Hablame, no quiero quedarme dormida, los sueños están bien, pero es mejor estar contigo.
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Quiero conocerte como nadie alguna vez lo logró.
Pactar con el Diablo - Crítica a Dios

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Todo lo que no digo lo anoto aquí 1
Todo puede torcerse en un momento. Todo es frágil, pero tú eres más que frágil.
Y me haces ser frágil a mí.
¿Por qué lo malo pesa más que lo bueno?
Siento que todos mis esfuerzos por obrar bien me los lanzas por la borda
es como si te empeñases en hacerme sentir mal,
eres especialista.
Haces que me sienta mal por ti, por mi, por los dos.
Por ti porque me muestras tu peor cara,
por mí por haberte vuelto a besar después de tomar una decisión.
Porque deshacerse de la segunda parte es más duro que de la primera.
Porque odio profundamente decir que te quiero, que me he enamorado de alguien como tú.
Porque odio que cuando Bukowski decía que siempre había algo que elegía quién tenía una oportunidad y quién no (aunque la merezca), tuviese tanta razón.
Sé que voy a salir más herida aún pero aquí sigo,
como las olas
que una y otra vez se estrellan contra las rocas.
Porque soy una humanista, y me aborrezco por ello. Tú no eres humanista, eres egoísta.
Me haces sentir sucia cuando no confías en mí,
me haces sentirme utilizada cuando te corres en mí.
CEMENTERIO VIVO
Vienen del mar sueños y realidades
entre perfiles de olas y siluetas de faros
ansias de libertad con gritos en la cala
el viento salado alimentando los ecos.
De verdades sin respuesta
de respuesta sin pregunta.
Hermandades de nuevas caras,
rostros iluminados
sobre las rocas vivas reflejan
espíritus errantes, algunos familiares.
Entre los corazones germina
un lugar para los nómadas
respirando agua salada
ves visiones de sueños recordados.
Compartir el instante perpetuo
un ron de sangre y cariño
una sonrisa, encuentros
en este cementerio vivo
de espíritus libres.
Lo importante es que la música suene más fuerte que los problemas.
Kurt Cobain (via lily1119sinner)
Mi corazón se congela.

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La mayoría de los hombres desconocen cual es la medida de preservativo que necesitan. De hecho, la mayor parte ni siquiera saben que hay tamaños que abarcan…
Correcto, y tenemos que venir nosotras a decírselo. Yo llevo ya dos notificaciones.
Mujer de 30 años y piensas en hacerte un Tinder (LEE ESTO ANTES)
Os voy a contar mi experiencia, con ella pretendo ayudar a esas treintañeras que se ven en una situación tan desesperante, y aburrida, que llegan a contemplan la posibilidad de abrirse una cuenta en Tinder.
Lee hasta el final.
La semana que cumplí los 33 estaba realmente jodida. Mi ex me dejó por una secta y posteriormente me había peleado con el polvo de mi vida (solo un polvo, pero ya nunca sabré si pudo ser algo más). Me volví en el avión llena de pesimismo y resignación; perdí el primer avión de mi vida, viví una pesadilla de cita con un hombre que podía haber sido algo interesantísimo, no voy a ir de groupie y por eso lo dejo en interesante (realmente estoy infravalorando por rencor y despecho). La verdad sea dicha, ese pedazo de hombre era un buen partido, un tipo de los que me gustan a mi, un antisistema culto, vestido de canalla con dinero, que escribe libros guapos, que te folla la mente, y con unos tatuajes que daban ganas de sacarles brillo con la lengua. Pero ese día ninguno de los dos estábamos en vena, como diría Holden Caulfield. Me jode, lo hubiésemos pasado genial por el Cabo.
A eso le sumé que mi piel ya no produce el colágeno tipo 1 (el bueno), a los treinta se corta el chorro, cosas de biología. Que me quedé en 45 kilos, cada día me veía una arruga nueva, una mancha del sol o las ojeras más profundas. Y estaba ganando en gatos de oficio. Todo era pensar en el dinero que me tenía que gastar en pinchazos para subirme el autoestima. Y sin un duro, osea fatal de los fatales.
