Situación: Nos encontramos siete años en el futuro, con una Alexa de veinticuatro años embarazadísima y un Louis de veinticinco, casi veintiséis años que no quiere que nada le pase a su Lexie. Digamos que las cosas no han sido "con exactitud" un campo de florecillas para éste par: la oferta de una exposición de sus obras en Asia, él negándose a que lo haga y ella molesta con él por estupideces. Un breve, pero adorable, vislumbre de la vida de Osdie. El nacimiento del primer hijo Louxie. Ay, que lloro.
Ooc: Efectivamente, ésto es un AU. Culpen a Sammy por empujarme a esto(?), pero, más que nada, a los anons que pedían a Regina un bebé Louxie. Espero que lloren tantas lágrimas de sangre como yo. Admin preciosa, si no crees que esté bien que hagamos esto, tú sólo dinos, ¿bien?
Una hora después, se hallaba sentada en uno de los sofás de la casa de su mejor amiga. Birdie podía ser la melliza de Lou, su cuñada, pero de que era su mejor amiga no había duda. Ella no mezclaría la relación que compartía con su hermano y la que tenía con Lexie, por esa misma razón era la consejera perfecta. Siendo madre (de dos pequeños de sonrisa pícara y ojos brillantes), también la entendía en ese aspecto. Y mejor no hablar de que Didie era con su Oscar, muy parecida a lo que Alexa era con Louis. — Sé que se supone que debería entenderlo, y sé que lo hace para protegerme, a mí y a la bebé, pero es mi sueño, Didie. Tú lo sabes, él lo sabe, ¡creo que hasta nuestra hija lo sabe! — cerró los ojos para controlarse, porque, según le había dicho el doctor, no debía exponerse a "emociones fuertes" ya que afectaría directamente a la pequeña que venía en camino. Cuando abrió los ojos, la imagen de Vienna y Frederick la asaltó. Los pequeños mellizos de Oscar y Birdie, vestidos tan a la moda como su madre siempre quiso y llenos de fotografías que su padre les había tomado para tener recuerdos de todo lo que hicieran, estaban jugando con los típicos juguetes de bebé. Un año y dos meses atrás, más o menos, su amiga había dado a luz a esas dos cositas y ella se había burlado; Birdie siempre había dicho que la primera en tener hijos serían su hermano y su adorable mejor amiga. — Están tan grandes... — dijo, sin apartar la vista de ellos, y preguntándose si su hija sería como Freddie y Vi. Era tonto decirlo, pero aún no se imaginaba como una madre. Frida dio una de sus patadas que decían "hey, es tarde para simplemente imaginarte como una mamá", mientras que la futura mamá hacía una mueca. Cada día dolía un poquito más, aunque fuera más como una simple molestia que otra cosa. — ¿Qué tal todo en el trabajo? ¿Y Oscar? — preguntó con suavidad, mirándola con ternura. Estaba muy orgullosa de su mejor amiga, que había logrado lo que siempre había soñado: tener su propia marca, su propio sello en el mundo de la moda. Si bien aún no era extremadamente conocido, al mejor estilo Chanel o Versace, no estaba muy lejos de ello. Oscar, por su parte, triunfaba haciendo lo que le gustaba a su manera: ayudaba a su futura esposa (aunque no se hubieran comprometido como Louis y Alexa, sí era más que obvio que en un futuro no-muy-lejano se casarían) con las fotos para sus distintas publicidades, era fotógrafo de importantes eventos sucedidos en París, e incluso impartía clases en la misma Academia en la que se había enamorado de su diseñadora favorita. De hecho, con seguridad en aquellos momentos estaría en dicho lugar. — ¡Ay, Frida! — se quejó, frunciendo el ceño con dolor. Sí, ella le hablaba a su niña, a esa que aún no había nacido, a esa que acababa de propinarle la patada más dolorosa que alguna vez había sentido. Varios segundos después, notó que algo iba mal. Quizás fueron los dolores abdominales, que no se sentían en lo absoluto como algo producido por un bebé, o tal vez fue el hecho de sentir que su precioso vestido con motivo floral se humedecía repentinamente. ¿La cuestión? Miró a Birdie alarmada, mientras el pulso se le aceleraba. — Creo que es hora — ¿lo más irónico de la situación? Que eso mismo le había dicho la castaña a ella en su momento, catorce meses atrás, cuando sus sobrinos habían nacido. Temblando, revolvió su bolso en búsqueda de su teléfono celular pero, para variar, no estaba allí. Entonces comprendió por qué Lou siempre la regañaba por no tenerlo consigo todo el tiempo. — ¿Bird, podrías llamar a tu hermano y decirle que será padre? — voz entrecortada, exagerada respiración. Había asistido a las clases de pre-parto la semana anterior (y eso que su intención era ir la semana que viene, nuevamente fue gracias a Lou que fue a las de la semana anterior), y lo de la respiración era lo único que, en aquellos momentos, recordaba. Maldita sea su memoria. No, no: ¡maldito sea su orgullo, y maldita sea ella por discutir con el amor de su vida horas antes de que su hija decidiera venir al mundo! Entonces Vienna y Frederick comenzaron a llorar, a la vez, y ella no pudo evitar que las lágrimas estallaran en sus ojos. ¿Pánico? Más que eso, en realidad. Trató de calmarlos mientras su futura cuñada llamaba al futuro padre, pero no lograba nada en lo absoluto. ¿Sería madre y no podía calmar a un par de bebés? ¿En serio...? Sólo esperaba que, al menos, Lou sí fuera bueno en la materia de la paternidad (y para Lexie, sí lo era).