I want the K -Para la ranita-
— Senpai, el taichou pez ha dicho que mueva su destronado culo de ese sofá y haga por una vez algo útil por primera vez en su vida como ir a limpiar la cocina. Aunque no lo ha dicho con esas palabras, las expresiones despectivas hacia su persona las he añadido yo, el taichou solamente hizo mención a su esmirriado trasero.
La verdad es que no podía estar seguro de si lo estaba escuchando o no, de si estaba dormido o despierto, o si de quizás y afortunadamente se había muerto de una vez.
Se puso en cuclillas a su lado y estiró el dedo índice, haciéndolo chocar contra su mejilla.
— Woa, senpai, tiene la carita suave como la de un bebé —hundió más el dedo, haciendo con él círculos, cada vez más hasta dejar una marca roja.
Sin embargo, el otro seguía sin moverse, así que se puso en pie.
— Ah —se dio un golpe con el puño cerrado sobre la palma de la mano abierta—. Una vez leí sobre esto en un libro. Decía que para despertar a las princesas hay que darles un beso de amor. Ah, ah, me pregunto si valdrán besos sin amor y a un falso príncipe —se dijo, inclinándose desde detrás para poner los labios sobre los ajenos—. Chu.