lleno de determinaciĂłn, sus palabras sonaban vacĂas y se veĂa obligada a hacer lo que alguna vez lleno su vida.
 ***Sala Interrogatorio***
 Jurina entra a la sala de interrogatorio con unas hojas en la mano, no hay mucha información asà que hay mucho por hacer.
La interrogada gira su cabeza al escuchar la puerta del cuarto abrirse, siguiendo con la vista y al mismo tiempo los movimientos de Jurina, se encuentra por segunda vez ahĂ y no parece haber cambiado en lo absoluto.
–Sargento Jurina, – Se presenta.  –Sin antecedentes ni registros de altercados, veo que usted no tiene nombre en este expediente en blanco–
–Tengo–
–¿Entonces? –
–No meda la gana decirlo–
–Vaya, actitud Yankie, de todas formas lo sabrĂ©. – La chica cruza sus brazos y más que sentirse acorralada hacĂa gestos de desinterĂ©s. –¿DĂgame, en donde se encontraba usted entre las 6:30 y 8:00 de la noche?– Sin embargo el silencio le hacĂa saber a el agente que esto demorarĂa algĂşn tiempo.  –Bien, le dirĂ© conde estuvo. Usted se encontraba en el callejĂłn del ala norte del hospital central no precisamente hablando con otra mujer, muy atractiva por cierto, o eso me dijeron,  la cual la golpeo despuĂ©s de discutir…–
–Esa,…maldita. – Interrumpe con un chisteo.
–…Con, un objeto de madera y posteriormente usted le disparo. – Continua Jurina el relato del último informe realizado por Watanabe Miyuki mirando mientras miraba hacia la ventana como si tratara de comunicar algo sospechoso.
–Yo no dispare nada–
–Las vieron, hay testigos. –La sospechosa voltea su cara en signo de importarle poco pero Jurina nota en ella un resentimiento. –¿Eran cercanas cierto? –
–¿También le importa mi vida privada?–
–No, pero si lo que ocurriĂł ahĂ, Âżporque finge ser una Yankie?, Âżes intimidada?–
–Yo no dispare esa arma.– Se reserva a decir.
–¿Entonces quien lo hizo? –
–No lo sé–
–¿La están persiguiendo, a quien protege?, ¿por eso sobrevive de comida y objetos robados? –
***Cabina***
La negatividad la hacĂa impacientarse inusualmente y dentro de la cabina de grabaciĂłn podĂan notarlo, Sae se encontraba ahĂ junto el agente Fukushi y la doctora Akane.
–Comandante, permita entrar. – Pide la Psicóloga.
Sae viéndose escasa de personal preparado y la ineficiencia de Jurina, suspira y da pie a que entre la Psicóloga
–Está bien, entra, – Sae le autoriza inmiscuirse ya que sabe de su profesionalismo y algo debió de ver que los agentes y ella no. –Jurina, – le habla por el auricular, –la psicóloga Akane va entrar–
Pronto, Akane ya estaba dentro y comenzĂł a hacer algunas observaciones como si de terapia se tratara, pero Jurina escuchaba con mucha atenciĂłn recargada en el cristal con sus brazos cruzados.
–Takayanagui Akane–
–Ay no… otro policĂa. – Murmura con fastidio.
–No soy policĂa, soy PsicĂłloga–
–¡Ha! Un loquero, lo que me faltaba–
–SĂ, uno. –  Pronto Takayanagui le sigue el Juego, algo vio en ella que le pareciĂł curioso. –Se necesita estar loco para entrometerse en la vida de los demás–
–Usted lo ha dicho–
–SĂ, uno se entera de tantas cosas…–
Conforme Takayanagui se sienta, cae en cuenta de lo que hace, al principio frunció el ceño por lo que hacia la psicóloga, pero ahora sabe que es uno de sus trucos. Fraternizar de forma que no sepa que lo está haciendo, una jugada muy sucia de ellos.
–La gente suele sufrir por cosas innecesarias.– Dijo de pronto la acusada.
–Vaya que sĂ, lo bueno que existe gente como tĂş que parece no importarle lo que le suceda a los demás–
–A veces las cosas están  fuera de nuestras manos manos.– De pronto la chica empuña sus manos como si recordara algo frustrada.
–Eso tiene un nombre–
–¿A s� –
–SĂ bueno, en definiciĂłn pero a mĂ me gusta llamarlo cobardĂa–
–¡Por supuesto que no! ¡yo no soy ninguna cobarde!–
–Tranquila, no estoy diciendo que lo seas. Una conducta muy común en los humanos sensibles es la evasión. Cuando saben que saldrán lastimados actúan con desinterés–
–¿Eso lo aprendió en los libros de su escuela? –
–¿Cómo sabe que está en los libros? –
–Lleve algunas materias sobre eso además creo que no me recuerda–
Akane la mira fijamente, desde que la vio en la mañana sabĂa que le era un poco conocida
–¡Oh! Tú eres la chica de la universidad en la que impartà una conferencia–
–La misma, quien dirĂa que ahora sea parte de su material de conferencia–
–Mmmm, asà que sabes de cómo va esto–
–SĂ, y se lo que intenta–
–Y según tú, ¿Qué es lo que intento? –
–Quiere aparentar que es amable conmigo para no verse mandona como ella–
Jurina hacia muecas desde su lugar, a veces divertidas otras irónicamente  pero trataba de no verse afectada por esta chica.
–Mmmm, vaya creo que eres muy inteligente pero no lo suficiente para lidiar con todo esto, estas aterrada, te consume el miedo y te sientes herida –
–Son solo suposiciones–
 –No, lo he visto antes y lo estoy viendo ahora. Ella era muy importante para ti y ¿Se la llevaron? Puedo ayudarte–
–Usted no puede–
–¿Por qué no? –
–Esta,… muerta…– Era evidente su desánimo y frustraciĂłn y tambiĂ©n lo era como le dolĂa aquella circunstancia.
–¿Cómo lo sabes? –
El tono de Akane era muy pasivo y suave, tanto que ha logrado meterse en la cabeza de esta chica y hacer que por fin avanzara la investigaciĂłn.
–Solo lo sé–
–¿Estas en peligro, cierto?, confĂa en nosotros. SĂ© que no podemos devolverte eso tan valiosos que te fue robado pero podemos honrar su memoria, o podemos encontrarla. –
–No la encontraran–
–¿Por qué? –
La chica agacho su cabeza, por alguna extraña razón las palabras de Takayanagui hicieron eco en su conciencia, quizá lo que necesitaba no eran preguntas si no alguien que comprendiera o la hiciera comprender. Incluso la misma Jurina es cambia su expresión al escuchar sus palabras.
–SĂ–
–¿Pudiste ver quién se la llevo? –
–Dos personas vestidas completamente de negro–
Jurina se entereza por el tema, quizá Sae tiene razón, pero no solo eso. Comienza a sospechar de algo más.
–SĂ la querĂas, ÂżPor quĂ© huiste?–
Intervino Jurina sentándose y relajándose un poco para no parecer mandona. DespuĂ©s de esa respuesta vieron como las facciones de la chica se descomponĂan.Â
–Ella me lo pidiĂł, cuando forcejeábamos y me golpeo para que supiera que no estaba mintiendo en su decisiĂłn de hacer ese trabajo alguien disparo por detrás de mĂ, y, y yo solo salĂ corriendo mareada de ahĂ–
–Hace un momento la has maldecido–
–AbecĂ©s tambiĂ©n el amor maldice ser amor, no podĂa hacer nada, debĂa favores y le iba a pagar bien por ese trabajo–
–¿Qué tipo de trabajo? –
–De la vida fácil,...o eso me dijo…–
Por sus auriculares escuchan la orden de Sae para que salieran de ahà y lo hacen. Takayanagui y Jurina regresan a la cabina donde estaban los demás agentes y la comandante Sae.
–¿y bien? –
–La chica está asustada y acaba de pasar por un trauma–
–¿Está mintiendo? – Pregunta Jurina
–No, esta simplemente en un etapa de duelo y como bien sabe todo reaccionamos diferente. –
–¿Entonces? –
–Es obvio que está huyendo, lo mejor será mantenerla con nosotros bajo libertad condicionada pero parece que no tiene a donde ir. –
–Entiendo, Jurina–
–Si–
–Voy a pedirte que cuides de ella por hoy mientras consigo un lugar para resguardarla–
–¿Usted cree que sea necesario todo eso? –
–Lo creo–
–Está bien, por hoy está bien aunque creo que no soy de su agrado–
–No le queda de otra, y sabe que es lo que le conviene–
Sae las deja a ellas para ir con la interrogada para hablarle del trato. La chica parece haber tocado fondo por fin y acepta la ayuda.
 ***Departamento de Jurina****
Jurina la llevo con bastante desconfianza a su casa, la alimenta y le ofrece ropa limpia. Todo es manejado con confidencialidad y normalidad. A las afueras habĂa un par de vehĂculos vigilando el departamento. La chica despuĂ©s de terminar de asearse entra a la sala observando el lugar, Jurina sabe que está ahĂ cuando se percatĂł de ella con su mirada perifĂ©rica mientras escribĂa algunas cosas en su portátil en la sala.
–¿Qué que te ofrece? –
–¿Vives sola? –
–Si…–
Jurina responde con desconfianza, antes no querĂa hablar y ahora es ella quien inicia la conversaciĂłn.
–¿Quieres que te ayude en algo? –
–¿Cómo dices? –
–Que si puedo ayudarte en algo, no sé qué más hacer. De alguna forma debo agradecer–
–Está bien, no voy a cobrarte el favor–
La chica nota en su respuesta, un tono de voz muy distinto con el que la interrogĂł. Y se siente ahora apenada.
–SĂ© que esto es parte de tu trabajo, eres buena persona. EncontrĂ© esto en el piso, salĂa un poco de bajo de una puerta–
–Oh…–
Jurina de pronto no sabe quĂ© decir, no es muy comĂşn escuchar halagos de delincuentes y menos de uno que lo veĂa como enemiga.
–Usted es alguien muy importante, Âżverdad? Ese es un tĂtulo valiosos para que este en el suelo–
–No soy importante, los tĂtulos no determinan si eres buena o mala persona.– La chica levanto del piso uno de los tĂtulos que no tenĂan marco y que Sayaka guardo con todas sus demás pertenencias. –¿Sabes una cosa? –
–¿Qué? –
–Creo que si hay algo que si puedes hacer–
–¿Y qué es? –
–Ven acompáñame–
Jurina la lleva al armario que estaba en el pasillo donde guardaba todo tipo de objetos, justo de donde saliĂł ese papel. AbriĂł la puerta y prendiĂł la luz habĂa muchas cosas el piso y los cuadros y fotos estaban apiladas arriba de un mueble.
–¿Todo esto es tuyo? – La chica miraba a todas partes, era una habitaciĂłn pequeña, pero en ella estaban los trofeos y medallas con la leyenda “sargento”, cuadros y muchas fotografĂas.
–SĂ, olvide que debĂa ordenarlo y agradecerĂa si me ayudaras al menos aponerlo todo en una caja–
–Claro– Ella comienza a levantar varias cosas y al llegar a un porta retrato se sorprende por lo que ve. –Yamamoto–
–¿Eh? – Jurina voltea en cuanto escucha el nombre de su compañera.
–Es Yamamoto Sayaka–
–SĂ, asĂ es Âżla conoces? – Jurina se acerca a ella extrañada e interesada por lo que pudiera obtener.
–Hum, la odiaba–
–¿Cómo es eso?–
–Ella era de la preparatoria de elite vecina de la mĂa–
–Si pertenecĂas a una escuela de elite ÂżQuĂ© haces desperdiciando tu vida? –
–¿usted no lo harĂa? –
–¿Qué cosa?
