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Wpp; Puta, queria que sepas que te odio. Sinceramente tu hermana favorita.
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No pensaba recibir una buena respuesta después de todos esos años, no había nunca pesado tan si quiera que ella volviera a verlo de esa manera tan peculiar que lo hacía, quería creer que dentro de ella ya no existía nada para el pero esa mirada aunque llena de dolor daba a notar que aún tenía un poco de ese amor que siempre se tuvieron. Cuando sus lágrimas empezaron a brotar no pudo sentir como algo en él se destruía, cada pequeña lagrima era un cuchillo clavado en el pecho del hombre. No sabía la historia de la chica, ni mucho menos esperaba que al irse la vida de la chica cambiaría para mal, tenía razón un lo siento no podía arreglar no a verla salvado de su martirio, era un idiota, el mirarla hablando así era lo que más le dolía por lo que cerro sus ojos para guardar esas palabras para nunca olvidarlas y de la manera como la había dejado sola. Bajo su rostro, no sabía cómo un militar como el podía bajar su mirada ante tales palabras, recordaba a todos sus amigos que no había podido salvar y la muerte de cada uno de ellos, ahora tenía que sumar que la chica que siempre quiso tampoco pudo cuidarla. –Tienes razón, no tengo la cara para si quiera mirarte y decirte que todo este tiempo no he dejado de pensar en ti. Busque salir adelante solo y no me preocupe por ti ni por las promesas que hicimos. Un lo siento no puede arreglar nada, no puede devolver el tiempo, regresar por ti y cumplir todo de nuevo, yo…—Se tocó el pecho donde aún colgaban las placas de sus mejores amigos apretándolas. –Yo trate de ser un héroe cuando no pude llegar a ser ni una buena persona. —Sus azules ojos se cristalizaron tratando de mantener el dolor de la noticia y de las palabras. –Pasaron 8 años en los cuales siempre fuiste mi manera de seguir adelante, de ver más allá de puertas, balas, tanques, edificios en llamas, de toda la muerte fue por ti pero la batalla que más debí quedarme a pelear fuiste siempre tú y aun así hui—Suspiro profundamente por lo que no quiso seguir hablando más, no quería que notara como su fuerza y defensas volvían a caer ante ella. Tenía miedo de acercarse y abrazarla pero necesitaba hacerlo, necesitaba hacerle saber que estaba ahí que era real y que no volvería a irse por nada del mundo. –Yo quiero cuidarte y por eso estoy aquí, por eso regrese por ti. —Se animó por abrazarla acercarse así ella decidiera pelear contra él y su fuerza, no la soltaría. –Regrese a encontrarte– Susurro en su oído.
Quería parar sus palabras, las cuales saboreaba como vidrios en su garganta.— Perdón. —confesó entre sollozos, enjuagando sin cuidado alguno las lágrimas que desaliñaban descaradamente el maquillaje que cubría todas y cada una de las imperfecciones que el tiempo plasmó en su delicada tez. Ya nada le importaba, y bien que lo demostraban sus inseguridades que a la vista desfilaban. Jamás había dejado su orgullo por nadie, pero se trataba de quien alguna vez confirió su mayor fortaleza, su eterno talón de Aquiles. Alguien a quien le entregó con pureza e inocencia su corazón. Tal vez por ello el odio nunca pudo ligarse con aquellos zafiros que tanto extrañaba desafiar, o simplemente contemplar con afán. Tan solo era la angustia del suponer que en su futuro no estaba escrita su persona como escolta. Se sintió como una mierda al hilar el concepto que construido estaba por las palabras que como dagas impactaban en su conciencia. Cierto era que ambos habían sufrido lo demasiado como para utilizar aquello en contra del otro. Estaba cansada de querer destrozar; por una vez en su vida sentía la necesidad de unir los trozos de su fragmentado espíritu. Un suspiro abandonó sus labios, ante la idea del tener en sus manos a quien constaba la parte faltante de su corazón.— ¿Cómo mierda es que no puedo odiarte? —repetía mil y un veces, mientras que sus puños impactaban con notable debilidad en el pecho de quien ahora la aferraba con evidente esmero. Las gotas saladas se impregnaban en el suéter del muchacho, el cual poseía el característico aroma del ojiazul. Razón por la que inspiró profundamente, aún sin caer en la idea de tenerlo nuevamente entre brazos. No sabía si había sido bendecida con una maldición, que en carne y hueso se encargaba de hundirla en una plácida perdición. Lo único que repercutía en su memoria era un recóndito deseo que esas últimas palabras impulsaron. Tomando entre manos el rostro ajeno, rozó con sutileza su nariz contra la adversaria, terminando por musitar dos simples palabras antes de unificar la ansiosa unión:— Te extrañé.
