Los Pequeños Milagros
Nadie tiene la capacidad de ver las bendiciones en medio de las pruebas, hasta que es lo Ăşltimo que te queda en que creer.
Cada vez que me siento a escribir una entrada cambio de parecer constantemente, hasta ver quĂ© podrĂa ayudarles más. Pero en este caso en particular, una pĂ©rdida irreparable me hizo escribir acerca de esto.Â
Olvidé cuántos meses estuvimos en el hospital cuidando de papá y lo complicado que fue la situación que constantemente pude ver cómo Dios guardaba cada detalle. Hoy, ya no se encuentra en este plano terrenal, pero necesito explicarles mi punto:
Damos por hecho tantas cosas. Cosas tan sencillas como el caminar, hablar o ver; que realmente no apreciamos la vida. Damos por hecho tantas cosas y parece que nos hemos acostumbrado a la vida que llevamos. Recuerdo que Dios le dio a SalomĂłn todas las riquezas y anhelos del mundo; conforme iba avanzando su vida se hacĂa más miserable, hasta que encontrĂł lo que realmente le daba gozo en el mundo.
HablĂ© yo en mi corazĂłn, diciendo: He aquĂ yo me he engrandecido, y he crecido en sabidurĂa sobre todos los que fueron antes de mĂ en JerusalĂ©n; y mi corazĂłn ha percibido mucha sabidurĂa y ciencia. Y dediquĂ© mi corazĂłn a conocer la sabidurĂa, y tambiĂ©n a entender las locuras y los desvarĂos; conocĂ que aun esto era aflicciĂłn de espĂritu. Porque en la mucha sabidurĂa hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor. Ec 1: 16-18
AcuĂ©rdate de tu Creador en los dĂas de tu juventud, antes que vengan los dĂas malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; Ec. 12:1
Cuando mi papá estaba en el hospital celebramos las pequeñas victorias, conforme pasaban las cirugĂas y el tiempo, pude ver la mano de Dios restaurando a mi familia por medio de pláticas y mucho amor. Creo que uno de los dĂas que más recuerdo es cuando platicabamos por largas horas y siempre me decĂa que cuando saliera del hospital saldrĂamos a tomar un refresco y unos panecillos. En ese instante la realidad me pegĂł justo en la frente, me habĂa dado cuenta que mi papá llevaba 8 meses sin probar bocado. Lo mire y mientras lo llenaba de besos le decĂa que todo estarĂa bien, que no se preocupara, que lo harĂamos. Un pequeño milagro sucediĂł y mi papá ya podĂa caminar, luego ya podĂa beber algo de agua y sucediĂł algo maravilloso: DespuĂ©s de mucho tiempo se comiĂł unos deliciosos waffles. Jamás olvidarĂ© esa cara que ponĂa y la forma en como lo disfrutaba.
Quiero que pongas tus ojos en esto: Dios te da cosas muy bonitas y sencillas que no las valoramos porque les quitamos el valor cuando queremos otras cosas que a la larga no van a traer fruto. El arte de vivir feliz es apreciando esas pequeñas cosas, porque un dĂa se pueden perder. No permitas que la vida se te escurra entre las manos sin valorar esas cosas tan bonitas y que con el tiempo aprendiste a tomarlas como cualquier cosa. Lo que hace Dios en tu vida continuamente es lo que debes atesorar: cada lecciĂłn, cada bendiciĂłn, herida y talento. Dios siempre tuvo un motivo para mover tu vida.
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Jer 29:11
Papá me enseñó muchas cosas, pero sobre todo a valorar sus abrazos y esos besos que no se borran, aĂşn recuerdo cĂłmo sus lagrimas me mojaban el rostro cuando nos despedimos. Guardo los audios para no olvidar su voz y recordar lo mucho que me amaba. Él fue el motivo de mis oraciones durante mucho tiempo y Dios me regalĂł un maravilloso tiempo a su lado. Hoy tengo la certeza que se encuentra en cielo, que me mira con mucho amor y que cuando lo vuelva a ver, nos tomaremos ese refresco con panecillos que querĂa.
No pierdan la habilidad de ver esos milagros.
Vayan y coman waffles.
-PL
Te amo Papá.Â














