¨ Sólo como loco malo¨ - PODCAST- escrito breve
En el valle de Río Negro, ciudad de Cipolletti; lugar donde el clima siempre es seco y frio, hoy puedo percibir como se aproxima la primavera. El sol del mediodía calienta la barriga de un perro que reposa muy pacíficamente en el renombrado ´´parque Rosauer´´ junto a quien supongo, es su dueño. Las calles tranquilas al llegar el horario de la siesta develan la faceta de pueblo que aún conserva nuestra ciudad.
Puedo oír, sentada desde un banco de la plaza la conversación que está teniendo este muchacho consigo mismo. Un adulto de unos cuarenta y tanto de años, vestido con un pantalón de corderoy y una remera sucia, descuidada; sus ojos marrones poseen una mirada fijada en algún lugar, pero perdida en la nada. Me denota todo el dolor que carga en su ser. Al mismo tiempo que habla emite gestos bien marcados como si una experiencia traumática, o muchas, hubiesen dejado huellas mnémicas que determinaron la forma en la que se relaciona con el mundo externo, a tal punto que a veces hasta olvida pestañar. Veo una serie de movimientos involuntarios en este señor, se refriega la nariz, se muerde los labios, aprieta sus dientes y en algunos momentos le dan una especie de espasmos eléctricos. A través de su aspecto pálido parece indicar que está enfermo y fatigado, aunque en lapsos se comporta de manera hiperactiva, moviendo sin sentido y velozmente sus manos. Dilucido que se encuentra bajo los efectos de alguna sustancia, o que es un adicto con grandes secuelas, y me cuestiono:
- ¿Cómo puede haber llegado a esa desciudadanización con tal pérdida de representatividad en sus valores primordiales, derechos y garantías?
- ¿Por qué a este ´´loco malo´´, peligroso como lo cataloga la sociedad no se le ofrece ningún tipo de ayuda?
- ¿Por qué en lugar de acompañarlo y acobijarlo lo dejamos enloquecer en soledad?
Será que no tenemos tiempo por vivir en la ´´era del nanosegundo´´ donde corremos aclamando ¡VOY A LLEGAR TARDE! Como el conejo blanco de Alicia en el país de las Maravillas, que corría apurado con su reloj antiguo hacia ningún lado ya que siempre volvía al mismo lugar del cual partía. Una inmensa angustia endureció mi plexo solar, la situación anudó la boca de mi estómago; y solo pude sacar mi anotador y escribir:
¨El tiempo es una creación de nuestra raza,
que acciona para dominar las masas,
encubierto en una relación de poder,
que lo objetiviza a cambio de saber,
de libertad, de material y mercancía
para venderte hasta la alegría.
Es hora de comprender, que sólo es una medida,
hay que usarlo de forma precavida.
Pensar en el pasado me produce depresión,
pensar en el futuro, confusión,
Total, de lo único que me voy a acordar,
va ser de cómo me sentía,
en cada etapa de mi vida,
ni de años, ni de meses, ni de días.
Pude sentir como ¨el tiempo¨ en ese mismo instante se detuvo, o tal vez se convirtió en un concepto más del sistema capitalista, una herramienta mortal que nos induce desde la ansiedad ya que ¨todo debe ser ya, y cuando llego ya es tarde¨ generando impotencia, sin comprender que el aceleramiento es propio de una sociedad de consumo. Tener la capacidad de ¨detener el tiempo¨, pensar, meditar acerca de nuestros sentimientos y a partir de ellos saber cuál es nuestro mayor sueño, es cosa de pocos. Mucho menos nos hacemos el tiempo para el encuentro con el otro, para saber de sus necesidades y así poder ayudarlo. Sin embargo, es el amor y el acompañamiento lo más importante para sanar; y eso todos lo sabemos.
Por el contrario, es más sencillo alienar al ¨loco¨ con fármacos para que se encuentre tranquilo y sea más fácil controlarlo, que escucharlo. Pues nos estaríamos proyectando en él, aceptando completamente que es nuestra razón la que se está reflejando en el otro externo, extraño. Y que es ese ¨otro¨ el que te lleva a descubrir tus cualidades, aquellas que más odias y al mismo tiempo las que más amas, teniendo la responsabilidad de apropiártelas. Es más fácil mirar a otro lado, estableciendo leyes como la 2440, más conocida como la ley de ¨desmanicomialización¨ sustentada a partir de la premisa ¨el manicomio no cura la locura¨, que tomar las riendas de la problemática que tantas vidas ha costado y lamentablemente seguirá costando.
Se para, toma su bolsa de arpillera y se va rengueando hasta que de repente una sirena aparece desde lejos. Es interceptado por la policía y detenido brutalmente. Fue impactante ver como lo esposaron boca abajo, contra el piso. Me indigno presenciar el abuso de poder y el grado de violencia con el cual accionaron con total libertad, sabiendo que este ciudadano posee padecimientos mentales. Pero aún más me indigno la falta de implicancia del Estado, ya que poco podrán hacer impugnándolo y devolviéndolo a la calle; donde esta noche dormirá sobre algún cartón, desolado, ¨sólo... como loco malo¨.