El elfo domƩstico
Dedicado con todo el cariño a la directora ( @divagonzo ) y participantes del romioneficfest 2021 ( @romioneficfest ) publicado en Tumblr.
I hope the english version will be ready soonā¦
El elfo domƩstico
Cuando los primeros rayos de Sol atravesaron las ventanas de Grimmauld Place, los ojos zafiros de Ronald Weasley los recibieron abiertos.
No habĆa dormido demasiado esa noche y habĆa una buena razón para ello. En unas horas Hermione, Harry y Ć©l mismo, se infiltrarĆan en el Ministerio para intentar obtener el medallón de Slytherin.
El primero de los Horrocruxes que deben localizar y destruir trae con Ʃl, el significado real de en lo que se estaban metiendo y el terrible peligro al que de ahora en adelante, tendrƔn que enfrentar.
No es que antes no hubiese sido consciente de aquello, pero siempre se habĆa sentido protegido bajo la magia y la presencia de Dumbeldore. Fue el ataque a su propio hogar el recordatorio de que esa protección habĆa terminado.
Tan sólo una vez, se habĆa sentido asĆ. Tan expuesto, tan vulnerable, tan insignificante, tan inĆŗtil y asustado. Fue cuando Hermione fue herida en el departamento de misterios. Si de Ć©l dependiese, habrĆa escondido a Hermione junto con sus padres en el otro extremo del mundo. Este era un bonito sueƱo en el que encontrar consuelo, pero Ć©l era consciente de que sin ella la misión estarĆa condenada al fracaso.
La noche a la que las primeras luces del alba estaban poniendo fin, habĆa sido una sucesión constantes de pesadillas lĆŗcidas en las que habĆa imaginado los mil y un destinos espantosos que ellos podrĆan enfrentar una vez que atravesasen el atrio del Ministerio y todas salvo dos de dichas pesadillas, tenĆan como protagonista a una bruja con espeso cabello rizado y ojos del color del chocolate.
Por un momento, el resentimiento contra Harry anidó en el corazón de Ronald Weasley. Ćl no tenĆa ningĆŗn problema en compartir el destino de su mejor amigo. Si Harry se lo pidiese, Ron serĆa capaz de bajar al infierno a ayudarle con los ojos cerrados Ā”quĆ© de hecho era exactamente lo que Ć©l se disponĆa a hacer! Ron no era estĆŗpido. La experiencia de los aƱos previos le habĆa hecho tener una perspectiva realista sobre la guerra. El precio que se pagaba dĆa a dĆa y el que aĆŗn quedaba por pagar, pero ese precio no deberĆa incluir a una bruja marimandona, terca, sabelotodo, enloquecedora y con una boca hecha para ser besada. Harry deberĆa haber insistido y haberle prohibido que ella se pusiese en peligro viajando con ellos.
Ā« Ā”Como si Ć©l o tĆŗ hubieseis podido impedĆrselo!Ā» Una vocecita susurró en su cabeza provocando la insinuación de una sonrisa en los labios del pelirrojo cuando en su mente, se recrearon las imĆ”genes de un hurón rubio platino recibiendo un soberbio puƱetazo en la nariz. Ā
Ā«AdemĆ”s, sabes que de no ser por ella, ambos estarĆais perfectamente muertos y El-que-no-debe-ser-nombrado, estarĆa caminando sobre la tierra de MerlĆn desde mucho antes.Ā»
Un breve gruƱido escapó de la sonrisa de Ron al pensar que dicha vocecilla parecĆa tener el retintĆn de un Ā«te lo dijeĀ» demasiado familiar.
AĆŗn asĆ, Ć©l no podĆa rebatir esa afirmación. De no haber sido por Hermione y su prodigioso bolsito de pedrerĆa, su situación en este mismo momento podrĆa haber sido muy distinta. Ellos no hubiesen tenido los enseres necesarios para haber sobrevivido hasta haber llegado a la residencia de Sirius y haber podido realizar toda la vigilancia del ministerioā¦
Un atronador rugido de su estomago, fue el que puso fin a toda aquella introspección.
-Me pregunto ¿cómo ella habrÔ dispuesto el tema de la comida? Lleva seis malditos años recordÔndome las leyes de Gamp-, murmuró mientras se incorporaba.
Sabiendo que era incapaz de permanecer en la cama ni un minuto mĆ”s y con la esperanza de poder calmar sus nervios y sus pesadillas con una buena taza de tĆ©, emprendió el camino hacia las cocinas de la mansión cuando se encontró que la luz se filtraba bajo la puerta de la habitación en la que habĆa dejado a Hermione la noche anterior.
Aquello no habĆa terminado en una de sus famosas broncas porque Ć©l habĆa preferido morderse la lengua antes que irse a la cama con ambos enfadados el uno con el otro, pero le habĆa faltado realmente poco para agarrarla por la cadera echĆ”rsela sobre el hombro y lanzarla sobre la cama mĆ”s próxima para obligarla a dormir cuando ella se empeñó en permanecer despierta repasando hasta la extenuación todos los detalles de Ā la infiltración en un ministerio dominado por Voldemort. Aquella furia que a duras penas habĆa logrado controlar, regresó con toda fuerza al ver que ella debĆa de seguir trabajando en ello.
Con el tĆpico arrebato Weasley, irrumpió en la habitación dispuesto a terminar con esta locura y obligarla a descansar las pocas horas que aĆŗn quedaban, cuando se quedó congelado en la puerta al tiempo que toda esa cólera que antes hacĆa hervir su sangre, se evaporaba como si jamĆ”s hubiese sido.
Bajo la tintineante luz de las velas, una Hermione, completamente dormida, descansaba su cabeza sobre un libro de teorĆa de la magia y un innumerable numero de pergaminos garabateados con esquemas y planos del ministerio.
Ron tiene que apoyarse en el quicio de la puerta cuando siente que sus piernas le fallan al ver como la parpadeante luz de las velas, obtiene infinitos matices cobrizos del pelo de la menuda bruja. Cómo, pese al pequeƱo hilo de baba que se escapa de entre sus labios, estos lucen suavemente rosados y absolutamente adorables. Las largas pestaƱas que cubren unos ojos que serĆan capaces de obtener cualquier cosa de Ć©l con sólo que le mirasen con amor y las siete pequeƱas pecas que ella tiene en la nariz. Nunca se lo dijo, pero Ć©l aprendió la configuración de la constelación de Orión cuando la vio perfectamente representada en esa pequeƱa nariz.
