Hi! I will sing "Rebelde" by Jeanette for the cast of Sylvain Sewlings.
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“Nos está cazando uno por uno...” Dijo únicamente para él, tras detenerse a mirar las noticias detrás el vidrio del mostrador. Era el segundo asesinato que se le atribuía a aquel hombre y el sabía que todo aquel con su nombre escrito en el diario corría riesgo. Tragó saliva y se quedó ahí mirando, la Ciudad entera estallaría en pánico con aquello, se preguntaba si para ese momento el FBI ya andaba tras el culpable. Tras percatarse de que alguien se había posicionado a su lado y había exclamado ante lo que veía, giró el rostro hacia ahí y con una sonrisa vaga, explicó. “No debemos alarmarnos, las autoridades están trabajando en el caso y estos asesinatos no llegarán a más.” Intentó tranquilizar.
Caminaba con temor de vuelta a casa. Era de noche, había perdido el bus y ese día su coche estaba en el taller, por lo que le tocaba ir andando si quería regresar desde el trabajo hasta su confortable hogar. Desde que había escuchado del asesinato no estaba tan segura por las calles, así que iba abrazando bien su bolso y caminando casi con un poco de prisa, mirando a su alrededor preocupada. Rezó mil y una veces internamente para llegar sin problemas a casa, con la tensión en su cuerpo vigente. Clementine normalmente no era una mujer miedosa, pero la idea de encontrarse con un asesino no era muy atrayente. Un ruido le hizo alertar al instante. “¿Quién hay ahí?” Qué estupidez de pregunta, ni que un asesino fuera a decir: oh sí soy yo, vengo a matarte. Bah.
“Jodido cabrón.” Masculló, limpiando la sangre que brotaba de su labio roto con el dorso de la mano. “¿Así es como me pagas, pendejo?” Gritó ya enfadado, lo único que había hecho era únicamente cobrar la deuda que su amigo le debía desde hacía ya meses y ahora que necesitaba algo de pasta no quería simplemente pagarle. “Puedes tomar esos billetes y metértelos por el culo, solo no vuelvas a mi lloriqueando la próxima vez.” Sin decir ni escuchar más, disculpándose sin verdaderamente sentirlo con su mujer que había presenciado todo. Caminando a grandes zancadas y con el rostro transformado por el coraje, caminó por aquella calle poco alumbrada pensando que como conseguir algo de dinero para completar sus gatos, no podía recurrir a su jefe no en ese momento. Saliendo de la oscuridad, con el rostro malhumorado y su corporalidad rígida, se detuvo muy cerca de la joven (pues los caminos habían chocado) para no chocar, pues no le había visto hasta que la escuchó. “Perdón. No te asustes, no voy a hacerte daño.”
“Maldito calor.” murmuró acomodándose bajo la sombra de un árbol en uno de los parques de la ciudad. “Si al menos hiciese algo de brisa o de corriente se aguantaría mejor, ¿verdad?” inquirió mirando de reojo a la persona que tenía al lado.
Absorto en sus pensamientos y la bebida de cola helada entre sus labios, alzó la ceja hacia el hombre del otro lado del árbol que aparentemente se dirigía a él. Tras comprobar que así era, asintió levemente con la cabeza y dando un trago más a su coca cola, respondió. “El maldito clima en esta temporada agobia, necesitamos algo de lluvia.”
Se encontraba haciendo fila en una de las cafeterías más concurridas de Bellevue pero ya tenía mucho tiempo esperando por su turno, por eso se movía un poco para desentumir sus piernas mientras miraba hacia la fila. — Ya me hubiera ido de aquí si no fuera porque este es mi café favorito en toda la ciudad —le dijo a la persona que estaba delante de ella sonriendo suavemente, al menos esperaba que en lo que esperaban alguien hablara con ella, era lo malo de ser tan inquieta y habladora, no era buena esperando.
