“ No sé en qué punto mi vida amorosa se volvió tan relevante como para ser comentada. ” Sonrisilla en sus labios y ligero encogimiento de hombros, como si el tema verdaderamente le causara confusión y, claro, en afán de intentar dejarlo del lado. Aunque bueno, si la fémina insistía con el tema tampoco tenía demasiado problema en crear alguna historia de una novia de toda la vida con la que todo resultó tremendamente mal y, con base en ello, dejó de creer en el amor. Total, está acostumbrado a ello, a entremezclar mentiras con verdades para conseguir una historia más o menos aceptable sobre su vida cotidiana, pintándola de común y corriente. Una risilla brota a las palabras ajenas, pues su conocimiento sobre moda era escaso -por no decir nulo-, aunque sus gustos eran un tanto refinados, bien adiestrados por quien le enseñó que la base de todo era lucir como gente decente para que te crean decente. Una de sus cejas se arquea cuando la razón le es cedida, entonces haciendo una vaga historia mental de que bien el corazón ajeno se encontraba roto y de allí su comportamiento un tanto atípico y renuente. “ Entonces, definitivamente no era como el de Andy. Quizás no valía la pena y ya llegará alguien mejor. ” ¿Qué más podía decir? Era como el típico consejo que escuchaba en las películas justo antes de que apareciera el nuevo y ridículamente atractivo pretendiente de la protagonista. “ Justo eso, hay más involucrado en una relación que química sexual. ” Porque también tenía esta idea de que era parte necesaria y no excluyente, porque tener a tu mejor amigx de pareja no bastaba cuando todo resultaba desastroso bajo las sábanas, así que se debía buscar el equilibrio… o eso suponía desde el conocimiento teórico, pero nunca práctico. “ ¿Qué te impide hablarlo con fluidez? Me refiero— sí, es algo privado y todo eso, pero todos somos seres sexuados y el invisibilizarlo hace que en la sociedad hayan fracturas sobre porqué la comunidad LGBT tiene tantas trabas para mostrarse tal cual son. ” Y aunque pareciera increíble, sí, aquello había salido de sus labios. Quizás se mostraba como la persona más vaga y superficial que ha pisado el planeta, pero tenía juicios y criterios bien formados con respecto a varios temas, buena parte cortesía de que su hermana menor tenía el hábito de la lectura, de curiosear el mundo, así que sus conocimientos muchas veces terminaban teniendo un efecto en el masculino. “ Hmmm, hablando de estas cosas. ” Comienza, sus orbes fijas en facciones ajenas mientras valora sus opciones, viendo todos los posibles escenarios en los que se vería envuelto si llevaba a cabo su reto con la coordinadora frente a sí, ¿pero qué más daba? Un par de puntos menos, una cachetada, la ley del hielo permanentemente, lo que fuera, y es que la curiosidad picaba, el querer ver qué reacción saldría de anatomía contraria tras el acercamiento. Sin pensarlo mucho más, una sonrisa se perfila en sus facciones, poco después permitiéndose acariciar la mejilla ajena, como tanteando terreno, y es entonces cuando su mano se posa en cuello ajeno, a manera de evitar el escape ajeno -que duda suceda, puesto que la alcoholemia que parece presentar la joven seguramente alentará su reacción- y sus labios van a parar al otro costado del cuello ajeno, permitiéndose succionar durante unos segundos, ejerciendo la presión necesaria para que aquello dejase marca, justo como le había sido mandado. Finalizado aquello, se aleja, su índice se alza, como pidiendo un momento antes de que le rompa la nariz. “ Era un reto, y eres la coordinadora más agradable, así que necesitaba cumplirlo contigo. ” Vale, adornar un poco la realidad y sugerir que requería de una coordinadora para aquello no le haría daño a nadie, ¿cierto? La sonrisa en sus labios es insuprimible, sus orbes atentas, embriagadas a la expectativa de la reacción ajena.
