Ya amaba mi vida antes de que llegaras, pero he de admitir que desde el prisma que me otorga tu compañÃa todo se ve más nÃtido y de un color que hasta ahora no sabÃa que existÃa. Eres un cristal claro, como una segunda piel del viento, y a través de ti los laberintos se desenredan, los rÃos encuentran su cauce y florecen los sueños en la mente de los niños. Al llegar no me has rescatado, pero le has devuelto la lluvia al arenal de mi esperanza y yo, que ya estaba acostumbrado a la sequÃa emocional, recordé por fin que habÃa vida más allá de las fronteras de este silencio. Trajiste tu voz, trajiste la música, trajiste este mundo que sin duda es maravilloso. Ya amaba mi vida antes de que llegaras, pero he de admitir que contigo lo bueno mejora, porque no te basta lo ordinario, y todo es más bonito cuando al mirarte puedo ver en tu interior a un alma que llevaba mucho tiempo buscando a una como la mÃa.











