The education of the infantas
Isabel, Juana, María and Catalina de Trastámara, the four daughters of the powerful Catholic Monarchs, were not only educated noble women among the European aristocracy but they were certainly better educated than most women of their era. The preparation of the infantas caused admiration in the courts where they went. Fray Pedro de Ampudia, fray Andrés de Miranda, Beatriz Galindo, Alessandro Geraldini and his brother Antonio, had been important teachers, along with other scholars. Whilst Margaret of Austria was at the Spanish Court we hear of her teaching French to her little sister-in-law, Catalina.
Their academic education consisted of canon and civil law, religion, theology, genealogy and heraldry, history, geography, philosophy, mathematics, literature and languages. They were taught not only the Bible and the works of Saints Augustine, Jerome, and Gregory, but also the classics, including Seneca, Prudentius, and the Roman historians. The infantas strove to become accomplished Latinists and spoke several languages. Juana was able to compose verses in Latin.
The four sisters developed feminine accomplishments in court etiquette, good manners, dancing, drawing, music, poetry, equestrian skills, falconry, hunting, and domestic skills, such as cooking, lace-making, needlepoint, sewing, spinning, and weaving. They had good musical culture and could play one or more instruments. Juana had talented musician in playing the clavichord. Catalina was a true artist in keyboard instruments and harp. Juana and Catalina were two excellent dancers and two exceptional horsewomen.
La educación de las infantas
La reina Isabel siempre quiso que sus hijas fuesen doctas, educadas, pías, justas, serias y complacientes. El destino de todas ellas sería el de ser reinas consortes en un país lejano con el que debían estrechar lazos de amistad y de sangre, donde debían dar hijos a sus regios maridos. Pero también iban a ser embajadoras de sus reinos. La preparación de las infantas causó admiración en las cortes a donde se dirigieron. En esa apreciación están de acuerdo los cronistas y testigos de la época, viajeros que vinieron a visitar el reino y latinistas, humanistas y embajadores.
La Reina no solamente dedicó especial atención a proveer de los mejores tutores y profesores a sus hijos, sino que se preocupó de que sus damas y las hijas de familias distinguidas recibiesen la instrucción necesaria. Isabel educaba a sus expensas a gran número de jóvenes hijas de los nobles, atendiendo con solicitud a su custodia y después les procuraba un honorable partido.
Las infantas aprendieron urbanidad, buenas maneras y manejo propios de la corte. Recibieron clases de historia, derecho civil y canónico, heráldica y genealogía, filosofía, gramática, literatura, poesía, matemáticas, política, geografía, latín y otras lenguas, dibujo y religión. Conocían a fondo la Biblia y el Misal, las vidas de los santos y otros libros de devoción populares. Leyeron a los escritores clásicos como Prudencio, Juvenal, Séneca, Tito Livio o Virgilio, y a los padres latinos San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio y San Jerónimo.
Las cuatro hermanas tenían una base de latín tan buena que, más tarde, eran capaces de responder a los discursos de los embajadores improvisando en un latín fluido, clásico y correcto. La infanta Juana recitaba y hasta componía versos en latín. Todas ellas conocieron varias lenguas y aprendieron otras artes como la música, el canto y la danza. Existen testimonios que califican a las infantas Juana y Catalina como excelentes bailarinas, y de todos ellos, que tenían buena cultura musical y podían tocar uno o varios instrumentos. La infanta Juana tocaba con particular gracia el clavicordio y Catalina fue una verdadera artista en instrumentos de tecla y arpa. Se entrenaron en equitación, cetrería y en el deporte de la caza. Catalina es descrita como una amazona excepcional, cabalgaba sin miedo con tanto atrevimiento como un hombre. Lo mismo dicen de Juana.
Las infantas estaban educadas no sólo en tantas artes y ciencias, gracias y conocimientos políticos, sino que también sabían coser, bordar, hilar, tejer y cocinar como campesinas, así como hacer todas las tareas propias de las grandes casas que más tarde tendrían que dirigir. La reina Isabel se preciaba de que su esposo nunca llevó un jubón que no hubiese sido tejido e hilado por ella misma. Quizá pensaba que sus hijas podían, o debían, hacer lo mismo. Era importante, bajo el punto de vista de la reina, que las infantas aprendiesen piedad y caridad. Se tiene noticias de cómo las niñas fueron llevadas a distintos lugares del reino sólo para dar un regalo, donativo o limosna. La reina Isabel también les enseñó a repartir sus propias ropas entre sus sirvientes y les transmitió a sus hijos un cuidado especial por árboles y plantas, y la afición por los animales domésticos y de compañía.
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