I peggiori ottusi hanno lauree con 110 e lode.
Ignoranza non è non-cultura, ignoranza è non volere sapere.
Che è molto diverso.

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I peggiori ottusi hanno lauree con 110 e lode.
Ignoranza non è non-cultura, ignoranza è non volere sapere.
Che è molto diverso.

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"Se l’ignoranza fosse un vuoto sarebbe facile riempirlo di cose, di cultura, di civiltà. Ma l’ignoranza, caro mio, è un pieno. È un muro, e i muri si possono solo abbattere, oppure scavalcare."
Antonio Tabucchi - Sostiene Pereira
"La smetta di frequentare il passato, cerchi di frequentare il futuro."
Che bella espressione, disse Pereira, frequentare il futuro, che bella espressione, non mi sarebbe mai venuta in mente.
Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi
Hay libros que no se limitan a narrar: desplazan la realidad unos milímetros hasta volverla irreconocible. El juego del revés, de Antonio Tabucchi, es una serie de relatos inquietantes donde la literatura deja de ser espejo para convertirse en una superficie invertida: todo refleja, pero nada termina de coincidir. Desde el primer relato —ese viaje atravesado por la muerte de Maria do Carmo— se establece la clave del libro. Vivir es mirar siempre desde el lado equivocado del cuadro. No es casual que la escena inaugural ocurra frente a Las Meninas: Tabucchi no cuenta historias, las reencuadra. Nos obliga a sospechar que el sentido no está en lo que vemos, sino en la figura del fondo que sostiene la mirada del cuadro. El revés —como ese juego infantil de decir las palabras al contrario— se vuelve aquí una metafísica de la sospecha. La estructura del libro responde a una obsesión: el desdoblamiento. Son relatos que parecen autónomos, pero vibran en la misma frecuencia. Identidades que se repliegan. Vidas posibles de otras vidas. Recuerdos que quizá nunca ocurrieron. Todo está atravesado por esa idea que el texto formula: el revés no es lo contrario, sino la condición secreta de lo real. Tabucchi escribe insinuando. Sus narradores nunca afirman del todo; evocan, bordean, dejan huecos. La prosa avanza con una elegancia contenida, casi musical, pero debajo late una inquietud constante: ¿quién recuerda?, ¿quién inventa?, ¿qué parte de lo vivido es una ficción necesaria? La saudade —esa “categoría del espíritu” que menciona Maria do Carmo— no es simple nostalgia: es una forma de conciencia, la intuición de que toda experiencia está incompleta y toda memoria es, en el fondo, un montaje. “Carta desde Casablanca”, uno de los relatos más intensos del volumen, lleva esta lógica al extremo. Identidad, performance y deseo se funden en una narración donde el yo —Giosefine— se construye como máscara y destino al mismo tiempo. No busca conmover de forma directa, sino dejar una resonancia incómoda, como si el lector se reconociera —a pesar suyo— en esa deriva. Hay, además, una geografía emocional precisa: Lisboa, estaciones de tren, habitaciones de hotel. Lugares de tránsito donde las identidades se suspenden. En Tabucchi, el espacio no se habita: se recuerda o se imagina. Lo más perturbador del libro es su suavidad. Nada estalla, nada se impone. Y sin embargo, al terminar, uno tiene la sensación de haber sido desplazado. Como si algo se hubiera movido dentro —una percepción, una certeza— y ya no pudiera volver a su lugar. Porque El juego del revés no trata de personajes que cambian: trata de lectores que, sin darse cuenta, han empezado a mirar desde el otro lado. Y entonces ocurre lo esencial: comprendemos que no hay un anverso verdadero. Sólo el revés, sin fondo. “Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo…” —Juan Ramón Jiménez.
in this dream we’re both passing through
—Antonio Tabucchi, For Isabel

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La vita è un appuntamento,lo so di
dire una banalità Monsieur,solo che
noi non sappiamo mai il quando,il
chi,il come,il dove.E allora uno
pensa...Se avessi detto questo invece di quello,o quello invece di
questo,se mi fossi alzato tardi invece che presto,o presto invece che tardi, oggi sarei impercettibilmente differente.O
sarebbe lo stesso,e io non potrei
saperlo
Antonio Tabucchi
Questo è il grande problema di coloro che sentono troppo e capiscono troppo: che potremmo essere tante cose, ma la vita è una sola e ci obbliga a essere solo una cosa, quella che gli altri pensano che noi siamo.
Antonio Tabucchi
Pensò ai venti della vita, perché ci sono venti che accompagnano la vita: lo zefiro soave, il vento caldo della gioventù che poi il maestrale si incarica di rinfrescare, certi libecci, lo scirocco che accascia, il vento gelido di tramontana.
Aria, pensò, la vita è fatta d’aria, un soffio e via.
Antonio Tabucchi