Tras la lluvia vespertina,
los grillos cantan fuertemente,
una luna llena transita el cielo que nos protege
y en la penumbra de los arboles, te contemplo.
juntos ascendemos a mi refugio,
mis plantas te envuelven con su encanto,
tu mirada profunda penetra mi ser,
tu sonrisa, un faro en mi habitaciĂłn,
tus labios, rojos y carnosos, irresistible tentaciĂłn.
tus besos, anestecia celestial,
tus caricias, un balsamo para mi alma,
tu respiraciĂłn, suave y calida,
acaricia mi piel con dulce fervor,
tus piernas, suaves y velludas, me envuelven.
Desnudos, en el profundo azul,
nos sumergimos nuevamente en un extasis divino,
nuestras palmas, se encuentran, se separan,
y se vuelven a enlazar con gran fijaciĂłn.
MI cuerpo es el constante foco de tu deseo,
anhelas cada rincĂłn de mi piel.
un deseo ardiente, incandescente,
y solo deseo fundirme en ti.
Canciones que asombran nuestro espĂritu,
notas musicales que fluyen por nuestras venas,
risas que nunca cesan, eco constante en el aire.
El susurro de la lluvia de madrugada,
acaricia y serena nuestras almas.
En lo más profundo de las nubes:
la luna, confidente de nuestro encuentro,
cĂłmplice de nuestros deseos y miradas.
besos entre estrellas rojas, moradas y azuladas