Recordaba el tiempo que había pasado mientras sus pies lo dirijan al lugar que la chica le había indicado, no sabia que el daño que había hecho todo ese tiempo a Gaia por irse de esa manera y ni siquiera enviarle una carta o algo. El ambiente del lugar era pesado, como si fuera el miedo tras un ataque a uno de los lugares donde había estado pero no podía ser menos eran jóvenes y tenían miedo recordando su primera vez a los 16 años en un campo de batalla. El frió estaba por ese lugar donde una vez eran sonrisas, pareciera que el clima cambio debido a la muerte trágica de la chica, a lo lejos logro divisar el cuerpo de castaña sintiendo una gran presion en su pecho ¿Debía regresar? No, esa no era una opción para el. En cada batalla de su vida había guardado la foto con el la única foto que tenia de ella, lo había salvado múltiples veces pero ahora esa misma seria la que decidiría la batalla mas fuerte. Tomo aire sintiendo los nervios que ningun soldado debía sentir, se sentía débil frente a ella por lo que camino mas lentamente hasta que se encontró con su mirada. No había palabras para explicar lo que sentía en ese momento por lo que se detuvo –Lo siento.– Fue lo único que sus labios articularon esperando la reaccion de la chica como si esperara un disparo que acabara con su vida.
Ocho letras bastaron para accionar toda la angustia que cosechada fue en el instante en que su mente asimiló la partida más dolorosa que su existencia fue capaz de digerir.Años donde un dolor se instaló en su corazón, latiendo lo suficientemente rápido como para instalarse plácidamente en cada recoveco de su alma; terminando por consumir toda la alegría que alguna vez esparcieron esos azulados faroles que como a un ciervo en plena carretera la aturdieron. Las lágrimas picaban por detrás de sus fatigadas orbes, las cuales inspeccionaron sin pudor alguno las facciones que el tiempo jamás pudo borrar de su selectiva memoria.— ¿Lo siento? —espetó incrédula, soltando con desgano una sarcástica risa.— ¿Eso es lo único que sos capaz de decir después de todo este tiempo? ¿Vos te pensás que un lo siento puede arreglar todas las cicatrices que un bastardo grabó en mi cuerpo; pensás que esas dos palabras de mierda son suficientes como para abatir todas las esperanzas que tuve de que vos fueras quién me rescatara del infierno en que un imbécil me sometió durante todo un año con sus asquerosas manos? —fue imposible para ella remediar el quiebre que su voz sufrió, el cual escoltado estuvo por la furia que impulsaba a sus manos tomar aquellos hombros que pilares para su frágil persona constaron.— Si crees que un simple lo siento va a remediar todo el dolor que tu partida causó, estás más que equivocado. ¿Todas esas noches rogando tu aparición, el que vos seas mi salvador, el héroe de mi perdición, para un putísimo lo siento? —con énfasis recalcó sus últimas palabras, escudriñando con cínismo el rostro ajeno.— Mucha gente me abandonó en mi vida, empezando por mi vieja. Mucha gente me inculcó la ausencia, lo suficiente como para que ya ni importancia me diera la puta existencia de esa palabra de mierda. Pero en mi putísima vida se me hubiera pasado por la cabeza que vos fueras uno de los últimos. —apretó su agarre, clavando sin cuidado alguno sus uñas contra la tela que separaba su tacto de la piel que más de una vez le brindó un calor capaz de derretir hasta la capa más fría de su ser.— Puse toda mi confianza en vos, ¿Para que después vinieras y esperaras que con un lo siento todo mágicamente se arreglara? —las conocidas gotas se colaron en la escena, disfrazando sus ojos con la melancolía que años atrás ocultó con esmero. Cierto era que Gaia se desmoronaba tras el maquillaje de un bufón payaso, evadiendo con detalle la tristeza que día a día revivía en las eternas noches donde el firmamento arropaba sus más oscuros lamentos. Pero en esta ocasión, sería el muchacho que ahora enfrentaba quien arremetería contra toda la cólera camuflada tras las coloridas pinceladas que el enigmático cuadro de su vida conservaba.— ¿Sabes que es lo peor de todo esto? —bufó entre dientes, tragando el nudo que su garganta hiló en cuestión de escasos segundos. Suspiró entrecortadamente, siendo incapaz de confrontar una vez más aquella vista que encerraba historias capaces de atraparla en un caótico abismo sin fin. Uno donde el terror se convertía en el miedo más placentero existente en la atrocidad humana.— Pudiste haber roto mi corazón en millones de pedazos, pero como una pelotuda siempre voy a recogerlos y ponerlos en tus manos para que vuelvas a unirlos de la manera en que solo vos podes hacerlo.
