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Me, as Faust, on BunkerFest6 25.10.25
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#bunkerfest is getting close!!! Join us! (at Larry E. Smedley National Vietnam War Museum)
El Bunker-ni
Los domingos de elecciones siempre son intensos. Uno vive ese día de tumulto de forma expectante hasta que aparecen los resultados. Esto es una verdad que aqueja a la mayoría de los ciudadanos comunes, pero más apremiante son esas horas decisivas para los candidatos, cuyos ratos previos a los cierres de los comicios son algo que despierta curiosidad en todos nosotros. Otra duda que puede surgir en estas fechas democráticas es cómo se las arreglan los medios para estar en todos lados.
Esta intriga nos llevó directo al Hotel Congreso, a unos metros de Callao y la Av. Rivadavia, el lugar donde se refugiaban los candidatos del Frente Progresista Cívico y Social, uno de los partidos más recientemente conformados, y que es una suerte de radicalismo y socialismo, cuyas figuras más flamantes son Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín en Capital, y el ex candidato a presidente Hermes Binner en Santa Fe.
Las cinco camionetas con antenas gigantescas prometían una adrenalina que estaba muy lejos de la realidad dentro del búnker. Por esta barrera rimbombante de vehículos nos llamó la atención lo fácil y nada burocrática que fue la entrada al búnker, donde en vez de pedirnos identificaciones, se apresurarnos a darnos el cartelito de “prensa”.
Un ambiente tranquilo y relajado embriagaba al lugar. La ausencia de militantes merodeando cerca de los candidatos es algo inusual en el día electoral. Ni bombos, ni platillos, ni cantos ni carteles. El lugar invocaba el clima de algún café notable de Buenos Aires y no la reunión de un partido a la espera de los resultados.
Los periodistas, en la cercada zona de prensa, se veían relajados mientras tomaban café y charlaban sobre banalidades. Lo único que remitía a la tensión esperada era verlos pendientes de todo dispositivo móvil y cada tanto echar una ojeada fugaz sobre alguno de los siete plasmas que cubrían el salón. Fuera de la vista de todo mundo, los candidatos permanecían atrincherados en el noveno piso. A pesar de que un resultado esperado, nada impredecible, se iba delineando en las pantallas televisivas, ni Margarita ni Ricardo se hacían presentes para saciar el hambre periodística.
Pasaron largas horas de monotonía en una sala infestada de periodistas. Impaciencia que hervía en el aire. Impulsos de gula que vaciaban en instantes las bandejas del excelente catering que se ofrecía en el salón. El grito de la productora de Canal Trece (“¡Dicen que bajan a las ocho y media!”) bajó aún más el ánimo. Se hacían las diez de la noche y la pasividad ponía impacientes a algunos de los encargados de cubrir el evento. Una total pérdida de tiempo. La mayoría no era especialista en el tema y tenían que cumplir además con sus otros trabajos. “A las once y media nos cierra el galpón. Sino tenemos que devolver el móvil mañana”, se escuchó la queja de un periodista de traje y corbata. “A los que están más metidos en el tema los mandaron al búnker del Frente para la Victoria y el del Pro”, confesó la corresponsal de Clarín.
Los periodistas se pegaban pendientes a las pantallas que hacían eco de bunkers repletos de militantes, cantos, discursos y clima de festejo o de luto, en fin, clima electoral. En el Frente Progresista todo seguía monótono, sin sobresaltos, a pesar de que los números para Margarita no eran nada despreciables y le estaban asegurando un bien ganado tercer lugar y varias bancas en Diputados. Este ambiente casi ultra conservador parece contradictorio a la naturaleza argentina de exaltación, pero los radicales siempre fueron más tranquilos. “En los bunkers peronistas siempre hay más ruidos”, comentó la periodista de Clarín.
Apenas Margarita y Ricardo se dignaron a bajar y acercarse a los micrófonos a rápidas zancadas, la sala del catering se vació en segundos. Los periodistas huyeron como mosquitos amenazados por insecticidas y atraídos por el mejor manjar a sala principal. El discurso de agradecimiento y de las felicitaciones fue breve, demasiado. Tras unos cinco minutos de palabras que no se caracterizaban por su originalidad, tanto Stolbizer como Alfonsín desaparecieron como por arte de magia. La misma marea de artrópodos periodistas migró tras ellos, pero cual Houdini, ambos candidatos habían desaparecido y obligaron a sus perseguidores a irse a casa con las manos vacías.
por Carolina Vivo (@carovivo) y Lynmara Zaiek (@Lynzaiek)
EVERYONE IS LEAVING I DONT LIKE IT NOPE (This was the BEST weekend. I love you all. You're welcome at my house anytime.)

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