Presentando a Shadow/L'exxi Mjurran.
Protagonista original de mi fanfic The Mandalorian: The Shadow of the Way.
Sinopsis:
A cinco años de la caída del Emperador Palpatine junto con el Imperio, la galaxia regresaría a la paz bajo la guía de La Nueva República.
Actuando como agente libre, Shadow tomaría la tarea de fastidiar y eliminar a los remanentes Imperiales que se encuentran activos.
Atacar, robar y destruir. Era la única misión que existía para ella, pero todo aquello quedaría de lado después de ver un mensaje robado de su última misión, lo que la llevaría a cambiar el objetivo de la misma: averiguar que es aquello que los Imperiales tanto buscan
Emprenderá un viaje donde hará una alianza inesperada con un cazarrecompensas para completar su misión, pero el universo jamas pone las cosas tan fácil.
La sombra del pasado siempre queda sobre nosotros y para Shadow no es la excepción. Alterará su presente e influirá en su futuro, llevándola a tomar una importante decisión. ¿Seguirá con el legado de sus padres? O ¿Tomará su propio camino?
Capítulo 1: Shadow
La marcha de los stormtrooper resonaba en los peculiares pasillos del Destructor Imperial que aún seguía en función. A cinco años de la caída del Emperador Palpatine, existían ratas womps Imperiales que se negaban a hundirse. Remanentes del Imperio seg sombras uían activos, trabajando desde las con la esperanza de controlar nuevamente la galaxia y regresar a su antigua gloria.
Discretamente un trooper se había separado de aquel grupo tomando un pasillo que dirigía a la oficina del Almirante, para su suerte el lugar estaba despejado, solo pequeños droides de reparación hacían acto de presencia apurando su paso al sentir las pisadas firmes de aquel soldado pasando a su lado. Al detenerse frente a la puerta llamó recibiendo así una invitación vocal a pasar.
—Señor, lo solicitan en el puente —dijo el trooper con formalidad frente al hombre que observaba con atención la datapad que tenía en su mano.
—¿Qué ocurre? —habló el aludido levantando la mirada, alzó una ceja curioso después de examinar al soldado frente a él, era un poco más bajo de lo normal y con la voz aguda, parecía una chica si era honesto, le fue algo peculiar pero en tiempos de crisis y cambios no podía darse el lujo de menospreciar a quienes se unieran o mantenían dentro de filas del Imperio que trataba de estar a flote.
—El Capitán Flint dice que es urgente y que sólo puede hablarlo con usted personalmente.
—¿Qué tan difícil es venir hasta acá para decírmelo en persona? —gruño entre dientes el Almirante dejando caer con molestia el aparato sobre el escritorio olvidando así sus pensamientos pasados—. Está bien, iré en seguida —dijo regresando a su lectura, el trooper se cuadró a un costado de la puerta.
—Disculpe Señor pero es apremiante su presencia en el puente.
El Almirante soltó un suspiro frustrado dejando caer nuevamente la datapad sobre el escritorio, apretó con sus dedos pulgar e indicé el puente de su nariz, lo que más le disgustaba era ser interrumpido cuando estaba en su oficina. Con pesadez se levantó acicalando su saco y acomodó de nuevo en su canosa cabeza el gorro que iba acordé con aquel uniforme grisáceo hecho a la medida.
—Espero que sea de vida o muerte —habló firme el imperial caminando hacia la puerta que se mantenía abierta.
El trooper sin decir nada lo siguió con la mirada, al tenerlo un par de pasos adelante tomó su arma y con el mango de la misma lo golpeó en la parte posterior de la cabeza dejándolo inconsciente en el suelo. Antes de sellar la puerta se asomó viendo que no hubiera nadie por los pasillos, lo que menos le hacía falta en esos momentos era algún testigo de su pequeña operación.
“¡Bien!”.
Celebró para sus adentros ingresando nuevamente a la oficina y selló la puerta. Se acercó al cuerpo del hombre para tomar los cilindros de datos que tenía abrochados en unos discretos bolsillos cerca del esternón. Poniendo sus brazos debajo de los hombros del hombre inconsciente, jaló el cuerpo del Almirante para colocarlo sobre su silla.
