Oración pidiendo ayuda contra los malosAl músico principal; sobre Seminit. Salmo de David. Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos;Porque han desaparecido los fieles de entre
DEVOCIONAL PAN DE VIDA 17 de marzo de 2025
EL DUEÑO DE MIS LABIOS
CONFERENCIA:DARÍO
Salmo 12 Oración pidiendo ayuda contra los malos. Al músico principal; sobre Seminit. Salmo de David. 1;Salva, oh Jehová, porque se acabaron los piadosos; Porque han desaparecido los fieles de entre los hijos de los hombres. 2;Habla mentira cada uno con su prójimo; Hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón. 3;Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, Y la lengua que habla jactanciosamente; 4;A los que han dicho: Por nuestra lengua prevaleceremos; Nuestros labios son nuestros; ¿Quién es señor de nosotros? 5;Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, Ahora me levantaré, dice Jehová; Pondré en salvo al que por ello suspira. 6;Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces. 7;Tú, Jehová, los guardarás; De esta generación los preservarás para siempre. 8;Cercando andan los malos, Cuando la vileza es exaltada entre los hijos de los hombres.
Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor...
-Salmo 19:14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.
LA BIBLIA EN UN AÑOS Deuteronomio 30-31 Marcos 15:1-25
La diferencia entre el elogio y la lación suele ser la motivación. U elogio aprecia de manera genuina cualidad o una acción de otra persona mientras que el objetivo de la adulaci N es, habitualmente, aprovechar la situación al ganarse el favor de otra persona, Los elogios buscan animar, la adula ción, manipul
En el Salmo 12. David se lamenta de su entorno social, donde las personas fieles y piadosas habían desaparecido, y en su lugar, había otras que hablaban mentiras <<con labios lisonjeros, y con doblez de corazón» (v. 2). Habían decla rado: <<Por nuestra lengua prevalecere-mos; nuestros labios son nuestros: ¿quién es señor de nosotros?» (v. 4).
Sería bueno preguntarnos: ¿de quién son mis labios? cuando somos tentados a elogiar falsamente para conseguir lo que queremos. Si soy dueño de mis labios, puedo decir lo que me plazca. Pero si le pertenece al Señor, mi vocabulario reflejará sus palabras, las cuales el salmista describe como «limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces» (v. 6). RUBÉN(REFLEXIÓN) Quizás una manera apropiada de mostrar a quién le pertene-cen nuestros labios sería empezar cada día con la oración de David, plasmada en otro salmo: «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía, y redentor mio -Proverbios 13:3 El que guarda su boca guarda su alma; Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad. AMÉN.















