Conexión papal
El viaje apostólico de León XIV a España ha traído cola. No es que el papa se fuera con viento fresco. Al contrario, en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna daba la impresión de que no quería marcharse al cabo de siete jornadas. Tal vez, porque sentó raíces en un sentido poético. Ya en el avión, un Airbus de Iberia al que subió a las cuatro de la tarde, su santidad tuvo que regresar a la terminal, treinta minutos después, por una incidencia técnica que aplazó unas dos horas (tres sobre lo programado, por el retraso acumulado) el regreso a Roma para volver al Vaticano. Durante el parón, Felipe VI lo buscó y ambos esperaron en el edificio de Aena. Pasadas las cinco empezó a desembarcar el resto del pasaje. El comandante, Julio Ruiz-Zorrilla Gómez, adoptó la decisión de remolcar el aparato para girarlo e intentar, sin éxito, arrancar el motor. Finalmente, a las 18:09 despegó el Falcon del Ejército del Aire y del Espacio que el rey puso a disposición del sumo pontífice. "Los pilotos del Ala 45 se encargan de llevar al papa" hasta la capital de Italia, dejó escrito el Ministerio de Defensa en la red social X. Hubo sendos relevos en el transporte.
La misa que el papa ofició en la explanada del puerto de Santa Cruz de Tenerife, tras completar una intensa agenda en La Laguna, bien valía una demora. Como predicaba san Agustín, es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él: "Quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre más se aleja". Concluido el emotivo acto ante el océano Atlántico, con la venerada imagen de la Virgen de Candelaria de testigo, la comitiva se dirigió a la pista de salida del recinto aeroportuario. Las manecillas del reloj se entretuvieron en el recorrido bendiciendo el tiempo y alabando al Señor. Ante una deslumbrante alfombra roja desplegada para la ceremonia de despedida, el monarca aguardaba al jefe de la Iglesia católica. Una vez juntos, lo acompañó a una sala. Allí permanecieron un rato largo. Una formación militar hizo un pasillo y las autoridades -políticas, religiosas y castrenses- iban tomando posición. En los corrillos, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, y el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, compartían lo que parecía ser una charla amistosa. Se ve que entendieron el mensaje de distensión que León XIV transmitió el lunes 8 en el Congreso de los Diputados, con un sereno llamamiento al diálogo frente a la "descalificación permanente". Ahí estaban también la ministra portavoz, Elma Saiz; la presidenta del Parlamento regional, Astrid Pérez; el delegado del Gobierno, Anselmo Pestana; la presidenta del Cabildo, Rosa Dávila, y el alcalde anfitrión, Luis Yeray Gutiérrez; además del jefe del Mando de Canarias del Ejército de Tierra, Julio Salom; el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin; el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Javier Argüello, y el obispo de la diócesis Nivariense, Eloy Santiago. No eran los únicos presentes. No mostraban síntomas de aburrimiento. La ocasión merecía soportar la tardanza.
Atrás quedan, 2.500 kilómetros y 2,5 millones de participantes en 21 actividades en cuatro etapas, ha informado el comité organizador. Se acreditaron unos 5.000 periodistas. El sábado 6, un avión de ITA Airways con León XIV a bordo aterrizó a las 10:15 en el aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Lo recibieron los reyes y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Pabellón de Estado. La villa saludó con un repique de campanas. El martes se trasladó a la capital de Cataluña y el jueves visitó Gran Canaria, con la bienvenida por parte de Pedro Sánchez. A las 9:18 del viernes llegó a Tenerife Norte, donde aguardaban Fernando Clavijo, Elma Saiz, Isabel Celaá - la embajadora de España en la Santa Sede-, Astrid Pérez, Rosa Dávila, Luis Yeray Gutiérrez, Julio Salom y Eloy Santiago. Monseñor Argüello da fe de que el papa se "ha ido contento" y confía en que la esperanzadora emoción se transforme en trabajo.
En un telegrama al rey, León XIV agradece la "generosa hospitalidad brindada" durante su estancia en este país: "Asegurándole a usted y a todos los españoles mis continuas oraciones por la paz y la unidad de la nación, invoco cordialmente sobre cada uno de ustedes una abundancia de bendiciones divinas". La anécdota no averió la ilusión ni estropeó el entusiasmo.
"Sin confundir el plano jurídico con el moral", preconizó "una justa delimitación del poder público". A pie, en un papa móvil con conexión humana o en un carrito de golf, vino para "alentar e inspirar una renovada fidelidad" de los creyentes, la concordia y la cooperación.
(Diario de Avisos, 13 de junio de 2026)