Pero por encima de todo ello, lo que conmueve su corazón es ver el semblante de su cara completamente relajado, como si por un momento, el sueño la hubiese bendecido con unas horas de paz, ajenas a toda la locura que se ha desencadenado a su alrededor.
Por un instante, tiene la tentación de tomarla en sus brazos y llevarla a una cama donde ella pueda descansar verdaderamente lo que hace que sus brazos hormigueen con la mera idea de tocarla, pero Ć©l sabe que si por casualidad ella despierta, insistirĆ” en continuar con su loco repaso perdiendo el poco descanso que tan desesperadamente necesita, algo que Ć©l no le negarĆ”. AsĆ, aunque una parte de su corazón clame por la imagen impostada de permitirse lo que hasta ahora sólo ha sido uno de sus mĆ”s locos sueƱos como es el llevarla como a una novia al lecho nupcial, el resto de todo su Ā ser le hace cerrar la puerta lentamente Ā mientras lanza un hechizo de insonorización a la misma para evitar que cualquier ruido pueda perturbar su sueƱo.
Sólo entonces, mientras reanuda su viaje hacia las cocinas, se permite preguntarse, ¿Cuando ella se volvió tan importante para él? ¿En qué momento ella se convirtió en todo su mundo?
Sorprendentemente no pudo encontrar un momento concreto. De alguna manera, Hermione se habĆa ido infiltrando en su corazón sin que Ć©l fuera plenamente consciente de la sigilosa invasión. Evidentemente, Ć©l se habĆa dado cuenta de que lo que experimentó en cuarto curso fue una tormenta de celos, Ā”de tal magnitud!, que pareció haber convertido su cerebro en jalea e incapaz de pensar. Pero sólo cuando enfrentó la posibilidad de perderla a final de quinto curso, fue cuando se dio cuenta del autentico vacio que su corazón tenĆa si ella no estaba en Ć©l.
Y mientras su mente se pierde en los recuerdo de una niƱa mandona que le regaƱa por tener sucia la nariz y en una jovencita que luce de una manera increĆble, mientras se desliza majestuosa por el gran comedor de la mano de un imbĆ©cil cabeza de calabaza con ridĆcula barbita de chivo, Ron se encuentra en la cocina justo al tiempo de ver como el viejo elfo domestico de Sirius, revuelve entre cacharos y enseres, seguramente anticipando las tareas domesticas del dĆa que se inician con el desayuno para los tres inquilinos de la vieja mansión Black, mientras el medallón de RĆ©gulus cuelga alrededor de su cuello.
Ā«Bueno. No āde Siriusā. Ahora es el elfo āde HarryāĀ», rectifica en su mente al recordar que el padrino de Harry habĆa sido la vĆctima mayor de aquella aciaga nocheā¦
-Buenos dĆas maestro-, la voz quebrada del viejo sirviente interrumpe los pensamientos que volvĆan a provocar un estremecimiento por su espina dorsal. -ĀæQuizĆ”s el amo Weasley se despertó demasiado temprano? ĀæPuede Kreacher ayudar a su seƱorĆa con una taza de tĆ©?-
-SĆ, Kreacher. Por favor-. Ćl piensa que nunca se acostumbrarĆ” a los sensibles oĆdos del elfo. De alguna manera, el pequeƱo sirviente siempre parece percibir lo que ocurre a su alrededor, aunque estuviese dĆ”ndole la espalda en ese momento. A Ron el corazón aĆŗn se le sale del pecho cuando recuerda la vez que entró furtivamente en la cocina buscando algo de comer a medianoche y al cerrar la puerta de la alacena, se encontró con un par de ojos saltones a menos de un palmo de su cara que le miraban suspicaces.
-ĀæEl maestro desearĆa algo mĆ”s consistente para acompaƱar su tĆ©?-
Ron no habĆa dejado de ser consciente del cambio que se habĆa dado en la actitud en el elfo desde que Harry le habĆa entregado el medallón de RĆ©gulus. Su previa hostilidad hacia Harry se habĆa tornado en una cuasi-devoción tras ese pequeƱo acto de amabilidad. Ćl se preguntó, ĀæquĆ© hubiese pasado con Kreacher, si todas aquellas ideas de Hermione acerca de S.P.E.W. y dar un trato digno y amable a los elfos hubiesen sido aplicadas por Sirius? QuizĆ”s el atormentado elfo, no hubiese encontrado la falla que le permitió alertar a los MortĆfagos. De una manera retorcida, el Ćŗltimo de los Black habĆa forjado su destino tratando miserablemente a su sirviente.
Ā«Entonces, tal vezā¦Ā», pensó, «⦠Sirius hubiese podido seguir vivo y Harry hubiese podido tener una familia de verdad, donde hubiese podido haber sentido el amor y la calidez de un autĆ©ntico hogar.Ā»
-ĀæMaestro?-
-No Kreacher, muchas gracias-, él le respondió amablemente y con una sonrisa cuando volvió al presente. «He aquà otra de las locas ideas de Hermione para el mundo mÔgico y en las que, sin embargo ella tiene razón», pensó. -El té serÔ suficiente-.
-Como desee el maestro Weasley. ĀæDeberĆa preparar el desayuno para los demĆ”s invitados, quizĆ”s?- Una ceja peluda se elevó dubitativa.
-No sé. ¿Alguno de los dos se ha despertado?- Ron no estaba dispuesto a que ninguno de ellos perdiese momentos de sueño, por lo que consideró saber primero cual era la situación actual de sus amigos antes de que, por error, el elfo interpretase que ya era hora de despertarlos a ambos.
-El amo Potter aĆŗn sigue durmiendo, aunque no ha dejado de dar vueltas en la cama y gruƱir toda la noche-, Kreacher pareció saber hacia dónde se dirigĆan los pensamientos de Ron, -en cuanto a la sangre suciaā¦-
-Ā”NUNCA! Ā”JAMĆS! VUELVAS A REFERIRTE A ELLA EN ESOS TERMINOS, KREACHER. ĀæME ENTIENDES? Ā”NUNCA!- Ā
Ron ni siquiera fue consciente de su reacción hasta que vio los aterrorizados ojos del viejo elfo mientras alzaba sus brazos en un intento de autoprotección.
