Dicen que en el corazón de Praga se alza un reloj que no solo mide el tiempo, también el destino.
El reloj astronómico fue construido en 1410. La leyenda cuenta que Hanuš había creado el reloj más extraordinario jamás visto. Temiendo que levantara otra maravilla igual en otra ciudad, los gobernantes de Praga ordenaron dejarlo ciego para que su obra nunca pudiera repetirse.
Consumido por el dolor y la traición, el maestro regresó una última vez al reloj. Con un último gesto, alteró su mecanismo y lo detuvo para siempre. Antes de morir, lanzó una maldición: mientras el reloj siguiera funcionando, Praga prosperaría; pero si alguna vez se detenía, la ciudad caería en desgracia.
Algunas heridas, como el tiempo, nunca terminan de cerrarse.















