Unfinished Business.
Asintió un par de veces, obedeciendo a lo que le decía el mayor, y dirigió entonces su atención a todo lo que la rodeaba. Quería que cada detalle quedase guardado en lo más recóndito de su memoria. Aspiró suavemente en su cuello, percatándose de los diferentes aromas que conformaban la esencia de él, y sonrió contra su piel. No podía recordar el momento exacto en el que su enamoramiento por Luke había comenzado, quizá había nacido incluso antes de que llegasen al campamento. Recordaba todas aquellas veces que, incluso siendo una niña, se imaginaba al mayor finalmente prestándole atención, de una manera diferente a la que la miraba cuando la había encontrado en aquel callejón. Los años no habían hecho nada más que fortalecer ese amor, y es que es cierto lo que dicen, la distancia hace que un amor madure. —No quiero que me dejes ir. No quiero dejarte ir.— Murmuró en respuesta, tomándose un momento para simplemente disfrutar de estar ahí entre sus brazos, como si nada más existiera y nada llegase a preocuparla. Sonrió al escuchar su comentario, rodando los ojos con expresión divertida. —Créeme Castellan, he esperado más tiempo por algo así. Nueve años, si te soy exacta.— Dijo, terminando la oración con suavidad, teniendo en algún momento que bajar la mirada tímidamente por unos segundos, abrumada por el intenso azul de su ojos a tan poca distancia. Sonrió una vez que se hubiese repuesto, teniendo que mirar hacia arriba para encontrarse nuevamente con su mirada. —No había perdido del todo la esperanza.—
Le miró divertido, él no sabía siquiera con exactitud desde cuando estaba enamorado de la rubia. Sus sentimientos, se fueron transformando poco a poco a medida que los chicos crecieron en la calle y más adelante en el campamento. No imaginó que la niña asustada que encontró una noche en un callejón, sería la que en su adolescencia le robara el corazón con esa mirada perspicaz que tanto adoraba; la misma con la que le observaba mientras hablaba en esos momentos. En cierto modo, le sorprendió su confesión, ya que no podía adivinar desde cuando ella tenía esos sentimientos hacia él, es más siempre dudó de que sintiera lo mismo. Sin embargo, le alegró saberlo. --Yo sí.-- Dijo con un dejo de sosiego. --La conservé hasta... el último día de mi vida, pero entonces cuando me dijiste que no me amabas, creí que ése era mi destino: morir solo.-- Confesó, mirando de vez en vez a los ojos de Annabeth y luego a sus manos unidas aún. Le avergonzaba un poco decirlo en voz alta, y también aún le dolía recordar aquellos momentos de agonía. --Pero, estás aquí, y aunque no te creo del todo, me alegra saber que sientes algo por mí.-- Repuso de inmediato y con algo de humor para cambiar esa atmósfera sombría que se veía venir al hablar del día en que su vida se esfumó junto con el Titán. Así mismo, cambió su expresión por una sonrisa torcida que se extendió por su cicatriz.