No fue consciente de que la silla sobre la que estaba sentado salió despedida contra la pared cuando se incorporó bruscamente, ni de su agitada respiración, ni como sus puƱos lucĆan blancos como la nieve apoyados sobre la mesa, ni cómo habĆa proyectado su cuerpo en dirección al elfo como el lobo que acecha a su presa.
Ron no habĆa sido consciente de nada de ello, hasta que vio un elfo domestico anciano, temblando de terror y con la certeza del castigo supremo en sus ojos. Es entonces cuando una cascada de revelaciones se desencadena en su mente, como si siempre hubiesen estado allĆ, sólo que ahora parecen encajar perfectamente entre sĆ.
Ver como un ser con una magia infinitamente mÔs compleja y mÔs poderosa que la de los magos humanos, estaba tan encadenado por su condicionamientos social y el miedo, que es incapaz de reaccionar, aunque sólo fuese para salvar su propia vida o la de los suyos, para convertirse en menos que una alimaña a los ojos de sus opresores. Y mientras mira los aterrorizados ojos del elfo, ante los ojos de su mente se presenta la imagen de otros ojos. Los dulces ojos del color de chocolate llenos de amor y compasión por cualquier ser vivo de una niña de grandes dientes frontales que luce una horrible insignia de S.P.E.W. sobre su pecho. Y eso le hace sentir tan vil, indigno y miserable que siente nauseas de sà mismo.
-Kreacher-, su voz sonó mucho mĆ”s apera de lo que pretendĆa en el intento de controlar las arcadas que le acosan provocando que el anciano se estremezca ante Ć©l.
-Kreacher-, repitió, esta vez con mucha mÔs calidez. -Por favor, toma asiento-.
Tan aterrorizado estĆ” el elfo, que se dirigió como la victima de la maldición āImperiusāā a la silla mĆ”s próxima para sentarse, ignorando asĆ todo el condicionamiento social que le impide estar sentado en la presencia de un mago.
-Kreacher-, Ron respiro profundamente, como si quisiese tomar del aire la inspiración que necesitaba para enfrentar la tarea ante él. -Te ruego me perdones. No era mi intención gritarte ni atemorizarte.-
Si previamente la expresión del elfo era de absoluto terror, ahora abrĆa que aƱadir la de la absoluta estupefacción.
-ĀæE⦠El maestro, se estĆ” disculpando ante Kreacher?- Su voz sonó como la de una rana y sus ojos parecĆan salirse de sus orbitas cuando la idea, por fin, atravesó su crĆ”neo.
-VerĆ”s-, el pelirrojo se mesó los cabellos intentando enfocarse. TenĆa ante sĆ un problema difĆcil. Por un lado no podĆa poner en crisis todas las creencias del viejo sirviente de un plumazo. Eso sólo provocarĆa que el elfo se cerrase a escucharle, pero por otro lado, tenĆa que hacerle ver o al menos considerar, la abominación que suponĆa menospreciar la mera existencia de un hechicero por el simple hecho de su origen mĆ”gico. -No era mi intención daƱarte ni asustarte. Simplemente no vuelvas a usar esa palabra cuando te refieras a la SeƱorita Granger, por favor. Ella realmente no lo merece-.
El estupor del elfo no habĆa desaparecido, pero un destello de curiosidad apareció en su mirada.
-Mira, yo sĆ© cómo va todo esa mierda de la pureza de sangre, pero yo te pido que por una vez no lo tengas en cuenta, Āævale?- La cara de Kreacher daba a entender sin lugar a dudas, que no estaba entendiendo una palabra de lo que Ron estaba intentando explicar. Ā
-Kreacher. Imagina por un momento que no supieses el origen de la Srta. Granger. Que no la conocieses de nada y que la primera vez que ella hubiese pisado esta casa, en vez de haber aparecido con ropa muggle y acompañando a un puñado de proscritos y traidores de sangre, ella hubiese venido de la mano del amo Régulus, vestida con elegantes túnicas de lechuguino y luciendo absolutamente hermosa y relajada, como si este hubiese sido su ambiente social durante toda su vida-.
-Maestro Weasley-, el elfo lucĆa absolutamente desolado, -Kreacher no puede hacer eso. Kreacher puede percibir la magia de los magos. Su origen, su intensidad. Es imposible que Kreacher no se hubiese dado cuenta de que hubiese sido una impostora-.
Ron sintió como su mandĆbula se apretaba y su espalda tendĆa a envararse de pura rigidez al oĆrle referirse a Hermione como una impostora. Hacerle entender su punto de vista parecĆa una misión imposible. El comportamiento del elfo parecĆa estar condicionado por la primera impresión que suponĆa percibir los orĆgenes de la magia de un mago en conjunción con todo su adiestramiento. Una vez que intervenĆa el condicionamiento de toda una vida, Ā”no! Ā”De toda una dinastĆa! No habĆa oportunidad para mirar nada mĆ”sā¦
-Nada mĆ”sā¦- susurró, -Nada mĆ”s. No hay segunda oportunidadā¦- Los ojos de Ron se abrieron como platos.
-ĀæEl maestro se encuentra bien?- Kreacher habĆa abandonado la silla y se aproximaba cautamente al mago que parecĆa ajeno a su preocupación.
-⦠No hay segunda oportunidad-, volvió a susurrar al tiempo que en su cara apareció la sonrisa y en sus ojos el brillo, que tan bien conocĆan sus adversarios en el ajedrez. -Ā”KREACHER!- Exclamó.
El desprevenido elfo dio tal salto hacia atrĆ”s, que tropezó con la silla que ocupaba previamente y comenzó a trastabillarse con sus propios pies hasta que la caĆda resultó inminente, sólo para ser tomado en volandas y depositado suavemente sobre su silla original por unos brazos pecosos y surcados de cicatrices.
-ĀæEstĆ”s bien Kreacher? La voz de Ron tenĆa genuina preocupación. No era solamente por los continuos sobresaltos a los que estaba sometiendo al viejo corazón del dĆ©bil elfo y el temor a destruir cualquier puente de entendimiento que hubiese podido crearse ente los dos, sino a que realmente hubiese podido sufrir alguna herida.