–Lo que sea por amor–
–Como se llamaba tu pareja–
–Aka...ri, Yoshida Akari–
–Ya veo, y tu–
–¿Yo que? –
–¿Cuáles tu nombre? –
–Mayu–
–¿Solo Mayu? –
–Ogasawara Mayu–
–¿Tienes familia? –
–¿Usted la tiene? –
–Si–
–Yo no–
–¿Qué es lo que tienen las escuelas de elite que las personas que conozco no tienen familia?–
–¿También conoce a la hija de la directora? –
–¿Watanabe Miyuki? –
–Si–
–¿Pero porque pone esa cara? –
–Ella está, muerta–
–¿Qué? –
El timbre interrumpe y Jurina se sobre salta un poco tomando inmediatamente su arma, sus padres saben que no está en casa y no les ha dicho que volvió por su inquilina que ahora protege. Mayu también se asusta pues su vida obviamente corre peligro.
–Tranquila, irĂ© a ver, mantente cerca de mĂ–
–Está bien–
Jurina sale apresurada empuñando su arma a un costado de ella, se acerca a la puerta sin hacer ruido y se asoma por el mirador. Suspira por ver de quien se trata, todo está en orden pero no del todo, devuelve su mirada asustada a la puerta y oculta su arma en lo primero que encuentra mientras el timbre se escuchaba de nuevo. Torpemente abre la puerta y da la bienvenida.
–¡Rena! ¿Qué,… qué haces aqu� –
–Hola Jurina, me quede preocupada por ti y decidà venir a verte–
–¿Por qué no me avisaste? – Jurina en verdad estaba sorprendida.
–¿Está todo bien Jurina? –
–SĂ, ¡SĂ!–
–¿Te molesta que haya venido? –
–¡No! No, para nada–
–¿Quién es ella? –
–¿Ella? – Jurina voltea y ve a Mayu parada en el pasillo, por un momento dada la impresión se le olvido su protegida.
–Ogasawara Mayu, – ella misma se presenta y también intuye lo que está sucediendo. –Por qué no pasa, les preparare un poco de té–
–Gracias–
Rena entra conociendo ya el camino, y Jurina se queda petrificada en la entrada ¿Ahora que va a hacer? Se asegura de que su arma quede oculta y va con Rena a la sala. También la noto extraña asà que no solo porque si ha viajado de Nagoya hasta su casa. Cuando se asoma un poco Rena está mirando por la ventana observando cómo se despide la tarde en aquel gran ventanal.
Regresa sus pasos recargándose en la pared y toma aire mientras piensa en lo que dirá, no puede verse dudosa. Pero tampoco puede revelar aun su verdadero oficio. Jurina toma valor y entra a la sala. Esta ves Rena si se percata que está ahà y sin voltear a verla le habla.
–¿ConfĂas en mĂ, Jurina? –
–Claro,… por supuesto que lo hago–
RespondiĂł caminando hasta ella y quedando a la par, hombro con hombro mostrando una inseguridad inusual.
–Olvidaste tu chaqueta–
–¿Y solo viniste a devolverla? –
–No, hay algo más–
–¿Qué cosa? –
–He venido atraer algo que quizá ocupas. –  Sintiéndola a un lado de ella gira su cuerpo y Jurina hace lo mismo.
–¿Qué cosa? –
Rena la mira seriamente y de su vestimenta holgada, de la bolsa de su falda larga saca la pequeña cartera cuadrada. Extiendo un poco su mano hacia ella Jurina amplĂa sus ojos observando el objeto, levanta su vista hacia Rena que la mira de una forma que no sabe si es por el momento o lo que siente pero se siente muy diferente.  Helada levanta una de sus manos y toma la cartera entre sus dedos un poco temblorosa. Sabe perfectamente que hay dentro y lo peor es que no es la suya, es la de Yamamoto.
–¿Qué ocurre Jurina? – Pregunta Rena viendo evidentemente descubierta una mentira. –¿No eres estudiante cierto? –
–N, no…–,
–¿No? –
 –Rena, yo…–
–El tĂ© está listo,– Ambas chicas voltean. Ella se da cuenta de que algo extraño está sucediendo, –Yo, lo dejare aquĂ. EstarĂ© en la habitaciĂłn de huĂ©spedes. –
Mayu aparenta retirarse  pero solo camina algunos pasos y se queda de espaldas escuchando nada realmente, la habitaciĂłn se queda en silencio. Rena voltea de nuevo hacia Jurina quien está mirando ahora hacia la salida de la sala pero no se percata que la chica no se fue, esta tan sumergida en su preocupaciĂłn que ha comenzado a sudar frio. Â
–¿Qué está ocurriendo Jurina? –
–Esa placa no es mĂa... – Rena ladea un poco su cabeza cayendo ya en la impaciencia. –Es de… es,… le pertenece a Sayaka–
–Lo sĂ©, es bastante obvio. Dijiste que confiabas en mĂ,… –
–Yo, yo, soy oficial de investigaciĂłn. – Confiesa sin mirarla y camina hasta rodear el sillĂłn sentándose en Ă©l. –Sargento para ser exacta…–Â
Bajo la mirada de escrutinio de Rena, muy seria y un tanto frĂa, sede un poco a la duda de nuevo y hace lo mismo que Jurina, pero se queda parada frente a ella. Ahora entiende muchas cosas en la actitud de ella y de sus compañeras.
–¿Por qué no me lo dijiste antes? –
–Eran Ăłrdenes superiores, no podĂa hacer mucho en realidad–
Responde sin mirarla, para ella todo se ha venĂa abajo. Cambiaba completamente su situaciĂłn con Rena, solo que no sabĂa si era para bien o para mal.
–¿Hasta cuándo planeabas decirme la verdad? –
–No podĂa ponerte en riesgo, estamos en medio de un caso muy delicado–
–Entonces es por eso salieron tan repentinamente de España–
–SĂ, asĂ es ÂżEstas enojada, por esto? –
Por fin Jurina la mira, sus ojos guardaban culpa pero una pena aún más grande detrás de ella o cual llama mucho la atención de Rena.
–Un poco. Jurina, ¿Qué es eso tan malo que hiciste, la razón por la que llegaste a mi casa y por lo cual te vez angustiada? – Jurina no responde, esquiva la mirada de Rena, bajando la vista moviéndose inquieta en su mismo lugar y su semblante empalidece. –Jurina, puedes contarme te aseguro que intentare entenderlo –
–Nuestra forense,… la forense, murió por mi culpa–
Rena amplĂa sus ojos ante aquella declaraciĂłn, pero no le sorprende, sabe muy bien del trabajo de los oficiales y los traumas por los que pasan sin embargo debiĂł ser duro para Jurina dado a la forma en que se ha estado comportando. Ogasawara se recarga de la pared de la impresiĂłn, estaba a cargo de una asesina. Pero debĂa permanecer en esa casa por su seguridad además que le ha llamado mucho la atenciĂłn las fotos de Sayaka en el cuarto de tiliches de Jurina.
–¿Quién era ella? –
–Miyu,..ki.–
Responde ausente Jurina, y ahora Rena si se sorprende en verdad, eso solo puede apuntar hacia una sola cosa pero espera escuchar antes de especular.
–¿Qué fue lo que hiciste? –
–La entregue como una vil carnada. – Tanto Mayu quien seguĂa escuchando como Rena se estremecen de tal barbaridad, por parte de Rena se preguntaba ÂżcĂłmo es posible eso si se veĂan tan unidas en Barcelona? Con su rostro cayendo en amargura y sus ojos llenándose de pequeñas gotas cristalinas, Jurina habla por sĂ sola. –HabĂa una alerta de atentado en contra de ella por ser la hija del director del departamento y el me lo hizo saber a mĂ pero no podĂa decĂrselo a nadie más querĂa que su plan fuera nuestro plan y que sucediera como ellos querĂan y asĂ fue. Al final fallamos, el director me sacarĂa del caso y seguramente bajarĂa mi rango si desobedecĂa sus Ăłrdenes, tampoco podĂa decĂrselo a la comandante y  mucho menos a…–
–Sayaka,… – Complementa Rena. –Te peleaste con ella, ¿o me equivoco? –
–SĂ, no quiere verme y renuncio despuĂ©s de todo esto. No pude salvarla Rena. – Dice frustrada apretando sus puños, en los cuales, Rena se arrodilla frente a ella y los toma entre sus manos. –No pude devolvĂ©rsela con vida, ella, ellas– Mirándola con lágrimas gruesas en sus ojos y su voz ya cortada por la impotencia y el coraje más la amargura le revelaba la cruda verdad.
–Lo sé, de alguna forma me di cuenta cuando estuvieron en Barcelona–
–¿Comprendes lo que he hecho? –
–Sà Jurina, pero a veces no tenemos opción. – Rena responde pero clava sus ojos en ella un tanto perdidos como si se sumergiera en algún recuerdo, esos ojos que Jurina no ha podido descifrar y que la miraron alguna vez en España. –A veces por defender algo, a alguien somos capaces de todo, todo–
Su mirada vuelve en sĂ y la forma en la que dice esas palabras le da escalofrĂos a Jurina, Rena de pronto es muy seria y parece entender a la perfecciĂłn el sentimiento.
–¿Qué sabes tú de eso? –
–Yo sĂ© lo que es robarle la vida alguien,…– Confiesa vacĂa y escalofriante, hace que Jurina se queda sin palabras, solo se miran una a la otra, poco apoco se revela su verdadero ser ante ambas; orgulloso, enigmático, golpeado por las circunstancias, frĂvolo y malĂ©volo, tan celosas de su pasado que lo descubren a cuenta gotas. Son tan similares y diferentes que ahora saben, son tal para cual. –Yo tambiĂ©n confiĂł en ti por eso te confiĂł esto, ahora sabes que puedes contármelo todo–
Rena se pone de pie, hace que Jurina tambiĂ©n lo haga, solo la incita a un abrazo cálido y lleno de compresiĂłn y amor. Afuera Mayu hacia muecas y sus ojos no permanecĂan quietos, pensaba en ciertas cosas que ahora puede entender tambiĂ©n. Y para su mala suerte esta indirectamente involucrada.
En la sala Rena reconfortaba a Jurina entendiĂ©ndolo todo al fin, sosteniĂ©ndola en sus brazos de una forma protectora mira hacia las brillantes luces que sobresalen en la oscuridad de la noche. Mientras daba leves golpecitos a la espalda de Jurina, ella refleja una mirada vacĂa y frĂa. Su rostro serio dibujaba un semblante que mezclado en la penumbra daba miedo. Era un rostro que Jurina no podĂa ver, la Rena que la sostenĂa en sus brazos no era precisamente la que conoce solo que, no se habĂa dado cuenta de ello.
 ***OSAKA***
Sayaka habĂa salido a tomar un poco de aire fresco a las afueras del edificio lujoso de su amiga la estrella, aĂşn quedaba un poco de luz antes de que se despidiera el dĂa. No sabe si fue suerte o una maldiciĂłn que la haya rescatado. Sus heridas aun duelen mucho, pero asĂ intenta sentarse en el cĂ©sped y recargarse en un árbol que se veĂa muy cĂłmodo. Con dificultad lo hace y se dele mucho, más cuando lo hace. Quizá sus heridas del cuerpo son bastante dolorosas pero le es más insoportable la pena que lleva dentro de ella.
–¡Hey! Corazón ¿Qué haces en el piso? –Sayaka ve a su amiga que se acerca y cuando esta frente a ella se agacha.
