“Para los egipcios el más sagrado de los templos es el propio mundo y, por extensión, el propio ser humano. Por ello, en el origen de la filosofía, y siguiendo su verdadero significado, sus métodos basados en el silencio, la moderación de las pasiones, el autocontrol y el autoconocimiento nos hace recuperar nuestra identidad esencial. El llamado hombre silencioso, en egipcio ger maa, a través del autoconocimiento ontológico y moral nos lleva al conocimiento espiritual, pues es capaz de descubrir la verdad oculta tras el velo de la realidad, la denominada aletheia” - Julio Zarco, “Los dioses que nos habitan”










