Ora et Labora. Adagio.
Las verdades se me cuelan, sigilosas, dentro de la piel.
En el cielo intuyo un ciclón anímico el día de después de pasado mañana.
La escasa luz que se escapa por entre las hojas perennes.
Tengo la cara malgastada de sonreír a ejemplos semipensantes y grotescos que se acogen a mi obvia imposibilidad de alejarme en la farsa laboral rutinaria (ejemplo claro de que incluso aquellas mentes ovinas que se encuentran con mala suerte y una extrema falta de sensibilidad empática fluyente de mi alma carcomida por esta realidad asfixiante, son capaces de montar proyectos vitales más óptimos que los míos; incluso a pesar de su ineficacia de producción de verdaderos pensamientos inteligentes.
Elementos esperpénticos, persistentes y descorazonadores son, a parte de la Familia, los únicos individuos con quienes me veo obligada a lidiar a diario.
Comentarios que denotan verdadera falta de agilidad mental, son mi pan de cada día; hundiéndome con cada nueva jornada, en un abismo agónico que me obliga a serenarme a la fuerza con extremas dosis de cinismo, autocompasión, úlceras auditivas auto infligidas y grandes cantidades de tóxicos que me provoquen choques mentales que anestesien el instinto homicida y me dejen con la sonrisa temblorosa, psicótica en fase previa, y me quiten las fuerzas y el ímpetu.
Soy una enferma con los electrodos puestos y me apasiona-necesito que me administren mis electroshocks regulares para no llegar al Monstruo, aún.
En mi cabeza se ahogan los gritos, los unos a los otros, en una cacofonía constante de absoluta y perpleja desolación ante este infierno constante y persecutorio de mutilados intelectuales, arrogantes en su entusiasmada farsa de inventiva e ingenio y espontaneidad. Orgullosos de la roña que tienen incrustada en las neuronas, de sus sentimientos fascistas, de sus pobres vidas en peceras de muestra, silenciosas mentes y bocas en los adentros de sus jaulas, excepto por los constantes interrogantes, consecuencia directa del intentar comprender algo de la realidad que les rodea, aunque sea el grado de enferma mutilación que les condena a interactuar cada día de sus putas vidas repitiendo las mismas bromas estúpidas, memorizadas al visualizar algún programa de Tele5, siempre devorando la misma basura mediática, venerándola, comentándola, salvándose de desarrollar algún tipo de espíritu crítico que les estampe en la cara la náusea de vida mediocre y sumisa e indefensa que viven, que les regurgita al sillón cada puta mañana con su total, sonriente y estúpida aprobación.













