El médico de Napoleón y su hermano
Anotaciones a la novela del escritor colombiano Roberto Burgos Cantor, sobre el doctor Antommarchi y su hermano, quienes emigraron a Cuba y Colombia respectivamente y dejaron muchos recuerdos del emperador por este continente.
Una breve explicación de la principal razón por la que escribo esta nota:
Es una coincidencia grata encontrar la publicación reciente del libro en mención, unos dias después de haber sido invitado por la asociación de amigos de Napoleón en Bogotá, “Le Souvenir napoléonien”, a presentar un pequeño e incompleto recuento sobre el doctor Francisco Antommarchi, ilustre pariente de nuestra familia.
Fue durante los últimos tres años de vida de Napoleón, su médico de cabecera, —eran corsos los dos—; tal vez por dicha circunstancia y luego de un año de no contar con un especialista que lo cuidara, logró Leticia, la madre del emperador, que lo asignaran a su hijo en la isla. Lo acompañó hasta su muerte el cinco de mayo de 1821.
Diagnosticó la causa del deceso —un cáncer de estómago—, le tomó las mascarillas del rostro, algunas muestras del cabello y quedó además con los recuerdos que el gran corso le regaló. El doctor Antommarchi es conocido en la historia por todas estas razones, más no son las únicas por las que merece ser recordado. Dejó también a la ciencia médica, como afamado anatomista que era, un legado muy importante representado en la elaboración de las planchas del cuerpo humano a tamaño natural que muestran con gran detalle todas sus entrañas. Un trabajo que inició siendo un joven colaborador de su maestro, Pietro Mascagni, y que culminó en Italia, al regreso de la estancia en Santa Elena. Los originales de las planchas reposan en la Universidad Nacional de Colombia, desde principios del siglo veinte.
¿Cómo sucedió?: El hermano y heredero del doctor Antommarchi, José María, vino a Colombia, se casó con la dama cucuteña Victoria Garcia Herreros y Santander y fue el abuelo de mi bisabuela Anina Vasquez de Carrasquilla quien donó las planchas en mención a la Universidad Nacional. La universidad hace seis años, dentro de las actividades de conmemoración del bicentenario de la independencia y bajo la rectoría del Dr. Moisés Wasserman, publicó en una hermosa edición la obra del científico. Como lo confirma el maestro Burgos en una entrevista de marzo 20 de 2016 de El Espectador encontró en esta exposición un buen motivo de inspiración para su libro; incluyó varios de estos dibujos en la primera edición.
Quedaron tambien en la familia por esta herencia que recibió don Jose Maria, las mascarillas y otros artículos del gran emperador.
Sobre el libro “El médico de Napoleón y su hermano”:
Hay otra crónica reciente, de marzo 10 de 2016, también de El Espectador, que comenta la presentación que hizo el poeta Juan Manuel Roca sobre la obra del maestro cartagenero Burgos Cantor.
Es una novela histórica que combina hechos reales con la imaginación del autor y que por lo tanto se toma algunas licencias, poéticas y respetuosas, de la vida del emperador en Santa Elena, de la supuesta indiferencia que el gran corso demostró en ocasiones sobre el médico Antommarchi y de esos últimos días de soledad (para los dos, el médico y el paciente), en una isla en la mitad de la nada.
A la muerte de Napoleón, Burgos narra que el doctor Antommarchi viajó a Cuba. El viaje sí lo hizo pero no de manera inmediata. En el escrito “Los datos biográficos del Dr Francisco Antommarchi” que tenía mi papá y que, me imagino, habían recopilado mi abuela y bisabuela de diferentes fuentes, se comenta que retornó primero a Londres en 1821 y luego decidió partir a Italia para continuar las investigaciones del cuerpo humano que había iniciado en su juventud. También en Italia pulió sus memorias; las publicó con el título de: “Les derniers moments de Napoleon”. Salió posteriormente a Polonia para trabajar por un tiempo con el gobierno, pasó por Córcega en visita a su familia y finalmente emigró a New Orleans, ex colonia francesa en la que aun vivían muchos admiradores del emperador. De allí, zarpó hacia Cuba, específicamente Santiago como lo menciona la novela donde se dedicó a ayudar a la gente infectada por la terrible fiebre amarilla; enfermedad de la cual también murió en 1838. Además como gran conocedor de la ciencia se le atribuye haber realizado la primera operación de cataratas en la isla.
