Anality is not Banality/ Analidad no es banalidad
Este trabajo se refiere a las estrategias biopolíticas que inventaron la desviación sexual: la patologización de la sexualidad y sus excesos tanato-políticos. El deseo homosexual puede considerarse un arma para la cual la analidad se convirtió en el tiro. El espectáculo une fotografía, video y poesía y se enfoca en el ano como un punto visual y de reflexión. La creación, la práctica (el disfrute de la analidad) y la reflexión (la conciencia del ano como el órgano genital por excelencia) redefinen los límites de lo que es socialmente posible.
Arte y ciencia pueden ir juntos y eso es lo que ha hecho Manuel Antonio Velandia Mora en esta performance que se centra en la reflexión sobre la idea de cómo pasar “De marica a sujeto de derechos: la analidad como ejercicio de militancia política”.
Nuestro cerebro posee capas y capas imbricadas de información que vamos aprendiendo a lo largo de nuestra existencia y que, la convivencia social en la diversidad solo es posible si podemos quitar esas capas superficiales que son lo que hemos aprendido: rechazo, estigma, discriminación… y que, además, pueden conducir a otros crímenes de odio hacia las minorías sexuales.
Ser uno mismo en un mundo heteronormativo blanco en el que hay que luchar permanentemente contra las estructuras de poder es supremamente complicado... por dicha razón la cotidianidad es una continua lucha incluso contra mí mismo, que soy el resultado de la educastración emergida desde unos saberes NO-descentrados que se asumen en la “objetividad”, de un estar siendo en la creación-experimentación que me lleva a la hibridación artística y a vivir como disidente sexual, incluso de mis propios discursos, en la performatividad diaria del cuerpo-ser-placer.
El ano en el más importante territorio del cuerpo de los maricas, pero la territorialidad heteronormativa niega cualquier ejercicio de la analidad como manifestación del poder.
El actual movimiento marica se vale del artivismo queer como su arma de creación, discusión y transformación social, cultural y política; transforma el cuerpo en espacio publico y le da el sentido de órgano. No privilegia ningún género, no ve necesaria la identidad.
La analidad se convierte en crítica política, social y urbana y no solo en exploración placentera, sino incluso estética.
Las políticas del ano que reivindican el territorio y la territorialidad marica
lograrán transformar las relaciones sociales sólo en la medida en que se viva de forma positiva y se asuma políticamente que permitir la penetración es lo que realmente te hace homosexual, porque quien solo penetra ejerce la falocracia y juega los mismos ejercicios de poder del falócrata heterosexual.
El poder circula y se disemina, no es estático ni sustancial; el poder puede y debe subvertirse, los modos de resistir(lo) y las apropiaciones que desplazan los significados impuestos, son las que se proponen desde la política anal.
El ano sacude la división dicotómica de los sexos al ser orificio inherente a todo cuerpo.
La analidades de las mujeres se calibran con distintas medidas. En general los hombres, machos y falócratas heterosexuales clasifican las mujeres en santas y putas, y a pesar de que desean tener una vida sexual más plena y placentera prefieren negárselo con su sacrosanta novia o esposa para llevarlo al terreno de las putas o de las que casi terminan siéndolo, las amantes.
¡Que os den!, ¡Que nos den!, ¡Que me den!, ¡Analidad no es banalidad!, ¡Que nos den!, ¡Que os den!, ¡La sexualidad es siempre política!, ¡El culo es orificio bienaventurado!, ¡El cerebro es la prisión de tu ano!, ¡Niégate a aceptar la maricafobia!, ¡La heterosexualidad no es natural!, ¡La masculinidad no es natural!, ¡La feminidad no es natural!, ¡Lo natural es el placer!
“En el hombre heterosexual, el ano, entendido únicamente como orificio excretor, no es un órgano; sucede igual con algunas mujeres, pero aun cuando el cuerpo de la mujer es un cuerpo político, son pocas entre ellas las que han reivindicado políticamente la analidad. El ano del heterosexual es la cicatriz que deja en el cuerpo la castración. El ano cerrado es el precio que el cuerpo paga al régimen heterosexual por el privilegio de su masculinidad”.
Fotografías JCSanzPhoto.
La analidad, ejercicio central de lo marica, es base de lo político, vivencial y teórico y posee un gran peso emocional. Al romper con la idea de poder que surge de la ideología burguesa que reafirma la naturalidad de la heterosexualidad y la anti-naturalidad de la analidad, al asumirse marica y ser disfrutador anal se rompe con la búsqueda de la igualdad, de la equidad, para ser consigo mismo en el cuerpo como espacio libertario y placentero de poder.














