Los movimientos de la vida me han llevado a habitar por un tiempo en Churra, muy cerca de los pinos centenarios, donde se vuelve a hacer patente la triste deriva que lleva mi tierra, no solo en lo cultural, que también, sino en lo ambiental.
Frente a mi ventana se extiende el secano, los centros comerciales, las urbanizaciones y las distintas salidas de Murcia. Hacia el sur, hay un parche verde, donde aĂșn se aprecia algĂșn huerto de limoneros y naranjos, algĂșn roal de alfalfa, unos pocos algarrobos, higueras y almeces y una o dos casas de las de antes. Un kilĂłmetro y pico mĂĄs abajo, la Huerta es atravesada por una de las avenidas que conectan JCI y Juan de BorbĂłn y, a continuaciĂłn, el paisaje se transforma drĂĄsticamente, dando paso a urbanizaciones, entre las que despuntan varias grĂșas y se levantan polvaredas donde hay focos activos de construcciĂłn.
Es la zona cero, desde la que la civilizaciĂłn progresa inexorable hacia arriba.
Es el mundo tal y como lo ha concebido una mayorĂa. Porque esto va de mayorĂas y existe una que lleva dĂ©cadas imponiendo su relato de expansiĂłn urbanĂstica, de agricultura y ganaderĂa intensivas, de juego y contaminaciĂłn.Â
La Huerta comenzĂł a morir cuando dejĂł de ser rentable, como ha ocurrido con tantas cosas, allĂĄ por los años sesenta del siglo pasado. Las autoridades competentes respondieron a los nuevos tiempos proyectando lĂneas de crecimiento en forma de planes urbanĂsticos, los cuales se van ejecutando de forma imparable. Desde entonces, se han ido cimbrando las acequias para hacerlas mĂĄs eficientes, dejando a muchos ĂĄrboles sin raĂces, condenĂĄndolos a la extinciĂłn.
Como estĂĄ ocurriendo con estos monumentos vivos que son los pinos de Churra.
Cuando me instalĂ© aquĂ a principios de julio, habĂa nueve pinos vivos y dos muertos. En agosto, asistĂ a la muerte de uno de los que resistĂan. Muy rĂĄpidamente, su fronda se fue tornando ocre, desapareciendo el verde.
Y, hasta el såbado cinco de octubre por la tarde, nadie se pronunciaba ante este desastre (en relación a la noticia publicada en laopiniondemurcia.es, https://www.laopiniondemurcia.es/murcia/2024/10/05/clamor-vecinal-talen-arboles-centenarios-108951296.html
).
La falta de cuidado y protecciĂłn de estos ancianos de la Huerta refleja muy bien la mentalidad predominante en Murcia. De forma hipĂłcrita, irresponsable, se sigue hablando (y celebrando) de un paisaje y una forma de vida a las que se les dio la espalda hace ya muchos años. Entonces, se apostĂł por esa forma de progreso que yo no entiendo y que consiste en eliminar las señas de identidad de una tierra para convertirla en un no-lugar, un espacio sin identidad y, para mĂ, cada vez mĂĄs hostil.
Convivimos con la contaminaciĂłn como algo normal âNo hay mĂĄs que ver la calidad de nuestro aire estos dĂasâ, la aceptamos sin apenas quejarnos. No hacemos nada.
Pronto, se habrĂĄn secado todos los pinos de Churra y, en los larguĂsimos veranos de Murcia, echaremos en falta su sombra protectora. La ciudad estarĂĄ un poco menos verde, serĂĄ un poco mĂĄs inhĂłspita. Los murcianos que se lo puedan permitir se irĂĄn a la playa al encuentro de la brisa marina o al norte, en busca de lugares mĂĄs amables.