–Momoka–
–No te levantes, solo te traje un obsequio. Lo dejare aquĂ, –Ella deja una libreta forrada de cuero muy bonita y elegante, de esas que usan los compositores. –Te dejare sola –
–¿Qué es? –
–Abre lo si te sientes lista–
Momoka se levanta y le giña un ojo  despuĂ©s mira a su amiga por unos segundos, sacude su cabeza y la deja sentada sobre el pasto recargada en ese árbol frondoso. Ella suspira y toma la libreta, muy profesional por cierto. En ella hay una pluma muy peculiar, le recuerda a una que perdiĂł en su sala de ensayos en la preparatoria, sonrĂe y no puede evitar hacer un puchero irĂłnico acompañado de tristeza y aunque se resiste, una lágrima solitaria se le escapa ÂżQuĂ© pretende Momoka al llevar eso? ÂżTorturarla con su pasado? O, Âżhacerle ver que por nada del mundo el pasado desaparece y hay que seguir adelante?
Ella se pone de pie con dificultad y va al interior del edificio, solo sigue su camino hasta llegar a lo que ahora era su habitaciĂłn, en un pequeño escritorio deja la libreta pero al darle la espalda detiene sus pasos y gira su cabeza hacia ella, algo dentro de ella le hace sentir cosquillas en sus dedos y sin dudarlo más, termina por girar completamente, se sienta para retarse a sĂ misma y a su creatividad. Poniendo su voluntad en ello con su ceño fruncido y una mueca de sufrimiento comienza a escribir, relataba versos y secuencias de palabras que solo ella comprendĂa, pero poco a poco iba dándole forma a lo que se convertirĂa en un futuro prometedor.
***Casa de Jurina***
Después de ese cálido y extraño abrazo, Rena libera a Jurina y camina por la habitación para encender la luz, cuando lo hace mira Jurina aun parada y ausente, a lo cual regresa con ella y la hace sentarse.
–¿Cómo te sientes ahora? –
–Mejor, avergonzada pero mucho mejor–
–No deberĂas, comprendo lo difĂcil que debiĂł haber sido ocultar todo esto–
–¿Lo dices en serio? –
–SĂ, ya decĂa yo que sus notas y su agudeza deductiva en los análisis no eran normales para alguien de universidad–
–Tú también eres muy perspicaz–
–Lo sé, – Responde con arrogancia ante el alago. –Cuéntame desde cuando eres agente–
–Bueno, llevo alrededor de 6 años y 4 que me gane el tĂtulo de agente, antes era solo oficial, admiraba a mi hermano y querĂa ser como Ă©l–
–¿Tienes una hermano? –
–SĂ, he hice varias pruebas gane muchos mĂ©ritos y despuĂ©s conocĂ a Sayaka y junto a ella…–
–En verdad ella importante en tu vida– Â
Llamándole la atenciĂłn como en cada oportunidad que tenĂa, en cada oraciĂłn que decĂa, salĂa a relucir el nombre de la chica
–¿Acaso son celos? –
–Para nada, aunque debo aceptar que es muy agradable y bonita, ¿Por qué no tratas de hablar con ella?–
Rena deja a un lado el tema del hermano interesada más por su pelea con Sayaka y el estado de ánimo de Jurina.
–No sé dónde está–
–Si en verdad eres su amiga…–
–Ya sĂ© ya sĂ©, deberĂa saber dĂłnde está–
–No–
–¿No? –
–No, deberĂas saber “Como” encontrarla.–  Jurina se queda callada por un momento Rena por enĂ©sima vez tenia rezĂłn. –Evidentemente está herida y eso no puedes cambiarlo pero no pueden quedarse estancadas en el pasado ni perder una amistad tan valiosa–
–Mmmm, puede ser…–
–Lo es, los seres humanos somos maquinas maravillosas movidas por sentimientos y ustedes dos comparten uno de los más hermosos–
–¿Cuál? –
–La amistad Jurina, y eso no se gana fácil. Por cierto ¿Quién es ella? –
–¿Quién? –
–La chica que trajo el té que ya está frio–
–Oh, ella. Pues es una testigo y delincuente–
–¿Qué? –
–Bueno, la atraparon por delinquir pero en realidad solo está huyendo y me han pedido que cuide de ella mientras le encuentran un lugar más seguro. –
–Mmm, comprendo. No cabe duda que en verdad tu vida es muy peculiar–
Ambas sonrĂen un poco, Rena es lo bastante educada y comprensiva con Jurina al grado de hacerla respirar tranquila.Â
La chica de afuera, habĂa permanecido escuchando la conversaciĂłn todo este tiempo, decide ir a su habitaciĂłn y dejarlas solas, ya es tarde ha comenzado a sentir mucho sueño. Justo cuando cierra la puerta cuidadosamente de su habitaciĂłn las otras dos chicas salen de la sala y ahora, dadas las circunstancias la habitaciĂłn para invitados estaba ocupada asĂ que ocuparĂan la misma.
 ***Mañana Siguiente***
 Alguien habĂa madrugado y se encontraba tocando fuertemente el timbre del hogar de Jurina. Ella se encontraba en un plácido sueño profundo y comenzĂł a despertar cuando escuchaba la insistencia de quien se en entraba afuera.
–Buen, dĂa…–
Era la comandante Sae quien estaba fuera, de pronto no sabe qué hacer y cree haberse equivocado de departamento sin embargo, se le hace peculiarmente conocida quien le recibe en la puerta.
–Hola, buen dĂa– Responde Rena.
–Disculpe usted es…–
–Matsui Rena–
–Ahhh…–
–Pero pase, Jurina no debe de tardar en salir–
–Oh, gracias–
De un momento a otro ya estaba en la cocina robando una deliciosa taza de café en espera de Jurina.
–Buen dĂa, – Saluda encontrándose una inusual escena en su cocina, incluso la chica que tiene a su cargo está ayudando. Rena no estaba cuando despertĂł, pero una maravillosa mezcla de aromas llegaba hasta sus fosas nasales anunciándole el desayuno. –Comandante–
–Agente, buen dĂa, porque de acuerdo con esta bella señorita ya puedo llamarla agente–
–SĂ, puede–
–Asà que señorita Matsui, está usted de visita–
–SĂ, aunque… –
–¿Que la hace venir aquà tan temprano comandante?– Jurina interrumpió lo que Rena iba a decir. Quizá leyó su mente y no esta lista aún para decirle que es su pareja, con todo esto que tienen encima. –No se preocupe por Rena, ella está enterada de todo–
–Supongo, pues vine a llevarme a nuestra testigo–
–Mayu, Ogasawara Mayu–
–Vaya, te ha confiado su nombre–
–Bueno, yo estoy lista para cuando usted lo disponga–
–Mmm, buena chica pues nos vamos ya, – Dice la Comandante. –Además Jurina, te espero a las 12:00 en punto en la comandancia hay que ir reclusorio, Edgar ha pedido hablar contigo–
–¿Edgar? –
–SĂ–
Repentinamente, Rena hace un ruido estruendoso mientras lavaba los utensilios que ensucio mientras cocinaba, he hizo que las chicas voltearan a verla.
–¡Ah! Lo siento, tengo las manos resbalosas por el jabón.– Sonriente se disculpa por interrumpir.
–Entonces debo estar allá al medio dĂa–
–Asà es, ahora si no te importa me llevo a esta jovencita–
–Adelante–
Jurina, Sae y la chica testigo salen de la cocina dirigiĂ©ndose a la entrada, mientras se ponĂan cada uno sus zapatos seguĂan conversando hasta finalmente despedirse. Jurina vuelve a la cocina donde Rena preparaba un par de platos para que desayunara antes de irse.
–Siento mucho tener que estar fuera–
–Está bien, comprendo yo estaré esperándote siempre Jurina–
 –Gracias–
 ***Auto de la comandante***
Dentro del auto, Sae conducĂa tranquilamente, en silencio Mayu veĂa como pasaban los edificios y de pronto tuvo una duda.
–Adonde me van a llevar–
–¿Mmmh? Pues, a una casa de seguridad a las afueras despuĂ©s de que termine el interrogatorio, ÂżpodrĂas darme una libreta que está en la guantera? –
–Oh, si–
Accidentalmente, al sacar la pequeña libreta de recordatorios tira algo más que habĂa dentro.
–¿Qué es esto? –
Pregunta levantando una pequeña bolsa, recuerda haberla visto antes cuando la comandante entro a interrogarla.
–¿Qué cosa? –
–esto–
–Ah, es evidencia de otro caso–
–¡Oh! –
 Expresa y mira con atenciĂłn la bolsa no se atreve a ver más allá de lo que hay a la vista en la sucia bolsa de plástico asĂ que la devuelve, solo que se habĂa dado cuenta ya de algo.
 ***Casa de Jurina***
 Mientras degustaban sus alimentos, Rena no pierde la oportunidad de inmiscuirse un poco más en los asuntos de Jurina.
–¿Y quién es ese tal Edgar? –
–Es un extranjero que detuvimos hace ya varios meses–
–¿Y, de donde es? –
–Es de España, Barcelona para ser exactos–
–Oooh ya veo–
–Él es la razón por la que fuimos a España y gracias a él te he conocido–
–Vaya que es todo un caso–
–¿Qué sucede? – Rena de pronto pierde su vista y parece pensativa.
–Nada, solo creo que la vida nunca dejara de sorprenderme–
–Bueno, iré a ves,…tirme~…–
Un poco intrigada pero acostumbrada a esa actitud misteriosa, Jurina se levanta de la mesa para ir a su habitaciĂłn a vestirse como su profesiĂłn se lo manda.
–Adelante, ve–
Se sentĂa raro, Jurina sale de la cocina, cuando llega a su habitaciĂłn va directo a su closet y saca su uniforme, el oficial. Debido a la visita en el reclusorio debĂa vestir oficialmente, traje negro con su saco el cual tiene algunos galones y el escudo del departamento al que pertenece. Su Camisa blanca, su arma en la cintura y su placa del otro lado enganchada en su cinto y no podĂa faltar aun falda que ceñĂa su caderas a media pierna. TentaciĂłn pura en hora de servicio.  Se miraba a sĂ misma en el espejo viendo como ella misma no se percibe ya como un oficial. El suceso con Miyuki y con Sayaka se habĂa llevado su motivaciĂłn de servir a la justicia y ansia que todo esto termine pronto.
–¿Ese es tu uniforme? –
–¿Eh? – Jurina se sorprende un poco, no se dio cuenta en que momento Rena entro a la habitaciĂłn. Es la primera vez que Rena la veĂa de tal manera, pero hay algo muy extraño en la atmosfera, el brillo de Rena no está, y se acerca lentamente hacia ella. Siente como unos escalofrĂos le recorren todo el cuerpo bajo esa mirada frĂa de cierta forma. –¿Rena? –
Rena, al estar frente a ella acaricia ligeramente uno de sus hombros mirando todo el atuendo llegando sus dedos hasta el escudo del saco.
–Te queda, casi perfecto–
–¿Casi? –
Rena la mira saliendo de su trance, no debĂa haber dicho eso, se sacude un poco y sonrĂe ligeramente.
–OlvĂdalo, ve a trabajar que la justicia espera y yo estarĂ© esperando por ti–
–Mmm–
Jurina da algunos paso pero no dejaban de mirarse habĂa algo en ese momento que las conectaba pero al mismo tiempo las distanciaba, era una sensaciĂłn bastante extraña.
–¡Jurina! –
–¿Si? –
–Espera, – Rena se acerca hasta ella, y después de mirarla fijamente a los ojos deja una marca invisible de sus labios en la mejilla derecha.  –Ahora si ya puedes marcharte–
–Ooh, gracias–
Jurina se vuelve muy dócil y sumisa ante la presencia de la maestra, incluso la ha animado a buscar de nuevo a Yamamoto. De ninguna manera posible lo que siente hacia ella puede ser malo. Sube a su auto y se pone en marcha para llegar a la comandancia e ir por un apoyo para visitar la prisión.
 ***Comandancia***
 Ella arriba a las instalaciones y va directo a la sala de interrogatorios donde ya está Mayu la delincuente que se volvió testigo con la Comandante Sayaka y el agente Ryouha hablando. Llega a la cabina que está detrás de la gran ventana donde solo se pueden ver reflejados los que están ahà dentro.
