Sostiene mirada contraria porque flaquear nunca había sido su estilo, de hecho, podía ser aquel mismo orgullo la que la había sumergido en aquel espiral de perdición en que se había visto atrapada durante el último año y que había significado su caída inminente de ese endeble y tortuoso estrellato que la mayor parecía reclamarle con cada vocablo liberado de sus labios. Hablar acerca de lo que había sucedido, y en especial, las razones por las que había regresado, era algo que solo hablaba con su terapeuta, su abogado, y quizá un par de amigas, ¿Quería hacerla también con Remi? ¿Explicarle lo que le había sucedido? Quizá una parte de ella, la otra quería convencerse de que no le importaba lo que ella pudiera pensar. No puede evitar sonrisa que se forma en sus labios ante sentencia, incluso resopla con sorna, como si aquello fuese solo un chiste aunque en realidad casi podía sentir cada caricia que Remi le había otorgado en el pasado.— Vaya, ¿Eres capaz de deducir todo eso y al mismo tiempo pensar que formo parte de esos niños blancos privilegiados a los que tontamente has referenciado antes? —Alza cejas fingiendo indiferencia, escudándose un instante en la bebida entre sus dedos.— Evidentemente me conoces, sabes como reaccionará mi cuerpo ante tus caricias, incluso estoy bastante segura de que aún puedes escucharme en tu mente repitiendo tu nombre una y otra vez…—Dice casi siguiendo aquel juego, cayendo despacio en todo lo que ella seguía provocandole, y pensando además en que aún la deseaba demasiado como para negarlo a cabalidad, quizá por eso es que cede aquel segundo, justo antes de que irises claras abandonaran labios ajenos para clavarse de vuelta, con aquella conocida frivolidad en mirada ajena.— Pero, Remi, saber dónde acariciar, tocar, y besar, no te hace conocerme más allá, y lo has demostrado con cada palabra que ha salido de tus labios desde que iniciamos esta conversación.— Creía estar segura de que aquello era así, aunque sabía que habían compartido tantas cosas en el pasado que Remi, definitivamente, había conocido un costado de Gianna que pocas personas conocían, sin embargo, ¿las personas cambiaban? Ella seguramente lo había hecho tanto como la relación que en el pasado compartían. Cuerpo vuelve a erguirse sobre la silla y con un movimiento termina el contenido de su trago, sin querer dejar más espacio para que aquella interacción la orillara a perder su propio control.— Igual, podemos intentar lo otro, allí sí que me encantaría darte la razón.—Deja reto y deseo implícito al aire en lo que pone sobre la mesa un par de billetes de 5$ y después de dar una breve mirada a la morena, decide darse la vuelta para retirarse…o huir.
"No creo que seas inmune.” Una vez que se acostumbró a la buena vida ya no quiso volver a pisar el pueblucho que la vió compartir tantas historias con ella, otra alma en pena más del montón que existen allí. No la culpa, no: la resiente. Detesta que no la haya incluido en sus planes porque, de habérselo propuesto hubiese dicho que sí al instante. Claro que nunca lo admitirá en voz alta, solo seguiría humillándose y ya no quiere jugar ese papel con Gianna. Escucha sus palabras y los recuerdos aparecen al instante. Le está dando justo lo que quiere y no puede evitarlo. Es esa atracción, esa química y piel que hay entre ambas la que es mucho más fuerte que su fuerza de voluntad, la hace claudicar. Entonces el siguiente golpe la devuelve a la realidad, no hay nada más allí que dos fantasmas enfrentándose, hiriéndose, queriendo ver sangre. “¿Por qué sigues aquí entonces? Mirándome con esos ojos que me sé de memoria, sabes que quieres cada una de las cosas que estás pensando.” No necesita leer su mente pues en la suya las imágenes corren de manera rápida, tanto que la tensión pasa a ser una distinta a la de antes. Nota que bebe el interior de su vaso hasta dejarlo vacío y espera a que vuelva a hablar, lo hace con una paciencia que no tiene pero que de alguna forma consigue desde el fondo de su pecho. “No tomes decisiones luego de haber bebido alcohol, Gianna, nunca fuiste buena para eso, cuando recuerdas lo que hiciste, si es que lo haces, siempre te arrepientes.” Dicho esto deja en claro que sí, que definitivamente la conoce, sabe como se pone luego de dos o tres copas de más y si bien ésta no es la situación en concreto, lo que hace es desviar la atención al hecho de que hay detalles de la rubia que nunca cambiarán y que ella nunca olvidará. “Vete a casa, descansa.” Insiste dando algunos pasos hacia atrás para volver a tomar el trapo y retomar su trabajo, alzando un nuevo muro entre ellas dos.