Nadie me avisĂł que, al terminar una relaciĂłn de 4 años, me iba a sentir asĂ. Que iba a tener ganas de chapar a cada rato. Que iba a buscar desesperadamente a una o más personas a quienes volcarles y descargarles todo ese amor que antes estaba dedicado a un sĂłlo ser. Que iba a extrañar ese amor. Que iba a buscarlo en cada persona, dejando un poquito en cada una, para que no sea mucho. Para que no se asusten. Para que no piensen que es real.
La gente te habla de sexo. Te dice que, a partir de ahora, sà vas a sentir su ausencia. Que estabas mal acostumbrado a tenerlo y lo vas a extrañar.
Idiotas. Que idiota es la gente. Que vacĂos están.
Si supieran que tener sexo es más fácil que conseguir un abrazo. Que ni siquiera es necesario acordarte el nombre del otro o saber qué banda le gusta más. O qué le gusta más. O dónde.
Me cago en el sexo. Me cago en una cama vacĂa despuĂ©s de un rato. Me cago en los besos que no alcanzan. Me cago en una caricia que no significa nada. En un otro que se intercambia y en yo intercambiable.
Me veo a mĂ, fingiendo ser otra. Y, a la noche siguiente, otra. Y otra.Y asĂ, miles. Todas en su capa de superficialidad.
Y me veo a mĂ buscando. Buscando una mirada, un resplandor, una caricia que me haga sentir algo. Algo más que sexo. Algo más que una cama vacĂa y un pibito lindo. Una conversaciĂłn eliminada en whatsapp.
Y, entonces, aparece alguien. Alguien que ni siquiera me da sexo, pero me dá un poquito de amor. Un respiro.
Entonces, creo. Y caigo. Y me entrego. Porque nunca se sabe cuán necesitado está el otro de tener un poquito de amor.
Pero era eso. Un poquito. Y no me alcanza.
Entonces escrito. Y lloro. Y vuelvo a tener la cama vacĂa por un sexo que no me llena ni me va a llenar.
Escrito el 30/04/2017 después de llorar por amor por primera vez en mucho tiempo.