–¡Jurina San! –
Efusivamente, el agente Fukushi la recibe cosa que casi la hace saltar de un susto.
–Fukushi–
–Es un gusto tenerla de vuelta por aquà ¿le traigo algo? ¿café? ¿Agua? Se ve muy bien hoy–
–Ya, ya ya… estoy bien asà Gracias. – Casi apartándola un poco después de que con tanta pregunta viola sin darse cuenta su espacio personal, –Mejor dime cómo va el interrogatorio–
–Acaba de comenzar, de hecho está vez es raro como está dispuesta a cooperar–
–¿As� –
–Si, dijo que usted la animo a hacerlo–
–¿Yo? –
–Eso dijo–
Dentro de la cabina tambiĂ©n se estaba Takayanagui la psicĂłloga, la cual le da la bienvenida a Ă©l agente Jurina pero estaba más atenta en lo que sucedĂa dentro.
***Dentro de la Sala***
Hasta el momento, transcurridos 10 minutos, las preguntas eran las mismas pero ahora cooperaba en las respuestas.
–¿Y bien, ahora dinos tu versión? –
–La chica, se llamaba Yoshida Akari, asistĂamos juntas a la universidad hasta hace un año que descubrimos que podĂamos hacer dinero fácil sin depender de nuestros padres. Ellos no aprobaban nuestra relaciĂłn y huimos–
–¿De dónde? –
–De Osaka–
***Cabina***
Jurina asentaba para sà misma, por eso conoce a Miyuki y a Sayaka, los años de juventud no se olvidan.
***Sala de interrogaciĂłn***
–Nos mudamos a Tokio, alguien cuyo nombre desconozco nos prometió una gran vida y asà fue–
–¿A cambio de qué? –
–Ofrecer droga, nunca la vendimos solo pedĂamos bebidas preparadas para quienes pedĂan algo más, en realidad nunca las he visto yo solo les decĂa dĂłnde encontrar–
–Entonces solo eran una especia de damas de compañĂa–
–SĂ. Todo iba bien hasta que los clientes quisieron, pues, pedir más y Akari pues era de muy bue…–
–Entiendo, ¿Qué más? –
–Lógico yo me negué pero…–
–¿Tu pareja no? –
–Al parecer le gustaba más el dinero que yo, – Amargamente lo dice. –Gustos caros, coches joyas hasta que comenzĂł a beber y consumir, se endeudo.  Intente sacarla pero ella no querĂa y el dĂa que por fin la convencĂ sucediĂł el incidente–
–¿Qué incidente? –
–Entre sin que se dieran cuenta al establecimiento, en el área de camerinos unas  personas importantes estaban hablando de algo relacionado con sus negocios sucios. Una mujer, no conozco su rostro pero su acento es muy curiosos, habla japonĂ©s muy extraño, dijo que venĂa en nombre del jefe y habĂa un trabajo pendiente. Escuche que necesitaban una chica  y me invadiĂł el miedo cuando escuche el nombre de Akari, dijeron que era perfecta y de las complexiones exactas. TenĂan poco tiempo para actuar pero que la necesitaban muerta, total a una mujer barata como ella nadie la iba a extrañar. –Â
***Dentro de la cabina***
Jurina amplĂa sus ojos y descruza sus brazos,  sale de ahĂ directo a al cuarto contiguo apresuradamente y olvida solicitar permiso para entrar.
***Sala de interrogaciĂłn***
La puerta se abre de forma aparatosa y los que estaban adentro se sorprenden, como era de esperarse la comandante Sae se exalta.
–¡Agente!–
Sae exclama.
–¡Ogasawara! –
Jurina entra dirigiéndose directamente a la interrogada caminando hasta ella.
–¡Agente Jurina!–
Responde Mayu un poco asustada pues todo era muy tranquilo.
–¡Miyuki!–
Dice inclinándose cuando esta aun lado de ella.
–¿Miyuki? –
Sae se cuestiona, pues no entiende por qué Jurina entro con tal arrebato y nombrando a la exforense.
–Dime, ÂżLa querĂan para hacerla pasar por alguien? ÂżE iba a matarla? –
Exaltada y llena de una extraña y alterada  por aquella declaración trataba de encontrar un rayo de esperanza y la mejor razón para traer de vuelta a Sayaka y conseguir su perdón.
–En ese momento supe que iban a matarla.  CorrĂ y de los nervios me tropecĂ© con un montĂłn de cajas, ellos se dieron cuenta de mi presencia y como puede fui por Akari y la saque de ahĂ. Corrimos, mucho, nos escondimos en el callejĂłn y paso todo eso que vio su testigo, ellos dispararon el arma en nuestra contra–
–¿Y por qué no dijo eso desde antes? –
–¿Iban a creerme? ÂżA alguien con facha de vagabundo con los dĂas contados?–
–¡Debo buscar a Sayaka!–
Jurina exclama y se apresura a los hechos, su razón está concentrada en una sola cosa y es, el agente Yamamoto.
–No está segura de ello. – Replica Sae.
–Algo me dice que caĂmos en una trampa y seguimos en ella. No voy a quedarme con los brazos cruzados, esta vez no. –
–No le doy autorización, tiene un careo con Edgar en el reclusorio–
–Edgar no va a ir a ningún lado–
–No se atreva a sobre pasar mis órdenes o–
–¿Qué? –
–¿Va a destituirme?, después de todo este es mi último caso ¿No? –
La comandante Sae ya no le dijo más, estaba furiosa por tal atrevimiento, pero feliz de ver de nuevo las agallas de su agente.
Jurina estaba a punto de salir entendiendo el mensaje silencioso de su superior y poco a poco retrocede para dirigirse a la puerta.
–¡Agente Jurina!–
–Dime–
–No estoy segura, de si es o no el mismo caso, pero hay un anillo que se encuentra en una bolsa que vi esta mañana me pareció que es igual a este.–
Ogasawara saca un anillo de uno de sus bolsos del pantalĂłn, tan importante para ella que un lo llevaba consigo.
–¿Qué anillo? –
–¡Las evidencias! –
Recuerda Sae.
–¿De qué hablan? –
–Ayer le pedĂ a la forense Fujita que me permitiera entregarle personalmente las pertenecĂas de metal que no se calcinaron las cuales presuntamente eran de Miyuki. –
Explica Sae.
–Miyuki no usaba anillos.– Jurina desconcertada afirma.
–A vaya, y es una lástima que ninguna de mis agentes estuviera aquà para deducirlo a tiempo–
–La persona con el acento curioso dijo que era una venganza que tenĂa cuentas pendientes con un par de policĂas–
–¿Aun lo duda comandante?–
–Hay una gran posibilidad de que asà lo sea, adelante agente vaya a donde tenga que ir. Nosotros armaremos un operativo para desmantelar ese lugar y dar con los responsables a como dé lugar–
–¿Y yo? – Cuestionándose ahora por su bienestar, pregunta Ogasawara por lo que sigue.
–Tu nos vas a ayudar llegara ese lugar. Vendrás conmigo ahora–
Después de dar por finalizado el interrogatorio donde Ogasawara dio la ubicación para dar con uno de los peces godos, se forma un operativo encubierto para actuar cuanto antes.
 ***Buscando a Yamamoto***
Jurina sale en busca del agente Yamamoto sin perder más el tiempo, pero una llamada entrante la detiene antes de subirse a su veloz auto, es de Rena asà que no duda en responder.
–Hola–
–Hola Jurina–
–Dime ¿Ocurre algo? –
–No, es solo que Miku ha llegado a tu casa–
–¿Miku? QuĂ© raro no sabĂa que yo estaba de vuelta–
–Parece un poco triste y se encerró en su habitación, por eso te he llamado–
–Voy para allá.–
Jurina cambia drásticamente sus planes, no sabe que ha ocurrido y aparte es muy temprano para que Miku esté fuera de la escuela. En menos de diez minutos ya se encontraba buscando sus llaves para abrir la puerta de su departamento sin embargo, la puerta se abre sin previo aviso.
–¿Miku?–
–¡Jurina! –
Saltando sobre ella se tira en llanto, se veĂa realmente exaltada y sabĂa que Rena la habĂa llamado.
–¿Que te ocurre? –
Miku no contestaba nada solo sollozaba y mojaba el cuello de la camisa de Jurina, ella entra de lleno en la casa con Miku en sus brazos, Rena estaba en el pasillo mirando aquella escena. Jurina va hacia la sala con Miku aun sobre ella,  y se sienta en el sofá. – ¿Miku que ocurre? –
–Papá y Mamá van a enojarse conmigo–
–¿Y eso por qué? –
–Me expulsaron del colegio,… –
–¿¡QUE!? –
–Tú también me vas a regañar–
–Quisiera hacerlo en verdad pero ya me lo esperaba, además tengo un poco de prisa–
 –Me escape, Mamá y Papá ya deben de saber y seguro me están buscando–
–Pues seguro es asĂ, asĂ que voy a llamarlos–
–Pero me van a regañar y me van a enviar un internado–
–No te van a enviar a ningĂşn lado, jamás se los permitirĂa.–
Jurina llama a sus padres y explica lo sucedido, ella es quien más ha estado al cuidado de la pequeña, y de cierta forma se siente responsable de su conducta. Pide que por hoy lo dejen pasar y no le llamen muy fuerte la atenciĂłn. Por este dĂa se quedara en casa de Jurina pero ella debe salir en busca de Yamamoto cuanto antes, Vaya detalle.
Jurina la deja en manos de Rena, No era la mejor de las ocasiones pero al menos no estará sola, Rena cuidara de ella mientras cumple con su misiĂłn del dĂa. DespuĂ©s de despedirse de ellas sale del departamento y conduce directo adonde sabia, era el hogar de la agente.
Jurina, detenĂa su auto frente al departamento de Sayaka y sin dudarlo va directo a su piso. Toca la puerta pero nadie responde, asĂ dura un tiempo bastante prolongado. Recuerda que guarda una llave de repuesto debajo del extintor, asĂ que va a comprobar si aĂşn está ahĂ. Como puede, vence el candado para no romper el cristal que lo cubrĂa y efectivamente encuentra una llave ahĂ.
No duda en entrar, es bastante oscuro y desordenado. Hay botellas de alcohol de diferentes tamaños por todas partes vacĂas.
–Huh, estuvo buena la fiesta Yamamoto, – Dice para ella misma caminando con cuidado para no tropezar con alguna de ellas. –Donde estas Sayaka–
Camina hacia a la Sala, observa sus fotografĂas y trofeos quebrados en el piso, allĂ está tambiĂ©n la medalla que comparte con ella, ese galĂłn que se ganaron por salvar innumerables vidas. Va a su habitaciĂłn donde el panorama no es muy alentador, todo tirado, su espejo roto manchas de sangre y muchas fotografĂas que salĂan de una caja deshecha. Se acerca hasta ella y la levanta del piso, aĂşn hay cosas dentro. SonrĂe nostálgicamente, sin duda un recuerdo muy bonito pero doloroso.
Ella y Miyuki en la orilla del mar, no muy lejos se distingue un puerto de exportaciĂłn de autos, se perciben vagones de tren a lo lejos. ParecĂa un dĂa tranquilo para ambas, como un relámpago una idea viene a su mente. Al seguir viendo las fotografĂas, las estructuras, las calles le dan una idea de adonde ir.
Inmediatamente sale del departamento apresurada y sube a su automĂłvil de nuevo, con el rechinar de las llantas respondiendo a la prisa, Â se pone en marcha directo a Osaka.
***Casa de Jurina***
Miku estaba recargada en la cabecera de su cama, jugaba en su 3DS para dejar pasar el tiempo, por la tarde debĂa ir al centro de artes. Escucha que Rena toca la puerta seguido de llamarla por su nombre.