En lugar de ponerme un botox y estarme quieta, tenía que hacer algo, no había salido y estaba muy aburrida. Era viernes por la noche, el 14 de abril de este año. Había escuchado a la gente hablar de Tinder y esa basura de aplicación. Yo siempre me he negado a venderme en una web, pero quería experimentar por mi cuenta y tener una opinión propia del famoso Tinder de los cojones.
Cuando me abrí la cuenta me dí un tiempo máximo en esa patraña, pensé que si en el mercado en 10 minutos estás despachada, ¿por qué le iba a dar a eso más tiempo siendo lo mismo?
Cuando me abrí el perfil, evidentemente, no puse ninguna foto mía. Puse gilipolleces de política y la portada de una película de Chuck Norris, “Los valientes visten de negro”. En la descripción puse mil motivos por los que debían de rechazarme, hice un buen filtro (o eso creía).
Pese al filtro, empezaron a llover mensajes e historias, me agobiaba más a cada minuto, yo no sabía cómo mierda iba eso. No dejaba de ver a perullos de pueblo, paletos de gimnasio, chicos con el tierno cachorrito, los típicos deportistas, los ciclados, otros llegan a posar poniendo morros (yo lo llamo pose decadente, para quien ya no tiene un ápice dignidad...); a todo eso ya os digo que ni mirarlos, semejantes criaturas me hacían sangrar los ojos. Tenéis que descartar eso de inmediato. No llegué a dejar a más de 10 tíos hablarme.
Bueno pues me salió uno que me cuadraba un poco, al parecer yo a él también. Bien, cita! Qué rápido, ¿no?.
La cosa fue a tanto que al día siguiente comimos en el sitio más maravilloso del planeta para mí, Cabo de Palos. Me preguntó cuáles eran mis planes para el día siguiente y le dije que me iba sola a la playa y decidió venir conmigo. Me gustó que le apasionase el mar (según él) como a mí y que fuese un chico con decisión a pesar de sus 28 años, no dudó en apuntarse a mi plan. La comida fue genial, pasamos una tarde estupenda hablando y volvimos a Murcia. Al día siguiente, el domingo, volvimos a quedar. Esta vez ya nos acostamos. Soy una gilipollas, ese polvo me terminó de pescar. Yo le dejé claro que no había entrado en la aplicación para buscar un simple polvo, se lo advertí, y como mongólica me creí lo mismo que él me dijo, yo solo quería conocer a alguien. Ese chaval me gustaba, no iba a pedirle matrimonio, pero me sentía cómoda con él. Decidí cerrar Tinder y únicamente hablarle con el tipo este, pues no soy mujer de llevar varios hombres en danza, con la edad te cansas. Y luego unas cuantas hostias en toda la trompa del karma, te terminan de agotar del todo.
La relación con el chico iba viento en popa, a toda vela. Nos dejábamos llevar, siempre me mostré yo misma, siempre me hizo pensar que le encantaba, que le gustaba de verdad, llegué a sentir cariño. El primer mes y poco dormimos juntos en innumerables ocasiones, en su casa o en la mía, nos daba igual. Hacíamos cosas juntos, nos fuimos a un hotelito en la bahía de Portmán donde fui tan feliz como hacía siglos que no lo era. Mis dedos estaban rozando la felicidad apenas con la punta de las uñas, pero estaba contenta; me conformaba, mi gran problema. Os juro que pensaba que todo aquello era real, que yo era una mujer afortunada y no una loser nivel pro.
