Este año he aprendido
A liberarnos de nuestros propios rituales para comenzar otros nuevos. Dejar de ver las mismas películas y abrirnos a nuevas películas, por más viejas que sean.
A entender que la dependencia enferma y que podría perpetuar el sufrimiento y alargar la vida solo por no soltar. Hay que soltar y saltar. Hay que ir hacia adelante. Lo menciono porque justo finalizando el año mi abuela de 86 años se ha enfermado, con herpes en todo su cuerpo. Una reacción al estrés y los nervios que le genera el sentimiento de pérdida. Tiene miedo y sufre por su hijo mayor. Un hombre alcohólico que no deja vivir en paz ni a su familia ni a su madre. No menciono culpas, solo observo y siento. Desde pequeña he sido testigo de esta dinámica. Mi abuela tiene miedo de perder a otro hijo. Extiende su vida lo más que puede para cuidar de él. Lo puedo entender, pero me genera gran conmoción.
Aprendí de mi misma que prefiero viajar a pie. Transportarme en tren o en metro. Ojalá siempre a pie, pero si fuesen distancias más largas, prefiero el tren. Un transporte que me de seguridad. Este año me enfermé viajando en avión. Las distancias son muy largas, los asientos pequeños y no sé si es por el desafío de cruzar el tiempo que desacomoda mi cuerpo y mi energía, o porque realmente no es lo mío. No es algo que disfrute hacer. No ahora.
A conversar con mis pensamientos. A poder frenar esa energía hostil e incómoda y poder tener una conversación interna sobre lo que me está ocurriendo en el momento, antes de pasar a la oscuridad, a la zona donde no puedo controlar nada.
A leer mejor mi carta astral. Conocer mejor las casas, los planetas y los signos. A entender la rueda, algunos de sus múltiples significados y contribución para el desarrollo personal y el conocimiento propio. Un chico que estudia cine me contó que se quería dedicar a lo técnico porque a él "no se le ocurrían ideas", "no soy original". Y aunque me callé por un momento, mi respuesta fue que quizás en su escuela y rodeada de sus compañeros, podría encontrar su voz y sus ideas. Pero en realidad le quería decir que lo importante para las ideas, para encontrarlas y atraparlas, es conocerse él, hablar con el mismo, no sentir vergüenza ni miedo de sus deseos. Pero tiene 22 años. Es una edad compleja. Aunque creo que todas las edades lo son.
Ayer conseguí un libro sobre la amistad ("La amiga que me dejó" de Nuria Labari) . Mi casa 11, Luna en Leo. No sé ser amiga. No sé cómo abordar un vínculo y hacer que sea permanente y continuo. Aprendí justo eso. Que no sé. Nuria menciona Lisis de Platón que estudió y pensó y escribió sobre la amistad. Dice que la amistad es compartir. Que hay que buscar un equilibrio, que no se basa en intereses, que está por sobre quienes somos. Es algo como "desear el bien, aunque conozca la faceta más oscura de la otra persona" y por sobre todas las cosas, ser honesta. Hablar las cosas como son. "No es un tema fácil ni menor. Es complejo y decisivo para lo que está a punto de pasar. Por eso es urgente seguir pensando sobre ello".
A pensar en el dinero. En que no tengo idea de mis ilusiones y que no sé qué quiero construir de mi vida. Que no veo mi futuro, está todo muy oscuro. Pero que incluso enfocándome en el día a día, sé que necesito el dinero para hacer cosas. ¿Cuánto dinero? No sé. Al igual que la amistad, no tengo ni idea. A veces hablo y digo cosas solo para sentirme segura, pero por dentro no tengo ni idea de lo que quiero o hacia donde voy. Trabajo en concentrarme en hoy. Lo tengo tatuado en mi brazo izquierdo. "hoy".
También aprendí a vincularme con mi oráculo. Tengo varios, pero al final es un oráculo a través de distintas cartas. El oráculo me habla a través de distintos mensajes.
Me metí a trabajar a un negocio cerca de casa porque quiero y prefiero seguir cómoda, pero eso me genera incomodidad. Se siente asfixiante, cuando me analizo ahí adentro es como si no perteneciera a ese espacio, pero me encanta estar ahí y conocer a mis compañeras. Es sucio este juego de estar y no estar.
Sobre cómo las heridas de infancia aún intervienen en mi presente. Detectarla este año ha sido lo más profundo y revelador. Ha sido horrible y doloroso tener que rascar una herida que viene conmigo desde siempre y que se ha despertado de vez en cuando, pero más ahora, de grande. Las heridas pueden volverte loca y activar un piloto automático. Anduve así por mucho tiempo. Hoy puedo respirar con un poco de alivio, porque aunque no tengo el control absoluto, puedo debatir con ella, hablarle y hablarme con cariño y no encender el robot que llevo dentro y dejarme vencer.












