𝐄𝐱𝐡𝐢𝐛𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨: 𝐒𝐮𝐦𝐦𝐞𝐫 𝐂𝐚𝐦𝐩
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⚠ 𝐶𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒, +18. Sexualidad explícita.
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Un campamento de verano no era la mejor forma de entretener a Sebastian por las vacaciones. Su padre no lo entendía. Claro, quería “corregir” su comportamiento, volverlo un hombre mejor portado y que madure al convivir con otros muchachos de su edad en un espacio con reglas por doquier. Pero no, su padre solamente había conseguido enviarlo a un lugar donde sus deseos iban a verse extendidos, y esto debido a que no podía controlar aquellas tentaciones que llegaban a su cuerpo.
No había sido ni uno, no fueron dos… llevaba besando a cinco de sus compañeros en las cabañas en la primera semana. Había creído, en un principio, que ese era un campamento para corregir “conductas homosexuales” debido a la cantidad de estos que pudo identificar. Su radar no fallaba. ¿Su padre podría haberlo engañado de esa manera? No parecía probable, más que nada porque el tema “gay” no había sido tocado aún en casa. Seb no lo había compartido con ningún miembro, pero seguro sus hermanos mayores ya lo sospechaban y estos se lo contarían en cualquier momento al patriarca. Finalmente se conformó con la idea más probable, que ese era un lugar común y corriente donde su padre quería torturarlo. Claro, éste no sabía que, mediante bromas, retos y toqueteos, había logrado calentarse un rato probando los labios de sus “amigos”.
Ese día en particular, un jueves por la mañana, la pasó aburrido. Terminó de realizar sus actividades obligatorias (limpieza de la habitación y taller de pintura), y tuvo la tarde libre. El lago no se comparaba con las playas deliciosas de Grecia, donde pudo vacacionar por su cumpleaños. Pero el sol era lo más delicioso que podía abrigar su cuerpo adolescente. Estaba tendido en el suelo, con un mínimo short que se le subía por las piernas. Pronto, una idea provocada por la temperatura del ambiente y sus instintos masculinos, se le vino a la mente. Estaba solo, aparentemente, ¿quién podía verlo?
Se deshizo velozmente de su ropa, excepto del bóxer blanco que llevaba debajo, y empezó a tocarse por encima de la prenda. Su erección se notaba demasiado, mientras sus ojos cerrados buscaban una imagen fantasiosa e irreal. Los cuerpos de sus compañeros de campamento (no todos, por supuesto, ya que desde siempre había sido muy “peaky” con sus gustos) chocando entre sí, tocándose entre sí, en un festival ardiente que inundaba su cabeza.
No puede más. Su prenda se siente húmeda por la cantidad de precum que libera. Llevaba semanas sin dejar salir aquello de sus testículos. Quería probarlos, uno a uno, a aquellos que ahora lo encendían como bombillo, y que no eran conscientes de lo que él hacía. Un deseo carnal apasionado, que lo tenía bobo desde que puso un pie ahí y observo el rostro de los otros adinerados chiquillos. Se preguntaba cuántos de ellos tenían sus mismas urgencias.
La figura fálica se ve retorciéndose contra su mano por un largo rato, al aire libre, a la vista de las aves y otros animales en el bosque. Su espalda descansa contra una roca, mientras él mueve velozmente sus dedos y jadea cada que es necesario. No se calla. No tiene nada que callar. Jamás se sintió tan libre para masturbarse.
Esa “libertad”, a pesar de todo, pudo durar más, cuando se dio cuenta de unos ojos vigilantes que lo acechaban a unos metros de distancia. El instinto lo hizo detenerse, pero al no ver una respuesta agresiva respecto a su comportamiento, no se cubrió. Sin embargo, se quedó quieto, en lo que uno de sus compañeros, utilizando el uniforme del campamento salía de los arbustos. Éste miraba su erección con curiosidad. ¿Acaso era el primer miembro masculino que veía después del suyo? No iba a preguntárselo, y menos cuando este parecía interesado en lo que se había llenado de sangre y ahora estaba duro como la piedra en la que se apoyaba.
—¿Te gusta lo que ves o qué? —siempre molestando, Sebastian reconocía al muchacho de lejos. Unos rulos colorados y una piel pecosa. —No sé, la tienes muy… venosa.
