Con la mirada absorta de la infancia, observaba caer los escasos cabellos sobre los hombros secos y la espalda abatida. Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro con los ojos cerrados y no podÃa yo quitar mis ojos de la piel transparente de sus sienes, de la azulada red de duras venas, de los largos mechones apagados. Asà avanzaba otro dÃa, se tejÃan las trenzas con esmero, se trataban asuntos de mujeres, a veces susurrados[.]
De senectute | Irene Sánchez Carrón