-¿Qué acaba de hacer el maestro?- Los ojos del anciano estaban clavados en los de Ron.
-Yo⦠yo, yo lo siento Kreacher. No soy bueno dominando mis impulsos. No pretendĆa volver a asustarte-. Los ojos de Ron se dirigieron al suelo cuando la vergüenza volvió a inundarlo. Era la segunda vez que habĆa atemorizado al elfo. Era lógico que ya no volviese a confiar en Ć©l y con ello, cualquier oportunidad de hacerle entender la grandeza humana de la bruja de pelo encrespado habĆa salido por la ventana gracias a su manifiesta y nunca bien mensurada combinación de estupidez e impulsividad⦠-Ā”Mierda!- gimió.
-¿El maestro ayudó a Kreacher?- Sus ojos se abrieron de par en par. -”El maestro protegió a Kreacher!-
-¿Errr�- La cara de Ron era la manifestación del absoluto pasmo.
-Ā”El maestro protegió a Kreacher! No le prohibió a Kreacher que se castigase a sĆ mismo, no. Le protegió-. La cara de Ron manifestaba claramente que seguĆa sin comprender lo que el sirviente le decĆa. -Sólo el amo RĆ©gulus hizo algo similar una vez-.
-Hermione lo hace todo el rato- Ā”Oh MerlĆn! Si eso no es una buena apertura, yo no juego al ajedrez.
-ĀæCómo?- El pobre Kreacher tenĆa el aspecto de estar siendo llevado por una corriente de revelaciones y emociones que le impedĆan poder estructurar su pensamiento de manera correcta.
HacĆa dĆas que un amo mestizo al que odiaba, le habĆa entregado el tesoro que habĆa pertenecido al mejor amo que un elfo domestico pudiese desear. Al mismo tiempo, le habĆa prohibido castigarse a sĆ mismo incluso cuando Ć©l le habĆa traicionado y alertado a sus enemigos. Kreacher sabĆa que era mero tecnicismo que Ć©l pudiese justificar sus acciones en base a las instrucciones poco concretas del amo Harry. Kreacher era consciente que cualquier acción realizada por un elfo domĆ©stico que directa o indirectamente pudiese perjudicar su amo, podĆa ser severamente castigada, incluso con la vida y, en cualquier caso, un amo no necesitaba muchas justificaciones para castigar a su sirviente si asĆ lo decidĆa. Ahora, un sangrepura habĆa usado su propio cuerpo para protegerle, se habĆa disculpado por su acción y le hacĆa saber, que una sangresucia tenĆa como costumbre proteger a otros elfos domĆ©sticos continuamente. Su cerebro no pudo asumirlo completamente y la pregunta se habĆa escapado de entre sus labios de manera inconsciente.
-La Srta. Hermione lo hace todo el rato. Ella ama a cada criatura mĆ”gica. No le preocupa su origen. Ella siempre dice que son los actos los que dan grandeza, no el origen. Kreacher ĀæEs verdad que puedes percibir la magia?- Preguntó lleno de esperanza. Ā Ā
-Kreacher puede, maestro-.
-ĀæY es verdad que puedes sentir la intensidad de la magia de un mago, Kreacher?-
El elfo asiente.
-Entonces. ¿Cómo percibes la fuerza de la magia de la Srta. Hermione?
El elfo parpadea, como si nunca se hubiese detenido a evaluar correctamente ese punto.
-La magia es muy intensa en ella. Kreacher sólo recuerda una bruja con una magia tan intensa, aunque la de la bruja nacida de muggles podrĆa ser mayor-.
-¿Quién era la bruja Kreacher?-
-ES. La Dama Lestrange, Bellatrix.-
Un dedo helado recorre la espalda del hijo menor de los Weasley cortÔndole la respiración.
-Ella no se parece en nada a Bellatrix, Kreacher-, Ron puede sentir, casi fĆsicamente, como si le estuviesen estrujando el corazón hasta quitarle la vida. -Hermione tiene los ojos dulces, llenos de curiosidad y afecto. No destilan odio y locura como esa hija de puta, Kreacher-, hay una ira sorda creciendo en Ronald. Un fuego rugiente de ira, miedo y odio.
-Fue ella, la que torturó hasta la locura a los padres de Neville. Dos sangrepura cuyos Ćŗnicos pecados fueron los de defender a inocentes, que jamĆ”s habĆan hecho daƱo a nada ni a nadie, Ā de su locura y su odio. Es gente como ella la responsable de que ni Neville ni Ā Harry tengan padres. Es gente como ella la que arrastra a personas sensibles como RĆ©gulus a un camino del que no hay retorno, Kreacher. Es gente como ella la que trae dolor y sufrimiento al mundo tan sólo porque se cree superior a cualquier otro,- dice mientras intenta recomponerse. Ā
-El caso, Kreacher, es que Hermioneā¦- hay autentica pasión y una devoción palpable en cada una de las palabras que salen de su boca⦠-no sólo es la bruja mĆ”s inteligente, brillante, estudiosa y hermosa de esta generación, sino que ella es la mejor persona que puedas imaginar. El que ella sea una bruja es una jodida bendición porque, en vez de ser los muggles los que tienen la oportunidad de beneficiarse de su privilegiada inteligencia, de su valentĆa, de su deseo de justicia y de su infinito amor por cualquier criatura, es el mundo mĆ”gico el que tiene esa oportunidad y por culpa de āEl-que-no-debe-ser-nombradoā y gente como Bellatrix, estamos siendo unos imbĆ©ciles negĆ”ndonos a aceptar ese regalo y toda esa magia que supera por mucho a la del resto de nosotros tres yā¦-
-Eso es un error-.
-¿Perdón?-
-Su magia no es la mƔs poderosa de los tres.- Los entrecerrados ojos del elfo permanecen clavados en el mar ocƩano del menor de los hombres Weasley, como si estuviesen contemplando algo que solamente Ʃl puede ver.
