Insolación - Lara Arrabito
Se preparaban tereré. No porque hicieramás de 20 grados.Ya no había sol ese día, pero la insolación que tenían en el cuerpo les pedía algo fresco. Pancho le untaba gel de aloe vera en los hombros al Lischa.
-Igual, valoro nuestra creatividad. Capaz podríamos haber pensado en el protector solar, pero, con los problemas de unidad que hay hoy en día, me sigue pareciendo lógico que no nos conformemos con una movilización de las de siempre, media marginal. Y más con la posibilidad de que nos caguen a palos. Yo sé que no funcionó, pero para mí es por acá. Deberíamos seguir pensando.
-¿Me estas jodiendo, Lischa? Mirá como tenés la espalda.Yo me tuve que fumar estar diez horas con la camiseta de estos pecho frío, el pelotudo de Doman no para de hablar de “los inadaptados de siempre”, nadie sabe cuándo va a ser la final pero todos están pensando en eso. ¿O vos viste a alguien que haya esbozado la idea de que el G20 se suspenda o se retrase? Si Trotski viviera nos bardearía más que los peronistas que, no sé cómo hacen, pero siempre terminan teniendo razón.
-¿Qué decís, boludo? ¿Ahora me vas a saltar con que “hay 2019”? Ya está hermano. Intentamos una forma más de ir contra Bullrich y sus muñecos. Nos salió como el culo, ya está. Haremos balance y autocrítica la próxima reunión y pensaremos otra cosa para el 30. Y la que te pusiste de River, de las últimas, es la más linda. Si no la vas a usar, dámela.
Se sentaronel sillón. Subieron el volumen. Canal 9.
- ¡¿Qué?!
- ¡Nooooo!
- Sí, Pancho, sos vos. Estamos hasta las manos. ¿Qué hacemos?
- No, no puede ser. Nunca investigan un carajo y ahora son efectivos. Esta no nos va a salir tan mal, Lischa. Un poco sí, pero tanto no. Vamos a agarrar el auto.
Salieron por impulso. Solo tenían claro que necesitaban ayuda. Cayeron a la casa de un tío lejano de Pancho, con el que mantenía vínculo esporádico. Principalmente cuando necesitaba ayuda de tipo judicial. Después de varios timbres sin respuesta, saltaron por la terraza y entraron por el patio de atrás con la intención de despertar a Julio de su siesta cotidiana y profunda. Pero los hombros de Lischa se estrujaron a pesar de las ampollas y Pancho empezó a los gritos pelados. Se dieron cuenta de que el juez ya no tenía pulso.
Escucharon el ruido de las llaves en la puerta de entrada. Miriam, su tía, no se dirigía la palabra con su sobrino y esa parte de su familia desde que una noche de navidad culminó al grito de "comunistas choriplaneros, deberían terminar como termina todo piquetero". Pancho se mató pensando posibles formas de escapar, pero Lischa no lo siguió en ninguna porque su espalda no se lo permitía. Y Miriam los encontró.
- ¡Ay, Panchito! Tanto tiempo. Que grande y que barbudo estás. ¿Viniste a visitar al tío?
- Eh... Miriam, el tío... se murió.
- ¿Qué? Ay no, querido, el tío Julio siempre duerme así de profundo. Vení, vamos a hacernos un té. ¿No vas a presentarme a tu amigo? Qué tal, Miriam, la tía preferida de Francisquito.
- Miriam, el tío no respira.
La tía ya estaba en el comedor. Vio las noticias y cayódesplomada en el sillón
- ¡Francisco! ¿Ese que tiene un pedazo de cordón en la mano sos vos? Pero, ¿qué es lo que hace tu mamá con vos, querido? Vas a terminar muerto. O preso.Y yo voy a caer por cómplice. Yo sabía. ¡Raja de acá mugriento!, dijo, y tomó una pantufla que levantó bien alto.
Se fueron por donde llegaron. Subieron al auto. Pancho estaba en shock. Su gesto era una mezcla de resignación, tristeza y desconcierto. El silenció duró hasta que Lischa apoyó la mano en el hombro de su compañero y mirándolo fijo a los ojos dijo:
- Tranquilo, Pancho. La derecha no sabe ni de insolación, ni de levantar adoquines, y mucho menos de persistencia. ¿Nosotros? Nosotros tenemos un máster.