Pero un día todo cambió, decidió no dormir más conmigo, nuestros encuentros se espaciaron cada vez más en el tiempo, no me hacía apenas caso, llegó a despreciarme incluso, siempre me ponía excusas para marcharse a su pueblo los fines de semana (justo cuando tenía el tiempo de estar conmigo). Además eran mentiras muy comerciales, a los 33 años las había escuchado un millón de veces. Pero él nunca lo supo, siempre me mostré condescendiente, paciente (pese a estar dándome cuenta de que mi pulmón derecho me decía algo, que no podía respirar, que algo estaba pasando), le dejaba el espacio que me pedía en su viles y planeadas excusas baratas... no quedó nada que yo no intentase hacer con tal de darle un poco más de tiempo a aquello, a esperar algo que nunca iba a llegar, pues sus mentiras eran eso, mentiras; y las mentiras nunca dejan de serlo. Más de una vez le pregunté si quería que dejásemos de vernos, si ese era el problema, solo tenía que decirlo y yo desaparecería para siempre. Él decía que no era eso ..., que no estaba bien en el trabajo, que si sus padres no estaban bien en la empresa familiar, que necesitaba que le dejase margen... pero nunca me dio el portazo. Claro, tener a una mujer esperándote dispuesta a follarte como en tu vida te han follado es algo difícil de lo que desprenderse. Siendo un hombre viene genial tener una especie de puta para ti solo. Eso es lo que ha hecho sentir, una puta con un vacío inmenso por dentro.
Había matado ya a 6000 delfines, ese amante del mar. Tal y cómo se me vendió. Los animales gritaban, lloraban, agonizaban y luchaban por sus vidas; pero él, impasible, les dejó morir de tristeza.
El siguiente mes y medio me lo pasé volviéndome loca, viendo cómo me mentía en mi cara cada día más, yo no hacía nada, nada más que aguantar. Nunca fue claro conmigo, según él si, pero de un embustero esa es la única respuesta que puede salir. Tengo hasta por sabido que durmió con su “amiga” mientras estaba conmigo, con la que tenía una estrecha relación (de la que a mí nunca me hablaba), cosas que él no me contaba; pero aquí la detective y su fiel amiga aprovechaban los silencios y la oscuridad de la noche para espiar, y escuchar. Eso y mi especialidad para estalkear.
Una vez pareció reaccionar, según él iba a “intentar” cambiar el chip y volver a estar conmigo como antes. Vaya puta mentira, tan grande como la catedral de Murcia. Le dí 15 días en mi cabeza y, fue tal cuál había previsto, el viernes pasado me volvió a decir que estaba mal, que no era yo, que era él; que no sabía lo que quería, que no era justo para mi todo esto, y para él tampoco... ¿Verdad que parece que el cachorro decía la verdad?, entonces que alguien me explique cómo el domingo pasado tenía la cabeza entre mis piernas, mientras decía que era adicto a mi “cuerpini”. En los mensajes que me enviada me decía que prometía venir a verme porque tenía muchas ganas de estrujarme, luego nunca venía. Llegó hasta al punto de prometerme una compensación por todo aquel abandono y esa serie de desprecios que él mismo no se cortaba en reconocer. Seguro que sabéis quién se comportaba así conmigo, Manolo. Pero a Manolo se lo pasé porque siempre supe que tenía mujer e hija, yo sabía dónde jugaba. Realmente Manolo no me mintió en algo tan básico, le odié al final por otras cosas, por las mentiras. Y porque se me hinchó el huevo, igual que ahora.
El viernes, declaré la tercera república. Quería verme en persona para hablar las cosas y no quedar mal. Pero chico, ¿si no puedes quedar peor?. A mí no vengas a joderme.
Así que le dije que no, que ni viernes, ni domingo, ni nunca. No quiero escuchar más mentiras, mientras su móvil está boca abajo, sin parar de vibrar. Y nunca miraba la pantalla en mi presencia. Estos ojos verdes y espabilados vieron los nombres de Carmen y Tania a los remitentes de sus mensajes alguna vez que otra, él decía que eran “los grupos de WhatsApp”, mentira cochina y qué cínico. Que eso de que “cuando ponen el móvil modo avión es que hay más pasajeros en el vuelo” lo inventé yo, chaval. Estaba hasta el coño de fingir que me creía sus palabras.
Le dije todo lo que tenía guardado, fui dura, le dije todo lo mal que me había hecho sentir. Y le auguré un mal futuro, ya que el karma siempre viene a cobrar. Lo sé por experiencia, al igual que sé que ningún acto en esta vida queda sin consecuencia.
Ese día acabó con los otros 6000 delfines, 12000 vidas, ¿sabes?. Se dice pronto.
