Todavía tengo en mi memoria la última vez que te vi sonreír. Yo no lo sabía, no sabía que iba a ser mi última vez de poder verte a los ojos… Yo no iba a ir, me levanté ese día y había coincidencia de que sobraba un asiento en la camioneta del abuelo, me dijeron una hora antes, yo no estaba lista, mi plan iba a ser estudiar para un parcial todo el finde, dude unos minutos, pero ver la cara triste de la abuela me hizo decidir, muy en el fondo me estaba “protegiendo”, yo no quería verte, no estaba lista. Viajar todas esas horas se me hizo asfixiante, pero iba con la tía y el tío, y vos sabes que en esta familia con humor y risas resolvemos lo incómodo. Vos sabes que viajar con los abuelos es lo más lindo del mundo, vos sabes que ellos nos hacen sentir bien y mimados, muchas veces compartimos esa experiencia, pero está fue agridulce, porque vos no estabas al lado mío, te estábamos por ir a ver, pero está vez cuando llegamos a tu casa, vos no fuiste a abrir el portón, vos no cuidaste que tus perritos no escapen, solo estaba la tía, o lo que quedaba de ella, pude resolver en ese momento que vos eras más importante que mis sentimientos, y trate de estar a la altura, y lo logré, porque verte acostado en la cama de tus papás, con muchas almohadas, con apenas rastros de lo que eras, con secuelas de los medicamentos que tenías que tomar para luchar con tu enfermedad, fue un golpe directo a mi corazón y a mi pecho, vos nos miraste, nos reconociste, no podías hablar, no podías moverte mucho, yo trate de saludarte, pero no pude, hice mi mayor intentó, pero vos me miraste, con la mirada cansada, y por dentro sentí algo que nunca sentí en mi vida. No pudimos estar mucho, tenías sueño. Y yo por fin entendí lo que era tener el corazón roto. Aunque lo que más recuerdo fue cuando llegamos después de una caminata y el tío pudo ponerte en la silla de ruedas y llevarte al comedor, yo entre y te vi, sentí emoción, eso significaba que ese día estabas bien, me senté y te mire, vos estabas comiendo gelatina, y yo dejé el teléfono escondido, tenía una idea rara de que si vos veías el teléfono, ibas a pensar que te estaba ignorando, ya que no quería verte en ese estado. El tío empezó a tirar chistes, vos te reíste de eso, yo suspiré de alivió, yo tomé valentía y te conté una cosa graciosa que hizo la abuela en la caminata, y me miraste con atención, tuviste por una última vez la complicidad conmigo, de reírnos, de burlarnos de algo que hacían los adultos, te reíste por última vez conmigo, de algo que yo te dije, algo que era común entre nosotros, me miraste y te reíste, como lo hicimos 24 años seguidos. Yo estaba feliz, ese día reíste mucho, sonreíste mucho, la esperanza volvía. Nadie sabía que nosotros íbamos a ser los últimos en verte vivo, nadie sabía que fuimos los últimos en compartir una risa tuya. Yo no lloré durante esos días de visita, pero cuando llegué a mi casa, lloré, y sentí que te perdí. Perdí a mi compañero, perdí a mi persona favorita, a mí primer amigo, perdimos.