En la segunda parte de la novela y después de su muerte en Santiago, aparece Jose María Antommarchi, su hermano, viajando a Cuba para rehacer los pasos del médico por América. Dice el texto, que la dueña de la pensión donde vivió, Nicole, le entregó a don José María todas las pertenencias del medico en las que estaban las planchas del cuerpo y las mascarillas del emperador. La historia real de cómo llegaron estos importantes efectos a la rama americana de los Antommarchi aparece bien documentada en los escritos y correspondencia que sus descendientes inmediatos (del doctor y su hermano) publicaron; hay diferencias importantes a lo presentado por el maestro Burgos.
Menciona también el escritor, que José Maria se embarcó desde Cuba —con la herencia de su hermano —, en un barco hacia Cartagena para luego seguir a Francia donde vivía. Durante la travesía conoció a quien sería su futura esposa, Victoria García Herreros y Santander, y por amor terminó viviendo en Colombia.
En los documentos que tengo de mi padre no he encontrado detalles sobre cómo se conocieron ellos; de golpe fue en circunstancias similares a las del libro en el que también presenta una bella descripción de Jose María y su futura esposa, de algunas de sus hijas que llamaban las alondras (fueron conocidas poetisas de la época; una de ellas, Hortensia, mi tatarabuela) y termina mencionando a la mamá Nina ( —Ana Vásquez Antommarchi de Carrasquilla—bisabuela de los Wills Herrera, de los Vargas Wills y de los Cuellar Wills) y a su esposo Juan Manuel, de quien menciona que era médico de profesión. En realidad era fotógrafo; el médico fue su padre, Juan de Dios Carrasquilla, reconocido investigador y científico colombiano y profesor de la Universidad Nacional. Según la documentación que presentó la doctora Myriam Jimeno y un grupo muy destacado de profesores de la Universidad Nacional sobre los dibujos de Antommarchi para la publicación en el año 2009 de la hermosa edición del libro con las planchas anatómicas, fue a través del doctor Juan de Dios que la mamá Nina pudo donarlas al centro académico.
Es la novela un buen homenaje a la familia Antommarchi: los presenta como seres humanos sensibles y educados que por circunstancias de la vida y las casualidades terminaron en latinoamérica, adaptados a la vida del Caribe y dejaron una importante pista sobre la historia de los últimos días del hijo de la revolución.
Nota: En la correspondencia que queda en la familia sabemos que Francisco Antommarchi ni vino a Cartagena ni era casado, ni tuvo hijos. También, para quien tenga el tiempo de detallar más lo acá mencionado he procurado incluir los enlaces de ls páginas web donde se mencionan algunos de los hechos principales, las entrevistas al maestro Burgos, las características del libro de las planchas y el poético discurso del vate Juan Manuel Roca.
Coda sobre el momento electoral en USA
Relacionado con la entrada anterior del blog (la número 93 sobre el proceso electoral norteamericano), encontré un “podcast”: Weimar-America, muy interesante. Es realizado por Christopher Lydon, reconocido intelectual y periodista de Boston en el que revisa con importantes historiadores de Harvard y otros centros académicos el estado actual de la campaña electoral norteamericana. Presentan algunas analogías muy dicientes comparando a los Estados Unidos de hoy con la república de Weimar en los años 30; Berlín era el centro de la intelectualidad, el cine, el arte y la ciencia; todo este centro de influencia desapareció a pesar de esto, para dar paso a la llegada al poder del partido nazi con todas las consecuencias posteriores.
Es bien interesante. Está en inglés y no conozco traducción.