–Miku, ¿Puedo pasar? –
–SĂ, adelante. – Ella deja su video juego de lado para poner su atenciĂłn. –Rena-Sama– Un poco apenada por lo sucedido.
–Rena está bien solo Rena, ¿puedo? – Le pide permiso para sentarse.
–SĂ, Rena–
–¿Estas bien? –
–Si–
–La comida esta lista–
–Oh, es verdad debo comer–
–Eres un poco despreocupada igual que Jurina–
–Bueno, Jurina ha estado a mi lado toda mi vida. –
–Y su pongo que te ha criado a su manera–
–O malcriado decĂa su amiga Yamamoto–
–¿Yamamoto? –
–Ahhh si, una de varias,… ÂżRena te importarĂa llevarme al centro de artes?– Pregunta Miku para desviar la atenciĂłn de su anterior imprudencia, Jurina ha olvidado mencionar lo de los apellidos por todo lo que tiene encima, pero no va a ser ella quien se lo diga asĂ que astutamente piensa por ella.
–Claro, pero primero hay que comer–
Miku queda completamente satisfecha de su paladar al probar la comida de Rena, pese a la falta de carne son platillos que le han gustado bastante es la primera vez que come verduras por su propia voluntad. Cuando terminan, se disponen a salir rumbo al centro de artes.
En una tarde maravillosa conviviendo con esa excepcional niña que ahora lo sabe es un genio, despierta en ella el sentido maternal que ha estado durmiendo por años dentro de ella. Miku se ha ganado un lugar que celaba por completo y se reservaba Ăşnicamente para su hija desaparecida. Esta niña tiene algo que le llama mucho la atenciĂłn, para Miku estar en la compañĂa de alguien que deberĂa de ser una desconocida, resulta ser muy agradable y jurarĂa que la ha visto antes, dentro de su pecho hay un calor peculiar desde que hablo con ella sobre su dibujo. Al volver a casa  despuĂ©s de que el tiempo se ha ido rápido, a Rena le embarga una duda, no se explica como a pesar de la inteligencia de Miku la han expulsado del colegio.
–Sé que no me incumbe pero ¿Por qué te han expulsado? –
–Pues, porque he golpeado a un par de compañeros–
–¿Qué? –
–Ellos siempre me han dicho que soy un fenómeno y siempre hablan mal de Jurina–
–¿Qué es lo que dice? –
–Pues que…–
–Comprendo–
–¿En verdad?, ¿puedes leer mentes? –
–No, pero entiendo cuál es la raĂz del problema–
–Los adultos dicen que es tal mal, y los niños dicen lo que escuchan de ellos–
–Vaya, sà que eres muy lista, ¿Y tú qué opinas? –
–Me gusta ver a Jurina feliz, a decir verdad no puedo opinar ya que desconozco muchas cosas pero sé que si una persona es feliz, está bien–
–Con que si un persona es feliz, ¿huh? ¿Miku, que te hace feliz? –
–Pues, estar con Jurina, ¡el helado! ¡Mis tĂos! –
–Es pera, ÂżTus tĂos? –
–Aah, si, Jurina no te ha dicho que no son mis padres, de hecho no tengo. – Rena se queda pensativa, pero lejos de pensar en algo que pudiera relacionarlas, piensa en lo difĂcil que ha sido la vida para esta pequeña. –Jurina se ha hecho cargo de mĂ desde que nacĂ y para mi ella es mi como mi mamá–
–Comprendo, y, ¿qué le parece señorita si vamos por un gigantesco helado? –
–¿Puedo comer helado? –
–¿Por quĂ© no podrĂas? –
–Pues, aunque no me castigaron por ser expulsada considero que no deberĂa–
–¿Y a quien le vamos a decir? –
–¿Será un secreto? –
–Entre las dos–
De manera cĂłmplice, Rena y Miku comparten un momento que de alguna forma las unirĂa sin saber que tato podrĂa significar.
 ***Torre de Tokio***
–¿Segura que es aqu� –
En una misiĂłn de vigilancia para tratar de dar con los culpables del incidente en el caso de Watanabe Miyuki. La comandante Sae se encontraba con Ogasawara Mayu dentro de un lujoso auto. Vestida para la ocasiĂłn, Miyasawa Sae llevaba un trae elegante, un sombrero y lentes oscuros. En encubierto, pretendĂa hacerse pasar por un magnate millonario importante en busca de convertirse en inversor, su objetivo, llamar la atenciĂłn de los que maneja el bar de donde supuestamente escapo Ogasawara.
–SĂ, aquĂ se reĂşnen todas las tardes antes de ir al bar–
–Hum, será pan comido. Bien, todo en posición–
Hablaba por el micrĂłfono oculto entre su ropa y salĂa del coche, Ogasawara permanece dentro del auto observando por medio de cámaras que llevaba cada acompañante de Sae para indicar quien era a quienes buscaban. Tres policĂas bien entrenados y corpulentos hacĂan guardia a la comandante.Â
Caminando presuntuosa y llamándola atenciĂłn por la ostentosidad de las joyas prestadas del departamento de utilerĂa. Se sienta en una de las mejores mesas, uno de sus acompañantes le acerca un puro. No tiene idea de cĂłmo se fuma esa cosa pero lo disimula muy bien cuando otro de sus guaruras le ofrece fuego.  La carta le es entregada por una elegante mesera que le sonrĂe coquetamente, a lo cual, en su papel galante no guarda las apariencias.
–Es él, el de la derecha es casi dueño, pero faltan. – Habla Ogasawara mientras Sae miraba discretamente.
–¿Nombre? –
–Akuma Harashi–
–Ha, opulento el nombresito–
Se frotaba la barbilla y hacĂa gestos deductivos planeando la situaciĂłn y buscando la manera de que aquel sujeto hablara con ella. La mesera que antes le habĂa atendido le toma la orden pero antes de que se retire la sujeta de la muñeca.
–Oye, preciosa. –
–¿Ssi, si? –
Educada pero alarmada, la empleada no podĂa faltarle al respeto a este cliente asĂ que se comporta paciente.
–¿Conoce usted al señor que esta allá? –
–mmm, sĂ–
–No te asustes, Sae le muestra el interior del saco en el cual, tenĂa la su placa, y le sonrĂe. –¿QuĂ© toma usualmente? –
–Coñac–
–Bien, tráigame una copa extra–
–S,si–
–Disculpa, ¿cuál es tu nombre? –
–Kashiwagi…Yuki–
–¿Kashiwagi? Lindo nombre–
–Gracias, con permiso, en seguida le traigo su orden–
Sae observa la forma de caminar de la elegante mesera, no se podrĂa esperar menos de ese lugar tan lujoso.Â
–Alguna novedad allá en auto Ogasawara–
–Sus guarda espaldas no se sientan con él, hay uno sentado en la orilla, dos más casi en la entrada y uno más su espalda, tenga cuidado–
Al obtener el trago extra del más fino coñac bajo miradas conquistadoras con la mesera. Sae se pone de pie y camina hasta la mesa de aquel señor. Sus guardaespaldas se ponen a alerta cuando ven a la comandante sentarse a un lado del señor. Pero al obtener el fino trago le hace una señal de que todo está bien.
–¿A que debo el honor? –
–Negocios, que más va a ser, Harashi-Sama–
–¿Negocios? –
–AsĂ, me han informado que usted es socio de un sitio muy popular, Akira Kayagami –Dice presentándose al final.
–¿As� –
–SĂ, Yabakura, Âżle es familiar el nombre? –
–¿Qué tiene para ofrecerme? –
–bellas chicas, las mejores y un producto nuevo–
–¿Nuevo? –
–SĂ, Âżle interesa? – Sae, saca de uno de sus bolsos una caja llamativa muy lujosa y de ella un par de pĂldoras, es una reproducciĂłn exacta por parte de su departamento de ciencia de unos estupefacientes que desconocĂan en una investigaciĂłn del año pasado confiscada. Bastante dañina pero muy adictiva y cara. –Es una muestra gratis, puede probarla y ver sus efectos–
–Yo no consumo–
–Claro, eso lo sé pero siempre hay alguien en quien pueda–
–Muy inteligente usted joven ¿Pero cómo puedo confiar en su juventud?–
–¿Ah oĂdo hablar del cartel Saboro? –
–SĂ, famoso de la penĂnsula y desaparecido–
–Yo lo erradique con esto–
–Vaya, eso no me lo esperaba–
–Esto es solo calidad y seriedad, pero usted decide, tengo ofertas con los Yakuza pero me gusta más ser independiente y tengo entendido que usted señor Harashi, no tiene buenos lazos con ellos–
– ¿Está muy bien informado, huh? –
–Pues uno hace su trabajo–
–Está bien, lo espero en el distrito rojo, uno de los mĂos lo estará esperando a usted y a sus chicas esta misma tarde a las 6:00 pm en punto. –
–Eso es excelente–
–¡Salud! –
–Salud–
Dando un trago a sus bebidas, acuerdan un posible negocio para esta tarde, ahora Sae está en problemas pues debe hacerse de una buena cantidad de estupefacientes y arreglara sus damas, tiene el tiempo contado y no puede haber errores.
 ***Osaka***
Jurina no tiene idea de adonde ir, recuerda que Sayaka alguna vez le conto de una casa grande de ciertas caracterĂsticas en cierto barrio. AsĂ que toma su telĂ©fono para hacer una llamada.
[–Si diga–
–Director, Soy el agente Jurina–
–Se quién eres, dime que quieres–
–Estoy en Osaka–
–También lo sé, me lo dijo Sae, dime, ¿qué quieres? –
–Necesito saber dónde está la casa de Yamamoto–
–No creo que la encuentre ahĂ, es el Ăşltimo lugar a donde irĂa–
–Eso lo sé, pero necesito buscar algo que me indique donde puedo encontrarla, conocidos que pueda buscar, lo que sea–
–Eres muy obstinada Matsui. –]
El Director le da la direcciĂłn y Jurina se pone en marcha, no tarda mucho en llegar y se le ha concedido el permiso de brincarse la barda y violarlas cerraduras. En verdad es una casa de estructura antigua muy conservadora como Yamamoto. Decide buscarla habitaciĂłn de la chica y la encuentra en el segundo piso de la casa. Todo perfectamente ordenado, mĂşltiples fotografĂas que como sospechaba deberĂa de tener con personas de la preparatoria y entre todas ellas, con un brazo rodeando su cuello una chica de aspecto masculino de cabello corto y negro la abrazaba en una foto con los miembros de su banda musical. Esa foto estaba enmarcada, ella la toma en sus manos y la saca del marco.
Una vez más su agudeza investigadora acierta, detrás dela foto hay varios nombres tĂpico de la escuela media con mensajitos positivos, ahora la cuestiĂłn es saber quiĂ©n es quiĂ©n. Realmente no ha encontrado mucho y no hay mucho por hacer en ese lugar.
Deja la casa y conduce sin rumbo, a lo lejos ve un establecimiento con cara de bar pero tambiĂ©n venden comida y el calor le invita tomar algo frio y refrescante. Su uniforme llamaba mucho la atenciĂłn, aparte de ser elegante era de mayor rango a lo que están acostumbrados a ver por estos rumbos asĂ que debĂa guardar la compostura.
***Distrito Rojo***
A regañadientas y refunfuñonas, cinco bellas chicas estaban a punto de entrar en misión de encubierto como hostness en ese barrio muy bien conocido por brindar entretenimiento.
–¿Por qué tengo que usar esto tan ajustado? – El agente Fukushi se quejaba mientras acomodaba su ropa interior en un elegante vestido blanco estallado.
–Cierre la boca agente, está en una misión–
–Claro como usted disfrutara de la fiesta mientras quien sabe que manos sucias toquen mi trasero–
–¡Agente! –
–Ya está bien–
Era la menos femenina pero de igual forma muy bella.
