Las primeras impresiones del libro SEDA - Alessandro Baricco
Cuando Hervé Joncour conoció a Baldabiou (un exitoso empresario textil del arte de la sericultura)  su vida tuvo un giro inesperado. A sus 24 años de edad Joncour, con el cargo de subteniente  de infanterÃa y muy orgulloso de pertenecer al ejército francés, decidió dejar de lado esa ocupación, seducido y afanado por Baldabou, el cual le hablo de gusanos, de huevos, de la seda, de viajes, de aventuras, y le ofreció que trabajara para él, viajando por el mundo, comprando y vendiendo huevos de gusano de seda.
En 1853, tiene su primer viaje a Egipto, cruzó el mediterráneo y compró huevos de gusano de seda. Los huevos que compraba en sus numerosos viajes eran minúsculos de color gris o amarillo, estaban inmóviles, aparentemente muertos, en su palma cabÃan cientos. Estos viajes debÃa hacerlos a otros continentes ya que en Europa habÃa epidemias que atacaban a los huevecillos del gusano de seda y para evitarlos se hacÃan viajes que duraban entre 3 a 4 meses a Sirio, Egipto.
La paga era muy buena, pues tenÃa una gran casa en las afueras del pueblo de Lavilledieu y un pequeño laboratorio en el centro; vivÃa con su esposa Hélene, una vida cómoda y estable.
Pero en 1861 el trabajo de Joncour y el de Baldabiou se verÃan en peligro, pues una epidemia pebrina estaba destruyendo los huevos de cultivos europeos y alcanzó el otro lado del mar. Una terrible situación que Bladabiou reflexionó por dÃas y dio con la conclusión que el problema de la epidemia no habÃa que resolverlo sino evitarlo, es por ello que reúne  en el café de Verdun a todos los productores de las hilanderas del pueblo y a Joncour para hablar sobre Japón, les contó que en ese paÃs se hacÃa la seda más bella del mundo, decÃa: ‘’cuando tenÃas la seda entre los dedos es como si acariciaras la nada’’.  Los productores nunca habÃan escuchado de ese paÃs, les parecÃa fascinante hasta que hablo de la otra cara de la moneda pues en Japón se habÃa prohibido  el acceso a cualquier extranjero, aislándose totalmente del exterior y si algún japonés se iba del paÃs y luego regresaba se le condenaba a muerte.  Pero todo esto habÃa cambiado en 1853, ya que los estadounidenses rompieron  este aislamiento a la fuerza. Era un riesgo que se debÃa de correr pues el plan consistÃa en mandar a Joncour a Japón y traer a Francia huevecillos de gusanos de seda, pero los japoneses te vendÃan su seda más no los huevos.
Es asà como que el 6 de octubre de 1861  Joncour emprende el viaje a Japón, con 80 mil francos en oro pasando por Alemania, Austria, HungrÃa, Ucrania, Rusia hasta llegar a Shirakawa Japón. Donde harÃa el trato comprando los huevos.
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