La fuente de aguas danzantes en forma de estrella que estaba construida en el hotel era simplemente magnÃfica, pero el añadido de los tonos naranjas que aportaba crepúsculo vespertino, además de la propia luminaria de la fuente, le daba cierto toque mágico. Cornelia estaba allÃ, sentada en el borde de mármol observando con atención los chorros de agua que se movÃan al ritmo de una melodÃa inaudible--. Si vas a decir algo, mejor no lo hagas --ordenó, podÃa sentir una mirada clavada en ella y anteriormente habÃa oÃdo unos pasos acercarse.