—Fue mala idea golpearlo cerca de la puerta —dijo con voz jadeante, se quitó el casco y limpio unas gotas de sudor que brillaban sobre su frente—. Por fin puedo respirar —soltó aliviada en forma de suspiro—. Ya entiendo porque siempre tienen mala puntería, no se puede ver nada con esos cascos —dejó el objeto de su tortura sobre el escritorio y acomodó detrás de sus orejas unos lacios mechones castaños que se habían soltado de su coleta—. Ok. Ahora me dirás todos tus secretos.
Colocó el cilindro de memoria sobre la terminal y dejó que esta escaneara el rostro del oficial para así darle acceso a los archivos de la nave y copiar todo lo que encontrará a su paso. Bases secretas imperiales, coordenadas de cruceros, mensajes y transmisiones; cualquier cosa que fueran de utilidad serían almacenadas por ese pequeño objeto metálico. Un sonido dio aviso de que la tarea estaba completa, sonrió victoriosa al saber que una de las partes mas difícil de su misión estaba terminada, solo faltaba poner los explosivos en el reactor y salir sin que se dieran cuenta evitando que activarán la alarma antes de que toda la nave explotara. Fácil.
—Gracias por su cooperación —dijo burlona al sujeto dormido junto a ella.
—Almirante Snow —se escuchó detrás de la puerta.
—¡Dank Farrik! —dijo para sí la chica.
—¡Almirante Snow! —insistió la voz mientras golpeaban la puerta.
Pensando rápido volvió a dejar caer el cuerpo del militar al suelo, se colocó el casco, abrió la reja de ventilación y se dirigió a la puerta con rapidez para abrirla quedando cara a cara con el Capitán.
—Señor —se apresuró a saludar y rendir informe—. Encontré al Almirante inconsciente, al parecer fue atacado señor. Cerré la puerta para inspeccionar la habitación por si el intruso seguía aquí pero no encontré a nadie. Creo que se fue por los ductos —señaló con la cabeza la rejilla abierta.
—No puede ser —dijo con asombro el militar al ver el cuerpo de su superior inconsciente en el suelo, de inmediato se apresuró a asistirlo—. Llama a un droide médico y levanta la alerta de intruso.
—¡Si señor! —la soldado de armadura blanca saludo y salió de la habitación apresurando su paso al elevador para dirigirse a la bahía del reactor.
“Solo tengo unos minutos antes de que den la alerta a toda la nave, si es que el Almirante no despierta antes”.
Las puertas de elevador se abrieron y recorrió los pasillos con tranquilidad para no levantar sospecha hasta llegar con los guardias que custodiaban la entrada hacia el reactor.
—¿Qué están haciendo aquí? —dijo la trooper a los guardias con voz y porte autoritario—. ¿A caso no escucharon? Hay un intruso en la nave, deberían de estar buscándolo, son órdenes prioritarias —ambos guardias se miraron entre sí—. Si no se mueven les juro que haré que los transfieran a las minas de rhydonio —habló con gran severidad, ambos soldados tensaron sus cuerpos.
—¡Si señor! —respondieron sin reclamar, sabían que esos lugares eran una sentencia de muerte segura.
“Estupidos cabeza de cubeta”.
—Gracias padre —murmuró con una sonrisa orgullosa, la educación militar que recibió de niña siempre daba buenos resultados en situaciones como estas.
Al tener el paso libre entró y pudo ver el reactor frente a ella, fue a la consola y la manipuló para provocar un mal funcionamiento del sistema, puso las cargas que llevaba escondidas y salió del lugar de manera desapercibida hacia el hangar. Una nave era su mejor medio de escape en esos momentos, así que buscaría alguna que estuviera lista para despegar. No paso mucho tiempo cuando la alerta en la nave sonó y las luces rojas se encendieron, los troopers se movilizaban recorriendo los pasillos apresurados, se tensó al escuchar a uno de los soldados decir que el intruso estaba disfrazado como stormtrooper.
—El Almirante despertó. Hora de correr —avanzó lo más rápido que pudo hasta el pequeño almacén donde tenía escondida una mochila con algunas granadas y un blaster, la tomó y siguió caminando.