El frío comenzaba a causar estragos en lo que constaba su ahora pálida piel. Ni el sofocante brillo de los abrasivos reflectores podía siquiera transmitir algo de calor al actual tempano de su pequeña figura. Quizás había sido una mala idea el haberse dejado llevar por la ola de frágiles sentimientos que gracias a hechos previos habían quedado a la deriva de la furiosa marea que confería el destino.— ¿Para qué mierda vine? —logró pronunciar a través de sus castañeantes dientes, mientras que una cínica curva decoraba sus vagos labios. No había pasado mucho desde que el mensaje se había marcado como enviado, aún así ya estaba acostumbrada a que el abandono se hiciera presente en su día a día. Pero, de quien jamás se hubiera esperado aquello era del rizado que por mucho tiempo ocupó todos y cada uno de sus pensamientos. ¿Era correcto darle una nueva oportunidad a quién tanto daño le había causado? La respuesta se cernía con una presencia que daba por sentada como el ojiazul. Suspiró con pesadez, volteándose temerosa por sobre su propio eje para así enfrentar de una vez por todas a una parte de su pasado que creía haber sepultado bajo las múltiples lágrimas que la tristeza había trazado.
WhatsApp Connor: Adivina quien renació solo para volver a verte.
wpp; decime al menos que antes de mandar este mensaje preparaste un buen pote de vaselinawpp; porque juro hacerte el orto a patadas pEDAZO DE GILwpp; ABANDONADOR wpp; TE ODIO wpp; JUIRA BICHO
[wpp] Gaia, en serio estoy aqui por eso. Necesito saber como estas, dejando de joda. [wpp] Lamento que eso pasara de esa manera, no fue mi intension dejarte sin avisarte. [wpp] ¿Crees que podemos hablar? Necesito hacerlo y sabes como estas.
wpp; como si decirlo por mensaje de texto aludiera la seriedad que vos decís tener wpp; parece que comer payasos es una rutina de varios por acá
—15 minutos después. wpp; en cinco te espero en el campo de rugby wpp; más te vale que tus razones sean lo suficientemente buenas como para que no te queme con un pucho en la frente

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[wpp] Bueno, creo que olvide nuestras preferencias sexuales por un momento aunque creo que la ultima ves que te vi eras tan solo una bebe. [wpp] No me odies, sabias bien que nuestros encuentros seria momentáneos pero aqui me tienes como siempre.
wpp; vos te la comes doblada desde que tenes conciencia wpp; como te gustaba chupar los crayones a vos, putito wpp; JA wpp; ME REÍ wpp; FUERTE wpp; si pretendés que todo este bien después de haberme abandonado cuando más te necesitaba wpp; lamento comunicarte que estás muchísimo más que equivocado wpp; por un momento pensé que habías madurado, que pelotudo de mi parte haber pensado eso
WhatsApp Connor: Adivina quien renació solo para volver a verte.
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Solo había pasado una día pero sentía que aun el dolor estaba vigente en su pecho, no podía aceptar que su hermana pequeña había muerto. En sus manos tenia una foto de ella arrugada debido al constante uso de la misma, aun podía recordar cada palabra de ella, cada gesto que hacia y la ultima vez que la vio no pudo decirle cuanto la amaba. El jardín solía estar muy solitario y eso fue perfecto para el, no necesitaba que nadie mas le diera el pésame o le preguntara como se sentía. Por esos cortos minutos solo podía sufrir por el recuerdo, lo que no contó fue que una persona mas se acercaría a ese lugar. –¿Hola? ¿Quien anda ahí?– Replico, la persona se había dado cuenta de su presencia por lo que estaba por caminar en dirección contraria. –Puedes quedarte, es un lugar publico.–
Una sarta de groserías abandonaron sus labios tras la división de una persona en los jardines que creía solitarios como su bastarda alma. Sonoros bufidos se colaban entre la dentina que contra sí misma crujía, acción que derivaba gracias a las lágrimas que sus orbes comenzaron a surcar luego de reconocer al dueño de aquella voz. La ojiazul era una chica con un orgullo de oro, con una dignidad difícil de abatir y aun más de destruir. Sin embargo, los eventos que horas anteriores se dieron lugar en su vida fueron lo suficientemente fuertes como para terminar con una extensa capa en donde la furia y angustia se aleaban para enarbolar una desalmada muchacha.— Supongo que por eso fue una pésima decisión venir hasta acá en un principio. —murmuró como pudo, tragando el nudo que tiempo atrás venía tejiendo la angustia que acarreaban sus facciones. Suspiró con profundidad, tornándose en dirección al rubio.— ¿No crees injusto ver como todo empieza a tomar color, mientras que ella lo pierde? —inquirió, permitiendo que sus ojos escudriñaran con repulsión el verde que se cernía por encima del prado. Quizás fue aquella decisión la que flaqueó sus rodillas, impulsando sin opción alguna su cuerpo contra el césped que posteriormente comenzó a ser regado con las saladas gotas de sus perdidos zafiros.
