La gente se piensa que las relaciones tóxicas terminan al romper. Vaya ironía, si es precisamente en ese momento cuando más toxicidad desprenden. Al salir de una relación llena de control y de celos, lo primero que piensas es que te has liberado. Y, en parte, así es: has conseguido dejar atrás, o al menos, intentar dejar atrás, a una persona que, por mucho que quieras, te hace mal. Diré que son las personas las que somos tóxicas y no la relación en si. Hay relaciones monógamas y monoamorosas que no son tóxicas, y al mismo tiempo, relaciones abiertas poliamorosas que sí lo son. Por eso diría que es la persona la fuente de toxicidad. Con eso no quiero decir que la chavala sea mala, es más, dudo que en estos años haya conocido a una persona con tan buen corazón y tantas ganas de cuidar como esta. También aseguro que me quería, muchísimo, pero lo hacía mal. Lo peor, que ese control, esos celos, que no eran propios de mi hasta entonces, lo empezaron a ser. Como si se contagiase o algo por el estilo. Si una amiga mía hubiera estado con un chico que hacía lo que esta a mi, le hubiera llamado machista hasta desgastar la palabra, pero cuando se trata de dos mujeres, ¿qué? No digo que una mujer no pueda ser machista, pero no creo que esto sea cosa del machismo, puede que me esté confundida, no lo sé. El caso es que no creo que fuera casualidad que ella apareciera en cada sitio que le comentaba que estaría pasando la tarde. Las primeras veces, al ver que había convencido ella a sus amigas para hacer el mismo plan y verla allí, me alegraba, me hacía ilusión. Las primeras veces, repito. No todo el verano. Allí donde iba yo, iba ella. Tampoco creo que fuera cosa de crías que se enfadara cada vez que hablaba con mi expareja, lo cual sucedía casi a diario, pues no tengo por qué cortar relación con alguien que ha sido, y de hecho sigue siendo, tan importante en mi vida por la inseguridad de nadie. Cuando lo dejamos, pensé que me había liberado de todo esto, pero mi pesadilla comenzó cuando no respetó mi decisión. Si yo le pido tiempo y espacio a una persona, debería respetarme, alejarse, distanciarse. O, al menos, dejarme a mí hacerlo, y no aferrarse a mí. No mandarme mensajes como cuando estábamos juntas, por ejemplo, que dejara de insistir a los dos meses de no recibir respuesta a sus infinitos monólogos o sus ilimitados intentos de encogerme el corazón mandándome nuestras canciones. Como si no fuera lo suficiente difícil para mí hacerme a la idea de que ya no la volveré a tocar. También estaría bien que no hablara a mis amigas para saber si saldré de fiesta, y dónde, y cómo, y cuándo. Y ya sería un puntazo que dejara de leer a escondidas todas las conversaciones que tengo con su hermano mayor, las cuales no tienen nada que ver con ella. Frente a todo esto, perdón por la expresión, no tengo ni puta idea de como sentirme. Miedo, asco, decepción. Impotencia por querer tanto a alguien que no sabe querer. No puedo dejar de quererla, y admito que yo también la quiero mal, pues con toda esta rabia, no puede ser nada sano. Cansada de este tipo de relaciones, pensé en lo bien que me haría un tiempo a mi bola, y en eso estaba cuando encontré el tipo de relación que mejor encajaba conmigo. No puedo ponerle nombre, definir la relación que tenemos sería limitarla. El caso es que quedamos habitualmente, como cualquier pareja, pero tenemos la libertad de hacerlo con cualquier otra persona. No se trata de enrollarse con ocho por semana, ni de tener relaciones paralelas, que también estamos en total libertad de ello, si no de dejarnos llevar por lo que nos apetezca y no quitarle ni un mínimo de libertad a tu pareja. Queríamos terminar con la relación que se hace entre el amor y la exclusividad, como si no la quisiera por tener deseo sexual por otras personas. Esta claro que, al empezar esta relación, podría llamarlo incluso proyecto, pues esta siendo una especie de desintoxicación, sabíamos que era una inversión a largo plazo. Me refiero a que no sería tan fácil como "salimos el sábado, follamos con cuatro y al día siguiente todo normal". Al principio nos dolería, claro que lo haría, pensar en su cara excitada por otro, produce celos... Pero, oye, se lo está pasando bien, está disfrutando, debo respetarla y alegrarme de ello, porque quiero quererla bien. Quererla. No lo sé. Pienso que esa palabra se me sigue quedando grande. No me gustaría quererla mal, no podría dañar a una personita que está cambiando mi concepción del amor. En todas las relaciones o rolletes que he tenido, la ilusión y el enganche ha llegado al principio, de sopetón. Esta vez es distinto, cada día, crece un poquito la ilusión, las ganas, el deseo. Sí, el deseo es el sentimiento que más hemos desarollado hasta ahora. Las dos coincidimos en que el cuerpo con cuerpo representa deseo intelectual. Me refiero a que, no es que me excite cuando me manda fotos con poca ropa, que también, sino que cada vez que la oígo hablar, pensar, mirar, aumenta la exitación. Es guapa, guapa de cojones, pero, joder, sus ganas de saber, de opinar, de tener la razón, son su mayor atractivo. Es como si llegáramos la una a la mente de la otra mediante el placer corporal. Como si nos folláramos las mentes. Cuando nos miramos, veo que estamos apunto de empezar a querernos, un poquito, claro, y yo, por mi parte, me pregunto si ve el miedo que se esconde en mis pupilas, a empezar a creer de nuevo en lo bonito del querer.