abu·lia
/əˈbuːliə/
noun
the complete inability to make decisions
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abu·lia
/əˈbuːliə/
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the complete inability to make decisions

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i hate my brain wdym i dont want to do anything productive to myself. oh no i am experiencing troubles writing this essay! maybe i can write it after building some steam! and all the options just burn me out on word one. like cmon bro
for some reason this scene reminded me of this
bloque emocional?
que tan mal será estar bloqueada emocionalmente? capaz estoy en frente de una persona que lo vale y ain embargo siento todo mas vacío después de haber sentido tanta quimica, onda, conexión con otra persona, después de el nada fue lo mismo, siento que se llevó parte se mi sentir.
Album Reviews #72 - Insurgentes by Steven Wilson
Okay so, this is my first time listening the album in full in 9 years, I feel that I have given it enough time to the record to get fresh again in my head and enough time for me me to grow somewhat as a listener and person. I think this review I just finished is at the very least somewhat fair, all things considered.
There are interesting soundscapes here and the album gives this dystopian and futuristic, esoteric imagery that is wrapped in a romantic view of melancholia. Unfortunately, there are many tracks and moments that wander aimlessly in the most insipid moments of the atmosphere and a lot of the songs just come as a pale imitation of more interesting underground genres.
For example Abandoner goes trip hop, but there are no new ideas introduced into the genre, it is a genre tourist song that dips its toes in the idea of the atmosphere but if that atmosphere feels rather dull to you, the track is going to feel incredibly boring to you because there are no other ideas on the song. Significant Other does something similar with Shoegaze, Only Child has tints of Post-Punk. Even when I love No Twilight in The Courts of the Sun, with how clear where it draws influences from (the guitar solo from Cygnus by The Mars Volta) it is easy to see Steven transforms the music he listens. The chromatic solo section is kept but so many parts are added that are just not interesting and come as more fluff than anything. An ambient section to keep the tension going but that feels more like something to stretch the song with, the generic string arrangements and then an instrumental refrain of the main chorus around the end to give a sense of climax. The solo in Cygnus didn't need any of that, it was intense for the instant that it lasted and here the single idea is extended into this big song but the experience drags out on places because how it prepackaged it feels.
Here, while there is a lot of polish and the way ideas are handled can click impressively so at times in a whirlpool of emotion with an air of modernity (like with Harmony Korine, which is incredible to listen during a silver sunset) the whole apathetic complexion of the music doesn't help the lack of focus. The tracks I like, though, I like to play in a foggy day, the hues on this album are gray enough to match the sky.
Custom tracklist
Puncture Wound
Salvaging
No Twilight Within the Courts of the Sun
The 78
Get All You Deserve
Collective Space
Insurgentes
Harmony Korine
Running Time: 46 minutes
4/10

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Habría pasado ya más de una semana desde que cejé en mis intentos de escribir. Para entonces mi vida era algo totalmente exangüe y desquiciado. Como he dicho, aquel fracaso que me había hundido estaba ya contaminado por la enfermedad. Fue entonces cuando mi deseo de escribir flaqueó por primera vez. En ese periodo advertía, por ejemplo, que cuando me disponía a escribir lo que fuera que me hubiera venido a la cabeza, era incapaz, inexplicablemente, de recordar qué era. Tampoco podía releer algo escrito y revisarlo ¿Cómo iba a cambiarlo si no había modo de recobrar el sentimiento original con que lo escribí? Empecé a barruntar que no me convenía enredarme en aquello. Pero soy tenaz por naturaleza y no me rendí. No pude.
Tal como me temía, me encontraba en un estado pésimo tras dejar de escribir. Estaba como aturdido. El grado de desidia supero el habitual en mí, que ya era grotesco. Tirar unas flores mustias de un jarrón, aun cuando se hubiera podrido el agua y me molestara el hedor, parecía mucho engorro, y lo dejaba así. El disgusto que sentía cada vez que las veía nunca engendraba la voluntad de tirarlas. En vez de enfrentarme simplemente a lo que me fastidiaba, sentía que me habían aojado. Rastreaba el tufo del maleficio en el corazón de mi desidia.