La respuesta de su delgaducho acompañante le hizo reír y terminó registrándolo de cabeza a pies. Debía de ser apenas unos meses menor, pero la inocencia en sus ojos definitivamente demostraba que era algo nuevo.
—¿Cómo es la tuya? —se atreve a preguntar Smythe. —Pues, parecida, creo. —Muéstrala.
Sebastian se pone de pie para animar al muchacho. Es unos centímetros más bajo, pero no demasiado. Puede verlo muy de cerca. Es más, el castaño le miraba sonriente, pero profundo y directo a los ojos. Casi presionándolo con la mirada, queriendo convencerlo con solo los ojos. Parecía funcionar.
El otro muchacho lleva las extremidades a sus shorts verdes y se deshace del nudo. Se demora y eso aburre un poco a Smythe, por lo que lleva él mismo las manos hacia su prenda y lo ayuda a bajar tanto su short como el bóxer en el interior. Pudo notar como este se sentía algo húmedo, y por debajo, reconoce una polla endurecida, justo como la suya. La observa bastante pálida, y un pensamiento lo hace sonreír.
—Te tocabas viéndome, ¿no? —el pelirrojo no responde, pero no tiene que hacerlo. Lo sabe. — ¿Quieres probarla? —otra vez, no responde, pero se le queda mirando. Sebastian no quiere demorarse, decide tomar la nuca ajena y ayudarlo a hincarse en el suelo de rodillas. No. Él no iba a ser el que le diera un primer beso o el que lo llevara al baile de la escuela. Eso no iba consigo. Simplemente quería placer.
Deja que los inexpertos labios ajenos se posicionen solos en un principio, y nota cómo el otro joven es capaz de conseguir unos pocos centímetros solamente al moverse sobre su falo. No le disgusta. Siente un poco el uso de los dientes, pero más allá de la felación que empezaba a recibir, lo que realmente le calentaba era poder ser aquel que le daba la bienvenida al menor, seguro de unos 16, al mundo del sexo homosexual. No era una experiencia tan grata, ya que se notaba cómo el chico estaba temeroso y volteaba a ver detrás de ellos. Estaban a merced de todos. Cualquier compañero podía decidir ir a nadar y podía descubrirlos. Aún peor, un consejero los podía encontrar y ahí sí se cagarían. Mientras que al desconocido seguramente le aterraba hacerlo, al mayor no le importaba.
Luego de un rato dejando que su ahora “amigo” explorara a su gusto, decide encargarse él mismo. Le toma del cabello, entrelaza sus falanges entre los hilos rojizas de su cabeza, y le mueve de atrás hacia adelante. No pierde mucho tiempo para involucrar su cuerpo, ya que pronto su pelvis emula los mismos movimientos, y en solo una ocasión se decide a atragantar al contrario con una fuerte estocada. Lo deja respirar pronto y ríe divertido al verlo toser. El contrario escupe sobre sus pies, pero no le da importancia. Continúa ejerciendo aquellos movimientos, entre el placer y la adrenalina, olvida de quién se trata. Bien podría ser cualquiera de sus otros compañeros o un juguete sexual (de los que había visto en catálogos virtuales), pues pensaba solo en lo bien que la estaba pasando.
Si de algo ambos podían estar de acuerdo, es que no iban a detenerse solo por la posibilidad de ser descubiertos. Uno estaba cumpliendo una fantasía por primera vez y el otro estaba desatando deseos que ya no podía controlar. Su compañero había llegado en el momento preciso para ayudarlo a correrse, y no descansaría hasta terminar. Fue así cómo, luego de diversas estocadas, acabó explotando en su boca. Le hace soportar los hilos blancos que salen de su glande, y en gemidos fuertes lo suelta para dar por concluido el encuentro. Sebastian le palmea la cara como agradecimiento y le deja en silencio para que se limpie, se vista o lo que prefiera. Él camina hacia el cuerpo de agua y entra para darse un fresco baño y nadar un rato bajo la luz del sol, que aún se alzaba arriba tras haber sido testigo de la escena.
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Bangover ᴿᴾᴳ + 50 pts. #dirtysnake