Luego de todo lo que había pasado Liàn se sentía algo extraño. El no conocía a la chica que había muerto, pero aun así sentía que debía tener cuidado alrededor de los demás y se le hacía tan difícil. Después de todo era un chico alegre y que siempre estaba bromeando, no podía dejar de hacer eso por alguien que no conocía, no estaba en él. Así que se encontraba sentado, casi acostado en el pasillo entre salones con sus amigos, se retaban a la primera persona que lograra bajar un gusano de dulce de su frente hasta su boca sin las manos. ¨¡ Oye, me des-concentraste!¨ Se quejo para luego echarse a reír sin darse cuenta que alguien se acercaba.
Su mente se encontraba hostigada por los sucesos previamente vividos en la fiesta que sentenció el final de un camino que muchas puertas abrió en su vida. Quizás por ello la agresividad era lo que abatía el miedo que el supuesto asesino entre ellos pudiera llegar a difundir. “¿Querés que lo anote en la lista de cosas que me chupan tres huevos y la mitad del otro?”, cuestionó entre dientes, deslizando una irónica curva a lo largo de sus pálidos labios.
Siempre había creído que los entrenadores no debían de sentarse en una banca y ver como todos se esforzaban, así que no era novedad que el oji azul utilizara un uniforme y se colocara a jugar junto con todo el equipo de Lacrosse. Debían de mejorar técnicas de pase, como también encontrar al capitán del equipo, por lo que el noruego se encontraba practicando los pases junto con otros tres miembros del equipo.—Demasiada fuerza, trata de nuevo—pidió a uno de los chicos que se había unido hace apenas una semana, completos novatos en todo el asunto.—¡No, no, vas a…!—no terminó su frase, porque en cuestión de segundos el chico había lanzado la pelota con tanta fuerza que esta había viajado con gran velocidad fuera de la cancha, golpeando a una persona por la espalda.—Esperen aquí, Tyler, has que practiquen sus pases—dejó a uno de los más antiguos a cargo, trotando en la misma dirección que había ido la pelota a parar.—Lo siento, lo siento. ¿Estás bien?
Profundos suspiros abandonaban la tétrica prisión que desfilaba su completa dentadura lo suficientemente tensa como para advertir el quiebre de uno de los tantos barrotes que sin vergüenza relucían una colérica tristeza. Le gustaba apreciar la agresividad que se reflejaba en otros campos de juego. No la hacían sentir como un monstruo que en completa soledad se revelaba sin pudor alguno frente a la luz que compone el reflector de la sociedad que día a día la rodea. Ya no era una frágil rosa, sino un destructivo huracán que por sobre todas las cosas que obstaculicen su camino arrasaría. No tenía miedo de herir a ciegas, más bien de lastimar a quienes componían su pequeño círculo de seres queridos. Quizás por eso desencadenaba a su bestia interior en el deporte que abandonó tras estar obligada a digerir la cruda noticia del carecer por el resto de sus días la presencia de una rubia que para ella todo lo componía. La sangre que la ojiazul esparcía en tal sector era la suficiente como para recordarle las imágenes que a fuego se encontraban grabadas en su razón. Tan profundamente que como una película sin fin desfilaban por encima de su actual campo de visión, cosa que benefició a la colisión que sus reflejos lograron evadir con una pelota capaz de desatar el mismísimo infierno que su lengua necesariamente no apaciguaría.— ¿Tanto le dieron la noche anterior que ni sabe como mierda tirar una puta pelota; o es tan petero que además del orto también le lechearon los ojos? —inquirió, tratando de enarbolar el característico cinísmo que de la mano iba con su burlón sarcasmo.

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@wachapiola is very fierce