—¡Oye Trooper! —se escuchó el eco por el pasillo, la soldado continuó su camino ignorando el llamado rogando en su interior que no se dirigiera a ella— ¿Qué es lo que llevas en esa mochila soldado? —dijo más cerca, detuvo su andar y dio la vuelta.
“¡Maldición! Es el Capitán”.
—Creo que es del intruso señor, lo encontré en un almacén —dijo firme ante el oficial, el trajeado la escudriñó con la mirada.
—Tú… Tú eres quien estaba en la oficina del Almirante —habló con afirmación, con un movimiento de mano los soldados a su lado le apuntaron—. Es la intrusa. ¡Arréstenla!
Los troopers se acercaban, ya no podía seguir en su papel de soldado imperial. Con un movimiento rápido le quitó el blaster a un trooper, le disparó al Capitán y a los soldados que iban a arrestarla. Sus acciones no pasaron desapercibidas y los cabezas blancas empezaron a disparar sus blasters contra ella. Corriendo por el hangar se cubrió entre los contenedores, regresando algunos disparos y haciendo uso de las granadas en su mochila se abrió paso para poder llegar a su medio de escapé, a un Caza TIE. Subió, encendió la nave y disparó hacia el hangar para despejar la pista, activó el detonador y salió lo más rápido que pudo.
Las explosiones en el Destructor Imperial habían comenzado mientas un grupo de cazas que iban tras ella la hacían sudar. Había podido destruir dos de ellos pero aún tenía a otros tres que le pisaban los talones.
“Cass se estuviera burlando de mi si me viera en esta situación. Tengo que quitármelos de encima”.
Teniendo el recuerdo y la inspiración de su viejo amigo presente, intentó hacer una jugada que ellos aplicaron unas cuantas veces con el enemigo para acabar con ellos. Para tener éxito contaba con dos cosas: que los pilotos fueran persistentes y que tuvieran una pésima puntería como cualquier soldado del Imperio. Con movimientos evasivos pudo hacer que dos de ellos la siguieran mientas que el otro iba justo frente a ella.
—Espero y funcione.
Mantuvo su curso de frente contra el caza mientras recibía disparos en ambos flancos, alguien en la galaxia debía estarla cuidado ese día porque ninguno de los disparos de aquellos caza fueron certeros. Al tenerlos muy cerca giró repentinamente hacia la derecha provocando coalición entre los cazas y su inevitable destrucción.
—¡WOW! —sonrió ante su victoria, era un movimiento muy clásico pero lo clásico siempre funcionaba, los disparos del tercer caza le recordaron que no debía adelantarse a la celebración.
—No irás a ningún lado —dijo confiado el piloto imperial.
Ahora la insistencia del caza restante le estaba fastidiando, había podido evadir varios disparos que pudieron ser fatales, morir no era parte del plan ese día, aún tenía una tarea que cumplir. Tomó velocidad hacia el Crucero o lo que iba quedando, intentó perderlo entre las llamas y los escombros que la destrucción ocasionaba pero el piloto del TIE ya tenía en la mira a su enemigo. Su mirilla cambió a rojo asegurándole que tenía un tiró certero.
—Te tengo —susurró el Imperial sonriendo debajo de su casco.
Empezó a disparar pero el caza desertor bajó y frenó haciendo que lo rebasara dejándolo ahora como el objetivo del traidor.
—Ahora yo te tengo.
Disparando con precisión, la mujer pudo deshacerse de la molestia Imperial. Se alejó del Crucero y se tomó un momento para contemplar su obra antes de que el reactor terminará por destruir la nave convirtiéndola en basura espacial. Al ver con satisfacción la escena puso las coordenadas en el navegador y activó el hiperpropulsor para desaparecer así en el espacio.
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—Señor, otra nave fue destruida —habló la oficial de comunicaciones a su superior—. Recibimos una baliza de “Ayuda” del Constance, después perdimos comunicación con ellos. Según el informe que el Almirante Snow mandó previo a su destrucción, tuvieron un infiltrado y robó información de la base de datos, al parecer fue una mujer quien lo hizo.
—Ya es el segundo laboratorio que perdemos —dijo el Moff apretando sus puños tras su espalda ocultos por su capa negra—. ¿Cómo es posible que se infiltro es nuestras filas? ¿Es la misma que en los eventos pasados?—dijo con su porte infranqueable.