Llevaba rato esperando ahí por su dosis de “despertar” matutino, odiaba la cola pero amaba l café por lo que el tiempo invertido ahí siempre valía la pena. Ahogó un bostezo cuando escuchó aquella voz, sin duda le pareció familiar y trató de ubicar de donde venía: dos personajes delante suyo y una cabellera castaña, la chica coqueta de la fiesta loca. Reprimió una sonrisa y carraspeó un poco la garganta antes de hablar: “El café que vale la espera... Pero te hacía más fan de las bebidas más fuertes.”

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“Amigo.” Se dirigió hacia ese vagabundo agachado recogiendo algunas cosas de un montículo de basura al inicio de lo que pareciera un callejón. “Suelta eso, ¿bien?” Sacó su cartera y le dio un par de billetes al hombre barbón. “Cómprate algo de comer.” Indicó y en respuesta el otro, sin creer la cosa aceptó, y dio la vuelta, olvidándose del carrito de compras que seguramente había robado de algún supermercado. Y para cuando Joel volteó, guardando de vuelta su cartera, un rostro le observaba, al ojiazul no se le ocurrió más que esbozar una sonrisa incómoda y alzar su mano en seña de saludo. “Buen día.”
“Buen día.” Respondió enseguida, mirando por primera vez al hombre que se había desprendido de algunos billetes para la caridad humana. Él nunca había estado de acuerdo con ello, en el tiempo que vivió en la calle y probó las drogas vivió lo que un vagabundo hacía con el dinero de la caridad: más drogas. “Si sabe que ese hombre no va a comprarse un plato de comida, ¿cierto?” El viejo barbón era un conocido borracho en aquellas calles, vivía de la basura y dinero que pasaba por sus manos, servía para alimentar únicamente a su vicio. “Un noble gesto pero sin duda no fue de ayuda.” Torció de lado los labios en una sonrisa ladina, la gente así no cambiaba de la noche a la mañana, bien lo sabía él.
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El lago era quizás uno de sus temores más grandes y uno de los lugares más tranquilos de Bellevue. En épocas como aquella los niños iban un rato después de la comida pero a las horas pasaban de largo e iban directo hacia sus casas. Ese día Noah había decidido aparecer antes de que el sol se oculte con la única meta de relajarse y despejar la cabeza, estar sola. Las últimas noches habían sido posiblemente de las peores y quería hacerlas desaparecer aunque sea por unas horas. Así, en el silencio del lugar, sus párpados en un momento se cerraron y al otro no se volvieron a abrir, quedándose así completamente sumida en un profundo sueño.
Aquel lugar, era uno de los que más frecuentaba el moreno estando en servicio, ahí comía y bebía en menos de cinco minutos su almuerzo justo en tiempo para volver a su posición junto al alcalde. Sin embargo, en los últimos días había estado al servicio de la señora, tenía más tiempo para él aunque no le gustaba tener que estar entre centros comerciales y demás cosas que las chicas suelen hacer. En su día libre, se encontró a sí mismo tomando el rumbo que hacía semanas no tomaba, compró un hot dog de camino y una coca cola muy fría, tomándose su tiempo para comer en una de las bancas del parque hasta que un niño llegó corriendo hacia él, pidiendo ayuda ues según el menor, había encontrado un cadaver. Ya al llegar ahí algo asustado, se percató de la respiración de la chica y respiró aliviado, examinándo rápidamente por si había alguna herida. “No es un cadáver, está viva.” Aclaró al niño. “Pero creo que muy dormida.” Alzó una ceja y con su zapato, movió la mano de la chica. “Hey, despierta bella durmiente.”
...
Damien había tenido un cansado y extenso día de trabajo, lidiar con aquellos socios detestables que eran amigos cercanos de su padre no era su pasatiempo favorito, sin embargo, tenía que hacer ese tipo de méritos si deseaba poner en marcha el plan que tenía en mente; colocar un prestigioso hotel de cinco estrellas en el centro de Bellevue para posteriormente expandir toda una cadena de hoteles por cada rincón del mundo. Evidentemente se sentía abrumado y su cuerpo le exigía descansar, pero no lo haría sin antes llevarse un poco de alcohol a sus labios, ¿Acaso existía algo más relajante que esa magnifica droga?, no…definitivamente no.
