Jugando con la soledad.
La fotografĆa muestra a un hombre frente a un tablero de ajedrez, acompaƱado solo por su sombra. En esa imagen, el tiempo parece detenido, y la luz se convierte en cómplice de una partida que no busca ganar. La silla vacĆa frente a Ć©l no es ausencia, sino memoria: el eco de conversaciones pasadas, de risas que aĆŗn resuenan en el silencio. La escena recrea una de las muchas metĆ”foras visuales deā¦