–Aquà es–
Desde el interior de una elegante y ostentosa Cadillac Escalade, observaban a las afueras los movimientos del lugar. Algunas de las chicas seguĂan perfeccionando su atuendo y maquillaje y otras como Fukushi solo refunfuñaba y esperaban que terminara esto pronto.
A lo lejos un sujeto bien vestido hace señas para que la camioneta llegue a un determinado estacionamiento.
–Bien, chicas. Ha llegado la hora–
Como si un resplandor las iluminara, el descenso de unas piernas bien contorneadas comenzaba el desfile de las bellas chicas del departamento, Kitagawa Ryouha, Furuhata Nao, Takayanagui Akane, Fujita Nana y Fukushi Nao.  Todas ellas en poses perfectas simulaban ser una profesionales del medio robando las miradas de cualquiera incluso del que las habĂa recibido dejándolo como tonto boquiabierto. Entre en medio de ellas, se para el agente en un atuendo nuevo digno de su supuesto puesto dentro del gremio. TacĂłn alto, vestidos bellos, elegantes y provocadores con joyas de acuerdo a la personalidad de cada una, comenzaban a caminar detrás de Miyasawa.
–Bienvenidas. – Una joven de igual muy buen ver pero vestida con un traje tradicional las recibe en la entrada. –Por aquĂ–
Llegan hasta una elegante sala de estar, en la cual ya se encontraba el señor Harashi e inmediatamente las chicas al verlo lo saludan presentándose lo más regaladas posible.
–No puedo creer que estĂ© haciendo esto– Entre dientes la Ăşnica en desacuerdo seguĂa siendo Fukushi.
–Cállate y disfrĂştalo. – Murmura la actual forense que no perdĂa el tiempo en coquetear mientras sonreĂa ampliamente.
–Vaya vaya, usted en verdad no mentĂa–
–Por supuesto que no, le he traĂdo a algunas de las mejores–
–¿Cómo? ¿Aún hay quien supere a estas bellezas?.
–Asà es, un par de elementos camaleónicos. – Miyasawa le cierra el ojo –Usted entiende, hay que abarcar de todo–
–Me encantarĂa conocerlos–
–Por ahora no están disponibles–
–Es una verdadera lástima. Bien, por hoy sus chicas estarán aprueba.–
Conforme jugueteaban con los clientes, observaban a detalle el lugar cuando alguna llamaba la atenciĂłn, otra inspeccionaba de más. Dirigidas por Ogasawara mientras Miyasawa distraĂa al enemigo conviviendo con los peces gordos. Las ventas en tan solo un par de horas se incrementaron considerablemente.
 Satisfecho por ello dejo de ponerles atenciĂłn a las chicas lo cual eso las hacĂa más libres. Fukushi y Kitagawa llegan a la habitaciĂłn donde administran todo el negocio. Lo primero que observan es un crucifijo de gran tamaño, con la leyenda “La casa del Señor”  ambas chicas se miran la una a la otra. De acuerdo con los reportes que han estado leyendo, este es nido de ratas que han estado buscando desde hace ya varios meses. Tomaron fotografĂas de todo lo que encontraron como videos cortos. De entre los archivos escanearon documentos que creyeron convenientes y salieron de ahĂ como si nada hubiese pasado.
 ***Osaka Saliendo del Bar***
–Oh, lo siento– Jurina se disculpa siendo ella quien no se fija.
–No disculpe, no me fije que habĂa alguien detrás de la puerta.–
Responde la otra persona viendo su rostro bello detrás de esas gafas oscuras que baja un poco con sus dedos para mirar mejor y sonrĂe seductoramente, sus ojos caen inevitablemente a una costado de su pecho donde encuentra la leyenda “Departamento de investigaciĂłn de Tokio” más el escudo bordado de la policĂa. SonrĂe aĂşn más pero lo ignora entrando de lleno en el local mientras se deshacĂa completamente de sus gafas.
Jurina se quedĂł observando sus movimientos pues cree haberla visto en algĂşn lugar antes y por un momento por la forma en que se le quedo viendo, experta en la materia la miro con coqueteo. Se gira para tomar de nuevo la puerta pero de nuevo se detiene de golpe al escuchar como la han llamado.
–Kinoshita-san– El dueño del Bar la recibe efusivamente, parece ser un cliente frecuente. –¿CĂłmo está su amiga? No la habĂamos vistos desde el dĂa del incĂdete – Jurina demora su salida como si se entretuviera con celular repitiendo en su mente dicho apellido.
–Mucho mejor, es muy fuerte–
–¡Es ella! – Grita en su mente Jurina volteando a verla. – Kinoshita Momoka
–Aun asà esos tipos no debieron hacer eso, aprovecharse de alguien alcalizado y más de una mujer es imperdonable–
–Descuide, sabe defenderse bien.–
Listo, por arte de magia deduce que es Sayaka de quien hablan, o quiere creerlo cualquier indicio es bueno si no se sabe dónde buscar. Ella sale del local y aguarda en su auto a que la otra chica salga también, El ruido de su celular interrumpe el sorbo de su agua de sabor.
[–Si diga–
–¿Cómo va agente? –
–No muy bien comandante–
–Nosotros hemos confirmado algunas cosas, Fujita y las demás analizan lo que pudieron extraer del lugar que visitamos–
–¿En verdad? –
–SĂ, suerte con su misiĂłn y la estaremos esperando para reventar ese lugar–
–De acuerdo–]
La llamada termina, ya era tarde y al menos debĂa buscar alguna habitaciĂłn disponible en algĂşn hotel el cual ya buscaba en su celular. Espero por poco más de dos horas, esta chica sĂ que es de carrera larga y ya pasaba más de media noche. A fuera lo espera un chofer muy elegante y una auto bastante ostentoso y lujoso. Lo sigue a la distancia, hasta salir un poco de la ciudad, llega a unos condominios cercados de difĂcil acceso, al parecer solo gente importante vive  ahĂ por el lujo que se puede ver.
En la entrada le piden identificarse, ella alega que necesita hablar con Kinoshita y al mostrar su placa le dan libre acceso y la información del número de departamento. Apresurándose sube por el ascensor pero ya no la ve por ninguna parte. Llega hasta el número proporcionado por el de la caseta de vigilancia y sin dudarlo toca el timbre.
Momoka apenas si habĂa dejado sus llaves cuando gira de nuevo para ver de quien se trata. Al abrir se sorprende, no la conoce pero es bástate hermosa, asĂ que su lado incontrolable de acoso se deja ver.
–¡Oh!, la chica bella del bar, grrr– Le dice sugestiva mirándola de arriba abajo contemplando el par de piernas debajo de esa falda apretada.
–La misma–
–Sé que soy irresistible, dime que te trae por aquà corazón–
–No soy su corazón…–
–¿A no? –
–No–
–Ooh, y dime, ¿te puedo ayudar en algo encanto?– Le pregunta conforme simulaba morderse la uña del dedo pulgar.
–¿Qué haces aqu� –
Detrás de ella, hacia acto de presencia Sayaka quien escucho que alguien hablaba en el recibidor. Momoka voltea y basto con verles la cara a ambas para deducir algo muy importante.Â
–¡Sayaka!– Exclama Feliz de verla pero con seriedad.
–Ahhhh, tú debes ser la otra–
–¿Otra? –
–La otra que le destruyo la vida a mi “amiga” entre comillas no me consta digo, los amigos no se apuñalan por la espalda o al menos yo no lo hago porque yo si soy su amiga–
–Cierra la boca…–
–¿O qué?  ¿Vas a amenazarme con el poder de plaquita belleza? Te informo que estas en mi casa–
–Lárgate de aquà Matsui–
–Como veras y es una lástima,  Mi amiga no quiere verte–
–Sayaka escúchame–
Jurina intenta dar un paso al frente para meterse al recibidor haciendo a Momoka aun lado.
–¡Que te vayas! –
Pero Sayaka se lo impide empujándola hacia afuera de nuevo y grita no pidiendo contenerse con el simple hecho de verla ahà parada con ese uniforme que le da nauseas.
–Por favor evĂtame la molestia de hacer que te saquen de edificio–
Sacudiéndose sin perder la elegancia ella también se para detrás de Sayaka cruzando sus brazos y cambiando su rostro a algo más molesto.
–¡Tu!, tú o cualquiera de tus guaruras me tocan un cabello y se arrepentirán toda su vida–
–Ya lo creo, solo basta mirar a Sayaka–
–Voy a pedirte, que no te metas en esto. – Le advierte Jurina conteniéndose.
–Pues…–
–¡Ya!, No quiero seguir viéndote y mucho menos hablar contigo Matsui asà que por favor ya vete–
–No puedo hacerlo, sé que lo arruine todo y no espero que me perdones en verdad solo escúchame. Te conozco y sé que no eres tan mala como quieres hacerme creer–
–¿Y qué te hace creer que me conoces Matsui? –
–Sayaka, vives de recuerdos y no necesito tener un tĂtulo de loquero para decĂrtelo, tu departamento, tĂş casa y hasta tu ropa significa algo para ti y está llena de ellos–
–Mira quien habla, la que no puede olvidar la venganza de su hermanito–
–¿Qué te sucede Sayaka? –
–¿Y me lo preguntas? –
–Eh estado buscándote todo este tiempo, ¡me importas en verdad! –
–No, eso que te lo crea tu madre, no te importan mis sentimientos solo importan los tuyos siempre has sido tu por delante–
–Por supuesto que si me importan tus sentimientos–
–Claro que no, no te importo ofrecer a Miyuki con tal de seguir en la búsqueda del asesino de tu hermano–
–Perdón, ya te he pedido perdón pero sé que no es suficiente y nunca va a ser suficiente–
–No me vengas con eso, tu arrepentimiento me es indiferente–
–Perdón, en verdad…–
–Vete al diablo–
–¿Puedo hacer algo para tener una mĂnima posibilidad de perdĂłn? –
–SĂ, –
–¿Qué cosa? –
–Desaparece de mi vida Matsui, asà de simple–
Sayaka intenta cerrar la puerta pero Jurina lo impide interponiendo su brazo y encarándola seriamente, Yamamoto exige seriedad y Jurina lo hace.
–No puedo hacer eso–
–¿Qué te lo impide? –
–Debes volver conmigo a Tokio–
–¿Por quĂ©  querrĂa  volver contigo? –
–Miyuki no está muerta–
El silencio y el asombro momentáneo en los rostros de Momoka y de Sayaka se hicieron presentes, se creó la duda y la incertidumbre en Yamamoto a la mención de la chica forense.
–¿Qué? –
–No está muerta–
–¿Acaso crees que soy estúpida? –
–No, pero impulsiva si y ahora ni si quiera tienes un empleo–
Momoka quien ahora veĂa la discusiĂłn como quien ve una pelea debajo de un ring se rascaba un poco u cabeza dándole la razĂłn silenciosa pero con muecas ahora a Jurina. DespuĂ©s de todo puede ver la honestidad en ella e igual de orgullosa que su amiga Yamamoto.
–Sabes tú que eso es lo que menos me importa–
–Ah, cierto, olvidaba que no necesitas dinero. –
–AsĂ son las cosas, creo que tienes que ser más convincente para hacerla volver– Momoka se inmiscuye en la conversaciĂłn, conociendo ahora el temperamento de ambas chicas tenĂa que haber un mediador. Jurina la mira con ojos serios, no hay una sola pizca de duda en ellos y regresa su mirada hacia Sayaka quien ahora es ella quien muestra inseguridad desde que escucho que Miyuki sigue con vida.
–Te juro con mi vida que te devolveré a Miyuki–
Sayaka se queda muda ante tan convincente enunciado, aprieta sus dientes y respira profundo. Sin duda alguna se juega algo más que la vida.