-Bueno. Obviamente Harry tiene que ser un mago jodidamente extraordinario si tiene que enfrentarse al SeƱor Obscuro-, dice apartando la mirada del elfo mientras siente una punzada de envidia en su corazón por no ser lo suficientemente bueno y perdiendo la sorprendida mirada que le dedica Kreacher, -pero estoy seguro que su poder mĆ”gico deben estar muy parejo a Harryā¦-
Es entonces cuando la cucharadita de tƩ emocional que es Ronald Weasley es consciente de como se estƔ desarrollando esta crucial partida de ajedrez.
El propio Kreacher acaba de abrir una brecha en su defensa cuando la idea de una nacida de muggles puede ser tan poderosa como la mĆ”s abominable mortĆfaga en las huestes de āEl-que-no-debe-ser-nombradoā. Pero con eso no basta. Eso puede haber sorprendido su cerebro, pero para ganar la partida, para ganarla verdaderamente, Hermione debe ganar el corazón del atormentado ser.
-Ella es la bruja mĆ”s inteligente que he conocido, hasta el punto de que ni siquiera ese imbĆ©cil engreĆdo de Snape, alguien de disfruta haciendo quedar como tonto a cualquiera, ha podido evitar el calificarla con una puntuación menor a āExtraordinarioā en todas sus pruebas-. Ćl recuerda con orgullo todas las veces que Hermione consiguió arrancarle un rictus de irritación al lamentable profesor. Una por cada vez que ella le dio la respuesta correcta incluso cuando esa no era la lección del dĆa. -Continuamente derrota a cualquier sangrepura haciendo una magia Ā ellos ni siquiera son capaces de soƱar. Por su pura inteligencia resolvió un acertijo letal en su primer aƱo y en su segundo elaboró una poción de nivel EXTASIS que sólo los maestros alquimistas son capaces de realizar, descubrió que un jodido basilisco se arrastraba por las caƱerĆas del castillo y sobrevivió al encuentro con la maldita cosa usando un simple espejo de mano-.
Ron no puede evitar el escalofrĆo que recorre su espalda cuando recuerda la imagen de una niƱa pequeƱa en una cama demasiado grande para ella, rĆgida, inerte y frĆa como el hielo. Fue entonces cuando se dio cuenta que habĆa algo distinto con Hermione. No sabĆa que era, pero algo estaba jodidamente mal en su interior cuando ella resultaba herida.
-TendrĆas que verla cuando estudia, Kreacher. Ella es todo un espectĆ”culo. Cuando ella estĆ” estudiando un tema particularmente difĆcil frunce el ceƱo de manera adorable, sus ojos brillan de determinación y se inclina sobre lo que quiera que estĆ© leyendo tanto que parece que ella quisiese meterse dentro del texto y cuando estĆ” a punto de dominar todo ese nuevo conocimiento, ella muerde su labio inferior con tanta intensidad que a veces temo que se vaya a hacer daƱo ella misma, pero hay una inmensa alegrĆa en su mirada. Igual que cuando ella estĆ” leyendo algo que le agrada particularmente, sólo que entonces, ella empieza a jugar con uno de sus locos rizos enrollĆ”ndolo alrededor de su dedo. Creo que debe ser la Ćŗnica persona en el mundo que coquetea con un libro mientras lo lee,- han sido tantas veces viĆ©ndola estudiar en la biblioteca que el pelirrojo ni siquiera necesita concentrarse para evocar dichas imĆ”genes. Ellas estĆ”n tan dentro del corazón de Ron que ya forman parte de Ć©l y su recuerdo siempre hace esbozar una sonrisa en su pecosa cara.
-Ella es tambiĆ©n valiente, decidida y justa, como el dĆa en que le sacudió un soberbio puƱetazo en la nariz al hurón en tercer cursoā¦-
-ĀæElla golpeó a un hurón?- La mandĆbula del elfo se descolgó al escuchar al pelirrojo.
-ĀæCómo que ā¦?- La sorpresa inicial de Ron es rĆ”pidamente sustituida por unos ojos abiertos de par en par cuando la comprensión le inunda, dado paso a una estruendosa carcajada. -No a un hurón Kreacher. Ā”āAl hurónā! Ella le dio un puƱetazo jodidamente perfecto al Ćŗnico y genuino heredero de la Casa Malfoy-, completa entre risas cuando ve como al pobre elfo se le salen los ojos de las orbitas al imaginar cómo atacaron a un reconocido sangrepura con algo tan mundano como puƱetazo en la nariz. -Ā”Oh vamos, Kreacher! Aquello fue genial y ella lucĆa sexy como el infierno mientras lucia jadeante, con el pelo revuelto y una mirada desafiante. AdemĆ”sā¦- su rostro se pone repentinamente serio cuando mira al anciano sirviente que aĆŗn no parece haber salido de su estupefacción. -Ella solamente estaba defendiendo a una criatura inocente de un niƱo malcriado y dispuesto a regodearse de su muerte solamente porque Ć©l hirió su egocĆ©ntrico orgullo. Ella pasó noches enteras sin dormir, rebuscando en viejos tratados de leyes mĆ”gicas alguna forma de salvar la vida de una criatura que ni siquiera era humana. Sólo porque era lo justo. Sólo porque era inocente-. Un peso se deposita sobre el alma de Ron cuando recuerda que ella estuvo sola todas esas noches y Ć©l no estuvo para ayudarla.
-La he visto apoyar a su mejor amigo y casi perder la vida por ello aún a sabiendas de saber que él se estaba equivocando-, el nudo en su garganta amenaza con impedirle  continuar hablando. -La he visto arriesgarse a perder esa misma amistad tan sólo para protegerlo y la he visto ser tomada por excéntrica o loca sólo por defender que las criaturas deben ser tratadas con dignidad, independientemente de su raza y origen-.
En su atribulado discurso, Ron siente que la humedad inunda sus ojos y la aparta pasando su manga por su cara sin ser consciente de como el elfo ha ladeado levemente su cabeza y lo observa atentamente.