Se dirigió al bar más cercano y estacionó su auto, un AR8, capricho que había adquirido tras cerrar satisfactoriamente su primer negocio en Los Ángeles, era solo un joven de veintidós años pero poseía diversas habilidades extraordinarias dentro de su trabajo, probablemente se debía a la educación que le habían inculcado sus padres desde sus primeros años de vida. Finalmente, se adentró en el lugar y se dirigió inmediatamente a la barra, tomó asiento y se dispuso a hablar. —Que sean dos whiskys, por favor… —Le musitó a la mujer que se encontraba atendiendo el bar haciendo un ademan con su mano izquierda.
“¿Dos?” Exclamó sin haber volteado a ver a su acompañante recién había arribado. ¿Cuantas copas llevaba para ese momento? No recordaba del todo bien, sin embargo aun era consciente de lo que hacía y pasaba a su alrededor, únicamente se sentía más lengua suelta de lo normal. “Espero que no busques impresionar a esa chica pidiendo dos copas.” Rió, dando por el trago final a su copa y asentándolo en la barra, con un ligero tintineo producido con los hielos que indicaba a la chica detrás que necesitaba uno más igual. Había tenido un día difícil, primero su perro y luego su auto, ¿que más podía salirle mal esa noche? El alcohol parecía ser en ese momento, su mejor compañía. “Ahórratelo, Rosie es casada.” Sonrió, girando ligeramente el rostro para encontrarse con aquel chaval.
“¿Fito?” Eve levantó la mirada observando al mayor casi incrédula, ¿Cómo se atrevía a llamar a su perro con un nombre tan cliché y aburrido? No, no iba a permitirlo “Se llama Bowie y es mío” aclaró con una sonrisa que pretendía ser educada y amable, pero salió más falsa de lo que ella esperaba “Ha estado perdido por un par de semanas, pero es mi perro, hasta puse anuncios en las calles” explicó, tomando de la correa al perro “¿No los viste o qué?”
Se rió, bajando la mirada hacia el perro, podía ver la comodidad del can con la castaña y eso le hizo recordar los lapsos de tiempo que solía perderse a lo cual, el siempre lo había atribuido a que era un can de la calle y poseía más independencia que el resto que estaba domesticado. Soltó un suspiro y negó con la cabeza, agitando brevemente una mano en el aire. “Estás de broma. niña.” Se inclinó y acarició al can, que respondió con la lengua por fuera ante la emoción que le causaba tener a sus dos dueños ahí. “¿Debo decirte Bowie o Fido?” Si bien él había decidido nombrarle como el perro que siempre quiso en su infancia por ser un nombre común y estereotipo de can que todos quieren, el nombre que le había puesto la chica al can le parecía afeminado y absurdo. “A este perro lo encontré hace más de dos años en las calles: sucio, sin correa y hambriento.” Alzó la mirada hacia la chica, con aspecto más relajado. “Siempre viene y va. Hace dos semanas cuando llegué del trabajo, lo tenía esperando por mi en mi porche después de tres meses sin verle...” Negó con la cabeza enseguida tras caer en cuenta de lo que sucedería si ella, era su legítima dueña. “N-no te lo puedes llevar.”

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El doctor le había dicho que él iba a estar al pendiente por si Bowie apareciera, sí, él le dijo que le llamaría y Eve había estado esperando la llamada, casi a diario y es que sí, era normal que Bowie desapareciera incluso por meses, pero… pero esta vez lo necesitaba, no quería pasar su cumpleaños sola y bien sabía que Bowie sería el único que podría acompañarle ese día. Así que no tardó en cerrar la tienda por un par de minutos y caminar hacia la veterinaria, no estaba muy lejos y aunque lo estuviera, Bowie lo valía, ¿No? “Buenos días” saludó a la recepcionista con esa característica sonrisa amigable que Eve había perfeccionado con el tiempo “¿Está el doctor?” preguntó después y entonces sintió como esa bola de pelos color ámbar se acercaba a ella y ladraba emocionado “¡Bowie!” gritó emocionada y es que, así, de la nada su pequeño había aprecido y parecía casi una broma que fuera tan fácil “¿Dónde estabas, bola de pelos?” preguntó mientras se agachaba hasta la altura del can y lo abrazaba.