–FĂrmalo con tu sangre, tu honor ahora me pertenece–
–Que asà sea–
–Volveré contigo pero no quieras que te trate como antes, eso no va a cambiar nunca–
–Lo sé Yamamoto, que este, sea el último trabajo y después de esto no volveré a molestarte –
Jurina extiende su mano, y le entrega la foto de ella con Miyuki en el mar, junto a la medalla.
–¿Cómo obtuviste esto? –
–Estuve en tu departamento, tenĂa que encontrarte y supe que ella era tu amiga porque la reconocĂ en la foto de tu grupo musical de la escuela media–
–¿Entraste a mi departamento y a mi casa? –
–TenĂa que encontrarte–
–Bueno pues de acuerdo al artĂculo 202 del artĂculo penal acabas de violar mi privacidad habitacional–
–Es bueno saber que aun recuerdas las leyes. Sargento, estaré esperando por usted.–
Sin decir nada más, da una mirada fugas a su otra amiga  y se leja por el pasillo hasta desaparecer en el ascensor del piso. Momoka cierra la puerta y observa a su amiga que no se mueve ni un solo centĂmetro. Sigue viendo hacia la puerta y claramente está ausente. Su rostro ha cambiado y ahora es inseguro temeroso, todo el valor con el que enfrento a su igual ha desaparecido.
–Sera mejor que descanses Yamamoto, supongo que no quieres comprobar si es verdad y aun no estás bien de tus heridas–
–No sé si quiera ir–
–Pero se trata de Miyuki–
–¿Y cómo sé que es otra de sus trampas para usarme? La última vez manche mi historial por cubrirlas.–
–¿Lo Vez? No sé mucho de lo que ha sucedido, pero si ti hiciste eso en aquel entonces es porque en verdad las aprecias–
–Me ha dañado más que nadie, ¿y si solo está mintiendo?–
–No lo creo, me dio la impresión de que te hablo con la verdad.–
–¿Cómo lo sabes si apenas la conoces? –
–Bueno, estar en el medio del espectáculo te hace discernir entre quienes te parecĂan y quienes solo quieren usarte–
–No quiero que vuelva a lastimarme–
 –Te juro con su vida, eso es de valor. Vamos Sayaka, te haces la dura con ella pero en verdad tu corazón de pollo te traiciona dime, ¿compites contra ella cierto? –
–¿Por qué lo dices? Ahora mismo siento que la odio–
–Cuando estábamos en la preparatoria no tenĂas competencia alguna, eras el centro de atenciĂłn y tu Ăşnica frustraciĂłn era quien ya tĂş sabes–
–¿Y? –
–Encontraste al fin alguien de tu talla, que te hace esforzarte para ganarte un tĂtulo ÂżQuiĂ©n serias tu sin ella ahora? –
–¿Cómo una rival? –
–Exactamente, y yo la definirĂa más como “ una amada rival,” tu nemesis,  salvo por el incidente, eres invencible en muchos aspectos y ella tiene una personalidad que… caray –
–Porque parece que la defiendes, le dejaste muy claro que no te cae bien–
–No es que la defienda, le reconozco el valor de venir hasta aquà para darte una orden sabiendo muy bien lo que hizo–
–Puro trabajo, le importaron muy poco mis sentimientos en aquel entonces, no creo que le importen más ahora–
–¿Y a ti te importan los de ella? – Sayaka no responde nada. –No sé nada de ella, tampoco me importa es más, ¿quieres venganza? Solo debes tocar algo que no debas y listo–
–Quizá no venganza, pero si una de igual tamaño–
–¿Vas a matar a alguien? –
–Claro que no, pero se dé algo que no le gustara–
–Parece que en verdad eres capaz de sentir odio después de todo cordero–
–No me subestimes, por cierto tengo algo para ti–
–¿As� –
Ambas chicas van a la habitaciĂłn que ocupa Sayaka ahora, sorprendente pero como era de esperarse, Sayaka habĂa complementado varios párrafos resonantes en poemas que conformaban lĂneas perfectas para al menos un par de canciones.
–No me la creo. Y tienen acordes–
–Es como me gustarĂa que se escucharan–
–¿Quieres hacer una prueba?–
–Por supuesto, mi estudio de grabaciĂłn está muy cerca de aquĂ, vamos.–
–Claro, ¿Por qué no? –
–Excelente, juntare a mis músicos, ¿ocupas algo? –
–Una guitarra–
–¿Alguna en especial? –
–No, por ahora está bien lo que tengas a la mano–
Los ingenieros de sonido y el equipo de grabaciĂłn, mĂşsicos y Sayaka compartĂan opiniones acerca de una de las canciones, practicaban acordes y entonaciones. El tiempo en verdad era disfrutable para el corazĂłn herido de Sayaka y Momoka confirmaba lo que vio hace muchos años, Sayaka está hecha para los escenarios.
****Dos dĂas despuĂ©s 6:00 pm****
Como era de esperarse, Sayaka no volviĂł inmediatamente al departamento, se tomĂł su tiempo. Jurina confiaba ciegamente en Rena apoyando a Jurina y seguĂa viviendo en su departamento en Tokio. De lleno en la investigaciĂłn y tratando de descubrir el paradero de Miyuki, decide volverá casa temprano no sin antes dar algunas Ăłrdenes antes de marcharse.
***Casa de Jurina 6:30 pm***
Rena esperaba en el marco de la ventana a Jurina ya no tardaba en llegar habĂa estado trabajando en el turno de la mañana y volvĂa por la tarde,  ahora que lo habĂa descubierto  sus sentimientos se sentĂan confundidos. Miraba ausente la ciudad, como la tarde caĂa y se tornaba rojiza pensaba en las ironĂas de la vida y en cĂłmo el pasado vuelve por mas quiera se quiere olvidar. Una mirada frĂa y sin ninguna expresiĂłn en su rostro daba por entendido que la tierna maestra se perdĂa momentáneamente en algĂşn lugar.
El timbre interrumpe su trance y se exalta un poco, Miku ya no estaba en casa y no creĂa que volvieran a traerla. Ella va a la puerta y abre sin ver primero quien pudiera ser.
–¿Komatsu? –
–¿Eh? ––
–Es un gusto verte por aquĂ–
–¡Oh! Es verdad..., – Murmura entre dientes. – Maestra…–
–Llámame Rena, ¿buscas a Jurina? –
–SĂ–
–Ella no tarda en llegar, está trabajando en la comandancia en el turno de la mañana–
–Ooh, ya lo sabe–
–De que son policĂas, sĂ. – Sayaka sonrĂe maliciosamente, pues se ha dado cuenta que Jurina no le ha dicho la verdad completa. –¿Quieres esperarla? –
–Claro–
–Pasa–
Como si fuera un punto de reuniĂłn obligado ambas van a la sala, Sayaka se sienta y Rena va a la cocina para ofrecerle un poco de tĂ© mientras esperan la llagada de Jurina. Cuando Rena vuelve Sayaka inspeccionaba el lugar, aun Jurina no habĂa devuelto los reconocimientos ni trofeos, era lĂłgico. Pero si muchas fotos de ellas juntas, Ăşnicamente tenia dichas fotos, en realidad no conoce mucho del pasado de Jurina, pareciera que nunca fue a un instituto o escuela. ÂżNo tiene más amigos? En fin  no va a dejarse llevar por las desgracias ajenas.
–Jurina me comento que fue difĂcil encontrarte–
Rena comenzaba una plática para hacerla sentir cómoda mientras espera, pero también quiere saber que hay en la cabeza de Sayaka e intentar ayudar a su arrepentida Jurina.
– Si debiĂł serlo, en realidad no conoce mucho de mĂ–
–Pero pudo saberlo, de alguna forma se las arreglo–
Rena le entrega una pequeña taza con un té de agradable aroma, bastante bueno para la ocasión y se sienta a su lado.
–Si bueno, Jurina se destaca por su inteligencia es muy astuta y manipuladora–
Sayaka no quiere ser descortés asà que lo acepta y le da algunos sorbos.
–Puede ser, pero también tiene un gran corazón–
–Sé que no están bien entre ustedes–
Después de beber un poco, devuelve la taza a la charola recargándose en el asiento y cruzando sus pies y manos.
–¿También se lo dijo? ¿Le dijo que entrego a mi amiga de la infancia como comida para perros? –
–SĂ, pero esta arrepentida y el director la obligo a guardar silencio–
–No necesitas defenderla, no me conoces ni la conoces bien a ella–
–Conocer a una persona no se determina por la cantidad de tiempo–
–En eso coincido con usted–
–¿En verdad? –
–Asà es, yo sé quién eres tú, y se lo que has hecho–
Rena la mira frunciendo el ceño, ¿Qué está tratando de insinuarle? Sayaka permanece seria y la forma en que le habla no le gusta para nada.
–¿A qué te refieres?¿Qué es lo que sabes?–
–No mucho en realidad, tĂş y Miyawaki comparten el mismo padre,  padre que por cierto está recluido este paĂs dime, ÂżTe es familiar el nombre de “Edgar”? Pero mucho mejor, asesinaste a un hombre –
Rena se sorprende por lo que le ha dicho Sayaka, no sabe cĂłmo reaccionar, y su cuerpo comienza a temblar y sudar frio.
–No sé de qué hablas–
Rápidamente pone también su taza sobre la mesita de centro y se levanta dándole la espalda, está claro que esta conversación no iba por buen camino.
–No hace falta que lo niegues, tengo pruebas en contra tuya. – Sayaka, dueña de la situación se levanta tranquilamente y se pone a la par con ella, cerca del gran ventanal. –Pero podemos hacer que esto sea justo para ambas–
– ¿Qué quieres decir?–
–Pues en mi estancia en Barcelona, mientras Jurina tonteaba contigo yo si trabajaba. ¿No eres tan inocente como aparentas ¿cierto?, ayúdame y yo te ayudare,  ¿Cómo lo mataste?  –
Rena retrocede algunos pasos sintiéndose de pronto acorralada y asechada por Sayaka, es un poco más baja de estatura pero es realmente imponente.
–¿Por qué me pides esto? –
–Lo sĂ© todo y tu informaciĂłn me sirve, a cambio,…– Tomando un mechĂłn de cabello entre sus dedos, como si le hiciera una caricia, Rena sentĂa su mirada desquiciada. –te diere donde esta hija–
–Mi hija…–
Rena ensancha sus ojos, la razĂłn más importante por la que ha regresado a su paĂs natal dependĂa a hora de esto, Jurina no ha avanzado mucho, a decir verdad nada.
–Es un buen trato¿ no te parece?–
Los dedos de Sayaka pasan a tomar la barbilla partida de Rena quien acariciaba los bordes sutilmente pero con una malicia en su rostro.
–En verdad Jurina no te conoce como cree–
Como si Sayaka hubiese tocado la puerta correcta, Rena cae desarmada ante ella. Si alguien tiene prioridad por encima de Jurina esa es su hija.
–Te escucho–
Acorralada y sin poder ir a ninguna parte por ahora, Rena mira a Sayaka mezquina y vengativa, agacha su cabeza y comienza a revelar lo que ahora serĂa el arma más poderosa para Sayaka.
 ***Narración de Rena***
 Era un dĂa tranquilo, como cualquier otro pero tenĂa miedo de que llegara el final del dĂa. El odio se convierte en amor y el amor tambiĂ©n se revierte a odio, pasa y es posible. El amor que alguna vez sentĂ hacia Ă©l me llevo al borde de la locura, de la decepciĂłn, del mas enfermizo sentimiento y deseo incluso de dejar de existir. Era nada a su lado, era todo ante sus amistades era la envidia de muchos incluso de mi padrastro.
Perros infernales con sentimientos impropios querĂan apoderarse de mi persona y fui vendida como mercancĂa al por mayor al mejor postor. Solo una cosa me mantenĂa viva, una sola cosa podĂa hacerme soportar esa amarga vida, deplorable.