-Ella tambiĆ©n es amable, dulce y cariƱosa-. El peso de su corazón desaparece cuando una calidez lo envuelve. -Con once aƱos y sin conocerle de nada ayudó al tipo mĆ”s tĆmido e inseguro a buscar su mascota perdida. Aun no siendo prefecta, siempre estuvo dispuesta a acoger bajo su ala a los renacuajos de primer curso, a cuidarlos y a guiarlos Ā cuando ellos quedaban pasmados ante lo grandioso que es Hogwarts. Ella les ayuda a orientarse por el castillo, a completar sus tareas, les abraza cuando echen de menos a sus padres y les narra cuentos increĆbles que sólo ella conoce por los mil y un libros que ha leĆdo-, dice mientras los ojos le brillan de orgullo por su mejor amiga, -y lo harĆ” con todos y cada uno de ellos. A todos les entregarĆ” su increĆble inteligencia y su desmedido amor independientemente de cualquier otra condición-.
Es entonces cuando se da cuenta que Kreacher lo estĆ” mirando con los ojos y la boca abiertos de par en par, como si no pudiese creer lo que estĆ” viendo.
-Errr⦠ejem⦠Esto⦠Esto no significa que ella no tenga defectos, de hecho los tiene. Ella tiene un mal genio digno de una poción explosiva-, dice mientras se frota sus brazos que cosquillean. -Tantas veces estĆ” tan convencida de que lleva razón, que se olvida de que los interesados tambiĆ©n tienes que decir algo por ellos mismos. Como aquella vez en que siendo prefecta mandó deberes extras a los estudiantes de TIMOS porque ella pensaba que no los estaban preparando debidamente-, una sonrisa se dibuja en su cara. -Kreacher, tendrĆas que haber visto cuando McGonagall se enteró. Ella le preguntó si es que querĆa su puesto como jefa de la casa Gryffindor y Hermione se puso tan roja que parecĆa una autentica Weasley-.
Ćl no sabe porque lo ha dicho pero apenas termina de decirlo, la imagen de la mĆ”s hermosa Hermione, vestida con una vaporosa tĆŗnica blanca de satĆ©n al inicio de un pasillo y con un Ā pequeƱo ramo entre sus manos, basta para que su corazón parezca haber perdido la capacidad de latir normalmente.
-Kreacher-, dice suavemente al tiempo que mira al elfo con la intensidad del que estĆ” intentado trasmitir el mensaje mĆ”s importante de su vida y teme fallar con las palabras. -No es que ella quiera ofenderte. Ni a ti ni al resto de los elfos domĆ©sticos cuando quiere daros la libertad. La libertad es un regalo divino sĆ, pero es como una buena costilla asada. Puede ser sabrosa y crujiente, una jodida delicia al paladar, pero no se la puede hacer pasar por la fuerza a travĆ©s del gaznate de un bebe. AsĆ lo Ćŗnico que conseguirĆ”s es matarlo con casi completa seguridad-.
-Es simplemente que os ama demasiado. Os ama tanto, ama tanto a cualquier criatura en los verdes campos de MerlĆn que no puede esperar a daros lo que todos os merecĆ©is. Por eso ella se equivoca. Ella aĆŗn no ve que no estĆ”is preparados para la libertad-, dice ante la mirada curiosa del sirviente. -No⦠No pretendo menospreciaros, a los elfos domĆ©sticos, quiero decir-, completa en un tartamudeo levantando las manos en seƱal de paz. -Pero no deja de ser verdad. La libertad os asusta, os rompe el esquema de las cosas y las reglas de vuestro mundo. Ella aĆŗn no puede verlo Kreacher, pero con el tiempo lo harĆ” y no tendrĆ©is ni mejor aliada ni mejor amiga que ella-.
-ĀæEs ese su mayor defecto, maestro?- Parece imposible, pero Ron estarĆa dispuesto a jurar por MerlĆn que el elfo se estĆ” inclinado hacia Ć©l mientras mira profundamente sus ojos azules, como si quisiese descubrir algo que se oculta en lo mĆ”s profundo del atribulado pelirrojo.
-Bueno, en realidad no-, una triste sonrisa se dibuja en su cara pecosa. -Ella tiene un lamentable gusto por los magos cabeza de calabaza con horrible acento y por los pomposos desagradables demasiado llenos de sĆ mismos, siempre y cuando ellos sean grandes jugadores de quidditch-. Ā Ā
-AĆŗn asĆ, el maestro estĆ” muy impresionado por la Dama Granger-. Los ojos del elfo estĆ”n prĆ”cticamente relampagueando ante Ć©l y sin embargo Ron no puede encontrar ni una piza de desprecio, burla u hostilidad en su voz, si acaso⦠¿reconocimiento? Y entonces algo se rompe en Ron cuando es consciente que el pequeƱo bastardo acaba de llamarla āDamaā por primera vez.
-Tanto, que yo darĆa gustoso mi propia vida para que ella tuviese una vida mĆ”gica plena y feliz. Lejos de todo el horror y la guerra, lejos de la ausencia de sus padres y del miedo a ser asesinada en cualquier momento sólo por el hecho de que ellos sean muggles. Aunque ella estuviese casadaā¦- su voz se quiebra-,⦠estuviese casada con cualquiera de esos dos malditos imbĆ©ciles y sus hijos fuesenā¦
QuizĆ”s sea por los aƱos de entrenamiento involuntario intentado salvar la vida de sus dos mejores amigos o la suya propia, quizĆ”s sea por los sentidos agudizados de un guardiĆ”n de quidditch o quizĆ”s sea solamente instinto, pero Ron siente un cosquilleo en su nuca, el presentimiento de una presencia a su espalda justo antes de escuchar el crujido de la madera del suelo detrĆ”s de Ć©l y Ron puede ver como, por un momento, los ojos de Kreacher abandonan los suyos propios y se dirigen al espacio que hay detrĆ”s del pelirrojo para abrirse como platos cuando se fijan en un punto concreto detrĆ”s de Ć©l. De nuevo puede ser por todos esos aƱos rondando la muerte, por todos los entrenamientos que Ā han agudizando sus reflejos o simplemente el instinto del guerrero, pero sin esperar la orden de su cerebro, su mano derecha busca su varita. Su cuerpo se encoje para minimizar el blanco y desplaza en un giro que le hace interponerse entre el sirviente y el lugar desde donde vino el sonido y cuando lo hace, lo hace de una Ā manera tan natural, tan instintiva, que parece que el proteger un cuerpo menudo fuese su Ćŗnico objetivo en la vida. Es cuando su cabeza estĆ” por completar el giro que le va llevar a enfrentarse a la amenaza cuando siente una mano Ć”spera que le sujeta la muƱeca con fuerza suficiente como para desequilibrarlo y detener la rotación de su cuerpo. AĆŗn asĆ, el brazo con su varita continua su trayectoria para apuntar al espacio que hace unos instantes estaba a su espalda y un āProtegoā no verbal se despliega de ella, mientras sus ojos buscan al propietario de la mano que ha detenido su movimiento para encontrarse cara a cara con otros ojos. Unos ojos saltones y llenos de arrugas, que lo miran con atención y en los que luce la luz de la comprensión.
