era tan solo un crío, aprendiendo los modales de regla que le obligaban a presentar desde los siete años. una infancia a medias que comenzaba a dejar atrás & claro, que ser el bicho raro en aquella prestigiosa escuela era una contra a la ya difícil vida que llevaba en casa, agitada a más no poder, estricta con sus clases & horarios & limitada a los disfrutes que merece un infante; por eso mismo, admiraba de lejos a la chica aquella de coletas chuecas, uniforme parchado, evidente que no pertenecía a aquella escuela, pero que había sido aceptada al ser hija de uno de los conserjes del lugar. sus rodillas siempre enrojecidas & con banditas para cubrir sus heridas, codos raspados & tierra en las mejillas después de jugar en el patio a deshoras. una sonrisa algo torcida que reflejaba aquellos dientes de conejo de manera graciosa & un brillo singular en su mirada. micah siempre le observaba a lo lejos, un pálido chiquillo completamente embelesado con lo que nunca tendría, había algo de envidia incluso en sus ocelos, pero aun más se notaban esas mejillas carmín que corrían el color hasta la punta de sus orejas cuando la niña aquella le sonreía de vez en cuando o le invitaba a jugar con ella, sí, para micah, aquella chiquilla desaliñada & sucia, era un encanto.