El Cuento de Otra Vez
Con un pequeño Prólogo:
Encontré la idea de querer redactar mi propio avance, mi propio cuento y mi falsa vida, al no haberlos encontrado escritos por la mano de alguien más, en un mundo de tragedias compartidas, ¿Puede que hasta en esto me acompañe la soledad?
No recuerdo si fue febrero, marzo, abril, mayo, junio o julio, tampoco los que le siguen, solo sé que no fue enero, ¿Quién demonios asiste a clases en enero?. Tampoco sé si fue en el primer o segundo año, apostaría que ocurrió en el final de primero, aunque apostando a mi memoria es predecible mi derrota. Vaya, ahora no estoy segura de nada en lo absoluto.
Era una mañana cualquiera, de un día cualquiera, de una semana, un mes, y un año cualquiera, quizás 8:54 o 10:26 (a.m.), sí, recuerdo los horarios de receso extrañamente.
Hubo un impacto, pero extraño tras las letras, no fue algo que puedas medir en una escala física, nadie cayó, nadie volteó a mirar ni a reír, nadie aparte de mí, lo notó… Fue mi mente, pobre mente, ella no tenía idea alguna; ojos, pero no solo ojos, el abismo y la duda representados en sus pupilas, y el café más puro de impurezas asentado en esos iris de estaurolita, no fue hasta varios años después que noté con precisión las demás modestas partes de su imponente presencia, no podría parar de describirle, se llevó notas enteras con descripciones a medias, en algún momento supe que acabaría…
Pienso en su concepto, ese tan pequeño y molesto “Hacer que una cosa llegue a su fin, o hacer la última parte de esta cosa.”
Pero no me hace sentir el pensar en conceptos ni sinónimos de algo tan trágico, al menos no ahora… El recuerdo se fue borrando de fragmento en fragmento pero, los ojos quedaron, como en una película de terror, no más ni menos.
Al mismo tiempo recuerdo verle palidecer, y palidecer al mismo tiempo junto a él, había tardes que el manto nocturno iba sombreando con oscuros bocetos, desde la sombra de los árboles, hasta la misma sombra del cielo; y las luces, luces brillantes que con la vista demacrada por trabajos, lecturas y pensamientos, terminaban siendo tan pequeñas e incapaces de hacerme vislumbrar cualquier objeto desde el más cercano al más lejano… Pero era agradable, curiosamente esos paisajes se conservan como algo majestuoso ante mi ser, quizá por sus colores o simplemente porque fueron.
Pasaría de su primera vez ante mí, hacia la última, sólo porque su tristeza me estremece y la mía me avergüenza.
Esa tarde que fue objeto de saber penosamente, que ya todo había terminado, desde las clases hasta nuestras charlas. Una tarde brillante para otros, ciertamente lo era, el sol hacía radiar los colores de los juegos, el verde del césped y las copas de los árboles, el metal de los edificios que nos rodeaban relucía bajo los rayos y la gente parecía respirar con el corazón acelerado de tanta alegría, no podía estar frente ni cerca de tantas personas, lo veía todo gris de alguna forma, aunque el sol me cegara con todos los colores; curiosamente entre mis nubes de “no lo veré otra vez”, “no hablaremos otra vez…”, “ya no habrán otras veces.”… Se presentó otra vez, la misma situación en un escenario por completo distinto, el mismo impacto, pero ésta vez no fui solo yo quien lo notó, mi pálido y extravagante doble se pasaba frente a mí, con la mirada cansada y las ganas de acabar con todo respirándole a milímetros, otra vez distinta pero no mejor que las anteriores. Lo que pareció mil instantes en uno, solamente debieron ser 3 segundos, ¿3 segundos hicieron tanto caos? Me pregunto ahora, no. No, 3 segundos fueron los que ni el, ni yo, pudimos inhalar o exhalar.
Ese fue el final de la “otra vez” en la que minutos atrás pensaba, irónicamente, eso pensé.
Como había mencionado, no podía estar frente ni cerca de tantas personas, no quería, descansar, llorar y respirar, solo eso. Un asiento en el que ahora considero un lugar repugnante, me concedió el deseo del descanso y el llanto, respirar no pude, creo que ninguno pudo por un instante agresivamente largo… Frente a la calle y frente a mí, en la misma dirección, en la misma línea recta y sin interrupción, ambos nos encontramos otra vez, era gracioso, ahora esa si había sido la última. ¿Hubiera sido distinto apartar la vista? ¿Correr a otro sitio o correr hacia él?
Si se lo hubiera permitido, ¿Habría llegado antes a mí?
No creo que me arrepienta de pensar en ello, de lamentarme, aunque ahora no lo hago con la misma dolencia e intensidad que la de esos días y esas noches… Las dudas persisten, persisten porque sus respuestas si las tengo, persisten porque le quiero, pero se borran porque dejo de querernos. En la madrugada de hoy, ya no siento; es mentira, ¿Cómo sería capaz de olvidar ese sentir? ¿Cómo sería capaz de no sentir al menos hoy?
No son días especiales para recordar, no hay cosas buenas para mí en recordar; aunque hay algo indescriptible que me asecha, algo que no me deja concretarme ni como villana, ni como noble, tampoco como una persona más de este simple y aburrido cuento que hace tiempo comencé a leer.
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-Serra G. M












