Tenía una hora libre antes de sus clases de pilates, por lo que había decidido pasarla en el jardín del campus. Abrigada (no quería pescar un resfriado) y con auriculares puestos, se había recostado a disfrutar del poco calor que el sol brindaba mientras escuchaba una de sus playlists favoritas. Como estaba con los ojos cerrados, no vio la pelota que se le venía a toda velocidad; sólo los abrió cuando ésta pegó contra su estómago. ‘¿Acaso tienes cinco años? Aprende a jugar y ten más cuidado’ vociferó arrojándole nuevamente la pelota a su dueño, no sin antes dedicarle el dedo medio. ‘¿No hay un campo de fútbol? ¿Por qué diablos tienen que molestar aquí?’ esta vez lo pronunció en un tono de voz leve, dirigiéndose a la persona más cercana.