Pues nada, en estas estamos. Vuelvo a estar sola (aunque nunca haya dejado de estarlo) y nunca me volveré a abrir una cuenta de esas si no es para reírme borracha del catálogo de petardos y no quedar con nadie. Porque para echar un polvo, no nos hace falta Tinder, y si lo sacas del Tinder pues es una lotería de baja probabilidad de éxito, o nula. Me juego 100 pavos con quién lea esto a que no vais a sacar más de un miserable polvo de ahí. ¿Merece la pena ocupar espacio en nuestros móviles para eso, gastar datos?, ¿no tenemos agenda con números de pseudoamigos?, ¿no podemos ponernos guapas y salir una noche para conocer a alguien mirándole a los ojos, sin pantallas de por medio?
No voy a mentir, estoy jodida, herida. Creo que con quien más enfadada estoy es conmigo misma, por haber permitido que se repitiesen esos patrones antiguos que puse en práctica con el infiel, recogiendo migajas; por ser una humanista y tener algo aún de esperanza. También me odio por haber abierto las puerta de mi vida a un extraño; le he llevado a mis coordenadas (algo muy privado para mi), he compartido el mar, he compartido mi música interior... a fin de cuentas es todo lo que poseo, y lo que soy. Pero bueno, creo que ya ninguna herida será de muerte, de eso ya una no se muere una a estas edades. Mi velocidad de coagulación se ha disparado, ahora se me cierran rápido las heridas, lo que no quita que te duelan mientras se curan. Unas veces se gana (pocas) y otras se aprende.
Si está en Tinder es, posiblemente, un tío que solo quiere follarte, que va de fucker, que te va a pegar alguna ETS (como a mí aquí el colega), que te va a vender humo hasta dejarte sin dinero ni para tabaco. Que por su culpa todas tus amigas y primas te van a llamar MASOQUISTA Y GILIPOLLAS PROFUNDA. En otro capítulo hablaré detenidamente de los tipos de hombres/ cosas que te puedes encontrar en Tinder. Prometo que será muy interesante, es que son ya muchos kilómetros en esta vida.
Después de todo este rollo que he escrito, no veo nada distinto de lo que me hubiese pasado con el primer desgraciado que me hubiese cruzado en la calle. ¿Acaso alguien ve diferencias? Es una historia de mierda como otra cualquiera sin final feliz. Conclusión: ¿de verdad necesitas perder el tiempo en Tinder para acabar igual (o peor) que si no lo hubieses abierto nunca?
No, no merece la pena. Gracias.
Y me celebro a mí misma por haber escrito esto hoy, ahora más que nunca sé que yo valgo oro. Y no las limosnas que me quieran regalar, yo no soy un objeto que puedas follarte y luego dejar apartado en un rincón hasta volver a tener ganas de jugar. Se ha terminado el juego. Y, ¿sabes qué?
GAME OVER para ti, chaval.
You little shit…
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NOCTURNO
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.

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No estamos hechos para estar solos.
"La vida es un viaje que es mucho mejor emprender con un acompañante a tu lado, aunque ese acompañante puede ser prácticamente cualquiera, una vecina que vive enfrente o el hombre con el que compartes la cama, el acompañante puede ser una madre con buenas intenciones o un chico que no trama nada bueno. Sin embargo, a pesar de nuestras buenas intenciones, algunos de nosotros perdemos a nuestros acompañantes por el camino y entonces el viaje se hace insoportable. Está claro que el ser humano está hecho para muchas cosas, pero la soledad no es una de ellas".
Miedos
"Hay muchas cosas que temer en este mundo, pero nuestros miedos no tienen nada que ver con horribles máscaras, con arañas de plástico o con monstruos artificiales. No, son nuestros pensamientos los que más nos aterran. ¿Y si se arrepiente de su decisión?, ¿y si de verdad es infeliz?, ¿y si la posibilidad de un amor ha pasado para siempre?. ¿Qué cómo podemos superar esos pensamientos tan terribles?. Recordando siempre que aquello que no nos mata, nos hace más fuertes".