En la vastedad del cielo nocturno, donde las estrellas susurran secretos, mi corazĂłn busca el eco de tu nombre, en un amor que se extiende como rĂos inquietos.
Entre distancias que separan nuestras almas, te encuentras en la brisa que acaricia mi piel, como un suspiro perdido en la inmensidad, nuestro amor florece en un jardĂn irreal.
Tus ojos, faros de luz en la oscuridad, guiándome a través de la noche sin final, se convierten en constelaciones de esperanza, en cada sueño donde tu imagen es real.
Aunque los kilĂłmetros se interpongan, y los dĂas nos separen con crueles horas, mi corazĂłn vuela hacia ti como un ave migratoria, buscando el nido donde descansar en tus auroras.
Cada palabra escrita en cartas que viajan, como mensajeros de emociones contenidas, es un lazo que une nuestras almas errantes, tejiendo puentes sobre las distancias perdidas.
En el silencio de la distancia, resonamos, como melodĂas entrelazadas en el viento, nuestro amor persiste, inmutable, como un poema que se escribe en el firmamento.
AsĂ, en el lienzo del amor distante, pintamos paisajes con pinceles de paciencia, cada dĂa es una página de nuestra historia, donde la lejanĂa no apaga la llama de la existencia.
En el rincón más profundo de mi ser, guardo el eco de tu risa, la luz de tu mirar, aunque estemos separados por océanos de espacio, en el corazón del amor, siempre nos vamos a encontrar.

