-El maestro la ama-.
No es una pregunta. Es una verdad revelada y como tal, ya no puede ser devuelta a las sombras ni puede ser negada, sino que necesita ser proclamada porque ya no puede ser contenida. Ā
-Con todo lo que soy y con todo lo que serĆ©, Kreacher. Con tanta intensidad que duele. Duele tanto como el mismĆsimo infierno-.
El elfo asiente. De nuevo, sus ojos se dirigen al espacio detrĆ”s de Ron mientras este siente que la presa que el pequeƱo personaje ejercĆa sobre su brazo cede permitiĆ©ndole recuperar toda su movilidad. Es entonces cuando Ron vuelve la cabeza para enfrentar lo que quiera que se encuentre tras Ć©l sólo para que sus ojos puedan ver⦠una puerta vacĆa.
-Esta maldita casa y sus horripilantes ruidos van a volverme malditamente loco-, dice mientras sus hombros se hunden cuando de él escapa toda la tensión que ha ido acumulando.
-Ella no lo sabĆa,- murmura el elfo. -El maestro no se lo ha dicho a la dama Granger-. Kreacher ignora el insulto a la ancestral morada de los Black mientras sus ojos inquisitivos se dirigen hacĆa el atormentado pelirrojo.
-No, Kreacher. AĆŗn no y tampoco puedo hacerlo ahora. Lo que hay en juego es demasiado importante y mucho mayor que nosotros-, dice mientras sacude la cabeza, como si intentase sacar algunos pensamientos de su cerebro y poder asĆ aclarar sus propias ideas. -Cuando yo le confiese y ella me diga que no comparte mis sentimientos, a mĆ no me quedarĆa nada por lo que luchar salvo el mantener sanos y salvos a los dos, para luego desaparecer si ganamos y, si por un milagro ella los compartiese, yo no podrĆa cumplir esta misión. PodrĆa en peligro a Harry, porque a la hora de protegerlos, ella siempre serĆa mi prioridad-.
Es cuando los rayos de Sol inundan la vieja cocina cuando Ron se da cuenta de lo mucho que ha avanzado la mañana y que el temido momento ha llegado. Es hora de completar los últimos preparativos para infiltrarse en el ministerio. Con un resoplido de resignación, se dirige hacia la puerta para despertar a sus amigos cuando siente de nuevo la mano del elfo sobre su brazo, sólo que en este caso es un agarre gentil. Muy similar al toque de un amigo que tan sólo intenta llamar tu atención.
-No-, dice en un tono calmo pero decidido. -Kreacher se encargarĆ” de despertar al resto de los magos-.
-Kreacher, realmente creo que yo deberĆaā¦-
-No. Kreacher insiste. Al maestro Harry y a sus compaƱeros les aguarda un largo dĆa.- El pequeƱo sirviente rodea la alta figura del antiguo guardiĆ”n que Gryffindor al tiempo que le empuja suavemente hacia una silla frente a la gran mesa de la cocina. -El maestro Weasley terminarĆ” su tĆ© y luego Kreacher regresarĆ” para que todos puedan desayunar debidamente-.
Resignado ante la ya conocida tozudez del anciano, Ron asiente y toma asiento en la silla mientras se lleva la taza de tƩ a sus labios y le ve abandonar la cocina.
-o-
Apenas ha atravesado el umbral de la puerta, el último sirviente de la antigua y honorable  casa de los Black gira en dirección a los dormitorios pasando por delante de la figura que apoyada contra la pared, intenta mantenerse oculta mientras mantiene sus manos sobre su cara, en el intento de silenciar los desesperados sollozos que hacen temblar todo su pequeño cuerpo.
-Ahora la Dama Granger lo sabe-, susurra al tiempo que se gira para enfrentar a la joven mujer.
Entre sollozos y temblores un leve asentimiento de su cabeza es su Ćŗnica respuesta.
-QuizƔs sea el momento de que el maestro Weasley tambiƩn sepa-.
La voz del elfo suena firme, pero en ella hay un decidido toque de suplica en ella.
Una cabeza llena de rizos niega enƩrgicamente haciendo volar los salvajes mechones en todas direcciones, mientras las manos que cubren la cara borran las lƔgrimas que la recorren.
-No es posible Kreacher. Como Ron ha dicho, hay mucho en juego. Mucho mayor que nosotros dos y no puedo permitir que Harry deje de ser la prioridad de Ron. Sin Harry, no hay futuro para nadie. Sin Harry no hay futuro para nosotros dos-.
-El maestro Harry no es el mago mƔs poderoso bajo el techo de esta casa-, dice el elfo como si no hubiese escuchado la respuesta de la prodigiosa bruja mientras sus ojos se dirigen hacia la puerta de la cocina.
-Lo sé,- dice en un sollozo al tiempo que una triste sonrisa se insinúa sobre una cara que vuelve a estar recorrida de lagrimas y cuyos ojos enfocan al mismo punto que mira el elfo como si esperase poder ver al pelirrojo al otro lado de la misma en cualquier momento.
-Sin embargo-, los ojos de Kreacher se dirigen ahora fijamente a los ojos de Hermione, -tampoco es el mago mÔs seguro de sà mismo-.
-TambiĆ©n lo sĆ© y me maldigo a mĆ misma todo los dĆas por lo que he contribuido a que Ć©l se menosprecie-. Los ojos de la chica se encuentran brevemente con los del elfo para luego volver a buscar el umbral de la cocina que, se ha convertido sin pretenderlo, en la frontera entre el querer y el deber. -Pero ambos tendremos que esperar Kreacher,- y sus ojos, ahora llenos de fuego, vuelven a encontrarse con los del elfo. -Aunque ahora mismo todo mi ser estĆ© clamando por el deseo de atravesar esa puerta y sellar el pacto haciĆ©ndolo mĆo sobre la mesa de la cocina como sólo una mujer puede hacer suyo a un hombre. Porque yo he sido suya desde siempre-.
