Esta pequeña caja representa casi tres años de mi vida.
Todo comenzó con un encuentro casual en una academia cualquiera, allá por el 2022; un cruce de caminos con Angel que parecÃa destinado a ser solo un recuerdo efÃmero.
Sin embargo, el destino tenÃa otros planes. Un 16 de junio de 2023, supe que irÃa a ese concierto al que yo morÃa por asistir. Le escribÃ, y entre notas musicales y mensajes, volvimos a encontrarnos. Poco después, el 30 de julio, la historia se volvió oficial: me pidió ser su novia en un evento, frente a una multitud, marcando el inicio de nuestro "nosotros".
Ahà apareció la cajita. Roja, algo desteñida y con las marcas del tiempo. Fue la primera vez que compré algo para alguien; aunque fueran unos collares sencillos, para mà lo era todo. Siempre preferà crear regalos con mis manos porque el dinero escaseaba, pero esa caja se convirtió en nuestro código sagrado: prometimos que cada presente, cada detalle, viajarÃa dentro de ese cartón destartalado.
Y asà fue. La caja iba y venÃa cargada de anillos, pulseras, cartas y promesas. El último en recibirla tenÃa el deber de devolverla llena de algo nuevo.
Hoy, 26 de marzo, la caja regresó a mis manos después de casi un año sin verla. Pero esta vez llegó vacÃa.
Yo fui la última en entregarla, con una pulsera que tejà especialmente para él. Pero el ritmo de la vida cambió y nosotros con él. Las discusiones ganaron terreno, nuestras mentes chocaron y los detalles, que antes nacÃan del alma, empezaron a pesar como obligaciones. En medio del caos de una relación que giraba en cÃrculos, donde el respeto y la conexión se habÃan desdibujado, me olvidé de la cajita.
Hoy volvió junto a mis pertenencias, tras el punto final de una historia donde ambos fallamos y ninguno lograba admitirlo. No habÃa derramado una sola lágrima hasta este momento. Al verla ahÃ, vacÃa, fue imposible no llorar al recordar todo lo que fuimos y, sobre todo, lo que dejamos de ser.