—Estaba vestida como un stormtrooper Señor. Los anteriores informes no indican que haya sido una mujer. De hecho nadie supo que fue lo que había pasado pero, sigue los mismos patrones. Es probable que sea la misma persona.
—¿Desertor, Espía de La Nueva República?
—Aún no lo sabemos. Al parecer conoce bien nuestro sistema y los protocolos militares, de esa manera le es fácil mezclarse dentro de las naves.
—¿Había información sobre nuestra encomienda?
—No completa Señor.
—Ya volverá a aparecer. Si ya sabe de nuestro pequeño operativo, entonces tal vez se interponga en el camino —el hombre se volteó y caminó a la salida del puente—. Envíen un mensaje y avísenle que tal vez tenga problemas, más le vale que sea lo suficientemente competente como para resolverlos. Sabes a lo que me refiero —se detuvo y giró ligeramente su cabeza con una sonrisa maliciosa—. Espera. Mejor que la capturen y me la traigan viva, tengo curiosidad de saber quien es y para quien trabaja.
—Si señor.
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Saliendo del hiperespacio pudo ver frente a ella su lugar de destino, el planeta Dantooine.
—Al fin en casa —sonrió nostálgica, aunque no era su planeta natal sentía una fuerte e inexplicable conexión con ese lugar.
Antes de ingresar, la castaña había cambiado la firma de la nave para que no fuera detectada y pudiera descender sin problemas, agradeció mentalmente a una Capitana twi’lek que conoció brevemente en una misión. Al entrar en la atmósfera se dirigió a las montañas, al acercarse a un pequeño claro vio una nave tipo YT-1760 modificada que descansaba cerca de un arroyo, descendió y bajó del TIE. Habiéndose quitado la armadura blanca tomó su mochila y se acercó a la nave para abrir la compuerta.
—¡Cariño, ya llegué! —gritó una vez que estuvo dentro de la nave.
Varios segundos más tarde, un droide tipo R2 rojinegro hizo acto te presencia llegando a toda velocidad, agitándose de un lado a otro y haciendo sonidos desesperados.
—Perdóname Red, no pensé que la misión demorará tanto —dijo la chica a un nervioso droide que seguía reclamando—. ¿En serio estabas preocupado por mi? ¡Si claro! Seguramente hiciste fiestas salvajes en mi ausencia con tus amigos droides —sonrió en burla—, con baños de aceite y esas cosas…
Red saco uno de sus accesorios y le dio un pequeño choqué eléctrico a su dueña en la pierna llevándose ahora un reclamo por parte de ella junto con una carcajada.
—Bueno ya… no te enojes —dijo a media risa—. Mejor hazme un favor, analiza esto —sacó los cilindros de datos y se los entrego al droide—. Ve que es lo que encuentras aquí. El Destructor era más que una nave, había un laboratorio. Todavía no estaba en operación pero estaba bien equipado. Hay que averiguar para que lo van a ocupar. Ya es el segundo con el que nos encontramos en un corto tiempo —dijo pensativa, con otro sonido como afirmación el droide se alejó para acercarse al panel y empezar su trabajo—. Me daré un baño, huelo a trooper —arrugo la nariz con desagrado, el astromecanico giro hacia ella y reaccionó, la castaña lo miró ofendida—. ¿Cómo que a Wookiee? —el droide se volteo de nuevo a continuar trabajando no sin antes soltar sonidos aparecidos a una risa burlona—. No huelo a Wookiee —reprochó por lo bajo con un puchero, acercó su brazo hacia su nariz y olfateo—. Creo que tiene razón.
Aunque a veces la sacaba de sus casillas, le tenía mucho cariño a ese astromecanico. Lo había encontrado en un crucero destruido del la antigua República cuando buscaba piezas y refacciones para su nave. Lo reparó y con el tiempo se dio cuenta que tenía una personalidad bastante singular. Los creadores de aquella serie lo habían considerado como un defecto de fabricación pero ella lo vio como una gran cualidad. Al tenerlo como compañía ya no se sentía sola.