-Eso no es justo para Ʃl-.
-Nada en esta guerra es justo, Kreacher-.
Este asiente en comprensión y justo cuando parece que va a reanudar su camino para buscar a su legĆtimo amo, se detiene y mirando detenidamente a la bruja nacida de muggles, hace chasquear sus dedos haciendo que Hermione sienta un frescor rejuvenecedor recorriendo su enrojecidos ojos y sus parpados hinchados por el llanto.
-El amo Weasley no necesita mƔs preocupaciones en este momento-.
-Gracias Kreacher,- ella sonrĆe, -y gracias por no haberme delatado antes,- dice seƱalando con la mirada a la traicionera pieza de madera suelta que se encuentra en el piso, justo frente a la puerta de la cocina.
Y por primera vez en su larga vida Kreacher, el Ćŗltimo y orgulloso sirviente de la ancestral, noble y elitista sangrepura casa de los Black, entrega una sonrisa genuina a una bruja nacida de muggles.
-SerĆ” nuestro secreto Dama Granger-, dice al tiempo que completa una graciosa reverencia y abandona el lugar para buscar su legĆtimo amo, aĆŗn cuando siente que algo en su interior ha cambiado para siempre.
 Meses mÔs tarde:
Ā āĀ”Espera un momento! ādijo Ron abruptamenteā. Ā”Nos hemos olvidado de alguien!
āĀæQuiĆ©nes? āpreguntó Hermione.
āLos elfos domĆ©sticos. EstarĆ”n todos abajo en las cocinas, Āæno?
āĀæQuieres decir que deberĆamos ordenarles luchar? āpreguntó Harry.
āNo ādijo Ron serioā. Quiero decir que deberĆamos decirles que se marcharan. No queremos mĆ”s Dobbys, Āæverdad? No podemos ordenarles que mueran por nosotrosā¦
Ā Dura sólo un instante, pero para Hermione Granger es como si hubiese sido alcanzada por el hechizo āArresto Momentumā. Toda una vida de sentimientos e imĆ”genes pasa por su privilegiada mente de una manera tan real, tan nĆtida y clara, que es como si estuviese reviviendo sus propios recuerdos y sentimientos en un pensaderoā¦
Ternura
Un niƱo precioso con una mancha de suciedad en la narizā¦
Ā Lealtad
Un rudo bastón cayendo sobre la cabeza de un trol de montaƱaā¦
Ā Nobleza
Babosas vomitadas en un cuboā¦
Ā Valor
Malherido, cubierto de de suciedad, sudor y sangre, sostenido sobre una pierna rota siendo un baluarte entre dos adolescentes y un asesino en serieā¦
Ā Celos
El brazo roto de una figurilla de acción a los pies de una camaā¦
 Devoción
Una figura masculina con los brazos horriblemente marcados, que la vela cuando ella despierta con una terrible herida en el pechoā¦
 Excitación
El olor de pergamino, hierba reciĆ©n cortada y un jabón con aromas de madera y clavo al abrazar ese glorioso cuerpoā¦
Ā Esperanza
Una escoba que se materializa frente a la madriguera conducida por una metamorfomagaā¦
Ā Consuelo
Unas manos unidas, justo antes de dormir en Grimmauld Placeā¦
Ā Amor
Unos ojos azules que la velan cuando despierta en Shell Cotaggeā¦
Ā Miedo
Un niƱo pequeƱo, con una gran herida en la cabeza sobre un suelo ajedrezadoā¦
 PÔnico
Una cara pecosa, pĆ”lida como el papel, en una cama rodeada por un montón de pelirrojos que lucen asustadosā¦
Ā Terror
Un brazo destrozado que sangra tanto que resulta imposible creer que un ser humano pueda contener tanta sangreā¦
 Desesperación
Una figura empapada, con la cara desencajada de dolor e ira, justo antes de desaparecer bajo una lluvia torrencial una noche de otoƱoā¦
Todo es una vorÔgine tormentosa que la consume, le corta el aliento y amenaza con hace volar su cabeza incapaz de conjuntar tantas emociones a la vez. Es entonces cuando por encima de toda esa explosión emocional emerge una imagen. Una escena contemplada de manera furtiva desde la penumbra, bajo el umbral de una puerta en una vieja casa señorial.
La imagen de un humilde y viejo elfo doméstico escuchando la confesión de amor de Ronald Weasley por ella.
Y el sentimiento que ha sido ocultado por demasiado tiempo, ya no puede, ni quiere ser ocultado nunca mƔs y se abre paso. La necesidad imperiosa, mayor que respirar, de tomar lo que es suyo por derecho y a la que ella se ha estado negando por demasiado tiempo.
Ella es apenas consciente de lo que ocurre alrededor, borracha como estÔ, de la emoción que la envuelve. No escucha el sonido de unos colmillos golpeando el suelo, ni ve como una cicatriz en forma de rayo se deforma cuando las cejas sobre unos ojos verdes, se alzan cuando estos de abren de par en par, ni el movimiento de sus propias piernas, ni la sorpresa reflejada en una cara pecosa. Su corazón es lo único que ella siente, el amor que rebosa de él y después, el temblor de su propio cuerpo y la sensación de estar en casa cuando ella salta y se abraza al impresionante corpachón ante ella. El estremecimiento del núcleo de su vientre cuando ella ataca unos labios que parecen haber sido hechos sólo para ella. El vértigo que siente cuando Ronald Weasley, -Ron-, su primer, único y verdadero amor, la hace revolotear como una colegiala en el abrazo que la envuelve mientras le devuelve el beso, con una intensidad tal, que ella siente que se le encogen los dedos de los pies y el estremecimiento de su feminidad se hace tan intenso que arde. Arde como el mismo fuego del infierno en su interior.
Ā«Ćl le ama.Ā»
«Ella le ama.»
Y ambos lucharƔn como el infierno, contra cualquier poder, en el cielo o en la tierra que intentase volver a separarlos.
Fin.
https://archiveofourown.org/works/33387868













