Testigo en el gimnasio
La sombra apareciĂł en el rabillo del ojo mientras estaba cambiandome. Verás, probablemente no deberĂa haberla seguido, ya que probablemente era solo mi sexy compañero de gimnasio en los lockers, pero fui tras el de todos modos. Mi curiosidad no pudo.
—¿Hola? —dije en el pasillo, otro posible error de pelĂcula de terror. Si esa cosa no querĂa que la vieran, ahora sabĂa que la habĂa visto de reojo. TomĂ© una mancuerna antes de escabullirme en el pasillo para continuar con mi investigaciĂłn. La puerta del baño estaba entreabierta y parte del vapor de la ducha de mi compañero de gimaniso se disipaba en el piso de madera. Con la mancuerna en la mano, empujĂ© la puerta lentamente. Lo primero que escuchĂ© fue un gruñido y empujĂ© la puerta hasta el final para asegurarme de que no se estuviera muriendo.
No se estaba muriendo. No lo creo. Lo que parecĂa una criatura peluda de seis brazos tenĂa la cabeza metida dentro de su espalda, la toalla alrededor de su cintura apenas se mantenĂa envuelta. Cuanto más empujaba, más se hundĂa. ParecĂa que se estaba fusionando con Ă©l. PodĂa ver hacia dĂłnde tiraba la criatura para entrar porque las manos huesudas aparecieron debajo, presionando hacia afuera. La cola, que se movĂa por el baño, tirando botellas de colonia y productos viejos para el cabello, fue lo Ăşltimo en entrar. Se doblĂł debajo de sus piernas y se fusionĂł con su torso, sus abdominales se hincharon y luego se convirtieron en el cuerpo ligeramente firme que tenĂa antes. Ahora, no pude evitar mirar, trofeo todavĂa en mano, mientras tropezaba por el baño, tratando de evitar caerse. Las piernas que esta criatura tenĂa antes no se parecĂan en nada a las piernas humanas con las que estaba tratando de equilibrarse ahora.
Entonces me vio. Mi primer instinto fue correr, pero me quedé allà quieta, viéndolo levantarse finalmente y mirarme con miedo.
—Oh, lo siento, solo necesitaba un lugar donde quedarme... —dijo con voz temblorosa.
—No voy a hacerte daño. —DejĂ© el trofeo en el pequeño armario que habĂa junto a la puerta, lo que pareciĂł calmarlo un poco.
—Sé que esto puede parecer extraño, pero tu compañero de cuarto no está herido. Yo solo soy un pasajero. —Movió las manos por su cuerpo. Pude ver un pequeño bulto donde la punta de su cola creó un bulto y deslizó la mano sobre él, alisándolo nuevamente.
—¿Puedo tocarte? —pregunté, acercándome un paso más. Él inclinó la cabeza.
—Sà —estaba confundido. Extendà la mano hacia adelante y las yemas de mis dedos tocaron su pecho, lo que hizo que se le pusiera la piel de gallina mientras la deslizaba lentamente por su cuerpo. Sus abdominales se contrajeron y tracé las hendiduras hacia su toalla.
—Él nunca me dejarĂa hacer esto —dije en voz baja, mientras una erecciĂłn crecĂa en mis pantalones. Lo que me sorprendiĂł fue el hecho de que sus manos me rodearon, acercándome más a Ă©l. Rápidamente me quitĂ© la camisa, dejándola caer al suelo y sonreĂ mientras lo besaba. Sus abdominales se tensaron contra mĂ y terminĂ© de empujar su toalla fuera de Ă©l. Estaba erecto y su pene presionaba contra el mĂo.
—Esto se siente bien —susurrĂł en mi oĂdo mientras yo me agachaba y comenzaba a acariciar su miembro. Gruñó en mi oĂdo, el sonido de algo inhumano saliendo de Ă©l, y con una especie de adrenalina lujuriosa me dio la vuelta y se embistiĂł dentro de mĂ.
—¡Mierda! —grité de placer. Su manera de tocarme me excitó aún más.
—Te voy a follar muy fuerte —dijo, empujando sus caderas dentro de mĂ. Me acercĂł más, levantando mi cuerpo para poder besarme el cuello. Gruñà con cada embestida, agarrando mi polla y masturbándola, sintiendo el placer hormiguear por todo mi cuerpo. Me corrĂ antes que Ă©l, gritando mientras chorros de pegajosidad blanca salĂan disparados de mĂ y caĂan sobre las baldosas. Mi compañero de habitaciĂłn, por otro lado, embistiĂł tan fuerte que tuve que agarrarme de algo cuando sus embestidas finales casi me hicieron caer en la ducha, gritando mientras me llenaba con sus propios jugos. En el espejo, podĂa ver su piel mientras la criatura se movĂa, el placer hacĂa que casi se viera obligado a salir de su anfitriĂłn.
—Ya lo has hecho antes. —Me giré para mirarlo; su cuerpo brillaba.
—Está todo aquĂ. —Se dio un golpecito en la frente y luego tocĂł mi pecho, sintiendo los latidos de mi corazĂłn.
—Era un matĂłn. No tengo ningĂşn problema con que te quedes dentro de Ă©l todo el tiempo que necesites. —Me acerquĂ© para tocarle el pecho y luego me movĂ hacia el lugar donde sobresalĂa la punta de su cola. La sentĂ contra mi palma y sonreĂ.
“Lo sĂ©. Como dije antes, todo está aquĂ”, me dijo.
—Bueno, gracias por no intentar atacarme —me reà entre dientes.
—No, gracias. —Me besĂł de nuevo y no pude evitar sonreĂr, sintiendo que su polla de repente se ponĂa dura, lista para otra ronda