Alzó una ceja incrédulo cuando su can se zafó de su mano y con todo y correa corrió hasta la castaña que había entrado al lugar, ¿cuando Fido haría algo así? Extrañado se levantó de su lugar y se dirigió a la extraña escena que acontecía delante de sus ojos. “¿Bowie?” Se rió, rascando su barbilla y comentó a la chica. “Esa bola de pelos es mía y... se llama Fido.” Señaló hacia el dije que colgaba del collar del can. “Esto debe ser un error.” Dijo en un tono más divertido.
– Ehm… Sí, cariño, el próximo fin de semana te traeré el peluche de Joy que me pediste. ¿Te ha gustado mucho Inside Out…? Pues tendremos que verla cuando vuelva a Nueva York, sí. Tengo que dejarte, peque, papi tiene que seguir trabajando. –comentó con aire distraído para después colgar el teléfono y mirar a la persona que tenía delante–. Lo siento, ¿había dicho algo?
Aguardó con cierto fastidio a un lado del hombre que estaba lo suficientemente entretenido con su llamada. ¿Era en serio? Tomó una bocanada de aire, cruzando sus brazos sobre su pecho, esperando e impacientándose cada vez más. “Vaya.” Soltó con ironía cuando colgó. “Si, hablábamos de que no se como le hará para pagar el puto golpe que le ha metido a mi camioneta.”

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Regan se encontraba disfrutando de una deliciosa taza de café, era medio día y tenía cita con una de esas personas que te muestran el lugar, ella estaba interesada en conocer aquel lugar, tenía pinta de misterioso y a la vez algo peligroso. Se encontraba leyendo un nuevo libro que le había recomendado la bibliotecaria, era una de las novelas de Nicholas Sparks “Mensaje en una botella” todo iba bien hasta ese momento, hasta que alguien se acercó a su mesa, ella instintivamente dejo de leer y levantó la vista para encontrarse con aquella persona que esperaba fuera su guía. -¿Se te ofrece algo?- preguntó amablemente.
¿Que hacía allí? No dejaba de preguntarse cuando decidió aprovechar su día libre para visitar lugares de la ciudad que no conocía, de todos, no podía entender porque le había elegido. Cuando se adentró, notó la cantidad de gente que esperaba que el recorrido iniciara, no quería esperar parado pues ese era su trabajo, así que se dirigió a una mesa cercana donde solo estaba ocupado por una chica, mejor a nada. “Me preguntaba si podía sentarme aquí...” Añadió descontrolado, pues no había pensado pedir permiso, era un lugar público.
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Aprovechando su día libre, el moreno decidió llevar a Fido al veterinario. Esas escapadas que se daba donde se desaparecía hasta por meses (la última vez había sido por tres), aunque bien regresaba intacto pues se veía que alguien había cuidado de él, debía constatar que todo este en orden y sin bien su cartilla de salud no le mentía, le tocaba un par de vacunas. “Buenas tardes, traigo a Fido a revisión.” Ya previamente había sacado su cita, a Sylvain no le gustaba perder su tiempo. Soltó un suspiro y aguardó a que la señorita detrás del mostrador le indicara que debía esperar un momento, así eran esas cosas y resignado tomó asiento en la sala de espera con su perro de lado al que se dedicó a acariciarle la cabeza. “Lo siento amigo, pensé que sería más rápido. Se cuanto odias este lugar.” Le dedicó una sonrisa ladina y miró al can, que prestaba su atención hacia otra parte.