Con sus cosas en mano, la chica se dirigió a su habitación, era algo grande ya que había ocupado compartimentos extras que no se utilizaban para tener más espacio y había incluido el cuarto de baño en el. La decoración del lugar de descanso era austera y sobria, solo se valía de una cama para descansar y algunos contenedores para guardar sus pertenencias. Era de placeres simples: una nave en la cual vivir y viajar. Eso le era más que suficiente.
Al salir de la ducha se paró frente al espejo empañado, con la palma de su mano lo limpio y pudo ver su reflejo maltrecho que mostraba un obvio agotamiento. Había pasado varios días en la nave imperial, para que no la descubrieran tenía que ser muy cautelosa. Se escabullía entre los ductos para llegar a los lugares clave, colocar los explosivos y regresar sin ser detectada. Conocía los planos del crucero al igual que su funcionamiento lo que le facilitó el trabajo, era una tarea extenuante pero si quería que la nave quedará completamente destruida, tenía que ser muy precisa.
—Hoy fue una menos —tomó el cristal que llevaba colgado en su cuello y le dio un beso, el último vestigio que tenía de sus padres—. No volveré a acobardarme, lo prometo.
Salió del cuarto de baño y se cambió, no iría a ningún lado, se merecía un buen descansó y obviamente lo tomaría. Se puso lo más cómodo que encontró, consistía de ropa holgada y abrigadora, el clima en la montaña siempre tendía a ser algo más frío. Dejó la habitación y fue a la pequeña cocina, si es que se le podía llamar de esa manera. Conociendo a Red ya le tenía algo de comida y una bebida caliente o, en el mejor de los casos un buen spotchka y justo así paso. Después de comer fue a la pequeña estancia y se sentó en el sofá estirando las piernas tomando un tragó largo a su bebida, cerró los ojos y empezó a dormitar hasta perderse por completo. Pasó un par de horas en su estado de relajación y descanso cuando los llamados del pequeño droide despertaron a su dueña que, con reclamos, se incorporó en el asiento dejando a un lado su merecido reposo.
—¿Qué es tan urgente Red? —dijo la chica en medio bostezo—. Si entiendes que no he podido dormir bien en más de cuatro días ¿verdad? —los sonidos del droide parecían ansiosos cosa que alertó a la chica haciendo que su expresión cambiara a una mas seria—. Ok, muéstrame lo que encontraste.
El droide se puso a un costado de ella para reproducir el holograma encima de la mesita. La imagen de un hombre mayor apareció. Lucia como un militar por las insignias y el nada sutil logo del imperio que colgaba en cuello.
—Señor, hemos localizado al activo —su voz calmada y rasposa provocó cierto escalofrío y desagrado en la castaña—. Sabemos que está en Arvala-7. Precisaremos de ayuda más… especializada para esta tarea ya que, por su ubicación, no será fácil de conseguir. Iré con el Dr. Pershing a Nevarro para contactar al Sindicato. Le avisaré cuando tenga en mis manos al activo. No le fallaremos Moff… —el mensaje se cortó.
El holograma desapareció dando por terminado el mensaje, la chica se quedó pensativa un momento.
—¿Encontraste más mensajes parecidos a este? —el astromecanico negó con un corto sonido—. Tenemos que saber para quien trabaja, y que o a quien están buscando. ¿Encontraste algo más?
El droide se acercó a la consola que había cerca y desplegó en la pantalla información de planos y bases Imperiales.
—¡Bien hecho amigo! —le sonrió orgullosa—. La
Nueva República estará muy ocupada un buen rato. Manda lo que encontraste y recuerda, codifica los mensajes, no queremos que sepan de quien viene —se levantó del sofá y soltó un suspiro, las vacaciones y el descanso habían terminado—. Prepárate, iremos a Arvala-7. Hay que ver qué es lo que el imperio está buscando —Red afirmó con un sonido entusiasta, le gustaban las aventuras, antes de ir a la cabina del piloto se detuvo y se dirigió a su dueña con varios sonidos—. Si, dejaremos el TIE aquí, le diré a Jo’kuen que venga por ella, estoy segura que le va a interesar desarmarla.
La chica regresó a su habitación a cambiarse y ponerse un atuendo más apropiado para la nueva misión: enfrentarse a torpes cazarrecompensas y encontrar al activó que busca el Imperio.
¿Qué podría salir mal?
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