Un alma inocente nacida en medio de un caos que no busque pago las consecuencias. Adoraba sus ojos puros lejos de maldad alguna. Sus pequeñas manos aferrándose a mis dedos largos. Su pequeña ropita, el aroma de bebe, todo aquello me hacĂa ser  fuerte para soportar gritos, insultos de ese que por un poco de estupefacientes perdĂa la razĂłn y la cordura, se volvĂa una fiera y nada importaba. Odio las mentiras pero aprendĂ a mentir, Ă©l era un ejemplo a seguir pero era la peor persona que puede conocer, aprendĂ del mejor.
Lo matĂ©, clave en su pecho un bisturĂ y vi como mis manos se manchaban con su sangre. De nada sirve justificarme en decir que lo hice en defensa propia. Cuando su fuerte cuerpo se debilitaba progresivamente se retorcĂa en el piso de manera extraña, me asuste y corrĂ, corrĂ sin importarme mi apariencia. SalĂ con mi bata de paciente, descalza y los parches donde estuvieron las agujas. Con los golpes generados un par de noches atrás parecĂa una loca por la calle.
Cuando volvĂ a casa desesperada y atemorizada, con la prisa de ser capturada no por la justicia sino por algo más grande, ellos; Una mafia imparable que se lleva todo a su paso con tal de obtener el poder absoluto. Ya no estaba, ese pequeño ser que di a luz habĂa desaparecido. Me desquicie, grite y llore como nunca y destroce todo a mi paso. Ellos llegaron, hui por la puerta trasera y sola llevaba conmigo una sortija de matrimonio que aĂşn conservo.
***Fin NarraciĂłn de Rena***
–Es todo lo que recuerdo–
–SĂ© que hay más, era un policĂa Âżcierto?–
–Entonces no hace falta que lo diga ¿Qué vas a hacer con esto? –
–Nada que te perjudique–
–¿Puedo confiar en eso?–
–ConfĂrmame algo–
–¿Qué cosa? –
–¿Él era, Touru Matsui? El gran oficial de policĂas–
–Si–
–Como bien sabrás, Juria alguna vez te dijo ese nombre y él era nuestra principal razón de viajar España–
–SĂ, lo cual fue muy sospechoso–
–Esta misma tarde sabrás donde está tu hija–
–¿Por qué debo esperar? –
–Pronto lo sabrás–
–¡He vuelto!–
La puerta abriéndose y Jurina anunciándose conforme deja sus zapatos en la entrada, pero no es recibida por nadie. Nota de inmediato que hay otro par extra que no es de ella ni de Rena, es más, no puede creerlo. Sayaka está en casa.
Rápido va a la sala y encuentra a ambas chicas paradas cerca del ventanal, en cuanto Rena ve a Jurina llegar va hacia ella.
–Hola–
–Hola–
–Sayaka…–
–Te ha estado esperando–
De alguna forma no era la misma Sayaka, su aspecto era muy sombrĂo y sonreĂa de manera extraña.
–Iré por más té, compromiso–
En realidad Rena morĂa por salir de ahĂ, Sayaka ahora ejercĂa una presiĂłn que nunca antes sintiĂł.
–¿Dime que ocurre? –
–Vine por mi placa, no puedo ejercer sin ella y el director me dijo que tú la tienes–
–¿Por qué no fuiste directo a la comandancia? –
–No sabĂa que tenĂas el turno de la mañana, la Ăşltima vez estábamos en el de la noche–
–mmh, comprendo–
Jurina mete su mano al bolsillo de su pantalĂłn y saca de ella la placa de Yamamoto que ha estado guardando en su espera. Entregándosela en la mano, Sayaka ya tenĂa un plan reciĂ©n armado y como si hubiera medido el tiempo perfectamente actĂşa con la sangre frĂa sin dudar ni un poco y disfrutando del momento.
–¡Excelente Agente Matsui! –
Exclama Sayaka justo cuando Rena entraba. Jurina hace una expresión satisfactoria por el hecho de que aceptara de nuevo su placa, pero al ruido estruendoso detrás de ellas las hace voltear su atención a la puerta.
“Matsui”, “PolicĂa”,”Touru”, “comandancia”, “Hija”, “huĂ©rfana”, “Edgar”, “Miku”, “agente” esas palabras  como relámpagos con la velocidad de la luz Rena las recibe y tanta es su impresiĂłn que se le resbala la charola del tĂ©, cayendo todo al piso, rompiĂ©ndose y regándose el lĂquido de la tetera rota.  Rena se agacha de inmediato sin saber quĂ© hacer, Sayaka corre en su auxilio y Jurina va en busca de cosas para limpiar el lugar.
–SĂ Rena, Miku es tu hija. –  Le dijo Sayaka mientras ayudaba a Rena levantar los pedacitos de porcelana. –Te di mi palabra y no solo eso, te ayudare a salir del paĂs y desaparecer junto con Miku, ella jamás va a encontrarte–Â
–¿Tanto es el Odio que le tienes a Jurina? –
–¿No es obvio? –
–¿SerĂas capaz de infringir las leyes?, eres policĂa–
–Tranquila, tu secreto estará a salvo conmigo, y no, no  soy más un oficial, renuncie y a partir del dĂa que lo hice la justicia no existe para mĂ. Que caiga quien tenga que caer, me lo he jurado. Dime, ÂżAcaso no prefieres estar con tu hija?ÂżNo harĂas lo que fuera porque nadie nunca más la arrebate de tus brazos?–
–HarĂa lo que fuera…–
–¿Incluso Renunciar a Jurina o me equivoco? –
–¿En verdad la odias? –
–Solo responde. Ella no tendrá piedad de ti si se entera que tú eres la asesina de su hermano–
Rena ensancha sus ojos pero inmediatamente pierden el brillo que los caracteriza.
–SĂ, lo harĂa, – Responde frunciendo su ceño. –Pero Miku no sabe de mĂ–
–Me encargare de eso también,  harás lo que yo te diga, Miku es un poco rebelde pero muy inteligente no creo que te cueste trabajo convencerla cuando se entere que tú eres su madre–
–Destrozaras su corazón. Jurina te quiere en verdad–
–Y ella te ama, ¿No sé qué es peor? –
–Aquà está el limpiador–
Jurina aun encuentra de rodillas en el piso a ambas chicas levantando los trozos de porcelana y por ningĂşn motivo le pasa por su mente lo que Sayaka tenĂa entre manos.
–Gracias–
Dice Rena poniéndose de pie casi a la par de Sayaka, ellas ponen todo el contenedor que trajo Jurina y Sayaka sacude sus manos.
–Tu apellido es ¿Matsui,  Matsui Jurina?–
–Oh, sĂ–
–¿Por quĂ© no me lo habĂas dicho? –
–Oh, pues–
–Fue porque tenĂamos prohibido revelar nuestras identidades, – Le responde Sayaka inmiscuyĂ©ndose. –Por cierto, Yamamoto Sayaka es mi verdadero nombre. Anda, cuĂ©ntale–
–Al principio a sĂ era, y con todo esto omitĂ ese detalle, me preocupaba más decirte que era un policĂa y que estaba de en encubierto para buscar al asesino de mi hermano–
–¿Y tu hermano es? –
Sayaka sonrĂe pero evita que sea obvio su gozo, la venganza se disfruta en plato frio. Un tremendo genio el que lo ha definido asĂ. Mientras Rena ya sabĂa la respuesta y tiembla al saber que lo escuchara de la misma Jurina.
–Matsui, Touru–
–Rena ¿Qué te ocurre, te encuentras bien, te ves pálida? – Todo dentro de ella es inestable. Hay una mezcla entre dulce y amargo en sus emociones, no está segura de nada pero lo entiende todo, esta simplemente aterrada.
–¡Nada!, nada solo de pronto estoy mareada es todo…–
Ella es, es la asesina de su hermano. Voltea a mirar Sayaka quien a pesar de su cara seria sabe perfectamente que está disfrutando del momento. Miku es su hija, la niña con la que paso la tarde hace apenas unos dĂas es el ser que más ha buscado por varios años.
–Bueno yo me Retiro, nos vemos mañana agente Matsui–
–Ah, sĂ...–
Responde Jurina, algo extraño ha sucedido, en la actitud de Rena hay algo extraño. Cuando Sayaka abandona el departamento lo hace de manera extraña. Sacudiendo su cabeza, le pide a Rena que vaya a la habitación a recostarse un momento pese a que la ve un poco mal mientras ella termina de limpiar. Todo ha quedado reluciente de nuevo y orgullosa de ello va a su habitación donde encuentra a Rena sentada en la cama.
–¿Estas bien? –
–S Si…–
Se sobre salta un poco e inmediatamente se pone de pie, en automático adopta una personalidad camaleónica. Haciendo uso de su gran talento, fingir que no pasa nada es uno de sus mejores personajes.
–¿Segura? –
–SĂ–
Rena dio algunos pasos al frente con una expresiĂłn corporal y unos ojos penetrantes con las cuales solo dejaba ver lo perdida que estaba Jurina en ella. Todo vuelve a ella, desde el primer dĂa que la conociĂł hasta hoy. Definitivamente Jurina era alguien misteriosa, alguien a quien debiĂł evitar pero, el destino les tenĂa algo preparado.
–Matsui Jurina–
–¿Ss-si? –
Jurina se extraña un poco por la forma en Rena camina hacia ella, sus mirada es profunda y inevitablemente atractiva.
–¿Tú me quieres cierto? –
Tan seductora que hasta le hace tragar saliva la siente ya violando su espacio personal, Âżpero quĂ© más da? Ese se habĂa perdido hace mucho tiempo.
–Tu, t-tu lo sabes bien,…¿Rena que te sucede?–
Callando su boca con un par de dedos, manipulando su voluntad con la simple mirada, toma su barbilla y acaricia con sus labios como si dibujara sobre ellos.
–¿Me amas? –
El celular de Jurina timbra, pero Rena solo observa como tontamente lo busca entre sus bolsas, sin despegar sus ojos de los de ella. Como si le diera ordenes con la simple mirada Jurina lo apaga, importándole poco quien pudiera ser. Rena deja ver en la comisura de sus labios una sonrisa triunfadora y cerrando el paso a la luz que se colaba entre ellas la puerta abierta en esa habitaciĂłn falta de claridad, deposita un beso bien marcado en la mejilla derecha de Jurina. Â
SiguiĂ©ndola con sus ojos, un escalofriĂł repentino en Jurina por tal acciĂłn le sorprende y más se sorprende como segundos despuĂ©s unos labios atrevidos se aferran a los suyos haciĂ©ndola perder la voluntad inmediatamente. Rena estaba dispuesta a recuperar a Miku a como fuera lugar y eso implicaba cegar a Jurina completamente para ser de su entera confianza. No se equivocĂł desde el primer momento que la vio y le genero desconfianza en aquel museo, el hecho de que buscara Touru le hizo tenerla en la mira y pasar un buen rato con ella quizá sĂ era su primera intenciĂłn pero, enamorarla no era su plan, sin embargo es ventaja y lo tomara para recuperar al ser que tanto ama. Ahora lo tiene todo a su favor y la voluntad de Jurina, incluso su vida le pertenece.Â
Aquello se encendiĂł en un abrir y cerrar de ojos, de la nada le faltaba el oxĂgeno y le era insuficiente su experiencia para cubrir la demanda de su ahora excitante muestra ÂżEn quĂ© momento se la cambiaron?
No estaba preparada para un momento asĂ, sin embargo poco a poco su cuerpo respondĂa a las sensaciones que Rena le causaba con solo sentir un poco su lengua dentro de boca. De alguna forma sentĂa que las cosas habĂan vuelto la normalidad contando ya con la presencia de Yamamoto. AsĂ que sin poner resistencia se entrega una vez más a Rena.
Scarlet heart ryeo: moon lovers








