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˚ㅤㅤ ㅤ ༄ El canto de la venganza ㅤㅤ ㅤㅤㅤ SEMANA DEL DRAGON
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300 galeones + 250 puntos. 「 *.˙ ˖ 」+ 080 puntos 「 *.˙ ˖ 」#HOTDS28 Hijo por hijo. ⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ 1022 palabras ⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀
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⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ Las gotas de lluvia no dejaban de caer, era como si el cielo estuviera constantemente enojado con el mundo mágico, como si llorara por alguna clase de destino no anunciado. La mirada de la bruja se posó sobre Gringotts. Había un par de sombras riéndose en complicidad, parecían dos enamorados adolescentes. El sombrero color verde le llamó la atención, se le había hecho conocido, después de todo, había sido un regalo hacia Oliver. Ella conocía cada una de las prendas de su esposo porque era su deber como esposa, así tenía que ser… Sus ojos se agrandaron ante la posibilidad, Elleadora confiaba ciegamente en sus sentidos, ella no se convertiría en una bruja que negara lo que sus ojos le indicaban que ocurría. Caminó despacio. No permitiría que nadie más allá de ella misma, cambiara su destino, mil veces más preferiría quedarse con el mago frente a ella que dejarlo ir. ¿Qué era lo que él quería?, ¿a quién quería él?, ¿a quién realmente quería él?, o peor, ¿a quién quería más él? Toda esa serie de preguntas rondaban su cabeza como pequeños y rápidos ataques de Billywig, y ella comenzó a sentir escozor, tanto que entendió que era el estrés y la ansiedad que le generaba ver con sus propios ojos, la traición de Oliver. No eran sólo palabras, nadie le había contado ese chisme, ella los veía felices besarse y reírse tan genuinamente que sintió celos. ―¡Eres el mejor! ―La mujer reía con tal efusividad que no pudo evitar besarlo, ella vio el impulso, saltó como si tuviera un resorte en sus plantas de los pies. ―Tranquila, querida ―Se limitó a decir. El mago estaba tranquilo, tenía un temple que ni siquiera Elleadora podía descifrar. Nunca había conseguido que él manifestara emoción alguna, él no era impulsivo, él era un mago razonable quien pensaba antes de actuar, y eso, eso fue algo que los unió, algo que era propio de ellos.
Elleadora no pudo evitar compararse con ella. Eran todo lo contrario, Elleadora no manifestaba emociones, no tantas, y la bruja cuyo nombre aún no conocía, las demostraba con confianza, como si pudiera dejar su vida en manos de Oliver Nott. El rostro de la pelinegra tenía aun las gotas de agua, la humedad comenzaba a molestarla. Luego, como si un halo de luz la iluminara, recordó que debía regresar al Ministerio de Magia. Así que dejaría para otro día su venganza. Planearía cada detalle, lo pensaría fríamente y ese no era el momento para hacerlo. Encontraría el nombre de la bruja que tenía esos encuentros con un hombre comprometido. Elleadora y Oliver no se desposaron únicamente por un lazo previo entre sus padres, no, su matrimonio era de los pocos que podía presumirse «no arreglados», pero Oliver no sólo había faltado a sus votos, sino que también, a su «amor», o lo poco que ella consideraba que tenían. Cada paso que él diera, cada mensaje, cada plan o compromiso de trabajo que tendría, ella sospecharía. No consideraba que él le sería honesto algún día, no creyó que se confesaría, ya no esperaba nada del mago. Aquella noche, Elleadora llegó a casa para la cena. Encontró a su marido esperando que les informara su elfo, que la cena estaba servida, Oliver bebía un vaso de Whiskey de fuego con una enorme sonrisa en el rostro. ―¡Dora, querida! ―La bruja enarcó una ceja, le pareció extraño que le hablara como en sus épocas estudiantiles. ―Oliver… ― Estiró su brazo que ya sostenía su capa. Su elfina apareció al instante y la recogió para volver a desaparecer. ―… ¿Dora?... me has hablado como aquellos años… ¿a qué se debe este honor? ―La bruja sentía su corazón arder. Hace horas, lo había visto disfrutar de una bruja que no era ella, lo había visto sonreírle como cuando solía hacerlo a su propia esposa, pero él ya no le pertenecía a ella, y Elleadora no quería investigar desde hace cuánto tiempo compartía al mago. ―Podremos retomar nuestra historia donde la dejamos. ―Le pareció una hipocresía a la pelinegra. Acababa de verlo romántico con otra mujer que no fue ella, ¿cómo esperaba retomar su vida y matrimonio de ese modo? Oliver se había vuelto cínico. El mago se había vuelto invencible, pero a Elleadora no le pareció más que un charlatán. Elleadora conoció a verdaderos magos y no es que su esposo no lo fuese, sino que era un hombre de las letras y no uno que estaba ligado a política o a la valentía. ―Creo que nuestra relación no ha tenido pausa alguna para poder decir que la retomaremos, Oliver. ―La bruja supo por dónde llevar su conversación. Su matrimonio seguía siendo su matrimonio. ―Es un decir, por supuesto, querida… ―Oliver sabía que lo había arruinado. Entonces, pensativo por unos segundos, decidió que era el momento de retomar la conversación o Elleadora sospecharía de su error. ―Me refiero a que hace mucho tiempo te dejé de tratar como solía hacer, ¿recuerdas cuando solía llamarte Dora?, ¿cuándo solía decirte mi bello rocío?... Elleadora optó por únicamente dedicarle una sonrisa, no haría más ni diría más… ¿Estaba invocando a su amor juvenil, a su amor puro? Sí, la sangre le hervía como si trombones de líquido se aceleraran en automático. No se trataba de la infidelidad, se trataba de su ego, se trataba de toda una vida de creencias y de fidelidad destinadas a un mago que no hacía otra cosa más que divertirse, esas eran las palabras correctas que Elleadora plantearía en ese sentido. Ella no era una bruja vengativa o rencorosa, pero tampoco era alguien a quien pudieran tenerla en ese lado de la historia en el que ella no haría nada, ¿acaso creyó que, de enterarse su esposa, ella no actuaría? Pero Elleadora sería más inteligente y actuaría de la mejor manera para que las consecuencias no recayeran en nadie, porque a pesar de sentirse herida, ella cuidaría a su familia y la poca reputación que tenían los Parkinson, una familia a la que constantemente los sagrados veintiocho minorizaban y no le prestaban atención. Después de todo, se sentía atrapada por un cristal.
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