Si empezaba a hacer alguna cosa, luego sin falta, en algún momento, me encontraba abismado. Aunque me sacudiera el estupor y retomara lo que estaba haciendo, una vez comprobado mi estado, sentía ya que la tarea carecía de sentido. Fuera lo que fuera lo que iniciaba, me encontraba una y otra vez detenido a la mitad, malográndolo todo. Y como esto ocurría constantemente el discurrir de mi vida cotidiana me confrontaba inevitablemente con aquellos conatos infructuosos. De ese modo, como empantanado, era incapaz de liberarme de mi estancamiento. Y algo semejante a gases mefíticos afloraba burbujeando desde el fondo del cieno. Eran mis odiosas fantasías, que se presentaban de repente: un pariente cercano iba a sufrir una desgracia, un amigo me había traicionado...
Por entonces se producían muchos incendios. Yo tenía la costumbre de pasear bastante por un descampado cercano donde estaban levantado muchas casas. Viendo las virutas de madera tiradas por todas partes, me di cuenta de que no estaba siendo muy cuidadosos al arrojar cigarrillos encendidos. Decidí que era muy peligroso. Hubo dos fuegos allí cerca y en ambas ocasiones me asaltó la vaga desazón de que estaban a punto de arrestarme, pues seguía obsesionado por mi supuesta temeridad. Sentía que si me decían: «Usted merodeaba por el lugar, ¿no es así? ¡Sus colillas provocaron los incendios!», no habría tenido modo de defenderme. Me aterrorizaba ver al chico de telégrafos correr de acá para allá llevando sus pavorosas misivas. Tales fantasías me debilitaban y abatían. Absurdamente, porfiaba en aquel estado de postración. Y ser consciente de ello me resultaba intolerable.
Sin deseo de hacer nada, miraba ausente el espejo, o un jarro de loza con rosas pintadas. Si bien en mi interior no hallaba dónde descansar mi espíritu, haciendo tales cosas alcanzaba momentos de paz. A menudo en el pasado había experimentado lo mismo a la intemperie. Era una sensación extremadamente vaga: mirando fijamente la hierba barrida por el viento llegaba un instante que que sentía algo temblar dentro de mí, igual que las briznas de hierba en torno. No tenía certidumbre de aquello, era un pálpito, pero experimentaba el rozarse de la hierba al viento de otoño. Me sentía como si me hubiera hartado de beber, y mi espíritu salía tonificado.
Era lógico que recordara aquella sensación cuando miraba el espejo o el jarro de agua. En más de una ocasión anhelé que los sentimientos pudieran dirigirse con aquella facilidad. Pero no obstante lo que pensara, seguía pasmándome ante aquellos objetos. El lindo jarro, que reflejaba la claridad de la habitación en un punto de su fría superficie, tenía para mí, incapacitado para cualquier otra acción, un hechizo incomprensible. El reloj daba las dos, las tres, sin que me fuera a la cama.
Escrutar el espejo de noche podía ser algo terrorífico, dependiendo de la hora. Mi rostro me parecía el de un extraño y cuando llevaba rato mirándolo fijo —quizá por la fatiga— se trasmutaba en una máscara idéntica a la del hidrópico del gigaku. El rostro del espejo desaparecía de súbito, luego reaparecía, como la tinta simpática al calor. A veces sólo era visible un ojo que me fulminaba. Sin embargo, tal es la naturaleza del miedo que, en cierta medida, se puede experimentar y reprimir a voluntad. Aquella máscara de gigaku en el espejo me horrizaba y a la vez me arrastraba un impulso de divertirme con ella, como el niño que juega en la orilla del mar, buscando las olas y echando a correr cuando se le vienen encima.
Pero la sensación de marasmo permanecía. Es más, la extraña enajenación que experimentaba mirando al espejo o al jarro parecía estar sórdidamente ligada a mi estancamiento. El caso es que dormía hasta mediodía sin parar de soñar y había tardes en las que, agotado, ya no era capaz de diferenciar entre sueño y realidad. Llegué a creer que lo que experimentaba era sobrenatural. En ocasiones, paseando por la ciudad, me sorprendía recelando que alguien al verme dijera, alejándose aprisa: «¿De dónde sale el mamarracho éste?». O pensaba que el rostro inclinado de una muchacha que atendía a un niño, si lo alzara y me mirara, podía resultar una abominación.
Pero el giro que había estado esperando había llegado por fin. Por primera vez en mucho tiempo enfilé la calle nevada para ir a coger el tren.
Kajii Motojirō
Temo los días en los que despierto con un peso sobre mi pecho, que no deja respirar, se lleva tus fuerzas, y solo te quedas ahí. Despierto..
rimas, poemas sin remite