Regalo del Día de la Madre
Me reencontré con "mi" ginecólogo. Después de tres años: el miedo se transformó en Culpa de Ausencia Ante la Moral Ginecológica y por estrategia nomás, supongo, quise volver. Dije "estrategia" como quien elige una forma fría para decir y... No, no es así, este mambo - el de de la Violencia Médica, en particular, la "violencia obstétrica"- ha pasado por todas las temperaturas. Cuando entré al consultorio eran las 16:30 de un jueves tan gris como para reavivar cualquier cicatriz. La operación "Médica Uruguaya: el regreso" había comenzado por la mañana. Primero maduré en la cola para medicina general. Obtuve mi número y leí 354 en vez de 357, por lo que una mujer de campera amarilla me comió entera con mirada china y poderosa. Sin resistencias (supuestamente imperturbable y con escasas expectativas) me hice dueña de mi situación: "Consultorio 38 - Número 86". La espera fue corta y rendidora. Noté un avance tecnológico que me acercó a la Cuestión Poética, porque resulta que hay una pantalla que comunica los números y apellidos elegidos por el instante, en detrimento del -ahora extinguido- grito -siempre ahogado- de la secretaria-enfermera. La doctora que me tocó fue excelente en cuanto a "velocidad" y "amabilidad". Le pedí los pases que necesitaba, tuvimos un diálogo breve y fluido sin mirarnos a los ojos pero sonrientes. Doctora sonriente... Algo anda demasiado bien acá, pensé desconfiando del azar. Saqué la orden para visitar ginecólogo esa misa tarde. No leí la orden. Me fui. Crucé la callé. Entré en otro hospital: EL HOSPITAL BRITÁNICO. Le pregunté a un funcionario por la habitación de mi amiga, me llevó hasta ahí con una sonrisa. Reiterativo el tema de la buena energía, raro. Entré en la habitación, le di los dos libros que elegí especialmente para ella y ella me mostró la carta de comidas con sugerencias del chef. Palabras como "ravioles", "champiñones"... Tremendo. Amé el contraste "paraíso-infernal" como el chiste que es, porque en realidad bien sabemos que es todo lo mismo. Me fui. Leí la orden y era él. El mismísimo. El hombre de la mano que extrajo a mi hijo. El hombre del que escribí mucho en este blog, en el libro. En UN LIBRO preferí escribir mi verdad sobre la experiencia y elegí a conciencia durante todo este tiempo: no volver. No volver ni a él, ni a ningún otro. La palabra "violencia" evolucionando en "vacaciones". Vacaciones ginecológicas. Vacaciones médicas. Consciencia. Labor emocional, miles de recetas para saberme mía. Hasta hoy, hasta este jueves lleno de nubes y tranquilo. Podría no haber ido pero fui. Sonaba justo. Y me moría de ganas de seguir leyendo a Lucía Berlín en la sala de espera mejorada. Aunque no pude leer un carajo. Porque pasaron cosas preciosas de las que ya escribí en otras redes y ahora no importan. Abrí la puerta. Cuando me vio quedó congelado durante unos segundos y su cara me hizo sonreír porque lamentablemente era muy cómica la situación. “Qué te pasó? Te enojaste?” dijo y yo hice un silencio que usé para sentarme y aceptar con firmeza la posibilidad de hablarle directamente a él sobre el dolor, la soledad y la extrema intervención que sentí en toda la experiencia. “No, enojo no. Angustia”. Y cuando quise acordar le estaba hablando de los detalles que me devastaron, de cómo siguió la vida después, de mi trabajo, del libro, del sistema… Si pude hablarle de mi malestar fue porque simplemente él me escuchaba atentamente. Se abrió a mi historia y parecía creerme. No se defendió. Me observó con una humanidad tan lejana a la imagen que seguían mi cabeza de él. Ya no éramos los mismos. No miró el reloj, me dio todo el tiempo necesario. Recordamos juntos el proceso. Me pidió que le mostrara fotos de Vicente y le mostré un videito donde se convierte en Capitán América, también una foto que le saqué el domingo pasado sobre el pasto de Malvín. No me pidió perdón pero me agradeció por las palabras, me dijo que le hacía bien esa devolución para ser más consciente en el trato con los pacientes. La enferma, atenta y entretenida, acotaba y aportaba. Nunca me había sentido así en un consultorio, así del mismo tamaño que soy afuera. Regalo del Día de la Madre: todas las publicaciones de este blog están activas, así como la revolución editorial.















