No es changa la cosa
La lluvia cubría la ciudad el día que Brenda pisó a Buenos Aires. Había pasado el año nuevo en familia, entre asados y baños de mar y ya entrado el mes de Enero decidió cruzar el charco para pasar el fin de semana con su amiga Elisa.
Brenda y Elisa se conocían desde Madrid y se visitaban cuando el tiempo lo permitía.
La tarde del viernes se escapó prácticamente de conversación en conversación. Hubo lluvia para rato y las dos tenían un cùmulo de chismes y cuentos que fueron soltando de forma ordenada respetando las urgencias propias de cada tema.
El orden del día parecía coincidir siempre; el trabajo, Madrid y sus historias, proyectos de futuro , amores y anhelos.
Raras veces debatían sobre cuestiones de familia pero esta el “problema” del sobrino de una de ellas cayó a la mesa y se debatió con prioridad.
El muchacho andaba rozando la edad de merecer pero las cosas parecían no salirle muy bien. Esto tenía a toda la familia pendiente, el chico estaba creciendo y en la frente llevaba el graffiti de la necesidad.
¿Qué podemos hacer con este muchacho? , dijo Elisa.
A Brenda no le costó casi nada tejer dos o tres conjeturas, desarrollar un teorema y aplicarlo al problema planteado.
Por otra parte, el mundo de los muchachos a esa edad le parecía fascinante aunque muy lejano pues ella nunca había convivido con un chico adolescente por lo que no tenía ni la mínima idea de cómo en la vida real eso se podría solucionar.
Pagar a una profesional había sido hasta ahora la idea mejor recibida en entorno familiar.
Brenda se horrorizaba solo con imaginar que el intercambio comercial interviniera en el asunto.
Y si, decía la tía, práctica y resolutiva, tenemos que hacer que parezca natural y contratar a una experta para sacar al chico de aquél (....) Estos problemas si no se resuelven pronto acaban en grandes traumas, nuestro deber es guiar para salvaguardar la salud de los seres amados.
Con el fin de semana en la retina volvió a Montevideo y se olvidó del tema.
Tiempo después en un vuelo transatlántico pudo entender la preocupación de su amiga, respecto del sobrino, pues viajaba un grupo de adolescentes
que a todas luces estaban sufriendo los horribles síntomas de aquellos males.










