Tan solo una Palabra: Reconocer
Mi hermano querido, hoy ruego a nuestro Señor resucitado que nos alcance una vez más en el camino de nuestras vidas (cf. Lc 24, 15); Que camine con nosotros y haga arder nuestros corazones mientras nos enseña todo lo que sobre el dicen las Sagradas Escrituras(cf. Lc 24, 27); Que su Palabra Viva arda y arda con más fuerza cada día en nuestro interior, para que fruto de ese fuego santo le podamos decir con todo el corazón, con todo el alma, con todas las fuerzas de nuestro ser «Quédate con nosotros» (Lc 24, 29); que siempre estemos dispuestos a salir y anunciar a todo el mundo, como es eso de que lo reconocimos en la fracción del pan. (cf. Lc 24, 35).
¿Recuerdas el momento en que lo reconociste? Tengo muy vivo y presente ese momento mi hermano querido, tal como te he contado en otras ocasiones; hoy te invito a que mires hacia tu interior y traigas ese bello momento al presente, porque muchas veces nos desviamos del camino, nos sumergimos en la oscuridad y dejamos de escuchar su voz, la dulce voz de nuestro Señor que nos habla directo en el corazón.
Recuerda cada momento de ese encuentro, desde el mismo momento en que llegaste a ese santo lugar… no encontrabas explicación del porqué de tus lágrimas, si apenas te estabas bajando del bus; luego, con el tiempo, comprendiste que fue el mismo Jesús quien extendió su mano y te ayudo a bajar del bus, porque en ese momento no le reconociste.
Jesús salió a tu encuentro, caminó a tu lado minuto a minuto, te consoló en cada lagrima, y te abrazo en cada suspiro… hizo arder tu corazón mientras vivías cada momento de su mano, hasta que escuchaste su dulce voz decirte: Siempre he estado a tu lado, y si quieres, me quedare contigo, en tu corazón… Confía hermano, confía… eran las palabras que como un susurro escuchabas.
Luego, sentado sin saber en dónde, alguien quito las vendas de tus ojos, y viste a Jesús frente a ti, frente a tus ojos, ¡Vivo y real! y en ese dialogo te pregunto: «¿Qué quieres que haga por ti?» (cf. Mc 10, 51a) y me atrevo a asegurar que tu respuesta fue «Señor, ¡quiero ver!» (cf. Mc 10, 51b). Le entregaste todo aquello que pesaba en tu corazón, todo aquello que te impedía ver, todo aquello que te impedía vivir en su amor, y con su dulce voz te dijo: «Vete, tu fe te ha salvado» (cf. Mc 10, 52).
Pero ahí apenas empezaba todo, porque te esperaba ¡el Banquete!... Un banquete en el que sació tu sed con su Vino Nuevo, ¡Su Palabra Viva!, y luego sació tu hambre ¡con su Pan Vivo bajado del cielo!; tengo la certeza de que a partir de ese momento, nada volvió a ser igual en tu vida, y que tu hambre y sed de las cosas que te ofrecía el mundo, se convirtió en un hambre y sed muy viva que solo puedes saciar en el Banquete Eucarístico, ¡En la Santa Eucaristía!
Se que sucedieron muchísimas cosas más que constituyen un gran tesoro que debemos resguardar en nuestros corazones, pero cada uno de los momentos vividos en ese santo lugar te llevaron a ese encuentro vivo con Él en su Mesa, en su Altar, y que, a partir de ese instante, cada Día, cada Domingo, tu alma te impulsa a vestirte de fiesta para acudir a ese llamado que el Señor te hace en tu corazón, para saciarte de su Vino Nuevo y de su Pan Vivo Bajado del Cielo. ¿Habrá mejor parte?
Has elegido la mejor parte mi hermano querido, esa misma que eligió María, la hermana de Marta y de Lázaro, estar a los pies del Señor escuchando su Palabra (cf. Lc 10, 39. 42), como quien escucha a un amigo, y esa mejor parte no te será quitada.
Si hoy me preguntas que es Emaús, tendría que responderte que es un hermoso milagro de amor en el que al tercer día resucitas con un Cristo Vivo en tu corazón, con un fuego santo ardiendo tan fuerte en tu interior, que aunque no tengas plata ni oro, eres capaz de dar todo lo que tienes en tu corazón en el nombre de Jesús (cf. Hch 3, 6)… Empiezas a dar a Jesús en cada palabra, en cada gesto, en cada mirada, en cada sonrisa… Eso es Emaús, un milagro de amor, encuentro vivo con Jesús Eucaristía, porque lo reconocimos en la fracción del pan. (cf. Lc 24, 35).
«Que se alegren los que buscan al Señor» (Sal 105[104], 3b)
¡Jesucristo ha resucitado!
Por: Ricardo Sánchez Martínez – Agente para la Evangelización Arquidiócesis de Barranquilla / Ministerio de Música Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla - Colombia
Agradecimientos: Imagen de Robert Cheaib en Pixabay – Licencia de uso gratuito