Fue una carcajada entonces quién replicó a las palabras contrarias, oración que se empapó en lo predecible, en lo innecesario ante la visión de la ebria muchacha. “Eres muy malo dando consejos” Soltó de repente, todavía en el cielo gracias a la carcajada reciente, casta gracia que compartió sin cuidado. “¿Ya llegará alguien mejor? ¿En serio? Wow… eso fue único” Concluyó entonces, pintando sus banalidades con gracia, descartando toda relevancia. No obstante, lo que continuó fue una invitación a la contemplación puesto que su actitud tímida ante índoles semejantes jamás gestó de puntos con tal controversias o pretendió mezclarse con los mismos; de pequeña la castidad reinaba en su ceno familiar y la labia sobre lo tal era considerada algo vulgar, en pleno crecimiento (proceso de imitación continua de referentes) jamás consideró cuestionar aquello, con el tiempo simplemente se acostumbró consiguiendo que al tratar con semejantes índoles dónde la confianza carecía la arrastraba hacía razonares reacios / de prejuicios poco auténticos. “No, no es con esa intención, es decir, el crear esas trabas — estoy algo ebria para tener está conversación, Ekker. Pero, mhm, no… supongo que sólo no… ¿No es algo que haga?” Simplificó con toda ansía de dar fin a sus palabras al mismo tiempo que ambos hombros se elevaron. Posteriormente la ojiclaro, en consecuencia a esa oración inconclusa, elevo su mentón al son de una curvatura cargada de dudas: ¿qué podía haberlo forzado a divagar tan repentinamente? ¿a romper el ambiente con un silencio precipitado? La atención, por supuesto, fue entregada (como si tratase de una casta ofrenda) incluso permaneció latente cuando la caricia nació, acto que pudo haber rechazado o esquivado, mas se encontraba lo suficientemente entonada como dar libre albedrío a gestos semejantes (o quizá sólo se trato de la buena platica haciendo efecto, causando la bienvenida a la invasión de espacio personal). Sin embargo, la escena en la cual se vio envuelta en un parpadeó fue algo que ni su ebriedad sintió afán a su ejecución, pero entonces el de hebras castañas había elegido su cuello como victima / el talón de Aquiles en la de menuda figura, fuente de carcajadas estrepitosas, sonoras, de movimientos erráticos acompañados de un radiante hilaridad. Agradeció su cercanía con el firmamento a sus espaldas cuando sus rodillas flaquearon y toda estabilidad amenazó con perderse, la copa en mano extravió el escaso contenido de vino sobre el suelo debido al movimiento de sus extremos en reacción a la dermis sensible. Su mundo fue infierno por un momento, Maddyson jamás fue una leal partidaria de los momentos donde su vulnerabilidad reinaba y, con sus cosquillas cobrando vida y el muchacho saboreando su cuello, eran semejantes sensaciones las que eclipsaban razonamiento, guiándola a llevar su surda hacía el hombro antagónico, como si pretendiese apartarlo una vez que labios masculinos se despidieron de su fisonomía. “ ¿Qué…?” Fue irrumpida, la explicación la abordó sin siquiera darle una oportunidad de solicitarla. Necesitó un momento antes de ofrecer replica, quería reincorporarse, limpiar la humedad de su cuello. “¿Por qué no lo dijiste antes?” Reprochó al mismo tiempo que sus orbes se extraviaron por el espacio, contemplar su semblante fue inesperadamente complejo. “Shane es agradable, pudiste haberlo hecho con él y no arruinar el momento” Porque entonces todas sus ansias de continuar con la cháchara anterior fueron sepultadas, yacieron bajo cimientos de fuerte estructura. El deseo de partir, de distancia, era lo único capaz leer con claridad sobre su psique. “Enserio lo arruinaste — ” Odiaba esas marcas violáceas (las que terminaban en sitios visibles) que durante adolescencia varias veces la habían arrastrado hacía castigos escabrosos. “me voy a afuera… lo siento. No puedo” No podía lidiar con la situación, ni con él o el fastidio que sacudió todo su mundo y, por lo tanto, tras un par de sacudidas perezosas de cabeza, hizo su camino hacía la salida decidiendo que su cordura embobada ya había sido bastante abatida. Necesitaba aire, comenzó a sentirse encerrada, sofocada.