No sé qué soy más allá de la sombra de mi silueta contrastada con la luz de la noche en Medellín.
Soy el eter en forma de cuerpa.
Vivo el Centro, la pobreza, al artesano que robaron, la ganas de sonreír y no poder, la rabia. Tengo la guerra incrustada en alguna fisura de mi alma-cuerpo.
Fantaseo con mi propio gemido y me observo en espejos del pasado que ya no están. Las respiraciones tienen olores que son fuegos vivos en la profundidad de mi cerebro.
Me pregunto por las conexiones de mis neuronas que me llevan una y otra vez a la tristeza, a una melancolía que me hace sentir polvo el pecho, siento que la gravedad del suelo me llama. Y yo solo debo atravesar esta idea, el camino se alarga o se derrite, y cuando pienso que termino, la luz que indicaba el final, se aleja.
Espejismos y hechizos de mi propia consciencia.
Mi útero me recuerda la vida que no nació. Mi sangre la crudeza y la violencia. Siento que creó cuevas en mis propios recuerdos, crípticas e insanas.
Quiero volver a mi casa, sea lo que sea que eso signifique.