Creo que voy a hablar más de mi presente que de mi pasado. No porque mi adolescencia no tenga historias, sino porque ya existen suficientes relatos sobre amistades que terminaron mal, primeros amores que parecÃan eternos y crisis existenciales escuchando música triste.
Lo que realmente me llama la atención es la adultez.
Ese momento en el que cumples 18 y, por alguna razón, el mundo entero asume que ya sabes qué hacer con tu vida.
De repente aparecen preguntas como: "¿Qué vas a estudiar?", "¿Dónde te ves en cinco años?", "¿Cuál es tu plan?". Y tú ahÃ, intentando decidir qué comer sin arrepentirte después.
A veces pienso que la vida serÃa mucho más fácil si funcionara como en Tinker Bell.
Si viste la pelÃcula, sabes de lo que hablo. Ella llega al PaÃs de Nunca Jamás y la ponen en medio de todos los talentos. Le muestran las opciones, descubre para qué es buena, todos aplauden, le dicen "perfecto, eres artesana" y listo. Destino desbloqueado. Carrera profesional resuelta. Crisis vocacional eliminada.
ImagÃnate lo cómodo que serÃa.
En lugar de eso, nosotros elegimos carreras con 18 años. A una edad en la que algunos todavÃa no saben doblar una sábana correctamente.
Y después pasamos años preguntándonos si elegimos bien.
Yo todavÃa me lo pregunto.
Hay dÃas en que me gusta lo que hago. Otros en los que quiero jubilarme antes de almorzar.
Y ni siquiera hablemos de la experiencia laboral.
Porque existe un fenómeno muy curioso que nadie te enseña en la universidad: llegar a tu primer trabajo y descubrir que una señora que podrÃa ser tu tÃa decidió que tú eres el problema.
Lo más absurdo es que yo llegué sin saber nada. Literalmente. El primer dÃa me fue a dejar mi mamá. Mi mayor desafÃo era encontrar dónde quedaba la sala correcta y no parecer completamente perdida.
Pero aparentemente eso era suficiente para convertirme en competencia.
Ellas tenÃan experiencia, años de trabajo, estabilidad y la vida mucho más resuelta que yo.
Yo tenÃa nervios, una mochila y un almuerzo preparado por mi mamá.
Y aun asÃ, de alguna manera, estábamos compitiendo.
Nadie sabe realmente lo que está haciendo. Algunos simplemente llevan más tiempo improvisando que otros.