Alyosha se presenta en la biblioteca tal y como había sido el trato. Solo, descalzo por elección propia, ligeramente afectado por una de sus constantes jaquecas, pero atento y ansioso, hambriento de respuestas.
Si bien pidió una cita con motivos de trabajos de magia oscura, lo que en realidad buscaba era algo más… Al tomar asiento, luego de la explicación que le dedicara su anfitrión, alzó las manos a fin de articular las señas que, como es debido, el colgante de piedra mágica traduciría para su interlocutor.
— “Respuestas” —resume en una palabra—. “Busco respuestas. Busco entender la magia negra, quisiera aprender su lenguaje. Pero no quiero aprender a manipularla, para nada. Lo que deseo es entender sus raíces y para ello quisiera preguntarte: ¿Qué es para ti la magia negra? ¿Cómo la aprendiste y por qué decidiste que sería adecuada para ti?”
Sin tapujos, sin mediaciones, sin reservas. Alyosha está dispuesto a pagar, como debe ser, por un servicio que el otro le está prestando al responder. Y por ello, pone un fajo de billetes sobre la mesa, son varios cientos de dólares enrollados y atados con una liga elástica.
Analizó rápidamente a su “cliente”. Era mucho más alto que Hyde, pero no parecía muy amenazante. Le resultó curioso que fuera descalzo, pero lo que más le llamó la atención era el hecho de que no hablaba, sino que se comunicaba por señas. Hyde decidió poco después de llegar al hotel que no utilizaría la piedra mágica. No iba a desperdiciar todo el tiempo de estudio que le había dedicado a las lenguas extranjeras y mucho menos iba a aceptar nada que estuviera construido con magia blanca. El lenguaje de signos no era su fuerte pero tenía los conocimientos necesarios como para comprender lo que el otro le decía.
En un principio pensó en decirle directamente que no se dedicaba a responder preguntas de algún curioso, hasta que puso el dinero encima de la mesa. No le importó lo más mínimo de dónde había sacado tanto, el caso es que estaba claro que su cliente estaba dispuesto a pagar bien. No había nada que animara tanto a Hyde como el dinero.
— Hm. Sin duda lo que pides no es habitual, pero viendo que estás dispuesto a pagar acorde a la peculiaridad de la situación, de acuerdo, pero responderé solo lo que un humano normal pueda llegar a saber. De todas formas para explicártelo todo tendría que seguir hablando contigo después de muerto, pero intentaré ser lo más claro que pueda.
Era un poco raro hablar de sí mismo con un desconocido, y más todavía de un tema que Hyde consideraba bastante delicado. Se animó pensando en los billetes.
— Antes de empezar quiero que entiendas que yo estaba “predestinado” a acabar dedicándome a la magia negra, es una predisposición que lleva generaciones en mi familia. — Hizo una pausa, no le gustaba recordar a sus parientes. — La magia negra es una parte de mi vida, aunque siempre habrá gente que no lo apruebe, simplemente no puedo separarme de ella. La aprendí gracias a mi maestro, — Volvió a parar en seco unos segundos al acordarse de este — y no es que yo decidiera que fuera o no adecuada para mí, simplemente es lo que soy. Me gustaría explicártelo más a fondo pero no creo que me sea posible. Puedes hacer preguntas más específicas si así lo deseas.